19 de febrero de 2026

¿Y ahora qué pasará con la zona rural?

Como residente de Puerto Cayo, en la provincia de Manabí, donde la gestión local es prácticamente nula en la atención de playas y ríos así como de otros servicios públicos, he seguido con creciente preocupación el avance del proyecto de ley económica urgente presentado por el presidente Daniel Noboa el 28 de enero de 2026; una iniciativa que se vende bajo el membrete de "bienestar para los ciudadanos"; sí, pero para los que viven en las ciudades, los de la zona rural deberemos esperar las migajas, nuevamente.

Esta reforma al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD) busca obligar a los municipios, prefecturas y juntas parroquiales a destinar al menos el 70% de su presupuesto a inversión, mantenimiento y reposición de infraestructura y servicios públicos, con un escalonamiento progresivo (60% en 2027, 65% en 2028 y 70% desde 2029). Si no se cumple, se reducen las transferencias estatales (del 21% de ingresos permanentes y 10% no permanentes del Presupuesto General del Estado). 

La intención parece noble: corregir que solo el 39% de los recursos GAD vaya a inversión real, mientras el gasto corriente crece hasta el 34-70% en algunos casos; pero, como he analizado el escenario, esta propuesta nace con lagunas que ahora, en su trámite hacia el segundo debate, revelan anomalías, irregularidades e inmoralidades que cuestionan su viabilidad y equidad.

Antes de entrar en detalles, quiero advertir al lector que este ensayo no pretende ser una defensa incondicional del trabajo de alcaldes, prefectos y presidentes de juntas parroquiales en Ecuador; como ciudadano, he vivido de cerca cómo la gestión deficiente de muchos de estos funcionarios locales ha contribuido de una u otra manera a la inseguridad integral, así como a la ausencia de expectativas ciudadanas reales, donde las promesas de obras y servicios se evaporan en corrupción o ineficiencia o ignorancia u olvido.

Pero también se reforzaría la famosa muletilla de "no hay presupuesto" para responder a las exigencias ciudadanas.

La desconfianza ciudadana

Encuestas como Latinobarómetro muestran que la confianza en el gobierno ha caído drásticamente, casi a la mitad entre 2009 y 2018, con la corrupción percibida como uno de los principales desafíos que erosiona la credibilidad de las instituciones, incluidas las locales. Reportes de la OCDE y el BID confirman esta tendencia regional, con solo el 17% de confianza en instituciones públicas en América Latina y el Caribe para 2025, un declive atribuible a capacidades estatales menguantes y percepciones de autoritarismo en la toma de decisiones.

Más allá de lo financiero que es el foco principal de la propuesta de Noboa, los verdaderos escenarios a cambiar radican en la baja o casi nula participación ciudadana real, la falta de transparencia que permite gastos opacos, el autoritarismo que silencia críticas comunitarias y la baja calidad legislativa en muchos GAD. 

Investigaciones como el informe de la OCDE sobre integridad pública en Ecuador destacan cómo estos factores socavan la credibilidad, con iniciativas fragmentadas y poco supervisadas que no revierten la desconfianza ciudadana; por eso, cualquier reforma debería priorizar no solo porcentajes presupuestarios, sino mecanismos genuinos de rendición de cuentas, inclusión y mejora institucional que reconstruyan la fe en los funcionarios locales, en lugar de perpetuar un ciclo de promesas incumplidas que alimentan la frustración diaria en zonas como la mía.

Esta reflexión inició con tropiezos notorios. El 1 de febrero, el Consejo de Administración Legislativa (CAL) lo calificó y remitió a la Comisión de Desarrollo Económico, con un plazo de 30 días para el informe; a pesar de un intento fallido de archivo por parte de los críticos políticos y otros especialistas en gestión local, con 70 votos negativos al archivo y 7 abstenciones, el Pleno analizó el primer debate el 10 de febrero y aprobó el informe para segundo debate el 17 de febrero de 2026; sin embargo, emergen irregularidades: discusiones a puerta cerrada y virtuales, sin consulta amplia con la ciudadanía o territorios afectados, con alertas públicas de “inconstitucional” por vulnerar la autonomía financiera (Art. 238 Constitución) y generar desigualdades territoriales. 

Una anomalía flagrante radica en la actuación de la asambleísta Valentina Centeno (ADN), presidenta de la Comisión de Desarrollo Económico, quien no recibió únicamente a la presidenta de AME Yuri Colorado, desconociendo a otros ciudadanos para que aporten al documento, pese a solicitudes explícitas. Centeno limitó la participación a los nueve integrantes de la mesa, sin dar la palabra a asambleístas de oposición como Diego Salas o Mabel Méndez de Revolución Ciudadana, quienes criticaron la ausencia de debate plural y la exclusión de comparecencias, calificando el proceso de "castigo" que impone una “camisa de fuerza” a los GAD sin considerar realidades territoriales. 

Esto evidencia una falta de proceso democrático para la socialización del proyecto, con sesiones cerradas que ignoran voces clave, perpetuando un trámite opaco y centralista que socava la esencia participativa de la descentralización.

El oficialismo ha montado una narrativa falaz para justificar la reforma, estigmatizando el gasto corriente de los GAD como un derroche en “farras y entretenimiento” que supuestamente alcanza hasta USD 36 millones anuales en municipios, ignorando que estos rubros forman parte integral de las industrias culturales y creativas reconocidas como motores de desarrollo económico y social en Ecuador; esta simplificación excesiva representa una falacia de falsa dicotomía, oponiendo "obras reales" a supuestos excesos festivos, sin reconocer que entre los objetivos nacionales está la primera Política Nacional de Fomento a las Industrias Culturales y Creativas de 2025, que promueven el entretenimiento (cine, música, eventos locales) para generar empleo, diversificar la matriz productiva y fomentar ciudades más seguras e inclusivas, alineadas con derechos constitucionales a la cultura (Art. 377 Constitución). 

