Páginas

21 de junio de 2008

Yo lo vi, yo lo leí, yo lo escuché

Durante los últimos meses unos nos dedicamos a pensar en lo que será el Ecuador del futuro y otros se dedicaron a escribir el camino. Mientras unos nos esforzamos por conseguir un mejor trabajo o al menos trabajo, otros se dedicaron a “darnos” pensando. 

Hoy, a estas horas y hasta el 27 de julio, se supone que tendremos ya el camino trazado para lo que podría ser el Ecuador del futuro; es decir, tendremos la propuesta de nueva Constitución Política, sobre la que tendremos decidir si entra o no en vigencia. Mucho antes que esté lista ya escuchamos voces y gritos pidiendo que le demos el SI. 

Pero yo, antes de decidir, sí necesito hacer algunas reflexiones sobre lo que apenas logré escuchar y ver del trabajo de los asambleístas. Dediqué muchas horas a escuchar sus debates, al menos los que sí pasaron por Ecuador TV, a escuchar los comentarios en los noticiarios, así como a leer innumerables textos en los diarios, revistas e Internet. 

Sigo con las dudas. 

Miré y escuché a quienes sustentaron sus propuestas, unas concordaron conmigo y otras definitivamente no sé para que puedan servir o servirán. Puede que las ideas locas funcionen y las ideas locas deben tener sustentos lógicos, deben estar amparadas en la racionalidad y no en meras actitudes de “entusiastas incompetentes” (expresión escuchada en un programa de televisión). 

Las dudas que tengo para saber si la nueva Constitución es válida, primero para mi calidad de vida, de mi familia y de mi trabajo, y segundo para la sociedad en general, parte de algunas percepciones que tengo sobre quienes trabajaron en dichos articulados y llegué a algunas conclusiones a las que no pongo números ni nombro personas, solo grupos. 

Indico que los procedimientos para adquirir conocimientos no son fáciles y requieren de una férrea disciplina y una personalidad bien definida. Escribir una Constitución no es tampoco una tarea fácil, más todavía con tantas teorías que existen sobre le desarrollo. Y quizás lo más complicado es el poder distinguir entre lo irrelevante en lo constitucional y lo verdaderamente importante para sociedad en general. 

Puedo asegurar que una gran parte del tiempo las discusiones fueron bizantinas. Y fueron bizantinas por que una gran mayoría de asambleístas no lograron percibir que estaban enfrentados a varios obstáculos socioculturales y atacados por el síndrome de Adán (con ellos la creación). 

El primer obstáculo sociocultural que mostró esa mayoría fue del “etnocentrismo”, es decir que tuvieron la tendencia a instituir los valores y las costumbres del grupo en han nacido, crecido y educado, como normas infalibles de juicio y valoración en contraposición e irrespeto a los de otros grupos sociales. 

La subjetividad es también muy evidente. Se juzgó y analizó los aspectos constitucionales tomando como base la emocionalidad o afectividad, favorable y adversa, sin considerar la real situación del país y su gente, dejando de lado el razonamiento lógico. Además es evidente, aun, el autoritarismo, evidenciado como la tendencia que tuvieron o tiene muchos asambleístas para aceptar como verdadera una afirmación dicha por una persona considera como líder y en dicha aceptación tampoco primo la fuerza de la razón ni los aspectos técnicos jurídicos necesarios para escribir los artículos de la supuesta nueva Constitución.

Otro de los obstáculos evidentes fue el de dogmatismo, pues algunos de los asambleístas establecieron pensamientos que los impusieron como verdades indiscutibles y al margen de todo estudio, crítica o de discusión. Este ‘dogmatismo’ no debe confundirse con ‘dogma’. 

No pude dejar de pensar en como muchas experiencias transitorias de algunos asambleístas fueron confundidas con verdades comprobadas; dicho en otras palabras, afirmaron que le ocurre a toda la gente lo único que le consta a una sola pequeño o a un colectivo mínimo de personas. A esto se le conoce como impresionismo. 

Otros de los asambleístas no estuvieron alejados de los estereotipos. Pude apreciar que las imágenes o experiencias sociales que fueron construyendo, al parecer, desde la infancia o en su proceso de maduración fueron estructuradas a partir de hechos no comprobados sino de mitos, leyendas y fábulas, con respecto a grupos étnicos, culturales, políticos o regionales. 

La generalización insubstanciada fue o es la base de sus discursos y argumentos. Me asombró percibir que algunos asambleístas, los que intervenían sobre todo porque el resto guardó sepulcral silencio, aplicaron procesos tácitos y expresos para devaluar cualquier conocimiento que no haya estado en el marco de lo que ellos hayan estudiado o leído y que hayan mostrado desprecio agresivo por aquellos argumentos provenientes de otras personas por el simple hecho de que no eran especialistas en ese tema que ellos sí. 

El espacialismo mostrado es innegable. No puedo negar que la mayoría de asambleístas se impuso. 

En muchas ocasiones expresé públicamente que más que en democracia en Ecuador vivimos bajo el régimen de la vulgar tiranía del voto y lo que pude ver y escuchar y leer de la actuación de los asambleístas me dio la razón. 

No importó nada sino simplemente dar el voto y a seguir esperando a la próxima votación. 

En consecuencia pienso que la propuesta de nueva Constitución que salga de la Asamblea Nacional Constituyente estará plagada de obstáculos socioculturales y no será democrática, será de artículos con corte evidentemente electoral porque los artículos se impusieron con los tiranos votos. 

El epílogo de esta aventura constitucional es ya un hecho: el asedio permanente para un SI. Otra vez a las urnas y el tirano voto seguirá presente en nuestras vidas.