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29 de octubre de 2025

Remembranzas de la IV Promoción de PUMAS

Las acciones de un soldado no se recuerdan por el fusil que porta en su brazo, sino por el trabajo, la lealtad y la vocación de servir a su patria.

Por: José Alejandro

Para entender los orígenes de la II promoción de soldados graduados en el año 1985, me permito hacer un pequeño recuento sobre la historia del Grupo de Fuerzas Especiales 111 Rayo.

Formación del primer pelotón del IV curso de PUMAS.

A partir de las acciones militares de 1981 durante el conflicto bélico de Paquisha sostenida con el Perú, el alto mando militar ecuatoriano a través del Comando Conjunto FF.AA y luego de una serie de análisis estratégicos decide crear una unidad elite de Fuerzas Especiales integrado por personal tanto de oficiales como de tropa de las tres Fuerzas: Ejercito, Marina y Fuerza Aérea.

El el jueves 9 de septiembre de 1982, mediante Decreto Ejecutivo Reservado No. 63, se crea el Grupo de Fuerzas Especiales 111 Rayo, con su base junto al cuartel Quinto Guayas, en la ciudad de Guayaquil; donde inicialmente se formó una promoción de oficiales y otra de tropa, con la conducción de instructores israelitas, bajo la denominación de CURSO DE PROPÓSITO ESPECIAL PUMAS. 

El Comando Conjunto ante la necesidad de contar con personal idóneo que cumpla con las características y la exigencia del entrenamiento del curso de Pumas, luego de una serie de estudios basados en las experiencias vividas en los cursos anteriores, toma la decisión de convocar y reclutar directamente a jóvenes ciudadanos para iniciar una fase de militarización de tres meses e incorporarlos a las Fuerzas Armadas distribuidos en las diferentes Fuerzas con el alta de Soldados, Tripulantes y Aerotécnicos.

Es así que, en mayo de 1985, un grupo de ciudadanos cuyas edades fluctuaban entre los 18 a 20 años y luego de haber cumplido el proceso de selección, nos alistábamos hacia la aventura de pertenecer a las Fuerzas Especiales, unos con la experiencia de haber pasado el servicio militar, otros unos ciudadanos que no sabían nada de la milicia a los que llamábamos “los civiles” y durante el curso los instructores los apodaron sarcásticamente "Grupo SWAT".

La etapa de reclutamiento se realizó tanto en Guayaquil como en Quito; los de Guayaquil se incorporaron directamente en las instalaciones del GFE 111 Rayo, mientras que los reclutados en Quito, nos concentramos en el antiguo cuartel Vencedores (Av. De la Prensa) y luego nos trasladaron en bus a la ciudad de Guayaquil para incorporarnos y alojarnos en las instalaciones de GFE 111 Rayo.

El sábado 18 de mayo de 1985, a los dos grupos de 500 aspirantes cada uno, nos unieron y nos alojaron en un galpón amplio que servía de dormitorio para unas 200 personas, la mayoría de las literas estaban ocupadas por el personal que se reclutó en Guayaquil, a la mayoría del resto nos tocó acomodarnos en el piso con sleepings.

La hora de la verdad había llegado, empezó el II curso de Militarización bajo el mando del señor TNFG-IM Aland Molestina como Jefe de Curso, cuyo entrenamiento se caracterizó por un arduo acondicionamiento físico alternado con largas caminatas diurnas y nocturnas cargados y equipados e incluso cargando un herido simulado.

El hostigamiento era permanente tanto en el día como en la noche por parte de los señores instructores, los mismos que siempre nos arengaban con freses alusivas tales como: muchos los llamaos pocos los escogidos, no son merecedores ni del aire que respiran ni de la comida que se comen, hasta aquí te trajo el rio y de aquí no vas a pasar, recluta mañana te quiero ver salir de la garita y no me regresas más, etc., etc. 

Con el pasar de los días nos íbamos dando cuenta que estábamos comprometidos en una misión de alto nivel, con rendimiento físico y psicológico, que ningún ciudadano común y corriente podría soportar, donde el manejo de las armas con los entrenamientos tácticos y operativos eran todos reales. Nos estaban preparando para entrar en otro tipo de entrenamientos más especializados.