También han puesto en el debate social mitos como el de que las fiestas son puro despilfarro perpetúan prejuicios contra la autonomía local, asumiendo ineficiencia generalizada en GAD rurales o pequeños sin diferenciar rigideces presupuestarias, deudas estatales pendientes o beneficios transversales como cohesión comunitaria y turismo; en realidad, estos gastos contribuyen al desarrollo personal y económico, no como un fin aislado sino como herramienta para resolver problemas públicos, y cualquier reforma que los “satanice” sin evidencia diferenciada revela un prejuicio centralista que socava la descentralización equitativa.

Los absurdos gubernamentales

El gasto corriente no es derroche, sino el pilar de la sostenibilidad y de gran importancia en las zonas rurales: cubre salarios para personal en mantenimiento de espacios públicos, inspecciones técnicas de comisarios , protección de playas y ríos (como los 38 km de Puerto Cayo, sin plan de manejo integral pese al PDYOT 2023-2027), transparencia (LOTAIP, con costos en personal y TI), formación continua (LOSEP obliga perfeccionamiento) y hasta protección de algunos (¿todos?) alcaldes y prefectos en zonas violentas (escoltas policiales con viáticos pagados por GAD). 

Forzar el 70% en inversión reduce esto al 30%, arriesgando despidos, tercerizaciones precarias y caída en calidad de servicios. En Puerto Cayo, con altas deficiencias municipales y sin considerar la complejidad territorial, sin gasto corriente para operaciones diarias serían casi impensables las obras como reparaciones post-aguajes o inundaciones. 

La opción que de seguramente usarán este tipo de gobierno local sería el de gestionar nuevas ordenanzas para recaudar tasas con cualquier pretexto lo generarían ingresos propios, pero intensificarían demandas ciudadanas si servicios no mejoran no se transparentan los adecuados usos de esos recursos, como sucede con la tasa de seguridad o, en el caso de Jipijapa, la llamada "fondo colinas".

Entonces, a pesar que Yuri Colorado respalda la eficiencia exige ajustes: no “satanizar” gastos necesarios, flexibilizar para 41 municipios incapaces de cumplir el 60% inicial, y resolver deudas estatales antes de condicionar transferencias. 

De su parte el prefecto de El Oro  y presidente del Congope Clemente Bravo alerta sobre debilitamiento de programas sociales y vialidad rural. En esta línea, Leonardo Orlando, prefecto de Manabí, con más experiencia en asuntos de finanzas públicas ha expresado una posición firme y crítica frente al proyecto de ley reformatoria al COOTAD, calificándolo de regresivo y gravemente preocupante para la autonomía y la descentralización, al afectar el desarrollo territorial y la inclusión social de los grupos más vulnerables. 

En su comunicado destaca que desde su concepción el proyecto excluyó a los representantes de los gobiernos subnacionales en la construcción de una norma que incide decisivamente en la planificación y gestión local, lo que representa una violación a los principios de corresponsabilidad y participación. 

Sus propuestas, presentadas por escrito ante la Comisión de Desarrollo Económico y extendidas ahora a todos los asambleístas para el segundo debate, se sustentan en pilares clave: fortalecer la eficiencia del gasto subnacional mediante un modelo de corresponsabilidad entre el Gobierno Central y los GAD, basado en principios de solidaridad y subsidiariedad.

Este paisaje de anormalidades se suman: el informe de minoría propone archivo, pero ADN defiende “reorganizar” sin retrocesos; además, sin conocerse una razón que justifique, el Presidente de la Asamblea Nacional (ADN) decidió que el Pleno sesionará para el segundo debate el próximo viernes 20 de febrero de 2026 en la Universidad Ecotec, en Samborondón.

¿Epitafio para la zona rural?

Valentina Centeno, electa por Manabí, actuó con total ignorancia en el tratamiento de este proyecto y no es la primera vez que lo afirmo, se lo he dicho en mis intervenciones en respuesta a sus aseveraciones mediáticas. 

La funcionaria seguramente cree que la zona rural es solamente pesca, agricultura, ganadería y turismo, como actividades secundarias a la vida de las ciudades; lo que no sabe, al igual que el Presidente y cada uno de sus coidearios, es que en este otro Ecuador, las personas pagamos el precio de la inacción y del centralismo disfrazado. 

Como ciudadano radicado en la zona rural veo inmoralidad en legislar sin diálogo: ignora rigideces laborales, costos legislativos, deudas con concejos provinciales (USD 660 millones) y equidad territorial; un escenario que también ocurre muy frecuentemente en las municipalidades... bueno, no en todas.

En Manabí, donde playas como la nuestra sufren abandono, donde la obra pública llega como caridad y se romantizas las tragedias humanas, esta reforma podría perpetuar inequidades, priorizando a urbes mediáticas y con mayor número de votantes sobre periferias olvidadas. La descentralización debe gestar mayor democracia y control social, no recentralizar la toma de decisiones en Carondelet y los ministerios. 

Pago tasas, quizás como muchas otras personas, esperando resultados tangibles: playas limpias, barrios seguros, servicios básicos e información de calidad; si esta ley pasa con sus anomalías e ignorancias, el “espuelazo final” podría ser un retroceso para zonas rurales como la mía, donde la realidad diaria clama por equilibrio, no por métricas de escritorio.

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17 de febrero de 2026

Gral. EM Jhon Reimberg: la seguridad sí es política

Considerando las actuaciones del Ministro del Interior se me ocurrió darle un perfil académico: Jhon Reimberg, General de Estado Mayor y CEO de la Policía Nacional del Ecuador; esto a propósito de las justificaciones que hizo el 15 de febrero de 2026 sobre la decisión de tomarse las instalaciones de la empresa municipal de Guayaquil Segura EP, bajo la figura de allanamiento. 

