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6 de mayo de 2026

La Boina Verde que acompaña a Madre

Aquella mañana del lunes 4 de mayo de 2026, los PUMAS Joel Coronel, Domingo Ruales, Guillermo Escobar y Gabriel Martínez, expresaron muy solemnemente ante Madre las razones de su presencia; ella, visiblemente llorosa y aún en su estado de convalecencia, sosteniendo entre sus manos mi Boina Verde, los escuchó, les agradeció y también les contó lo que para ella le ha significado durante décadas esta prenda militar.

Llegaron enternados, cada uno luciendo su Boina Verde, vinieron desde Guayaquil, tenían una sola misión y la cumplieron: traer a Madre el saludo de la Hermandad PUMAS. Sí, fueron mis compañeros con los que inicié mi vida militar hace más ya de 40 años, que llegaron hasta mi casa en Puerto Cayo con palabras de bienaventuranza y aliento para que sea posible sobrepasar las crisis familiar. 

Mis amigos y hermanos, al conocer el complicado estado de salud de Madre, nuevamente se activaron para acudir en mi apoyo, no como un acto esporádico, sí como parte de los sentimientos que nos unen muy a pesar que tomamos rumbos diferentes mientras estuvimos de servicio y ahora que estamos fuera de los cuarteles; pero el hilo de amistad forjado como acero no se rompió.

Gratitud, sí... una especial gratitud está albergada en mi mente y corazón, para cada uno de quienes a pesar de la distancia física se unieron para solidarizarse, para quienes tuvieron la gentileza de llamarme, de escribirme, para para estar presentes, tal como lo hicieron cuando las exigencias de los cursos me llamaban a que abandone la ilusión de ser un soldado de Fuerzas Especiales y ellos me empujaron para que no desmayara en mi propósito. 

Recalco la palabra "nuevamente" porque cuando alguno de nosotros ha debido hacer frente a situaciones adversas de manera personal o de sus familiares cercanos, automáticamente se da la voz de alerta y empiezan las gestiones para armar los niveles de apoyo que el compañero requiera. También para enviar señales advirtiendo que no está sólo, que tras él está un grupo de amigos, camaradas, compañeros, bodys... que no lo abandonan, tal como un día lo aprendimos en los duros días de entrenamiento y empleo.

Esta visita me resultó como la sensación de cuando uno está atrincherado, mira la llegada del helicóptero con la logística y los refuerzos, el que trae la consigna de la necesidad de mantenerse firmes en los puestos pase lo que pase, con la noticia de que en la retaguardia está todo listo para cuando llegue el momento de entrar en combate o de evacuar vivo o muerto.

De estas sensaciones de seguro muchos compañeros ya las han vivido y son historias que también quisiera escribirlas, para que las huellas que dejamos sobre este mundo no se borren con facilidad con el pasar de los años; para que nuestros nietos y sus hijos tengan presente que donde hay amigos no mueren amigos.

Me habría gustado estar vestido para la ocasión, pero estaba en mi trinchera con mi ropa de trabajo, así que para la foto de la ocasión volví a colocarme mi Boina Verde, un símbolo que ha trascendido el tiempo y las fronteras, que la guardo como el mayor tesoro del paso por esta vida.

Tengo el vídeo con las palabras de Madre, de Coronel, de Ruales, de Escobar y de Martínez, pero mientras lo revisaba en medio de sentimientos encontrados y ojos llorosos, me llega un mensaje desde Quito, de un amigo de la infancia, afirma que se ha enterado de la visita de los PUMAS y lo acompaña de una melodía, la escucho con atención y las lágrimas vuelven a caer y tomo una decisión, esperando que se convierta en un himno para nuestra Hermandad.

Dedicado a mis compañeros de la IV Promoción de PUMAS, formados en el mítico GFE 111 RAYO. 

Título de la canción: Después del uniforme

Colgué el uniforme un día y el mundo creyó que terminó mi andar, pero hay marchas que no se olvidan ni órdenes que el alma pueda borrar.