Al término del primer mes el galpón donde dormíamos estaba un 50 % vacío, la mayoría de los aspirantes pese a su gran esfuerzo no soportaron las condiciones requeridas por el curso, se abandonaron y voluntariamente se fueron retirando.

A pesar de todas las dificultades y el arduo adiestramiento, en poco tiempo habíamos asimilado la instrucción y nos habíamos convertido en unas verdaderas máquinas de guerra, haciendo alusión al lema inmortal de los Pumas que textualmente dice “AGILES COMO EL FELINO, DUROS COMO EL ACERO, CABALLEROS EN LA PAZ Y DEMONIOS EN LA GUERRA”.   

Entonces el jueves 1 de agosto de 1985, luego de largos tres meses de un riguroso entrenamiento 130 intrépidos aspirantes logramos alcanzar uno de los primeros objetivos, culminar con éxito el II curso de militarización del Grupo de Fuerzas Especiales 111 Rayo, los mismos que fuimos integrados a las Fuerzas Armadas distribuidos de la siguiente manera: 29 al Ejército, 37 a la Marina, 64 a la FAE y a su vez dados de alta según Orden General como Soldados, Tripulantes y Aerotécnicos respectivamente.

Para esa época, el entrenamiento se lo hacía con el "verde fatiga", pues únicamente quienes superaban los cursos de Fuerzas Especiales estaban autorizados para usar el uniforme camuflaje.

El domingo 8 de septiembre, por la noche y luego de unas cortas “vacaciones”, todos los 130 soldados graduados iniciamos otra aventura, más fuerte y rigurosa; realizar el IV curso de Pumas, con una duración de 6 meses; el mismo que estaba conformado por personal de las tres Fuerzas tanto de oficiales como de tropa y de diferentes promociones. Luego de un riguroso y amplio entrenamiento el viernes 28 de febrero de 1986 logramos culminar el curso de PUMAS.

Una vez terminado este entrenamiento especial, de la misma manera y con el mismo entusiasmo todos los soldados de la II promoción 1985, fuimos considerados para realizar el curso de paracaidistas en la Brigada de Fuerzas Especiales No. 9 Patria, llegamos y se formaron dos grupos: uno de Comandos y otro de Pumas, todos integrantes de la XCV promoción de paracaidistas, logrando culminar con éxito el sábado 26 de abril de 1986.

Foto oficial de fin del curso de paracaidismo en la 9 BFE en la Latacunga

Parte de esta preparación especializada fue también la cumplimos en la Escuela de Selva de la Amazonia. Con esto completamos el desarrollo de capacidades, destrezas y habilidades para cumplir la misión PUMAS en espacios acuáticos, aéreos y terrestres.

Cabe resaltar que durante estos cursos la disciplina, la capacitación, el entrenamiento y la responsabilidad eran mucho más exigentes, lamentablemente algunos compañeros por situaciones diversas no pudieron culminar los mencionados cursos. A partir de esa fecha, por fin pudimos lucir con orgullo el camuflaje, además de la Boina Verde de PUMA y la Roja de Paracaidista.

En 1988, el alto mando militar previa coordinación con las diferentes Fuerzas y el Gobierno de León Febres Cordero, toman la drástica decisión de desintegrar al GFE 111 Rayo, y a sus integrantes incorporarlos a cada una las Fuerzas a las que pertenecían.

Una vez incorporados a las Fuerzas, la II Promoción de militarización del GFE 111 Rayo, más conocida como promoción de soldados de 1985, ha demostrado el alto grado de profesionalismo que los instructores nos supieron inculcar, destacándonos tanto en el ambiro militar, cultural, social y deportivo, dejando en alto el buen nombre de la promoción, haciéndonos merecedores al respeto, consideración y estima de nuestros superiores y subordinados, durante toda la trayectoria de nuestra cerrera militar.

En el conflicto de alto Cenepa de 1995, la mayoría de los integrantes de promoción 1985 tuvimos la oportunidad histórica de defender desde diferentes ámbitos nuestra heredad territorial, destacándonos por los conocimientos tácticos y operativos, lamentablemente tuvimos la baja en combate de dos compañeros (el mocho Solís y el cabezón Villacis).