También me permití asegurar que penoso también es ver al Comandante General de la Policía como títere de un aprendiz de policía; esto como una respuesta a un comentario realizado por el Gral (SP) Luis Altamirano Junq (@LAltamiranoJ): 

No es menos penoso ver a este tipo vestido de policía que escuchar sus declaraciones hipócritas, que nadie en su sano juicio cree. 

Pero ¿Qué es lo importante de las declaraciones de este funcionario?

Reinberg aseguró que la intervención no es política, que obedeció a una decisión de seguridad, a lo que yo respondí:

Por aclarar evidenció otra de sus falencias conceptuales: la seguridad es una política y responde a escenarios políticos para la toma de decisiones políticas.

Mi aseveración pareciera tautológica o redundante a primera vista, pero no lo es; es una visión bastante extendida y razonable en en las ciencias políticas, las relaciones internacionales como en los estudios de seguridad.

Así que permítanme unos breves razonamientos que sustentan lo mencionado:

La seguridad, especialmente la pública, ciudadana o nacional, no es un fenómeno "técnico" o "natural" neutral; no es solo aplicar más policías, cámaras o cárceles porque "hay que hacerlo". Es la sistematización teórica para comprender el problema en la que se consideran las siguientes premisas que se deciden en el marco de la ley y la Constitución:

  • Qué se considera "amenaza"
  • Qué nivel de riesgo es aceptable
  • Qué recursos se destinan y de dónde se quitan
  • Qué libertades se restringen

Desde otra perspectiva la seguridad es una política pública o de Estado, por lo que la gran mayoría de documentos oficiales, académicos y discursos políticos la tratan constantemente en informes de la OEA, CIDH, ONU, declaraciones presidenciales y ministeriales:

  • "La seguridad es una política de Estado"
  • "Debe ser una política pública integral"
  • "Es prioridad política del gobierno"

Es indispensable también conocer que las decisiones de seguridad casi nunca son "puramente técnicas" ya que responden a escenarios políticos:

  • Contexto electoral (¿hay elecciones cerca? ¿Más mano dura o más prevención social?
  • Presión de grupos de poder como empresarios, iglesias, periodismo o crimen organizado.
  • Ideología del gobierno de turno
  • Relaciones internacionales como es el caso de alianzas, presiones de Estados Unidos, cooperación regional o de la Unión Europea.

Entonces, las políticas de seguridad terminan siendo instrumentos para otras metas políticas:

  • Mantener la gobernabilidad
  • Ganar o conservar el poder
  • Legitimar un modelo económico
  • Reducir las protestas sociales
  • Proyectar una buena imagen internacional
Mientras redactaba esta historia y en nombre de quienes me dieron su opinión sobre las características gramaticales de mi aseveración, logré rehacerla para que tenga otra imagen menos redundante:

La seguridad es una política pública que responde a escenarios y cálculos políticos para orientar decisiones políticas.

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11 de febrero de 2026

"Debida Obediencia" en tiempos de censura militar

Me sorprendió enterarme que el mando militar había tomado una decisión política respecto a las relaciones con periodistas y medios de comunicación, no tengo evidencias pero seguramente aupada por el Ministro de Defensa y el Presidente de la República. El asunto es que se reactivo la censura militar y mientras escribía la nota para mi otro blog, recordé una de las materias que fue base de mi instrucción militar: "La debida obediencia" y creo que es necesaria ponerla en contexto de lo que está pasando en Ecuador.

En un contexto donde las democracias latinoamericanas enfrentan crecientes tensiones entre seguridad nacional y libertades fundamentales, el 10 de enero de 2026 las Fuerzas Armadas de Ecuador han reactivado oficialmente las restricciones explícitas a la cobertura periodística, un movimiento que evoca sombras autoritarias del pasado. Este episodio no es aislado: refleja una securitización regional que legitima la militarización y la suspensión de derechos, financiada con impuestos públicos, pero exenta de escrutinio real.

Esta reactivación de censuras discrecionales, antes aplicadas de forma velada, favoreciendo a medios complacientes, plantea una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde llega la "debida obediencia" en una institución estatal? En Ecuador, donde la Constitución garantiza la libertad de expresión y el acceso a la información, órdenes como estas podrían obligar a oficiales y soldados a implementar exclusiones que violan derechos humanos; aquí es donde las lecciones de los Juicios de Nuremberg, celebrados entre 1945 y 1946, adquieren una relevancia perturbadora. 

Aquellos procesos, impulsados por los aliados victoriosos en la Segunda Guerra Mundial, no solo juzgaron a líderes nazis por crímenes contra la humanidad, sino que desmantelaron el escudo de la obediencia ciega a órdenes superiores. En un mundo aún humeante por los horrores del Holocausto y las atrocidades bélicas, Nuremberg estableció un principio ético y jurídico inquebrantable: la "debida obediencia" no exonera de responsabilidad individual cuando se cometen actos ilícitos.

Para entender esta lección, retrocedamos al núcleo de los juicios. En el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (Alemania), acusados como el general Alfred Jodl o el almirante Karl Dönitz invocaron la defensa de Befehl ist Befehl ("una orden es una orden"), argumentando que actuaban bajo mandatos jerárquicos inevitables; sin embargo, los jueces, representando a Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia, rechazaron categóricamente esta excusa. El veredicto fue claro: "Los individuos tienen deberes internacionales que trascienden las obligaciones nacionales de obediencia impuestas por el Estado individual". 

