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5 de febrero de 2026

La basura playera frente a la absurda fábula del colibrí

Cierto día, como casi siempre, mientras caminaba por la playa recogiendo algunas de las basuras plásticas, pensaba nuevamente en el poco o casi nada cuidado que se le tiene, me vino entonces a la memoria una de esa fábulas de las charlas motivacionales, la del colibrí y el gran incendio; "Estoy haciendo mi parte" me dije, pero unos pasos más adelante, caí en cuenta que esa historia es de las más absurdas que pueden existir y fue justamente el hecho de que no hay un plan de manejo para ese espacio público: me pregunté ¿Y qué gano con tanto esfuerzo?

Llevo viviendo casi tres años de manera permanente en este rincón de Manabí donde el Ecuador alterado y febril pareciera que se queda atascado en la vía a Jipijapa, pero esta relativa tranquilidad tiene su precio: la indiferencia vive cómoda, como un huésped que nunca se va. 

Allá, con el ronroneo de las olas y un paisaje que no siempre es el mismo, recojo plásticos, botellas, latas, cabos, redes que el mar lo devuelve o que los humanos dejan sin un gramo de vergüenza, pero únicamente en los sectores en que no hay negocios, hacerlo sería como limpiar gratis el patio ajeno y yo no soy de esos. 

Pero sí soy de los que registro con fotos y vídeo de cómo en esos espacios públicos ocupados pueden pasar días, tal vez semanas, las basuras alrededor de sus negocios; es como sí no la vieran o que ya se acostumbraron y la consideran parte del paisaje; recuerdo que en algún momento, durante una gestión para mantener la playa limpia, una de las personas de esos negocios aseguró: esa basura no es mía. 

La playa es de "todos", dicen; pero "todos" significa "ninguno" en la práctica. De las casi 300 o más personas que usan la playa paralela al Malecón de Puerto Cayo, máximo unas cinco hacen algo por recoger basura. El resto espera que el mar se lo lleve o que alguien como yo aparezca con funda o que se organice una minga para que le den limpiando.

Aquí viene, entonces, la historia de porqué me sentí estúpido al creerme lo del colibrí. Todos los animales huyen del incendio n el bosque menos el colibrí, que va y viene con gotitas de agua en el pico; el jaguar le pregunta qué hace con tan poco, y él responde: "Yo hago mi parte". Suena bonito, motivador, ejemplar, pero en la realidad es un absurdo. ¿Cómo enfrentar un incendio sin un plan, sin organización, sin recursos? ¿Con motivación sola? A la mierda. De seguro el colibrí terminó quemado, exhausto, y con el fuego más activo. 

Yo no soy ese colibrí.

Esta reflexión la traslade a la playa turística "adornada" con en plásticos, llantas, botellas, redes, animales muertos... y esa constante e irracional extracción de arena.

Ya lo había mencionado en un video comentario: no se conoce públicamente que exista un plan de manejo marino costero para Puerto Cayo; tampoco la prioridad, más allá de las palabras emotivas, que tenga dentro de las políticas municipales, que incluye a las direcciones de Residuos Sólidos y de Gestión Ambienta. Entonces, sacar y extraer basuras se convierte en una acción aislada y, de pronto, hasta inútil. 

Pero lo seguiré haciendo porque es una manera de evitar que yo naturalice tan deprimente situación, porque es un espacio que lo uso para disfrutar de mi tiempo libre, para ejercitarme, reflexionar; es parte de mi vecindario. 

Reitero lo dicho en otro de mis comentarios: al igual que la seguridad la limpieza de los espacios públicos es un juego infinito. (Lo puede leer AQUÍ)

Puede soñar extraño pero la playa de Puerto Cayo, en especial la que es parte del Malecón es un espacio de mi vida diaria y por eso es que me causa desazón verla descuidada y maltratada. Confesión personal: para mí, la playa limpia no es un lujo ecológico, es recuperar un pedazo de tranquilidad de un país que no da tregua; es poder caminar con Gala, mi mascota, sin tropezar con plásticos que me recuerdan que pocos cuidan pero muchos abusan. Es sentir que, al menos aquí, en este rincón, las cosas pueden estar en orden.