Parece que fue ayer aquel día que nos graduamos, pero ya han pasado 40 años, unos cuantos compañeros se han adelantado y han partido hacia el infinito por diferentes motivos, los que quedamos estamos bordeando los 60 años de vida y retirados de las actividades militares, pero como pensionistas continuamos con el mismo espíritu de ayer, por lo que hoy nos hemos reunido una vez más para revivir y compartir las anécdotas vividas junto con nuestras dignas familias, además de conformar una Hermandad PUMA.

Luego del retiro militar, una vez cumplida la misión, pasó un tiempo en el que muy poco se conocía de la existencia del resto de la promoción, ante esta situación un grupo de compañeros tomamos la iniciativa de realizar un reencuentro de la promoción logrando hasta el momento realizar 7 rencuentros, los mismos que me permito detallar de la siguiente manera:

En el año 2018 se realiza el PRIMER rencuentro en la ciudad Quito, en el club de Tripulantes de la Armada, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros: Jaime Curay, Antonio Reina, Luis Gonzales, Edwin Minda y José Alejandro

En el año 2019 se realizó el SEGUNDO reencuentro en la ciudad de Manta, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros: Edison Miño, Raúl Zabala y Segundo Pazmiño.

En el año 2020 se realiza el TERCER reencuentro en Nanegal, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros Edison Miño y Joel Coronel.

En el año 2022 se realizó el CUARTO reencuentro en la ciudad de Esmeraldas, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros: Néstor Manjarrez y Alejandro Medrano

En el año 2023 se realizó el QUINTO reencuentro en la ciudad de Guayaquil, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros: Juan Maila y Luis Vinueza.

En el año 2024 se realizó el SEXTO reencuentro en la ciudad de Baños de Agua Santa, cuyo comité organizador estuvo a cargo de los compañeros: Antonio Reina, Luis González y Pedro Zamora.

En el año 2025 se realizó el SEPTIMO reencuentro en la ciudad de Santo Domingo de los Shachilas, cuyo comité organizador está a cargo los compañeros: Domingo Rúales, Joel Coronel, Luis Vinueza y Byron Sosa.

Que Dios con su infinita misericordia nos proteja para seguir reuniéndonos y disfrutar de estos gratos momentos de integración, amistad y camaradería, sobre todo de Hermandad.

A nombre de todos los que conformamos la promoción de soldados de 1985, permítanme expresar las más sinceras felicitaciones a los compañeros de las distintas comisiones organizadoras de los reencuentros, por su valioso tiempo y esfuerzo dedicado en la planificación, organización y ejecución de cada evento.

A estas fechas ya estamos preparando el Octavo Reencuentro que se cumplirá el Salinas, en memoria de la fase de toma de playas que fue parte de nuestro entrenamiento; aunque específicamente el campamento estuvo instalado en Capaes.

A nuestras familias, de manera especial a nuestras queridas esposas pilares de nuestros hogares, quienes supieron comprender y tolerar en todo momento las vivencias de nuestra carrera miliar.

A nuestros instructores, gracias a sus arengas, enseñanzas, conocimientos y destrezas impartidas, lograron hacer de nosotros unos hombres honrados fuertes y valerosos útiles a la Patria y a la sociedad. 

Y por último recordarles a todos, que los PUMAS somos una gran familia, UNIDOS PARA LUCHAR Y TRIUNFAR, Y QUE MIENTRAS SANGRE FLUYA POR NUESTRAS VENAS, ALTIVOS Y SAGACES SEREMOS, SIEMPRE LISTOS EN TODO LUGAR.

Brindis a cargo de José Alejandro


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Datos sobre el editor:

28 de octubre de 2019

Origen, mitos y simbolismo de la boina militar

El 29 de octubre de cada año en Ecuador se conmemora el Día del Paracaidista militar, de aquellos que se ganaron la Boina Roja con el ala, que simboliza desde su origen el valor, el atrevimiento y la intrepidez.

La historia establece que en la población de Muey, el 29 de octubre de 1956, cerca de Salinas, ocho oficiales y 27 voluntarios del Ejército, al mando del entonces capitán Alejandro Romo Escobar, a quien se le considera como pionero y padre de los soldados de la boina roja, se realizó el primer salto en paracaídas desde un viejo C-47 de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.