Este fallo, incorporado al Derecho Internacional Humanitario y reflejado en estatutos como el de la Corte Penal Internacional, subraya que la obediencia debe ser "debida", es decir, limitada por la legalidad y la moral. Ordenes manifiestamente ilícitas como genocidios, torturas o, en contextos modernos, supresiones sistemáticas de la libertad de prensa, no pueden ser acatadas sin consecuencias personales.

Críticamente, esta doctrina de Nuremberg no es un relicto histórico, sino un antídoto contra el abuso de poder que persiste en regímenes autoritarios o en democracias frágiles. En el caso ecuatoriano, las restricciones militares no solo atentan contra el artículo 18 de la Constitución, que consagra el derecho a la información veraz y oportuna, sino que recuerdan precedentes como el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Usón Ramírez vs. Venezuela (2009), citado en el informe, donde se estableció que las fuerzas armadas, como entes estatales, no poseen "derecho a la honra" que justifique censurar críticas. 

¿Qué pasa, entonces, con los oficiales que ejecutan estas órdenes? Si un comandante excluye a un periodista por investigar corrupción, ¿Está ejerciendo "debida obediencia" o convirtiéndose en cómplice de un acto inconstitucional? Nuremberg nos enseña que la jerarquía no absuelve: el soldado o el funcionario debe discernir, y si no lo hace, asume la culpa moral y legal.

Esta crítica se extiende a un patrón global. En América Latina, donde golpes de Estado y dictaduras militares han marcado el siglo XX, la "debida obediencia" ha sido invocada para justificar masacres como la de El Mozote en El Salvador (1981) o desapariciones en Argentina durante la dictadura (1976-1983). En aquellos casos, leyes de obediencia debida (Argentina de 1987) intentaron amnistiar a subordinados, pero fueron derogadas por su incompatibilidad con el derecho internacional. 

En el presente la práctica va por la securitización que se ha convertido en un lenguaje de poder y que decir de Camila Jiménez "consiste en nombrar ciertos problemas —delitos, migración, protestas sociales, drogas— como amenazas existenciales, para legitimar políticas extraordinarias: militarización, suspensión de derechos y reformas que concentran poder. Bajo esta lógica, los Estados poderosos —tanto externos como regionales— moldean agendas y jerarquías, mientras los países más frágiles quedan atrapados entre la inseguridad real y la dependencia política."

Hoy, en Ecuador, bajo un gobierno que ha declarado un "conflicto armado interno" contra el narcotráfico, la militarización podría tentarnos a aceptar obediencia ciega como mal necesario; pero Nuremberg advierte del peligro: cuando la obediencia se convierte en dogma, se pavimenta el camino hacia el totalitarismo. 

Las FF.AA. no son un ente autónomo; se deben al pueblo, no a sus propios intereses institucionales. Censurar la prensa no protege la seguridad nacional, sino que oculta ineficiencias y posibles abusos, erosionando la confianza que pretenden salvaguardar.

En última instancia, los Juicios de Nuremberg no solo condenaron a criminales de guerra, sino que forjaron un marco ético para la humanidad: la responsabilidad individual es el baluarte contra la barbarie colectiva. 

En Ecuador, donde la reactivación de restricciones periodísticas evoca un control informativo que huele a autoritarismo, urge recordar esta lección. Periodistas que no se han convertido en ecos del poder político no son "perjudiciales", son guardianes de la democracia. Si los militares obedecen órdenes que silencian voces críticas, no solo fallan a su juramento constitucional, sino que repiten errores que Nuremberg juró erradicar. La verdadera "debida obediencia" es al derecho y la justicia, no a la opacidad.

"También se securitiza la protesta social. En momentos de crisis económica, el descontento ciudadano se rotula como “enemigo interno”. Se aprueban leyes antiterroristas ambiguas, se vigila a activistas y se criminaliza la movilización. En nombre del orden, se vacía el espacio democrático. Esta tendencia favorece a élites que buscan estabilidad sin redistribución y a socios externos interesados en negocios extractivos con pocas restricciones ambientales o laborales. La seguridad, entonces, deja de proteger a la población para blindar proyectos de poder." Camila Jiménez

El frente judicial ante el mando militar

En su momento yo mencioné que los militares ecuatorianos no están ni capacitados ni preparados para cumplir labores policiales, como eran los deseos del Presidente y que muy agenciosamente el Ministro de Defensa cumplió ese deseo; los escenarios en la guerra no son los mismos que enfrentan los policías en las calles. En otro de mis comentarios en este mismo blog (Riesgos de la "Ofensiva Total" sin respaldo judicial) aclaré que lo militar es para ganar un guerra y lo policial para reprimir al delito. 

Por más que el Presidente, en su desconocimiento sobre asuntos de seguridad, haya dispuesto que los militares salgan a las calles ante el clamor ciudadano, su responsabilidad era haber consultado con los mandos militares sobre si las tropas están preparadas en el marco de la Constitución y demás leyes. Pero no, al parecer el mando no fue consultado y si se lo hizo, simplemente acataron bajo el criterio de "una orden es una orden" y la promesa política, más que jurídica, de que nadie toparía a los uniformados.

También para tener presente: el Presidente de la República no es Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, pues el no tiene atribuciones legales y constitucionales para ejercer el mando militar.

Pues ahora resulta que los militares están enfrentado hechos que los tienen sentados en el banquillo de los acusados y el Ministro de Defensa inmune ante el control político.

Durante el periodo de declaración de conflicto armado interno iniciado en enero de 2024 se han documentado casos de corrupción involucrando a las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa. Entre ellos destaca la infiltración criminal en las fuerzas de seguridad, como el arresto de un subteniente del ejército en mayo de 2025 por filtrar información sobre una operación contra el tráfico de armas, lo que permitió que la red criminal evadiera capturas. 

