Pa' luego de mucho tiempo te vuelvo a escribir y no es porque te he olvidado, es que tú sabes lo que hemos pasado con la Gaya en los últimos años, lo que me ha quitado esa nostalgia que inspiraba mis palabras teniendo a cambio esos momentos de inmensa alegría y otros de grandes preocupaciones; además Pa', recuerda que durante todos estos últimos 25 años siempre te estuve preguntando ¿Qué hago? en esas situaciones complejas que he debido afrontar y tú jamás dejaste de contestar.
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| Foto de archivo de Raúl Zavala Orlando, posiblemente tomada en Machala, año 1982. |
Esta vez te escribo esta carta por otro tipo de nostalgia que me embarga desde hace ya dos semanas, lo uno por la alegría de saber que tu y Madre han vuelto a estar juntos y lo otro por la tristeza de ya no tenerla en la casa, pero a sabiendas que es parte del arte de saber vivir a plenitud.
Lo que no me gustaría que pienses Pa' es que con esta nueva realidad que estoy viviendo abandonaré tu "Puerto Zavala" y el cual Madre disfrutó en sus años en que ya por fin pudo alejarse de sus obligaciones laborales y que, con el apoyo que tú le dejaste, encaminó cada uno de sus esfuerzos para completar el sueño que compartieron y construyeron juntos.
Y sí, sí puedes estar seguro que cumplí mi promesa de aquel 31 de marzo de 2002, cuando con tu último aliento gritaste llamando a la Gaya, no sin antes pedirme que la cuide.
Ahora estoy en una transición bastante compleja que me recuerda mucho las que tu también afrontaste en las diferentes etapas de la vida y de las que supe por las conversaciones con Madre; sé de tu vida militar, de cuando fuiste marinero mercante, de tus estudios para convertirte en contador público, de trabajo en un museo de Quito, de tu paso por la Contraloría y luego asesor en distintas instituciones públicas de Manabí, así que esas historias son ahora mi guía para superar los cambios drásticos que estoy afrontando.
Además Pa', para mi es importante decirte que en mi memoria están guardados los grandes momentos cuando estuve en graves problemas, tú estuviste allí apoyando, gestionando, buscando, soluciones para evitar mis dolores y sufrimientos, unas veces presente físicamente, en otras orientando y solventando financieramente a Madre. Pero hay más, no sé que habría sido de mi vida si es que no me hubieses enseñado a leer, escribir y matemáticas más allá de lo que en la escuela y el colegio aprendí o me quisieron enseñar.
Sin embargo, este nuevo problema en el que ahora estoy embarcado me está obligando a repensar mi accionar sin perder el rumbo, aunque ya tampoco esté presente Madre que, de una u otra manera y por mucho tiempo, fue la razón de la gran parte de mis pasos, de mis decisiones. El asunto se me complica un poco más porque ya no tengo la fuerza física que me permitía hacer frente a muchas adversidades de aquel entonces, pero a cambio tengo otro tipo de sensatez que estoy aprendiendo a usarla y quizás, por eso, esté todavía desorientado.
Me preocupa el tiempo, sí Pa', el tiempo que podría tener disponible en el presente y futuro para que mis pensamientos estén encaminados hacia la transformación que tengo la ineludible responsabilidad de experimentar.
Debo decirte que esta es mi última carta que te hago llegar, pues de ahora en adelante las escribiré para que tu y Madre las lean juntos. Nunca pensé que al confesarte esto lloraría como un niño...
Pá, te extraño siempre: tu hijo Raúl.
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