Este grupo de hombres son los precursores de las Fuerzas Especiales.

Tomado de "El libro de oro del paracaidismo ecuatoriano"
Bastante se ha escrito sobre los inicios de los paracaidistas militares, pero siempre será poco en vista de sus trabajos en la guerra y en la paz, en el significado que tienen para el resto de unidades en todas las Fuerzas Armadas, todo ello enmarcado en el esfuerzo y el misticismo.

Viene al caso contar que, en 1995, estos comandos del Ejército pasaron se estructuraron en los agrupamientos tácticos “Carlomagno Andrade” y “Miguel Iturralde” y fueron los que combatieron en la Guerra del Cenepa.

Debido a la importancia de esta especialidad, ahora tanto la Armada como La Fuerza Aérea tienen entre sus contingentes a paracaidistas con las respectivas alas en sus boinas y uniformes.

Una de esas crónicas es "Legión de la vieja calavera" que la escribí en el 2008, teniendo como epílogo la "Oración del paracaidista" y cuyo texto fue reproducido en un foro militar

Siempre será importante conocer el contexto de la boina y es el tema central de esta entrada, pero revisemos en esa temática otro dato:

En la tercera semana de junio recibí un mensaje en que se informaba que el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas realizaría un homenaje a quienes terminamos con éxito el curso propósito especial PUMAS, una especialidad militar que tenía como distintivo la boina verde con un logo dorado sobre fondo rojo.


La graduación de la IV promoción de este curso fue en agosto de 1985, luego se completó con el entrenamiento de paracaidismo de combate en la Brigada de Fuerzas Especiales No. 9 en la Latacunga, con lo cual fue posible acceder a la boina roja; luego llegaron otros cursos para completar la instrucción y estar listo o para el combate o para apoyar misiones especiales no bélicas.

El tiempo ha pasado y con la oportunidad de volver a lucir las boinas, me pregunté sobre su origen y razón para ser distintivos en soldados de fuerzas especiales; la verdad es que al buscar la respuesta me encontré con que esa prenda es mucho más significativa de lo que se cree.

Otro entorno histórico, el paracaídas se inventó antes de la Primera Guerra Mundial como recurso de salvación de los pilotos y con esta práctica hubo alguien que pudo mirar otros usos militares para este equipo.

Con este y otros antecedentes y como parte de la estrategia de los ejércitos involucrados en la Segunda Guerra Mundial, se entrenaron a grupos de soldados para que cumplan misiones detrás de las líneas enemigas, para ello fueron contingentes rusos, ingleses, alemanes y norteamericanos que tuvieron un entrenamiento especial.

En Inglaterra de fundó el Special Air Service, más conocidos por su sigla SAS, por su parte los norteamericanos dieron vida a los Rangers, mientras que los alemanes tuvieron la unidad Friedenthal; además los soviéticos en 1950, crearon a los comandos Spetsnaz. A todos ellos se los identificó con un color específico de sus boinas.

En la búsqueda del origen de la verde militar me encontré que fue propuesta como prenda oficial por los capitanes Herbert Brucker y Roger Pezzele del 10th del Special Force Group, Airborne, en cuya difusión colaboró el escritor Robin Moore; además, existe la película del mismo nombre protagonizada por el John Wayne. La canción de este grupo de fuerzas especiales fue escrita por el Sargento Barry Sadler cuando se recuperaba de una herida de guerra en Vietnam.



La historia militar de Estados Unidos asegura que fue el presidente John F. Kennedy, que quien autorizó su utilización de forma oficial en la normativa del uniforme el 10 de diciembre de 1961, luego de casi dos décadas que oficiales realizaron gestiones; el hecho quedó registrado en una carta datada el 11 de abril de 1962, cuando el Mandatario calificó a la boina como un símbolo de excelencia, un distintivo de valor y una marca de distinción en la lucha por la libertad.

Regresemos más aún en el tiempo para conocer las razones de la utilidad de esta prenda de vestir, que de alguna manera es una amalgama de significados tanto en la moda, como en el arte y los aspectos revolucionarios de América Latina, que se mantiene vigente en cada capítulo de la historia.