Ya no suena diana en mi ventana ni formo lista al amanecer, mas mi cuerpo despierta solo como si aún tuviera puesto el deber.

Muchos creen que un hombre deja de ser soldado al colgar el fusil sin saber que ciertas guerras se quedan para siempre, siempre dentro de ti.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Porque el hombre que sirvió a la bandera no se vuelve un civil de la noche al amanecer.

Ya no marcho en la columna de mi escuadra. Ya no escucho el silbato antes de correr, pero llevo en cada paso de mi vida la costumbre de jamás retroceder.

Hay hermanos que no miro a diario, pero sé que siguen firmes como ayer cada uno tomó su rumbo más la sangre de combate une la piel.

Compartimos hambre y madrugada, lluvia, polvo, fuego y tensión.

Y ese vínculo no lo rompe ni la muerte ni el adiós, porque aquel que fue mi hermano cuando el miedo respiraba alrededor, aunque el tiempo nos separe, cuenta siempre con mi honor.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Porque el hombre que sirvió a la bandera no se vuelve un civil de la noche al amanecer.

Ya no marcho en la columna de mi escuadra. Ya no escucho el silbato antes de correr, pero llevo en cada paso de mi vida la costumbre de jamás retroceder.

Hay días en que extraño el peso del equipo la tensión del silencio antes de avanzar, porque algunos fuimos hechos para el hierro y nos cuesta aprender a descansar.

La vida fuera del cuartel no entiende al veterano cuando observa en silencio alrededor, pues quien vivió siempre alerta nunca baja por completo su instinto de combate.

No oculto el tiempo que fui soldado ni las huellas que dejo en mi andar, porque servir bajo esa bandera fue el orgullo más grande que pude portar.

Y si preguntan quién fui un día yo respondo sin mirar atrás: fui soldado de mis convicciones y eso no se deja jamás.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Autor:  El Soldado Licenciado 
@ElSoldadoLicenciado


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Datos sobre el editor de la nota:

Cuenta X: @Zavala_Ra
Blog de Comentarios cortos: https://raulzavala.wordpress.com/
Blog de generalidades: https://lodijeron.wordpress.com/

Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala 

16 de agosto de 2019

Una breve crónica militar de Ecuador

Como un nuevo aporte al proceso de mantener viva la historia del GFE 111 "Rayo" - PUMAS, se trabajó en un vídeo que tiene como base el reconocimiento militar a quienes fuimos parte de esa unidad, que completamos el curso de comandos israelitas y el cual nos permitió oficialmente llevar la Boina Verde.
PUMAS Paracaidistas:  Roberto Bustamante, Fernando Vega, César Montenegro, Byron Sosa y Raúl Zavala.
Gracias a una gestión personal y al apoyo del colega Yerson Palma, fue posible producir un vídeo que sintetiza la importancia histórica tanto de la creación y acción del curso propósito especial PUMA, de la misión del Grupo de Fuerzas Especiales 111 "Rayo" y su influencia en las unidades del Ejército, Marina y Aviación; así como del reconocimiento especial del que fuimos objeto en la conmemoración del Día de la Independencia el sábado 10 de agosto de 2019, en el Parque de la Armada - Guayaquil.


PUMAS -"Boina Verde" en el contexto histórico from Zavala _Ra on Vimeo.

12 de agosto de 2018

Forjados como PUMAS y un reencuentro 30 años después

Fue en 1985 que decidí ingresar a un curso que cambiaría mi vida hacia un rumbo que jamás lo pensé, estaba recién graduado del colegio; un curso que me exigió fuerzas más allá de las que jamás pensé tener. 33 años después me reencontré con la promoción de ese curso.