Y claro que publico las fotos y los videos de la playa sucia en mi cuenta de X (@Zavala_Ra), videos en mi canal de YouTube, en mis escritos para mis mis blogs; y pasa lo predecible: algunos se enojan. "¡Si tanto te molesta, ven y limpia tú!", me escriben. "¡Únete a la minga!". Claro, la minga: recolectan un rato, eventos de relumbró político, se toman fotos grupales, aplausos en redes, y al día siguiente todo igual, porque falta lo que no se ve en la foto: control permanente.

No busco ser héroe, ni reconocimientos, ni lo hago por ganar clics. No pretendo apagar el "incendio" solo, hago lo que es necesario: documentar la realidad como es, no como debería ser o quieren que la veamos como un "paraíso escondido". Publico porque incomoda, porque genera roce, para que quizás algún día día los responsables legales asuman la obligación de buena fe y no por miedo controles de autoridades superiores o las reacciones negativas en redes sociales.

Para finalizar, aquí uno de los registros sobre la cantidad de basura que en su momento extraje de la playa:

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1 de febrero de 2026

Esmeraldas: un "luto colectivo" sin un plan

Ismael Bernal Espinoza: ¿Cómo se enteraron de un poco de la situación de Esmeraldas? Este tiempo he hecho el ejercicio de fijar las fuentes locales ya que gran parte de la información local de Esmeraldas no sale, romper el cerco mediático y el silencio estatal es muy duro porque uno se rompe también. (@IsmaelBernalE)


La cobertura de los medios locales de Esmeraldas sobre el incendio en la Refinería del 30 de enero de 2026 se caracterizó por un enfoque inmediato y alarmista en las primeras horas, destacando la densa columna de humo negro visible desde distintos sectores de la ciudad, reportes de posibles explosiones previas y la rápida movilización de bomberos de múltiples cantones (incluyendo Esmeraldas, Quinindé y Atacames), junto con evacuaciones preventivas en barrios cercanos como 15 de Marzo y escuelas.

Publicaciones en Facebook, Instagram y radios locales o cuentas en redes sociales enfatizaron la "alarma entre la ciudadanía", el "incendio de gran magnitud" en una piscina de residuos (slop) en área externa, y la percepción de riesgo ambiental y de salud por el humo persistente, con menciones a hollín cayendo en calles y preocupaciones por contaminación.

Posteriormente, al alinearse con comunicados oficiales de Petroecuador, muchos ajustaron el tono para confirmar que el fuego fue controlado tras seis horas sin heridos ni interrupciones en operaciones, aunque persistieron críticas implícitas en comentarios ciudadanos y publicaciones sobre la recurrencia de incidentes (recordando el de mayo 2025) y la minimización por parte de autoridades nacionales, reflejando una mezcla de denuncia comunitaria y reporte factual con énfasis en la vulnerabilidad local ante la infraestructura estratégica.

En declaraciones para "La Contra" Ismael Bernal describe la situación en Esmeraldas como un "luto colectivo" debido a un año extremadamente complicado marcado por eventos como el derrame de petróleo (que dejó a la población sin agua ni comida por más de un mes, agravado por enfrentamientos armados nocturnos), un terremoto, el incendio en la refinería y la violencia generalizada. (Acceso al vídeo AQUÍ)

También critica la negligencia y respuesta precaria del Gobierno, que no solo afecta la integridad física y mental de la población, sino que también impone un "régimen del silencio" en una comunidad históricamente sociable y afectuosa, ahora dominada por el temor.

Bernal destaca cómo la vida urbana termina temprano (a las 3 - 4 de la tarde), con gente apresurándose a resguardarse en casa, y lamenta la pérdida de tradiciones decembrinas como pintar casas o colocar luces. Extiende el problema a nivel nacional por la desigualdad, citando estadísticas alarmantes: 77% con empleo inadecuado, 60% en pobreza multidimensional y 30% en extrema pobreza, con escasos mecanismos para coexistir con la violencia criminal y breves periodos de alivio.

En un hilo de X publicado por la periodista Gabriela Ruiz (@GabyRuizMx), denuncia la precaria situación de la Refinería de Esmeraldas en Ecuador, describiéndola como una "bomba de tiempo" debido a su infraestructura obsoleta de 1977, falta de mantenimiento e inversión estatal, operando solo al 41,5% de capacidad en 2025.