Se la define como un gorro sin ala y que cubre solamente el cuero cabelludo, es generalmente confeccionada en lana o fieltro porque es un tejido que se hace prensando lana húmeda, que además permite otros usos además de lucir como un distintivo.

Es posible asegurar que las boinas tienen características que las hacen atractivas para la milicia, pues son baratas, se pueden fabricar en una amplia gama de colores, se las enrolla para guardarlas en un bolsillo o sujetarlas a los uniformes, también en la comodidad para usar con auriculares particularmente en las tripulaciones de vehículos blindados o la comodidad de usar debajo del casco.


Pero fue durante la Guerra Civil Española entre 1936 – 1939, que se generalizó el uso de la boina roja, únicamente en el bando nacional, teniendo como antecedente las guerras carlistas en el siglo XIX.

En esta aventura de conocer la vida de la boina, encontré un pasaje relacionado con el ejército inglés que combatió en el norte de África pues los soldados empezaron a usarla luego que desecharon el sombrero de alas anchas modelo sudafricano-australiano porque sus alas anchas proyectaban demasiada sombra sobre los hombros, facilitando la puntería de los tiradores alemanes.

Otro de los mitos-verdad se construyó desde 1958, cuando los paracaidistas no eran sino una minoría de la milicia francesa, pero una minoría activa que logró convertirse gracias a sus victorias en las guerras de Indochina en un verdadero ejército dentro del ejército; cuentan que fue casi una secta con sus propios ritos más un fuerte sentimiento de superioridad.

Los cronistas aseguran que “Las órdenes de sus jefes debían ser avaladas por sus subordinados antes de ser ejecutadas.” Eran los “paras” que usaban la boina roja. (Tomado de “La misión militar francesa en la escuela superior de Guerra y los orígenes de la Guerra Sucia, 1957-1962”).

Jean-Marie Le Pen en 1954, cuando era oficial del 1er Batallón de paracaidistas de la Legión Extranjera en Indochina. (Foto de archivoshistoria.com
Y así una a una pueden recolectarse cientos y seguramente miles de historias sobre los paracaidistas militares ecuatorianos y que bien valen irlas recolectando de la memoria de quienes aún son protagonistas y aún son testigos vivos de esos momentos insignes de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

13 de agosto de 2019

Reconocimiento a los "Boina Verde" de Ecuador

La magnitud del evento sobrepasó las expectativas. Más de tres décadas tuvieron que pasar para conocer el significado y significante de una especialización militar en Ecuador, muy a pesar que se encuentra latente en las unidades del Ejército, la Marina y Aviación.


Fue la mañana del 10 de agosto del 2019, al Parque de la Armada, ciudad de Guayaquil, más de 100 soldados de fuerzas especiales llegaron al ser convocados por quienes en un momento estuvieron al mando del GFE 111 "Rayo", la razón: El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, por intermedio de la Armada del Ecuador, tomó la decisión de realizar un reconocimiento especial para quienes luego de completar un curso de comandos israelitas se ganaron el derecho a usar la Boina Verde.

La cadena Oromar Televisión recogió la información:



En esta ceremonia fue el Crnl. E.M. (SP) Eduardo Vergara, quien a nombre de los PUMAS y como héroe de guerra al estar al mando de las tropas que defendieron el Cenepa, agradeció al mando militar por la distinción ofrecida y en una parte de su discurso expresó:

“Es menester recordar en esta mañana  a sus autoridades, que luego de haber transcurrido un cuarto de siglo de aquella gesta heroica del Cenepa, nosotros no buscamos la gloria, porque ya lo alcanzamos, como verdaderos soldados, con fusil en mano y en el campo de batalla, en donde rescatamos el Honor y la Dignidad Nacional; pero si está pendiente que se haga justicia, con sus verdaderos soldados que lucharon sin temor y con sus pechos henchidos de patriotismo en el campo de combate; ya es hora de que se transparente nuestra  historia con sus auténticos protagonistas."

 "A nombre de todos quienes conformamos el histórico Grupo de Fuerzas Especiales No 111 'Rayo', deseo agradecer al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas por este reconocimiento que se nos otorga en esta fecha histórica del 10 de agosto, ya que los pueblos que olvidan su verdadera historia, son pueblos que tienden a desaparecer”.