En ese año me en listé en la milicia y la verdad que no sabía en lo que me estaba metiendo, solo seguí el instinto de la aventura de mis 20 años y desde Quito fui a parar a Guayaquil, a un cuartel que estaba al interior de lo que en ese entonces se lo conocía como el "5to. Guayas". Era una unidad de fuerzas especiales que estaba al servicio del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

No estaba solo en esta aventura, estaban al menos unos 500 más los que llegamos a esta unidad, allí nos esperaban otros tantos, mayoría de ellos exconscriptos (yo no la hice); entonces fuimos recibidos como la respectiva ceremonia en el Grupo de Fuerzas Especial 111 Rayo "PUMAS". Correr, formar, hostigamiento, sudor, dolor, gritos, presión y frases que hasta ahora me retumban: muchos los llamados pocos los elegidos o, no son merecedores ni del aire que respiran ni de la comida que se comen.

Había entrado a curso de alto rendimiento físico y psicológico, fueron tres meses de duro trabajo militar con el que se intentaba formar y forjar un tipo de soldados entrenados de una manera diferente a lo que tradicionalmente se hacía en el Ejército, Marina y Aviación individualmente; en un día a día que parecía no acabar fui conociendo a muchos de quienes serían mi promoción.

En cada uno de esos "día a día" otros reclutas se retiraban, el esfuerzo del cuerpo y de las limitaciones superaron su espíritu, se quebraron y se fueron. El resto seguíamos sin saber lo que nos esperaba al día siguiente.

No lo niego y lo reconozco, cada noche, al llegar al sitio destinado para dormir, lloraba de dolor y sufrimiento, me decía: "mañana me largo de esta pendeja, no tengo porqué aguantar tanta cosa"; el sueño me vencía y parecía que apenas había cerrado los ojos ciando ya se escuchaban los gritos de los instructores para que nos levantemos, era hora del trote y del regreso al esfuerzo que debían hacer ellos para doblegarnos.

En cada momento las lágrimas se me escapaban y mis compañeros me decían y me repetían: tranquilo, aguanta... todo pasa..., hacia caso y llegaba la noche simplemente para empezar todo nuevamente. hasta que en algún momento pude controlarme porque había aprendido a desprender el dolor del cuerpo ante la consigna que todo pasa.

En el primer final de este trabajo habíamos aprendido a trotar sin mayores esfuerzos casi 40 kilómetros, a caminar con 60 libras a la espalda a una velocidad de casi 6 kilómetros por hora, a sentir la derrota la física y moral para al mismo tiempo a no darnos por vencidos, vivimos el significado de morir sin haber muerto.

Llegó el momento de la graduación de soldados contratados, apenas unos 200 llegamos al momento en que nos entregaron la primera insignia, pero solo era un pequeño paso que nos permitiría descansar uno corto tiempo porque nos habíamos ganado el paso a otro curso que prometía ser más intenso y que requería de humanos con nervios templados e inmunes a los sentimientos que estuviesen fuera del uniforme, el fusil y la misión. Los sobrevivientes no sabíamos que estábamos siendo parte de otro capítulo de la historia militar de Ecuador.

La mayoría de nuestros instructores habían sido combatientes de Paquisha (1981) y ya habían hecho el curso de PUMAS, su experiencia en combate era la mejor metodología de enseñanza; en el entorno político el Ecuador estaba la presencia del grupo terrorista - delincuencial "Alfaro Vive... ¡Carajo!" (AVC). Una reseña se puede leer AQUI

En cada ejercicio en el terreno o en instrucción al interior de la unidad, se trabajaba con la presión que todo es real y nada es juego, que manejar armas y tener conocimientos tácticos operativos no era un pasatiempo; cada error nos costaba más horas de perfeccionamiento y acondicionamiento físico, además de los consabidos "teques" y medición del dolor.

Pasaron nueve meses de entrenamiento técnico - intelectual para combatientes de primera línea; si la memoria no me falla al día de la graduación apenas llegamos unos 150, pero aún faltaba más. Otro corto descanso y fuimos trasladados a Latacunga a la Brigada de Fuerzas Especiales "Patria", debíamos ganarnos una tercera insignia, la de paracaidistas de combate. Del calor tropical al frío andino, era desde ya la primera prueba y las siguientes vendrían en el costo de ganarse la Boina Roja a pesar que ya sobre nuestras cabezas lucía la Verde.