Otro ejemplo es el gasto de 403 millones de dólares en compras reservadas por el Ministerio de Defensa entre enero y abril de 2024, sin transparencia adecuada, lo que ha generado sospechas de irregularidades en contratos millonarios, incluyendo adquisiciones de equipo militar que no se han utilizado efectivamente. 

 Además, denuncias en redes sociales y medios han señalado posibles corruptelas en contratos de las Fuerzas Armadas, como aquellos relacionados con radares antinarcóticos abandonados en el extranjero, exacerbando la erosión de la confianza pública en un contexto de militarización financiada con fondos estatales.

En cuanto a acciones contra los derechos humanos, las Fuerzas Armadas han sido implicadas en graves violaciones durante el conflicto armado interno, con reportes de al menos 237 casos de uso excesivo de la fuerza por parte de militares y policías en 2025, incluyendo torturas y desapariciones forzadas. 

Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado ejecuciones extrajudiciales, como la de Carlos Javier Vega en marzo de 2024, detenciones arbitrarias y torturas en cárceles controladas por militares, criticando que la declaración de conflicto armado ha facilitado estos actos sin rendición de cuentas efectiva.

Además aún está pendiente el asesinato de Efraín Fuerez, comunero kichwa, que murió por el impacto de una bala supuestamente militar y que existe la evidencia de cómo maltrataron los uniformados a la víctima, en el marco de las protestas indígenas en septiembre 2025. 

Un caso emblemático es la desaparición forzada de cuatro niños en Guayaquil en diciembre de 2024, por la cual 17 militares fueron llamados a juicio en octubre de 2025, tras ser detenidos arbitrariamente y encontrados muertos, lo que evidencia un patrón de abusos bajo la estrategia de seguridad militarizada. 

Y justamente por este y otros casos, la evidente inmunidad efectiva del Ministro de Defensa frente al control político de la Asamblea Nacional es de otra peligros señal; aunque la Constitución de la República no otorga inmunidad absoluta a los ministros de Estado, estos pueden ser sometidos a juicio político por incumplimiento de funciones, conforme al artículo 131 numeral 9 y al procedimiento establecido en la Ley Orgánica de la Función Legislativa, en la práctica, el actual titular del Ministerio de Defensa Gian Carlo Loffredo, ha logrado evadir este mecanismo de rendición de cuentas gracias al respaldo mayoritario del oficialismo en comisiones clave. 

En junio de 2025, la Comisión de Fiscalización y Control Político rechazó calificar solicitudes de juicio político en su contra, con seis votos en contra y cuatro a favor, impulsados principalmente por la oposición, relacionadas con irregularidades en la gestión de seguridad, el caso de la desaparición de los cuatro menores en Las Malvinas y posibles omisiones en el control de las Fuerzas Armadas. 

Similar desenlace se repitió en octubre de 2025, cuando otra petición no prosperó, evidenciando cómo la mayoría parlamentaria aliada al Gobierno actúa como escudo institucional, convirtiendo el control político en un simulacro que protege la opacidad en lugar de exigir responsabilidades.

Esta dinámica no solo debilita la separación de poderes y el principio de trasparencia y control, sino que refuerza un patrón de impunidad en el sector defensa, donde el Ministro, nombrado directamente por el Presidente y sin formación militar tradicional, opera con amplio margen de maniobra ante graves acusaciones. 

En un escenario de conflicto armado interno declarado desde 2024, esta falta de supervisión efectiva por parte de la Asamblea Nacional permite que decisiones sobre compras reservadas, operaciones militares y manejo de violaciones a los derechos humanos queden exentas de escrutinio real, perpetuando la erosión de la confianza ciudadana y recordando precedentes históricos donde la ausencia de control político facilitó abusos institucionales. 

Sin un juicio político viable, el Ministro de Defensa se posiciona como un funcionario prácticamente intocable, lo que contradice el mandato constitucional de que todo servidor público rinda cuentas y somete al Ejecutivo a un riesgo de concentración de poder sin contrapesos efectivos.

Impacto mediático

Horas antes de terminar este ensayo, el mando militar intentó bajar las tensiones sociales emitiendo una aclaración de la noticia, con tono defensivo pero conciliador, enmarcando la disposición original como una medida administrativa interna, no como una política de censura; sin embargo, no revoca explícitamente los criterios subjetivos (como evaluar el "tratamiento informativo histórico" o "postura institucional"), lo que deja abierta la puerta a interpretaciones críticas. (Leer el comunicado AQUÍ)

El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas intenta desmarcarse de acusaciones de censura, alineándose con estándares internacionales como el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que protege la libertad de expresión sin censura previa, afirmar que las medidas son "preventivas y seguras"; también afirma su respeto a la Constitución, pero no aborda si los lineamientos exceden su ámbito: las FF.AA. están para defender la soberanía, no para administrar acreditaciones mediáticas con criterios subjetivos, lo que podría violar el Art. 165 referente a que las restricciones deben ser limitadas en estados de excepción.

Una de las interpretaciones la hace María Sol Borja (@mariasolborja): "Para demostrar ese respeto que dicen que tienen a los medios de comunicación hacen falta hechos. Mientras siga vigente el documento que hizo público Ecuavisa (con el que incluso pretenden evaluar “la conducta profesional” de los periodistas), quedan clarísimas las intenciones de censura. Ni 200 comunicados lo van a desmentir. Se desmentirá con hechos cuando den de baja el documento totalmente contrario a los principios mínimos y estándares internacionales, de libertad de prensa y expresión."

A manera de reflexión

Los ciudadanos enfrentamos un momento crítico que exige vigilancia activa y movilización colectiva. La reactivación de restricciones a la cobertura periodística por parte de las Fuerzas Armadas, un mecanismo de censura disfrazado de "gestión estratégica" no es un incidente aislado, sino parte de un patrón más amplio de erosión democrática: la militarización sin contrapesos efectivos, la impunidad ante corrupción y la acumulación de violaciones graves a los Derechos Humanos.

