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4 de octubre de 2010

Por qué ocurrió lo que no debió ocurrir

Cuando enfrentamos una crisis generalmente tratamos de recurrir al pasado y nos preguntamos ¿qué y por qué pasó? Las respuesta son tantas o tal vez una, seguramente ese momento no hay una respuesta. Lo que sí creo que muchos ecuatorianos y extranjeros nos quedamos aterrorizados de saber lo que ocurrió el 30 de septiembre de 2010 en Quito Ecuador.

Me doy cuenta que la democracia tiene varias caras, siempre depende del lado en que la persona se encuentre, le convenga y/o/u esté el dinero, por tanto al escribir este post lo que hago es presentar una versión basada en lo que pude acceder desde la experiencia y la información que me llegó en estos días. No estuve allí, así que siempre habrá alguien que sepa más.


Sostengo que en política no existen situaciones emergentes o coincidentes, sino que siempre obedecen a un plan; por tanto tengo la teoría, proceso de construcción y sujeta a la falsación, que el actual Gobierno de Ecuador tiene, justamente, ese plan bien estructurado, con los ejecutores adecuados, la información necesaria y que cada día se alimenta más, así como los recursos financieros y no financieros para ejecutarlo.


Ya mucho se ha dicho y escrito al respecto, seguirán los comentarios y análisis del 30 de septiembre del 2010, sin embargo siempre será poco lo que se escriba frente a esta crisis; por eso voy a exponer algunas situaciones que a mi parecer son concomitantes:


  1. Definitivamente estamos en manos de la delincuencia; las pocas o muchas horas que la Policía Nacional se paralizó, la ciudadanía se descontroló y el miedo se hizo presa de cada ser humano en las ciudades; así lo confirman los diferentes informes llegados a través de medios de comunicación privados, de varios sitios on-line y de las redes sociales. Todo un trabajo realizado durante los últimos años para combatir a esta lacra social se fue al piso, los controles prácticamente se han convertido en nada frente a la incredulidad ciudadana.
  2. La estructura policial fue desconectada; el mando de la institución hizo sus propios trabajos y dejó a sus filas desguarnecidas. Si esto no fuera verdad los policías habrían sabido lo que luego se enteraron sobre lo “supuestos” beneficios que la nueva ley les traería. Esto no les justifica por ningún lado la paralización de sus actividades. Pero algo más debe haber.
  3. Bajo la situación crítica legislativa, eran necesarias varias “cortinas de humo” para evitar que tres leyes fundamentales sufrieran estancamientos, debido a sus respectivos vetos presidenciales. Los plazos se cumplieron y las tres leyes entraron en vigencia por ministerio de la ley sin cumplir un precepto legislativo fundamental.
  4. Hace pocos días se logró desarticular un intento de paralización del transporte terrestre urbano, interprovincial, de taxis y pesado.
  5. Así mismo, en las mismas fechas, el Presidente de la República había anunciado la probabilidad de llamar a una “muerte cruzada”, como un recurso constitucional.
  6. Un activista político empezó la recolección de firmas para la revocatoria del mandato presidencial, lo que a su vez desató iguales procesos para alcaldes y otras dignidades de elección popular.
  7. El Ejecutivo continuaba con su confrontación con los medios de comunicación privados.
  8. Los acontecimientos del 30 de septiembre se dieron y me han generado una duda ¿estuvo realmente el Presidente secuestrado, hubo realmente intento de un magnicidio? La versión oficial dice que sí mientras que otras voces con igual credibilidad dicen que no.
  9. Lo cierto es que luego de los acontecimientos la sociedad ecuatoriana ha quedado más divida que antes, más vulnerable que antes, con mucha más confrontación y con riesgos aun no visibilizados.
He visto las intervenciones del Presidente y cada vez me pregunto sobre las razones por las que él “saca en cara” las acciones que cumple como una obligación constitucional y con dinero de la Nación que son recursos públicos, sujetos al control institucional y ciudadano. Vi y miré el espectáculo que hizo frente a una tropa policial que perdió su norte y, tal como lo aseguré en un post anterior, no mostró las actitudes de un estadista sino del profesor al que sus alumnos le hacen perder la paciencia.

Las preguntas que algunos se hacen son importantes y que yo mismo me hago: ¿Por qué fue hasta el sitio del conflicto cuando aun no era su tiempo de actuar? ¿Si hubo información que ponía en alto riesgo la integralidad del Presidente por qué su seguridad no tomó precauciones? ¿Dónde estuvieron los planes de contingencias para estos casos? ¿Por qué fue llevado a un centro médico cercano al sitio del conflicto y no evacuado a otro sitio más seguro?
 

Siguieron las horas de angustia, el país empezó a caer en manos de la delincuencia y prácticamente se paralizó, se activaron las alarmas en las fronteras, las cancillerías y cuerpos diplomáticos empezaron las gestiones propias de este tipo de situaciones; los medios de comunicación activaron sus equipos de reporteros. Los militares no se hicieron presentes, sino hasta algunas horas después. La comunicación social se apagó y empezó la propaganda oficial, bajo el estado de excepción.

Por no conocer ni ver lo que ocurría en las cercanías del lugar en que se encontraba el Presidente, y con base en las informaciones de redes sociales, puedo plantear la siguiente hipótesis: no había ningún cordón militar; es decir el área no fue sujeta de los perímetros necesarios en estos casos de seguridad y alta seguridad. Seguramente porque desde el Palacio de Gobierno se incitaba a la gente para ir a “rescatar” al líder que estaba “secuestrado”. Un secuestro de este tipo obliga a que en menos de una hora las Fuerzas Armadas tendieran alambres de púas al menos a cinco cuadras del lugar del objetivo y evacuarán a todo civil, incluidos periodistas, que ese encontraban al interior del cerco.