Resalta cómo la provincia afrodescendiente, empobrecida y segregada soporta el mayor impacto de desastres recurrentes, como el incendio de mayo de 2025, un sismo en abril, un derrame en marzo que dejó a más de 113 mil personas sin agua ni medios de vida, y el reciente incendio de enero de 2026, todo ello agravado por el cierre de nueve meses del Hospital Básico del IESS y la ausencia de políticas sociales, reemplazadas por militarización en una "zona de guerra" con estados de excepción, motines carcelarios y desapariciones forzadas, incluyendo niños.

Ruiz cuestiona el plan gubernamental para Esmeraldas, enfatizando que no debe ser tratada como zona de sacrificio ni de conflicto armado, sino que requiere atención ambiental, sanitaria y social urgente. Finaliza su exposición con: ¿Cuál es el plan para Esmeraldas?

En un informe anterior de este blog se realizó una proyección a partir del derrame de marzo de 2025 bajo el titular: "Posible escenario apocalíptico en Esmeraldas" en el que se afirma las limitaciones institucionales para afrontar la crisis tanto por el derrame de petróleo como por lo que evidentemente es una falla en el manejo informativo institucional. (Leer el informe AQUÍ)

Los hechos

El incendio en la piscina de residuos de hidrocarburos (slop) en la Refinería de Esmeraldas, ocurrido el 30 de enero de 2026 alrededor de las 11:00 horas, fue controlado tras aproximadamente seis horas sin heridos ni interrupciones en las operaciones; pero emergen reportes locales sobre impactos ambientales extendidos y críticas a la respuesta gubernamental.

La Refinería de Esmeraldas, con capacidad de 110.000 barriles diarios, ha sufrido incidentes recurrentes, incluyendo un incendio en mayo de 2025 que paralizó operaciones por meses; este evento adverso surge en momentos en que enfrenta pobreza, violencia por narcotráfico y estados de emergencia, agravando la vulnerabilidad a eventos como este.

El fuego inició posiblemente con una explosión, generando humo visible en la ciudad y según Petroecuador desplegó 172 técnicos y bomberos de múltiples cantones, controlando el incendio sin afectaciones mayores; además, se cumplieron evacuaciones preventivas que cubrieron un radio de 800 metros, incluyendo barrios y escuelas.

Hasta el 31 de enero, no hay informes de nuevas emergencias directas, pero persisten preocupaciones por contaminación residual que, con el paso de las horas se fueron confirmado; como parte de las consecuencias Ismael Bernal Espinoza reportó humo persistente por horas y riesgos de lluvias ácidas el 30 de enero.

Un exhorto sin impactos

La Defensoría del Pueblo de Ecuador emitió un exhorto el 31 de enero de 2026 en favor de los derechos de las personas y de la naturaleza ante el incendio ocurrido en la Refinería de Esmeraldas el día anterior, destacando la urgencia de proteger a las comunidades afectadas y el entorno ambiental.

En el documento, la institución insta a las autoridades competentes, incluyendo Petroecuador y los ministerios de Ambiente y Salud, a realizar investigaciones exhaustivas sobre las causas del siniestro, evaluar impactos en la salud respiratoria de la población debido al humo tóxico y posibles contaminaciones en ríos y suelos, y garantizar transparencia en la información proporcionada a la ciudadanía.

También menciona que fue impedida la entrada del Defensor del Pueblo a la refinería para verificaciones directas, exigiendo acceso libre para monitoreo independiente y medidas reparadoras, en línea con exhortos previos por derrames de petróleo en la provincia, que subrayan la vulnerabilidad ambiental y social de Esmeraldas. (Leer el comunicado directo AQUÍ)

Consecuencias al 31 de enero

El humo causó irritación respiratoria inmediata en sectores como Tachina y Pianguapí; reportes locales indican contaminación en agua de lluvia con olor y color a hidrocarburos en cantones como San Lorenzo y Rioverde, afectando tanques de almacenamiento debido a la falta de agua potable.

No hay impactos reportados en fuentes de agua principales ni en la productividad, pero persisten preocupaciones por efectos a largo plazo; a su vez el Ministerio de Salud Pública distribuyó mascarillas básicas, criticadas como insuficientes (valor de 15 centavos), ignorando necesidades de protección N95 ante contaminantes químicos.