Hoy, la verdadera "debida obediencia" nos corresponde a los ciudadanos: exigir transparencia, demandar investigaciones independientes tanto de abusos como de corrupción, y presionar por el restablecimiento de controles democráticos sobre el sector defensa.

Si no actuamos ahora, el silencio impuesto y la impunidad institucionalizada podrían consolidar un retroceso autoritario irreversible. La democracia ecuatoriana no se defiende sola; depende de la alerta, la denuncia y la acción colectiva de cada uno de nosotros los que valoramos la libertad, la justicia y el Estado de derecho, a pesar de la comunicado militar reactivo.

Finalmente, a los funcionarios civiles, militares y policiales de Ecuador: su silencio o acatamiento ciego a órdenes ilícitas como censuras periodísticas, corrupciones encubiertas o violaciones a derechos humanos en el conflicto armado interno y otros actos del poder político, los convierte en cómplices activos de la erosión democrática. 

Nuremberg lo dejó claro: la "debida obediencia" exige discernir entre lo legal y lo inmoral; ignorarlo no exonera, sino que perpetúa autoritarismos. Actúen con integridad o enfrenten la historia como colaboradores del retroceso.

Advertencia editorial: Este ensayo puede contener sesgos o imprecisiones políticas o militares, por lo que se invita al amable lector a revisar los datos con una mirada crítica, realizar los comentarios y observaciones necesarias que puedan servir para mejorar o ampliar el contenido.

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6 de febrero de 2026

La paradoja de José Julio Neira en la seguridad

La acumulación de cargos y delegaciones en José Julio Neira Hanze ha generado un debate recurrente en la opinión pública y en medios independientes ecuatorianos: ¿Es esta concentración de funciones una estrategia de eficiencia y confianza presidencial o un riesgo de dilución de responsabilidades que puede comprometer la efectividad en áreas tan sensibles como la lucha contra el lavado de activos, la minería ilegal y el financiamiento del crimen organizado?

En un contexto donde Ecuador enfrenta una crisis de inseguridad alimentada por economías ilícitas y corrupción: minería ilegal como fuente de lavado, contrabando de combustibles subsidiados que financia bandas, precursores químicos que sostienen la producción de drogas o los fallidos contratos eléctricos, la concentración de poder en un solo funcionario puede generar lagunas operativas.

Antes de continuar en esta explicación para llegar a la paradoja de seguridad, es necesario dejar claro que la dilución de responsabilidades es un concepto que se refiere a la pérdida o disminución de la obligación personal o institucional cuando una tarea, función o poder se distribuye, comparte o acumula de manera excesiva entre varias personas, cargos o entidades; en lugar de que alguien sea claramente responsable de un resultado, sea bueno o malo, la responsabilidad se "diluye" o se dispersa, haciendo que sea difícil señalar a un único responsable sobre todo cuando algo falla.

Entonces, con 12 roles simultáneos, desde la dirección encargada de la UAFE y SERCOP hasta presidencias de consejos clave como CONCLAFT y CONIM, pasando por múltiples delegaciones en agencias reguladoras y empresas estatales, Neira se ha convertido en una figura central del aparato de control financiero y sectorial del gobierno de Daniel Noboa; sin embargo, la multiplicidad de responsabilidades plantea preguntas inevitables sobre la capacidad real de supervisión, ejecución y rendición de cuentas en cada frente.

Cuando una persona representa al Ejecutivo en tantos directorios, comités y agencias, la responsabilidad por fallas específicas (operaciones inusuales no detectadas a tiempo, minería ilegal que sigue fluyendo, desvíos en contratos públicos) se dispersa: nadie es el responsable pleno porque “todos” lo son a medias. Esta dilución no implica necesariamente corrupción intencional, pero sí debilita la cadena de responsabilidades en un momento en que la ciudadanía demanda resultados concretos frente a la violencia y la impunidad.

A continuación, la matriz actualizada de cargos y delegaciones de José Julio Neira al 6 de febrero de 2026, con sus relaciones directas e indirectas tanto en la represión como prevención del crimen organizado y el narcotráfico:

Cargo

Descripción

Relación directa contra el crimen, delito y narco

Relación indirecta contra el crimen, delito y narco

1.- Secretario General de Integridad Pública

Organismo adscrito a la Presidencia. Coordina estrategias anticorrupción.

Dirige alertas y procesos contra corrupción ligada al crimen organizado/narco (lavado, funcionarios infiltrados), derivando a Fiscalía para represión judicial. Ha impulsado condenas por lavado en instituciones públicas, debilitando redes que financian violencia en Ecuador.

Previene infiltración narco en el Estado mediante transparencia y ética, reduciendo corrupción que facilita rutas de coca y extorsión.

2.- Director de la Unidad de Análisis Financiero y Económico

Dirige la inteligencia financiera contra lavado y financiamiento del terrorismo.

Represión directa: lidera 24+ procesos por lavado (2025), congeló fondos ilícitos del narco/crimen organizado. Reportó USD 1.577 millones en operaciones inusuales en 2025, atacando finanzas que sostienen violencia y disputas territoriales.

Evalúa riesgos nacionales, previniendo blanqueo de ganancias narco en el sistema financiero ecuatoriano.

3.- Director del Servicio Nacional de Contratación Pública, SERCOP

Regula compras y contratos estatales.

Combate corrupción en contratación, usada por redes narco para sobornos/lavado. Implementa transparencia que reduce desvíos de fondos públicos hacia economías ilícitas que alimentan inseguridad.

Previene infiltración criminal en contratos estatales, limitando desvío hacia actividades delictivas.

4.- Delegado en ARCSA (Agencia de Regulación y Control Sanitario)

Supervisa cumplimiento normativo en salud/sustancias sujetas a fiscalización.