Sobre el control total de la comunicación social. Hasta la presente fecha, las fuerzas políticas gubernamentales no había tenido la oportunidad de hacer un ejerció sobre la toma total de la comunicación social, por tanto asumo que la "cadena nacional" sirvió como ejercicio previo para conocer reacciones, estrategias y tácticas sobre para el manejo de la información en situaciones normales y de crisis.


Lo que me lleva a esta conclusión es que durante las horas que ECTV, canal estatal no gubernamental ni de alguna agrupación política, mantuvo el monopolio de la información, desfilaron por su set de entrevistas funcionarios afines al régimen y como es de suponerse que no sería lo contrario, siempre impulsaron versiones de apoyos incondicionales más que informativos. Hubo la denuncia, que de hecho ocurrió, que manifestantes contrarios al gobierno irrumpieron en las instalaciones de dicha televisora. Las radios simplemente re-trasmitieron la señal de ECTV. Las páginas web de los medios se saturaron y las redes sociales fueron los únicos canales de información diversa y no siempre confirmada.


En alguna parte de la trasmisión se hizo una entrevista telefónica al Presidente, quien en su habitual estilo explicó la situación desde su punto de vista, con las respectivas connotaciones políticas que el caso ameritaba. Los entrevistadores se desgastaron en elogios y aprendizaje de las palabras presidenciales, que luego fueron repetidas una y otra vez tanto por el medio como por quienes fueron entrevistados.


En los vídeos que muestran cuando que uniformados evacuaban al Presidente fue posible observar a reporteros o periodistas, con cámara en mano que registraban directamente lo ocurrido, sin que ningún elemento armado les estuviera encañonando; les vi hacer su trabajo aunque con los maltratos propios de este tipo de acciones de rescate. El tumulto por captar imágenes fue tanto que hasta interrumpían la operación. No he leído ni escuchado aun sobre secuestradores que amenazaron a estos profesionales ni que los hayan tenido como rehenes al interior de las instalaciones.


Podría decir que este experimento dejó muchas lecciones a quienes a diario analizan la situación comunicacional del país, realizan investigaciones profundas sobre los impactos del consumo de información y las vías que realizan los ciudadanos, con lo cual tendría unos de los elementos claves para sostener el proyecto político. El objetico conocer Las reacciones sociales cuando se maneje un solo canal de información, de acuerdo con las técnicas establecidas por la sicología social para estos casos.


Los efectos posteriores de esta “cadena nacional” es probable que lo observemos en los próximos 2 o tres años, uno antes de las próximas elecciones, que incluirán un probable control de las redes sociales o desarticulación de éstas.


Tal como ocurre en estos casos, empezaron a surgir explicaciones contrarias a los mencionado por el Presidente sobre lo ocurrido al interior de lugar en que permaneció durante las horas previas a ser evacuado y que no logran ser sustentadas por la “versión oficial”. La información mostró el espectacular “rescate” y su posterior discurso sobre sus partidarios desde el Palacio Presidencial. Todo este proceso: evacuación, traslado y presentación en público no duró más de 30 minutos; no tengo una grabación para medir tiempos exactos pero si pude calcularlo mientras miraba la señal de televisión y leía los textos de las redes sociales.


Viernes 1, sábado 2 y domingo 3 de octubre lo que más fuerza tuvo fue la versión oficial, explicada directamente por el Presidente, mientras las publicaciones en la red más favor de la democracia y que en contra, circulaban a velocidades impresionantes. Los medios de comunicación social trataron en lo posible de ser objetivos, pero ante la cantidad de información y opiniones fue realmente imposible.


El lunes 3 de octubre, en horas de la noche, una nueva cadena nacional, con una versión al puro estilo de tragicomedia, mostró una realidad cruda que fue adjetivada como “macabra” y el final feliz con celebraciones características de campaña política. Se realizaron acusaciones directas sobre los probables culpables de esta crisis, pero nada más… ni siquiera pruebas fehacientes sino meramente coyunturales.


Uno de los argumentos que se ha mostrado es que los policías no leyeron el proyecto de ley y por tanto estaban desinformados, consecuentemente actuaron irracionalmente; la realidad es que una mayoría de ecuatorianos apenas alcanzamos a revisar los textos de los proyectos de ley, por una cosa es la que se discute, otra la que se legisla y otra más la que se publica en el Registro Oficial. Esta falla de comunicación en la Policía Nacional le costó el cargo a la cúpula policial, pero también desnudó la realidad que las “famosas” sociabilizaciones no existen en este proceso de gobierno. Pueden llamarse otra cosa menos eso y es tema de un nuevo post.


No conozco declaración de persona alguna o grupo político que se haya atribuido las acciones desestabilizadoras que dice el Ejecutivo existieron. Solo se de las acusaciones informales que se han realizado y las culpas que se han entregado, sin sustentos fehacientes.


Tengo la impresión que el Presidente, no valiente sino adjetivado como temerario,  no estuvo secuestrado, fue actor de un plan, interno o externo, para generar nuevos escenarios políticos necesarios para continuar en la consolidación de un proyecto político.


Hasta la hora que publico este post las dudas se mantienen en cuanto a los orígenes de esta crisis. En lo que no hay duda es que hermanos ecuatorianos murieron, que hermanos ecuatorianos se dispararon unos a otros. Que los ecuatorianos quedamos indignados y que muchos no olvidarán los momentos de terror vivido durante la confrontación bélica entre policías y militares.


Tampoco tengo duda que alguien podría estar riéndose y celebrando por la perfección en la creación, resolución y resultados de esta crisis, mientras madres, esposas e hijos lloran. A la final son daños colaterales.