De otro lado se produjo un apagón de seis horas que afectó sectores como Santa Martha el 30 de enero, complicando la respuesta de las entidades de socorro.

La actuación de los militares en la zona de Esmeraldas durante el incendio del 30 de enero de 2026 se centró en el apoyo al control de la emergencia y la seguridad perimetral, integrándose al Bloque de Seguridad junto con bomberos y Policía Nacional para extinguir el fuego en la piscina de residuos de hidrocarburos.

Las Fuerzas Armadas aseguraron el perímetro de instalaciones cercanas, como el centro de rehabilitación social ubicado a dos kilómetros de la refinería, facilitaron evacuaciones preventivas en barrios como 15 de Marzo y escuelas adyacentes, y colaboraron en la logística para evitar riesgos mayores en una provincia bajo estado de excepción por violencia relacionada con narcotráfico.

Se estima que económicamente la refinería opera normalmente, pero incidentes recurrentes (dos derrames y dos incendios en un año) generan riesgos para la cadena de suministro; sin embargo, Petroecuador y la Ministra Inés Manzano afirmaron control y ausencia de riesgos mayores el 30 de enero, las denuncias públicas hacen hincapié en la minimización oficial y mediático del hecho, la contaminación de aire y río, así como la falta de dignidad en la respuesta y la falta la ausencia de explicaciones sobre implicaciones de la refinería en la provincia y las reparaciones.

Esmeraldas sufre violencia diaria, inestabilidad eléctrica y exposición industrial, con percepción de abandono estatal; la violencia persistente, como asesinatos reportados el 31 de enero en el centro de Esmeraldas, resalta la inseguridad bajo estado de excepción, por lo que el incendio agrava esto, con reportes de contaminación extendida al 31 de enero, destacando negligencia en sectores estratégicos y respuestas inadecuadas a comunidades a la comunidad en general.

En un hilo de X publicado por la periodista Gabriela Ruiz (@GabyRuizMx), denuncia la precaria situación de la Refinería de Esmeraldas en Ecuador, describiéndola como una "bomba de tiempo" debido a su infraestructura obsoleta de 1977, falta de mantenimiento e inversión estatal, operando solo al 41,5% de capacidad en 2025.

Resalta cómo la provincia afrodescendiente, empobrecida y segregada soporta el mayor impacto de desastres recurrentes, como el incendio de mayo de 2025, un sismo en abril, un derrame en marzo que dejó a más de 113 mil personas sin agua ni medios de vida, y el reciente incendio de enero de 2026, todo ello agravado por el cierre de nueve meses del Hospital Básico del IESS y la ausencia de políticas sociales, reemplazadas por militarización en una "zona de guerra" con estados de excepción, motines carcelarios y desapariciones forzadas, incluyendo niños.

Ruiz cuestiona el plan gubernamental para Esmeraldas, enfatizando que no debe ser tratada como zona de sacrificio ni de conflicto armado, sino que requiere atención ambiental, sanitaria y social urgente.

Otras evidencias de problemas


 

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20 de enero de 2026

Riesgos de la "Ofensiva Total" sin respaldo judicial

La militarización del Ecuador no es un tema menor. El accionar de soldados como imagen policial es prácticamente una reconfiguración política del Estado ajena a la Constitución y si a eso se suma el debilitamiento del Legislativo y Judicial, estamos frente al totalitarismo del Siglo XXI.

Este punto de vista lo expongo a partir de que el Gobierno de Ecuador decidió ejecuta otra gran movilización de tropas bajo la denominación "Operación Ofensiva Total". Al revisar la información pública me cuestiono: ¿Cuál es el apoyo especial que dará la Fiscalía para que los esfuerzos militares no se diluyan? porque caso contrario está exponiendo a los soldados por asuntos políticos mediáticos.

Aunque puede notarse un posible respaldo ciudadano, a los pocos días de implementada esta "Ofensiva Total" puedo percibir que es la misma receta que se implementa desde hace dos y más años: uniformes y fusiles contra la inseguridad en un alarde muy parecido a una parada militar. Igual en el mundo mediático las fotos y vídeos de militares en acción son carne para los clics y los post virales.