Nos graduamos al menos unos 100 de Pumas - Paracaidistas y regresamos a nuestra unidad, la vida cambió y debía empezar el momento de poner en práctica lo aprendido.

Las circunstancias y otros cursos me llevaron lejos de mi promoción, alguna vez me encontré por casualidad con algunos de ellos; nada más. Supe de ellos cuando en el 1995 nos movilizamos debido a lo que se conoció como La Guerra del Cenepa, ellos en unidades diferentes a la que yo estaba; allí me enteré de las bajas en combate de dos de mis amigos de promoción: el "mocho" Solís y el "cabezón" Villacis.

De allí para acá nada de nada, hasta que en el 2018, por mis temas de trabajo en el periodismo salude con mi Contraalmirante Aland Molestina, quien había sido nuestro oficial instructor, él a su vez me puso en contacto con mi promoción Adriano Montenegro y así fui reclutado nuevamente, pero esta vez en un grupo de WhatsApp; entonces supe nuevamente de mis excompañeros y así fui saludando y recordando a quienes supieron enseñarme el arte de sobrevivir con el "aguanta... todo pasa".

Para el 14 de julio de 2018 nos convocamos los soldados de la cuarta promoción de soldados PUMAS - Paracaidista, de quienes en un momento de la vida pertenecimos o a la Armada, a la FAE o al Ejército, pues en el 111 Rayo nacimos y criamos juntos pero dependíamos a cada una de las fuerzas.

Los que asistimos ya estamos en el servicio pasivo, los volví a saludar y tuvimos una gran reunión de conversas, recuerdos, actualización de la vida, preguntas y respuestas sobre lo que pasamos cuando hicimos los cursos, remembranzas de los instructores y memorias de quienes ya murieron o bien en servicio o bien por enfermedades.

Para el día de la reunión ya no somos los jóvenes que cruzamos por primera vez la garita del 111 Rayo, estamos sobre los 50 años -la mayoría- muchos con nietos... pero vi en ellos los mismos rostros de esos días de entrenamiento, de esas largas jornadas aprendiendo tomas de playa o de caminar en medio de la oscuridad. Allí estaban luego de más de 30 años mis compañeros de armas.

En este grupo virtual empezaron a subirse fotos de de aquellos tiempos, de cuando solo existían las de papel y poco a poco se fueron construyendo remembranzas, con nombre y apellidos, apodos y anécdotas de todo tipo.
Fue como regresar al pasado con los rostros del presente, con el cúmulo de experiencias que habíamos adquirido o bien como militares o bien como civiles; las frases y dichos de esos tiempos, las bromas y las palabrotas que jamás se perdieron del léxico normal.

Hicimos comparaciones entre lo que fue esa época y lo que ahora se hace, la política no estuvo alejada de las pláticas, ni tampoco las nuevas formas de entrenarse militarmente, las andanzas en los pases obligados. Recordamos que un día fuimos soldados que pasamos del "verde fatiga" al especial uniforme camuflaje.

Historia de las Fuerzas Especiales del Ejército Ecuatoriano
Pág. 86 y 87
Cuando llego a esta parte de esta crónica, siento el orgullo de haber pertenecido a ese grupo de PUMAS y que la única forma de honrar a mis compañeros es ir recordando y recopilando nuestras historias para que no se pierdan, para que ese capítulo, nuestro capítulo, sea incorporado en los diferentes textos que recopila la Academia Nacional de Historia Militar - Ecuador.

Lograr este objetivo, al igual que toda operación militar que realizamos los soldados de Fuerzas Especiales, depende de la velocidad y la efectividad.

Pero por ahora, me quedo con las memorias de mis compañeros de la Cuarta Promoción de PUMAS, graduados en el GFE 111 RAYO.