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11 de octubre de 2007

Síndrome del papel en blanco












El cerro Montecristi y la Asamblea



Sostiene Raúl Zavala que mejor no puede ser el espectáculo natural que tendrán como escenario los próximos asambleístas al pie del cerro Montecristi, provincia costera de Manabí en Ecuador.

Y es que luego de visitar la zona el pasado domingo 7 de octubre de 2007, no podía dejarse de escribir sobre lo visto. Un día esplendoroso que permitió ver más allá de lo que los ojos ven.

Raúl Zavala indica que ha tomado algunas fotos del espectáculo natural en que se construye el edificio de la Asamblea Nacional Constituyente, quizás algún día esas fotos sea el hermoso recuerdo del lugar que forjó la Nación Ecuatoriana de este siglo y los próximos mil años.

El edificio de lo que será la Asamblea Constituyente está entre dos maravillas naturales, El cerro de Montecristi y el paisaje marino con toque urbano. Desde el majestuoso edificio es posible mirar a la ciudad de Manta, Montecristi y algunas de las vías que unen a estas urbes con el resto de la provincia. Esa vías son como dos líneas negras perfectamente trazadas que cruzan el agreste terreno manabita. 

Raúl Zavala se anima a escribir sobre este tema porque se sintió impactado luego de la vista que hizo a este lugar, lo que además le sirvió para reflexionar sobre el futuro del Ecuador.

El asunto es que con semejante espectáculo los asambleístas no tienen opción a fallar, mejor dicho, fallarle al Ecuador entero y no solamente a quienes somos ecuatorianos sino también a cientos de extranjeros que han optado por vivir en este país. Ellos también tienen puestas sus esperanzas en los asambleístas.

Las largas horas de trabajo que les espera a los asambleístas estarán compensadas por lo que sus ojos mirarán y si en algún momento sienten el cansancio de las duras jornadas, no tienen más que salir, mirar lo que la naturaleza les muestra y será la más poderosa fuente de inspiración.

Pero dice Raúl Zavala que si alguien piensa que eso no es suficiente para el buen trabajo de los asambleístas tienen apenas un poco de toda la razón, de seguro requerirán cientos de otros incentivos que pueden ser económicos, sentimentales, culturales, logísticos y demás, pero ellos promocionaron sobre todo su amor por la patria y la patria les entrega un aliciente maravilloso como el lugar en que trabajarán. Más no pueden pedir.

Pasará el tiempo y podrá demostrarse si es que estas palabras tienen justificación de ser escritas, llegará el día en que todos los asambleístas, a ojos de millones de ecuatorianos y extranjeros, decidan hacer un buen trabajo teniendo al cielo como techo, al Océano Pacífico como piso, al cerro de Montecristi como pared y a la brisa marina como el resto del hogar en que soñarán al Ecuador del futuro.

¿Por qué odiamos al planeta TIERRA?


Raúl Zavala conversó que un día encontró basura en la playa y no entendío como fue a parar allí porque no había rastros de que haya sido arrastrada por el mar y se hizo una pregunta ¿por qué los seres humanos odiamos al planeta Tierra?

La respuesta parecería bastante complicada y más allá de la respuesta que podría decirse en una sola oración, lo importante es que no son todos los humanos pero si son los suficientes como para destruirlo en unos años más, tal vez sean uno que otro siglo. Eso lo saben los expertos.

Lo que sí sabemos algunos es que si seguimos en este proceso de destruir a la Tierra, lo más seguro es la siguiente generación de seres humanos tenga que desarrollar habilidades y destrezas para vivir entre desperdicios y sus consecuencias sanitarias, alimentarias y, sobre todo, ambientales.

Si ese fuera el caso, qué clase de economía tendría que afrontar los gobernantes, tal vez debería llamarse basunomíam, en la moneda de curso sería "limpio"; es decir, para negociar lomejor sería tener productos limpios, como decir que un pantalón limpio serviría para hacer negocios o quizás una servilleta limpia valdría para pagar un plato de comida, por supuesto sucios. Tal vez, tal vez...

Y regresando a la respuesta del odio al planeta Tierra, Raúl Zavala sostiene que las personas botan la basura en las playas porque adolecen de un gran problema: son sucias; es decir, no es cuestión de capacitación ni de culpar a otros, es un asunto simplemente de ser sucios y punto.

El ser sucios no es un asunto que se aprende sino un mal que ya viene en los genes de las personas, que está en su mente, en su forma de ser, en sus actitudes y formas de vivir la vida, porque no tienen esperanzas de seguir viviendo más allá del simple modo de existir.

Con esto es posible decir que las personas odian al planeta Tierra porque se odian a sí mismas, porque odian al resto de seres humanos, porque odian los bellos espectáculos de la naturaleza, porque odian ser limpios.

Claro que podría culparese a las autoridades de no implementar acciones de recolección de basura o decir que no hay tachos para la basura, de todas maneras los sucios siempre tendrán un pretexto para ser y seguir siendo sucios; si a estos se suma el odio que sienten la Tierra ya no será lo que ahora es.

Finalmente, Raúl Zavala sostiene que lo bueno es que muchos ya no estaremos en este planeta cuando pase a ser la cloca más grande del Universo.

1 de octubre de 2007

Todos es ninguno

Sostiene Raúl Zavala que las expresiones normalmente usadas tienen connotaciones que van más allá de sus simples significados que normalmente le damos en las diarias conversaciones y que por tanto siempre será interesante hacer ejercicios con estas palabras.

Por ejemplo, la palabra “todos” implica a cada uno de quienes conforman un grupo y cuando ese grupo recibe una pregunta sobre quién hay una responsabilidad o un derecho, el grupo contesta en coro o bien individualmente “TODOS”; pero resulta que a la hora de la verdad ese todos resulto nadie.

De lo anterior sería posible deducir que “Todos” es “Ninguno”. Raúl Zavala recuerda que un día llegó a su casillero electrónico, de algún remitente desconocido (cadena) un texto bastante interesante y que trata justamente de este tema.

En una oficina, el había un grupo de trabajo conformado por cuatro funcionarios que se llamaban: “TODOS”, “ALGUIEN”, “NADIE”, y “CUALQUIERA”. “TODOS”, estaba seguro de que “ALGUIEN” haría un trabajo importante que “CUALQUIERA” podría hacer. 

Pero “NADIE” lo hizo. “ALGUIEN” se disgustó porque pensó que era el trabajo de “TODOS” y que “CUALQUIERA” podía haber exigido de “ALGUIEN” que lo hiciera; y podía haber acusado a “CUALQUIERA” por no realizar el trabajo que “TODOS” debía hacer.

Luego que el jefe sitió que no existían procesos técnicos y que por tanto los resultados del trabajo no eran satisfactorios, analizó la situación e hizo la siguiente recomendación a su equipo de trabajo: Si “ALGUIEN” trabaja con amor e interés, entonces “NADIE” culpará a “CUALQUIERA” porque “ALGUIEN” habrá hecho el trabajo en que “TODOS” debe participar.

Raúl Zavala reflexiona sobre este aspecto e indica que al momento que escuchemos “TODOS” es porque en algún lado existe un “ALGUIEN” que trata de que “CUALQUIERA” se sienta incluido sin que ello ocurra y por tanto “NADIE” reclame o dicho en otras palabras "TODOS ES NINGUNO".