Lo sostengo en que debido a las fuerzas que han adquirido los distintos grupos delincuenciales hay solapamientos importantes en la manera de combatirlos, sobre todo contra crimen organizado transnacional, narcoterrorismo o terrorismo, donde las policías usan técnicas casi militares y los militares apoyan en inteligencia contra amenazas internas graves; pero la doctrina de cada una de la instituciones sigue siendo distinto: una está pensada para destruir y neutralizar una amenaza existencial, la otra para investigar, judicializar y prevenir conductas delictivas.

Dichas doctrinas tienen objetivos concretos que, al parecer, tanto el Presidente Noboa Noboa como sus dos ministros: el del Interior John Reimberg junto al de Defensa Gian Carlo Loffredo, parecieran desconocer:

  • Inteligencia militar (para ganar una guerra): busca ventaja decisiva en un conflicto armado o de alta intensidad con base en una pregunta clave: ¿Cómo podemos derrotarlos o evitar que nos derroten?
  • Inteligencia policial (para reprimir el delito): busca control del delito dentro de una sociedad democrática y bajo un Estado de derecho con base en una pregunta clave: ¿Cómo podemos detener esta actividad criminal y llevar a los responsables ante la justicia?

Con base en esta diferenciación me es posible ampliar mis argumentos a que sin una declaratoria de urgencia de parte del sistema judicial, en especial de la Fiscalía, los resultados de este nuevo empleo de las fuerzas del orden y aportes de la ciudadanía, se diluirán en el mediano y largo plazo.

Pero quiero ampliar el punto de policía y militares en un Estado de derecho, pues existe una diferencia sustancial entre la Inteligencia para ganar una guerra (militares) y la Inteligencia para reprimir el delito (policías) que radica en el objetivo final: el nivel de análisis, el marco legal, el adversario y el horizonte temporal en el que operan, que bien pueden detallarse en el siguiente cuadro:

Aspecto

Inteligencia para ganar una guerra (Militar/Estratégica)

Inteligencia para reprimir el delito (Policial/Criminal)

Objetivo principal

Derrotar o neutralizar una amenaza armada externa o interna (Estado, grupo armado, terrorismo a gran escala)

Prevenir, interrumpir y sancionar actividades delictivas (crimen organizado, narcotráfico, robo, homicidios, etc.)

Adversario típico

Fuerzas armadas extranjeras, insurgencias, grupos terroristas con capacidad militar

Individuos, bandas, organizaciones criminales que operan (mayoritariamente) dentro del marco penal

Nivel predominante

Estratégico y operacional (a veces táctico en combate)

Táctico y operacional (con algo de estratégico en crimen organizado transnacional)

Horizonte temporal

Medio-largo plazo (meses a años). Anticipa guerras, conflictos o amenazas existenciales

Corto-medio plazo. Busca prevenir delitos inmediatos o desarticular redes en meses

Producto principal

Estimaciones de capacidades y intenciones enemigas, vulnerabilidades, escenarios de guerra

Perfiles de organizaciones criminales, flujos de dinero/drogas/armas, identificación de líderes y rutas

Marco legal y límites

Derecho Internacional Humanitario + leyes de guerra. Menos restricciones en conflicto armado

Derecho penal, garantías constitucionales, debido proceso, reglas de evidencia para juicios

Estándar de prueba

Suficientemente creíble para tomar decisiones de vida/muerte o movimientos de tropas

Alto estándar probatorio (más allá de duda razonable) para llevar a juicio

Consecuencia del éxito

Victoria militar, control de territorio, disuasión estratégica

Arrestos, juicios, desmantelamiento de estructuras criminales, reducción de tasas de delito

Consecuencia del fracaso

Derrota militar, pérdida de soberanía o vidas masivas

Aumento de la criminalidad, impunidad, pérdida de confianza en instituciones

Ejemplo clásico

Conocer capacidades de misiles, intenciones de invasión, orden de batalla enemigo

Mapear una red de narcotráfico, identificar lavado de activos, predecir un sicariato

Bajo estas perspectivas me es posible advertir que el Gobierno está aprovechando la crisis del sistema judicial y las falencias de la Fiscalía para una montar una estrategia militar reactiva y ganar tanto legitimidad como control inmediato, usando las fallas judiciales como catalizadores, pero arriesgando que se perpetúe el ciclo de violencia sin atacar las raíces como la corrupción, la pobreza o redes delincuenciales élite.

