Páginas

1 de septiembre de 2008

Carta a mi amigo ULI

Mí apreciado amigo Uli: Doy y doy vuelas a mi cabeza para recordar el día en empezamos a ser amigos de verdad, solo recuerdo el lugar y una época aproximada: tenía 14 años y estudiábamos en el Colegio Brasil en Quito; las siguientes palabras son para dejar constancia de mi eterno agradecimiento por tu amistad. ¿Por qué este agradecimiento? Porque recuerdo cada gesto que tuviste conmigo durante estos últimos 30 años de amistad. Porque recuerdo las travesuras y nuestras conversaciones. Porque recuerdo cuando apurábamos el contendido de una copa por el simple gusto. Porque nos dimos tiempo para llorar nuestras pérdidas a la distancia. Podría acaso olvidar cuando decidimos salir a conocer otro mundo y a la edad 15 o 16 años a vagar por el Ecuador, pasamos por Guayaquil y llegamos a Loja fuimos recibidos por tu familia. Jhonny, tu y yo conocimos un poco más de la vida. Podría acaso olvidar cuando estuve preso luego del accidente y fuiste a visitarme para dejarme unos sánduches. Caminaste el trayecto desde el colegio hasta la cárcel para menores. Yo tenía 17 años. Podría acaso olvidar el día de tu matrimonio y los antecedentes. Podría olvidar las fogatas en el techo de tu casa. Podría olvidar cuando me recibiste en tu casa de Cuenca. No mi amigo, no puedo ni debo olvidar esos momentos que son parte de mi vida. Recuerdo lo ocurrido con tu madre y el libro que compartiera con tu padre. Cuando sentimos la amargura al tener frente a nosotros el vacío silencio del amigo que nos cantó “adios muchachos compañeros de la vida”. Y recientemente el que hayas llegado sorpresivamente para la presentación oficial de mi primer libro. No mi amigo, no quiero olvidar esos momentos que son parte de mi vida. Mientras escribo estas palabras me salta a la mente: ¿por qué hiciste lo que hiciste y que esperabas a cambio? Te cuento que yo mismo me respondo inmediatamente. Amigo Uli, no necesito conocer las repuestas. Quiero simplemente saber que cuento contigo y que, si llegase el momento, supieras que puedes tener en mí al amigo, al hermano… Ahora que la vida me pasa factura por todos los desmanes, alegrías, diabluras y tristezas, lágrimas y sonrisas, más los años de existir en este planeta, tengo la oportunidad de decirte que aprecio como la más grande de mis fortunas el tenerte presente y el saber que mientras yo viva podré estrechar tu mano. Tu amigo: Raúl