Ejecuta operativos contra contrabando/falsificación de precursores químicos para producción de drogas; detenciones por nexos narco contribuyen a decomisos en un Ecuador hub de tránsito de cocaína y precursores.

Previene corrupción en regulación sanitaria, vulnerable a contrabando ligado al crimen organizado.

5- Delegado en la Agencia de Regulación y Control de Electricidad, ARCONEL

Participación y seguimiento en el sector eléctrico/energético.

Denuncia desvíos de combustibles subsidiados (relacionados con energía), generando investigaciones por financiamiento de crimen organizado en zonas fronterizas con alta violencia narco.

Previene corrupción en contratos energéticos; evita infiltración en infraestructuras críticas usadas para lavado o control territorial narco.

6.- Delegado en Agencia de Regulación y Control Minero, ARCOM

Seguimiento y participación en las decisiones de vigilar, auditar, intervenir y controlar todas las fases de la actividad minera.

Combate minería ilegal financiada por narco (lavado, armas, extorsión); operativos decomisan material ilícito, reduciendo fondos que sostienen violencia territorial en Ecuador.

Fortalece control de recursos minerales, previniendo explotación ilegal que genera ingresos para redes criminales.

7.- Delegado en Agencia de Regulación y Control de Hidrocarburos, ARCH

Seguimiento y participación en los procesos de regular, controlar y fiscalizar todas las fases de la cadena hidrocarburífera (petróleo/gas/combustibles).

Reprime contrabando de combustibles subsidiados, ligado directamente al narco (financiamiento ilegal, rutas de tránsito); controles evitan desvíos que alimentan economías ilícitas y violencia.

Previene corrupción en cadenas de suministro de hidrocarburos, sector de alto valor propenso a sobornos y lavado narco.

8.- Delegado en el Comité de Licitaciones de Hidrocarburos, COLH

Participar en las decisiones para gestionar y resolver los procesos licitatorios para la exploración, explotación, transporte y refinación de hidrocarburos.

Supervisa licitaciones petroleras/energéticas para prevenir desvíos que financian crimen organizado transnacional, en un contexto de economías ilícitas que escalan homicidios.

Previene corrupción en programas públicos, reduciendo vulnerabilidades al crimen organizado.

9.- Delegado permanente del Presidente ante el Directorio de ENAMI EP

Representa al Presidente en el directorio de la empresa minera estatal ENAMI EP, participando en políticas, gestión de activos y atracción de inversión. (Reincorporación/renovación del rol previo 2024-2025).

Refuerza vigilancia y políticas contra minería ilegal financiada por narco; facilita coordinación para decomisos de minerales ilícitos y debilitamiento de fuentes de financiamiento para crimen organizado/extorsión en zonas mineras.

Promueve minería formal y responsable, reduciendo espacio para explotación ilegal que genera ingresos para redes criminales y violencia territorial en Ecuador.

10.- Presidente de Comité Nacional de Integridad del Sector Minero - CONIM

Coordinar interinstitucionalmente la evaluación de riesgos, oportunidades y la lucha contra la minería ilegal.

Dirige vigilancia/ejecución contra extracción ilegal financiada por narco; base de datos de riesgos ayuda a reprimir fondos que alimentan disputas territoriales y extorsión.

Previene lavado en minería, fortaleciendo integridad sectorial en un Ecuador con economías ilícitas violentas.

11.- Presidente de Consejo Nacional contra Lavado de Activos, Financiamiento del Terrorismo y Proliferación de Armas, CONCLAFT

Diseñar y supervisar el Plan Nacional de Acción Estratégico, articulando a las instituciones públicas, organismos de control y seguridad.

Diseña/ejecuta estrategias contra lavado y delitos precedentes del narco; aprueba planes nacionales y coordina para debilitar finanzas que sostienen inseguridad.

Armoniza con estándares GAFI, previniendo que Ecuador sea hub de blanqueo narco.

12.- Delegado en el Comité Interinstitucional de Asociaciones Público-Privadas, CIAPP

Aprobar la declaratoria de interés público de iniciativas privadas sobre proyectos APP. Autorizar el uso de la modalidad de APP.

Aprueba guías que mitigan corrupción en APP, previniendo infiltración narco en contratos grandes para lavado o financiamiento ilícito en debilidades institucionales.

Asegura transparencia en inversiones vulnerables a lavado narco o infiltración en proyectos clave.


Entonces, bajo esta perspectiva vale preguntarse: ¿Por qué no es parte del bloque de seguridad visible? Porque su rol no es represivo directo ni simbólico; es preventivo y estructural. Mientras el Ministro del Interior y los policías, como el Ministro de Defensa y los militares, muestran capturas, decomisos y megacárceles para calmar la percepción pública, Neira opera en las fases previas: congelando cuentas, remitiendo operaciones inusuales a Fiscalía (USD 1.577 millones detectados en 2025), evaluando riesgos en minería y hidrocarburos, coordinando el Plan Nacional Antilavado 2026-2030. 

Es el que debería cortar el oxígeno financiero al narco antes de que llegue a las calles; pero esa misma acumulación genera la paradoja: si el dinero ilícito de la corrupción sigue fluyendo, si la minería ilegal financia bandas, si los subsidios se desvían y los precursores químicos llegan, ¿Dónde está la falla? La respuesta se diluye entre sus 12 sombreros. 

Nadie es responsable pleno porque todos son responsables parciales.

Fuentes consultadas: 

- Expreso, primicias.ec, Teleamazonas, Ecuavisa, La Contra, El Universo, Connectas, Revista RAYA, Plan V, InSight Crime, Ecuador Chequea y Lupa Media.