Entonces, no veo por lo pronto que Daniel Noboa, John Reimberg y Gian Carlo Loffredo estén próximos a tener una "victoria" clara contra el delito, el crimen y el narco, pero están logrando una imagen de seguridad temporal en que no consideran (o no les importa) los riesgos democráticos.

Lectura recomendada: Sesgo de supervivencia y visión multidominio para la seguridad del Estado

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4 de enero de 2026

El costo de mi gris para el 2026

Normalmente al inicio de cada año tengo el ritual de plantearme lo que será mi línea de trabajo en cada una de mis actividades personales, profesionales, domiciliarias y de críticas. Esta vez me he tomado más tiempo del acostumbrado porque mi mundo ya no es tan simple ante una necesidad de supervivencia mental. El 1 de enero mientras caminaba con Gala por la playa me pregunté en voz alta: ¿Cómo está afectando a mi yo interno lo que ocurre en el entorno cercano y lejano del lugar en que vivo? De allí me saltaron otras preguntas, otras respuestas.

Mientras avanzo por la arena y de reojo veo a Gala seguirme pero dándose tiempo para olfatear lo que encuentra a su paso, me cuestiono si vale la pena seguir con la política que me propuse el 30 de diciembre del 2024 como guía para el 2025; en síntesis: "Quizá no pueda cambiar el mundo pero sí el pedacito que me toca" al referirme a Puerto Cayo (leer AQUÍ).

Acepto que estamos en un mundo conflictivo, en constante conflicto por la necesidad de muchas personas de sostenerse en sus creencias políticas, económicas, políticas y sociales, en que la premisa es: o estas conmigo o estás en mi contra, de usar el ataque verbal como muestra de que tiene razón. Me salta, entonces, otra duda: ¿Es mi obligación siempre estar a favor o en contra de un un hecho y exponerlo públicamente? y me respondo ¿Se acepta el gris, solo el blanco o solo el negro?

Claro, podría ser neutral pero ¿acaso la neutralidad no es pactar con Dios y el Diablo al mismo tiempo?

Recordé en ese momento a Freddy Javier Álvarez, uno de mis profesores cuando en una de sus clase aseguro que filosofar ante escenarios complejos externos no es un lujo, es una necesidad moral, pienso entonces que cuando el mundo digital grita blanco o negro, es necesario detenerme a preguntar ¿Y si hay un gris legítimo, aunque duela sostenerlo? ¿No sería acaso un acto de resistencia?

Por unos instantes me detengo para fotografiar un bulto de basura que alguien lo dejó sobre la arena, uno que ayer ya lo había visto, durante toda la semana estuvo allí, frente a uno de los tantos negocios instalados sobre la playa. He sido crítico con el maltrato a este espacio público y seguramente siga así este 2026, lo he dicho públicamente aunque se me tache de ser contrario al fomento del turismo y no me sume a la propaganda que muestra un lugar muy diferente. (Vídeo de mi comentario AQUÍ)

Sigo mi rumbo, Gala va pisando las olas, retomo a mis reflexiones dudando si debería seguir con los cuestionamientos a la falta de cuidado a la playa y decido que sí, porque vivo frente a la playa, porque es una muestra de inseguridad, de contaminación. Entonces, entiendo que es necesario ver el gris de la política pública local, cantonal, provincial y nacional, lo que no me hace gobiernista peor opositor.

Puedo asegurar que en un momento del ejercicio profesional del periodismo, tuve que guiarme por los cánones sociales, académicos y laborales; por titulación sigo siendo periodista pero ahora soy un ciudadano más que defiendo mi entorno cercano, un ciudadano que he decidido ser neutral desde lo que yo llamo el justo equilibrio, mesotés dirían los estudiosos de la Filosofía.

Entonces me doy cuenta que hemos caminado tanto que ya no estoy frente a la playa cercana a la casa, estoy mucho más al norte, en aquella que tiene menos afluencia de bañistas, que menos está expuesta al ojo de reporteros y que al parecer nadie la supervisa; además que en nada me afecta directamente y mentalmente repaso los otros inconvenientes que enfrentamos en Puerto Cayo. 

También de aquellos escenarios complicados que están más allá de las fronteras locales relacionados con las políticas públicas o los escándalos políticos, porque no soy ni gobiernista ni oposición, porque no pertenezco a ningún comité de aplausos.