- Plataforma oficial de la Presidencia de la República. Sitios institucionales: UAFE.gob.ec, ARCOM.gob.ec, CONCLAFT (informes 2025-2026), ENAMI EP (directorios y políticas). 

- Radio Centro, El Telégrafo y publicación de @JoseJulioNeira en X

Advertencia editorial: Este análisis se redactó bajo el criterio editorial de Raúl A. Zavala - (razmo@gmail.com), consecuentemente puede contener sesgos o imprecisiones políticas, por lo que se invita al amable lector a revisar los datos con una mirada crítica, realizar los comentarios y observaciones necesarias que puedan servir para mejorar o ampliar el contenido.

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5 de febrero de 2026

La basura playera frente a la absurda fábula del colibrí

Cierto día, como casi siempre, mientras caminaba por la playa recogiendo algunas de las basuras plásticas, pensaba nuevamente en el poco o casi nada cuidado que se le tiene, me vino entonces a la memoria una de esa fábulas de las charlas motivacionales, la del colibrí y el gran incendio; "Estoy haciendo mi parte" me dije, pero unos pasos más adelante, caí en cuenta que esa historia es de las más absurdas que pueden existir y fue justamente el hecho de que no hay un plan de manejo para ese espacio público: me pregunté ¿Y qué gano con tanto esfuerzo?

Llevo viviendo casi tres años de manera permanente en este rincón de Manabí donde el Ecuador alterado y febril pareciera que se queda atascado en la vía a Jipijapa, pero esta relativa tranquilidad tiene su precio: la indiferencia vive cómoda, como un huésped que nunca se va. 

Allá, con el ronroneo de las olas y un paisaje que no siempre es el mismo, recojo plásticos, botellas, latas, cabos, redes que el mar lo devuelve o que los humanos dejan sin un gramo de vergüenza, pero únicamente en los sectores en que no hay negocios, hacerlo sería como limpiar gratis el patio ajeno y yo no soy de esos. 

Pero sí soy de los que registro con fotos y vídeo de cómo en esos espacios públicos ocupados pueden pasar días, tal vez semanas, las basuras alrededor de sus negocios; es como sí no la vieran o que ya se acostumbraron y la consideran parte del paisaje; recuerdo que en algún momento, durante una gestión para mantener la playa limpia, una de las personas de esos negocios aseguró: esa basura no es mía. 

La playa es de "todos", dicen; pero "todos" significa "ninguno" en la práctica. De las casi 300 o más personas que usan la playa paralela al Malecón de Puerto Cayo, máximo unas cinco hacen algo por recoger basura. El resto espera que el mar se lo lleve o que alguien como yo aparezca con funda o que se organice una minga para que le den limpiando.

Aquí viene, entonces, la historia de porqué me sentí estúpido al creerme lo del colibrí. Todos los animales huyen del incendio n el bosque menos el colibrí, que va y viene con gotitas de agua en el pico; el jaguar le pregunta qué hace con tan poco, y él responde: "Yo hago mi parte". Suena bonito, motivador, ejemplar, pero en la realidad es un absurdo. ¿Cómo enfrentar un incendio sin un plan, sin organización, sin recursos? ¿Con motivación sola? A la mierda. De seguro el colibrí terminó quemado, exhausto, y con el fuego más activo. 

Yo no soy ese colibrí.

Esta reflexión la traslade a la playa turística "adornada" con en plásticos, llantas, botellas, redes, animales muertos... y esa constante e irracional extracción de arena.

Ya lo había mencionado en un video comentario: no se conoce públicamente que exista un plan de manejo marino costero para Puerto Cayo; tampoco la prioridad, más allá de las palabras emotivas, que tenga dentro de las políticas municipales, que incluye a las direcciones de Residuos Sólidos y de Gestión Ambienta. Entonces, sacar y extraer basuras se convierte en una acción aislada y, de pronto, hasta inútil. 

Pero lo seguiré haciendo porque es una manera de evitar que yo naturalice tan deprimente situación, porque es un espacio que lo uso para disfrutar de mi tiempo libre, para ejercitarme, reflexionar; es parte de mi vecindario. 

Reitero lo dicho en otro de mis comentarios: al igual que la seguridad la limpieza de los espacios públicos es un juego infinito. (Lo puede leer AQUÍ)

Puede soñar extraño pero la playa de Puerto Cayo, en especial la que es parte del Malecón es un espacio de mi vida diaria y por eso es que me causa desazón verla descuidada y maltratada. Confesión personal: para mí, la playa limpia no es un lujo ecológico, es recuperar un pedazo de tranquilidad de un país que no da tregua; es poder caminar con Gala, mi mascota, sin tropezar con plásticos que me recuerdan que pocos cuidan pero muchos abusan. Es sentir que, al menos aquí, en este rincón, las cosas pueden estar en orden.

Y claro que publico las fotos y los videos de la playa sucia en mi cuenta de X (@Zavala_Ra), videos en mi canal de YouTube, en mis escritos para mis mis blogs; y pasa lo predecible: algunos se enojan. "¡Si tanto te molesta, ven y limpia tú!", me escriben. "¡Únete a la minga!". Claro, la minga: recolectan un rato, eventos de relumbró político, se toman fotos grupales, aplausos en redes, y al día siguiente todo igual, porque falta lo que no se ve en la foto: control permanente.

No busco ser héroe, ni reconocimientos, ni lo hago por ganar clics. No pretendo apagar el "incendio" solo, hago lo que es necesario: documentar la realidad como es, no como debería ser o quieren que la veamos como un "paraíso escondido". Publico porque incomoda, porque genera roce, para que quizás algún día día los responsables legales asuman la obligación de buena fe y no por miedo controles de autoridades superiores o las reacciones negativas en redes sociales.

Para finalizar, aquí uno de los registros sobre la cantidad de basura que en su momento extraje de la playa:

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