Y decido regresar a casa, voy repasando los distintos inconvenientes del acontecer diario en cualquier parte del planeta Tierra, algunos en común y otros específicos y ¡¡PUM!! otra duda: ¿Qué significan esos problemas para la dignidad de las personas afectadas directamente, incluyéndome yo como ciudadano?

Fueron muchas interrogantes en esa jornada de ejercicios y algunas conclusiones orientadoras sobre mi situación personal respecto a ellas. Ya frente al computador, revisando mis ideas, replanteo las preguntas, escribo la primera línea guía: el mundo no es binario y se llega al justo equilibrio cuando se plantea el "Sí, pero..." seguido del "No, pero..." y con lo cual llegó al gris, a un gris que no es cobardía, es coraje pragmático y honestidad para conmigo mismo.

Empiezo mi redacción y avanzo con relativa tranquilidad hasta este punto en que enfrento una realidad dura: muchos esperan que tome partido claro; cuando no lo hago, unos me insultan y hasta dejan de hasta saludarme, otros me evitan o me ignoran (en redes sociales le dicen "ghostear"). No quiero devolver la misma moneda porque necesito escuchar y leer puntos de vista distintos a los míos.

Entonces cruzo ese límite y decido tomar el rumbo de la resistencia:

Mantener mi punto de vista gris en público requiere más valentía que tomar bando, porque no me da el veneno dulce de la tribu ni la protección del grupo, pero es el único lugar desde donde puedo construir algo duradero.

No tengo la obligación de satisfacer la expectativa ajena de "tomar partido" o entrar en el falso dilema de escoger a quién dar la razón. Yo elijo mis espacios y mis batallas.

Además, con el tiempo he aprendido que la gente que me exige lealtad absoluta lo hizo porque necesita reducir su propia ansiedad de incompetencia: el mundo es complejo y las etiquetas simplifican. Yo no responsable de calmarles esa ansiedad.

No en toda toda conversación se requiere la misma profundidad, así que cuando se presente la ocasión me bastará con una frase que deje la puerta abierta. Por un acaso: no lo considero traición al gris, pues será mi estrategia de supervivencia mental, pero tendré presente que mi silencio selectivo no es complicidad o contubernio. 

Tengo claro que no tengo ni tendré ni necesito tener el control sobre lo que los otros piensan de mi, tampoco permitir que eso me controle.

Por eso, declaro abiertamente a mis lectores: ante conflictos lejanos o cercanos y la polarización violenta, mi punto de vista siempre será gris, no por indiferencia ni cobardía, sino por fidelidad a la complejidad que veo. 

El precio será alto: insultos, desprecios, silencios incómodos, etiquetas rápidas, en otros espacios quizás mi gris se lea como infidelidad o tibieza, sé que existe la excomunión social moderna; pero pagarlo me parece necesario. Callar o radicalizarme para evitarlo sería traicionarme a mí mismo, así que prefiero, de ahora en adelante, el agotamiento del “sí, pero… y del no, pero…” a la comodidad del quemeimportismo o los pactos con Dios y el Diablo.

Y cierro: no pretendo convencer a nadie de compartir el mismo gris; solo lo pondré a consideración para críticas, réplicas o reclamos moderados de quien decida leer o escuchar mis puntos de vista expuestos en reuniones, mis blogs y redes sociales.

El resto ya es una cuestión ajena a mi persona en la que no intervendré.

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28 de diciembre de 2025

Adiós a la democracia, ahora manda el caudillismo millennial

Profesionalmente crecí viendo y siendo testigo del populismo como una expresión pura de captar las masas electorales y el apoyo popular; en ese antiguo mundo una de las frases más comunes fue: la verdadera encuesta está en las calles. ese mundo político no se estancó, los aspirantes al poder político se digitalizaron y hoy enfrento un nuevo escenario: el caudillismo millennial, porque las dictaduras tradicionales prácticamente están muertas. 

Foto: xataka.com

La estabilidad democrática tradicional también ha sido aplastada. Las votaciones son un mero trámite burocrático para llegar al poder político. Al final del primer cuarto del Siglo XXI son los algoritmos los que dictan las decisiones políticas y los neo-populistas saben usarlos a su favor.

Son hechos que me han tocado aprenderlos en el camino, un camino que no me despejado dudas sino que me ha mostrado anomalías en la gestión pública. El debate político ahora es on line y parte de una tendencia en redes sociales, muchas veces inducida por cibertropas; las tarimas ahora se usan como parte del método de marketing digital para las fotos y vídeo virales. 

Veo que se acabó la responsabilidad ante los ciudadanos, a los funcionarios les basta hacer un "live" para contar su versión aunque nunca presentan justificativos legales; la rendición de cuentas a mutado a las explicaciones narcisistas y de victimismo en eventos digitales.

Entonces, ¿Qué película estoy viendo?

El caudillismo millennial, un mutante que aplasta a la democracia y también a las dictaduras. Trata de como evolucionó el caudillismo tradicional, adaptándose a la era digital y se caracterizada por la presencia de funcionarios que combinan o construyen, principalmente, su carisma personal con herramientas tecnológicas para consolidar su poder personal.

A diferencia de sus antecesores del siglo XIX, que dependían de alianzas militares y clientelismo local, esta variante surge en contextos democráticos frágiles, donde el politiquero utiliza plataformas en línea para construir una imagen de proximidad y eficiencia, a menudo a expensas de instituciones formales.

Pienso entonces que este fenómeno no es una mera autoridad innovadora, sino un mecanismo que erosiona la democracia al priorizar el culto a la personalidad sobre el Estado de derecho.

Una de las características principales del caudillismo millennial es su dependencia de las redes sociales como arma principal de propaganda; estos ciudadanos no solo comunican directamente con sus seguidores, sino que moldean narrativas a través de memes, videos virales y algoritmos, creando una ilusión de diálogo horizontal. Esta estrategia permite bypassar medios tradicionales, que a menudo son tildados de "enemigos" para deslegitimarlos, fomentando una polarización que fortalece el vínculo emocional con la base de apoyo.

Otra faceta clave es el populismo digital (por llamarlo así), que promete soluciones rápidas a problemas complejos como la inseguridad o la desigualdad, utilizando datos selectivos y retórica simplista. Críticamente, esto oculta una agenda autoritaria: el dueño del poder político se presenta como salvador infalible, justificando medidas excepcionales que suspenden derechos constitucionales bajo el pretexto de emergencias nacionales. Así, el caudillismo millennial transforma la política en un espectáculo mediático, donde la efectividad aparente prima sobre la transparencia y la responsabilidad constitucional.

Pero va más allá, porque en términos de gobernanza, se caracteriza por la concentración de poder en el Ejecutivo, con reformas que debilitan contrapesos como el judicial o el legislativo y hasta el electoral.

Estos "influencers" invocan "estados de excepción" prolongados, argumentando que la burocracia tradicional es ineficaz, lo que lleva a una necropolítica sutil: decisiones soberanas sobre quién es protegido y quién es marginado, reduciendo a opositores o minorías a posiciones precarias.

El uso de celebridades digitales es otra marca distintiva, ampliando el alcance más allá de votantes tradicionales hacia audiencias jóvenes y globales; críticamente, esto no democratiza el poder, sino que lo mercantiliza: el servidor público se convierte en una "marca" que vende seguridad y prosperidad, mientras suprime disidencias mediante ciberacoso o censura algorítmica.

Para identificar el caudillismo millennial, se consideran estos indicadores clave: 

Un alto índice de aprobación basado en encuestas digitales manipulables, donde el apoyo se mide por interacciones en redes más que por métricas institucionales; la prórroga indefinida de medidas de emergencia que suspenden libertades civiles; y un discurso que divide la sociedad en "pueblo leal" versus "élites corruptas", ignorando complejidades socioeconómicas.

Otros indicadores incluyen el control narrativo a través de campañas virales que desacreditan críticas, como informes de derechos humanos o de organizaciones ciudadanas; una inversión, oscura y desproporcionada en marketing digital sobre políticas públicas; y la erosión de independencia judicial mediante purgas o reformas exprés.

En última instancia, el caudillismo millennial no es un avance progresivo, sino una regresión disfrazada: promete eficiencia en un mundo acelerado, pero su objetivo es perpetuarse en el cargo al centralizar el poder de su imagen digitalmente omnipresente.

En definitiva, al final de mis días doy el último adiós a la democracia y miro el desfile victorioso del caudillismo digital.

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