Texto del reconocimiento recibido por el autor de esta entrada:


Por su parte el portal de diario el Comercio, que también recogió las incidencias del evento, publicó:

"Por los 210 años del Primer Grito de la Independencia, que se conmemoran este sábado, las Fuerzas Armadas rindieron homenaje con una ceremonia cívica. En esta ocasión se otorgó un reconocimiento al Grupo de Propósito Especial Pumas. El grupo de inteligencia, creado en los años 80, tenía como objetivo atacar en conflictos armados por mar, tierra y aire a objetivos específicos y debilitar su combate. Su lucha se visibilizó en el enfrentamiento con el Perú en 1995 en el Cenepa. Por ello, en esta ocasión se reconoció la labor de 131 soldados además de exaltar a aquellos que perdieron la vida en batalla." Para leer la nota completa AQUÍ



12 de agosto de 2018

Forjados como PUMAS y un reencuentro 30 años después

Fue en 1985 que decidí ingresar a un curso que cambiaría mi vida hacia un rumbo que jamás lo pensé, estaba recién graduado del colegio; un curso que me exigió fuerzas más allá de las que jamás pensé tener. 33 años después me reencontré con la promoción de ese curso.

En ese año me en listé en la milicia y la verdad que no sabía en lo que me estaba metiendo, solo seguí el instinto de la aventura de mis 20 años y desde Quito fui a parar a Guayaquil, a un cuartel que estaba al interior de lo que en ese entonces se lo conocía como el "5to. Guayas". Era una unidad de fuerzas especiales que estaba al servicio del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

No estaba solo en esta aventura, estaban al menos unos 500 más los que llegamos a esta unidad, allí nos esperaban otros tantos, mayoría de ellos exconscriptos (yo no la hice); entonces fuimos recibidos como la respectiva ceremonia en el Grupo de Fuerzas Especial 111 Rayo "PUMAS". Correr, formar, hostigamiento, sudor, dolor, gritos, presión y frases que hasta ahora me retumban: muchos los llamados pocos los elegidos o, no son merecedores ni del aire que respiran ni de la comida que se comen.

Había entrado a curso de alto rendimiento físico y psicológico, fueron tres meses de duro trabajo militar con el que se intentaba formar y forjar un tipo de soldados entrenados de una manera diferente a lo que tradicionalmente se hacía en el Ejército, Marina y Aviación individualmente; en un día a día que parecía no acabar fui conociendo a muchos de quienes serían mi promoción.

En cada uno de esos "día a día" otros reclutas se retiraban, el esfuerzo del cuerpo y de las limitaciones superaron su espíritu, se quebraron y se fueron. El resto seguíamos sin saber lo que nos esperaba al día siguiente.

No lo niego y lo reconozco, cada noche, al llegar al sitio destinado para dormir, lloraba de dolor y sufrimiento, me decía: "mañana me largo de esta pendeja, no tengo porqué aguantar tanta cosa"; el sueño me vencía y parecía que apenas había cerrado los ojos ciando ya se escuchaban los gritos de los instructores para que nos levantemos, era hora del trote y del regreso al esfuerzo que debían hacer ellos para doblegarnos.

En cada momento las lágrimas se me escapaban y mis compañeros me decían y me repetían: tranquilo, aguanta... todo pasa..., hacia caso y llegaba la noche simplemente para empezar todo nuevamente. hasta que en algún momento pude controlarme porque había aprendido a desprender el dolor del cuerpo ante la consigna que todo pasa.

En el primer final de este trabajo habíamos aprendido a trotar sin mayores esfuerzos casi 40 kilómetros, a caminar con 60 libras a la espalda a una velocidad de casi 6 kilómetros por hora, a sentir la derrota la física y moral para al mismo tiempo a no darnos por vencidos, vivimos el significado de morir sin haber muerto.

Llegó el momento de la graduación de soldados contratados, apenas unos 200 llegamos al momento en que nos entregaron la primera insignia, pero solo era un pequeño paso que nos permitiría descansar uno corto tiempo porque nos habíamos ganado el paso a otro curso que prometía ser más intenso y que requería de humanos con nervios templados e inmunes a los sentimientos que estuviesen fuera del uniforme, el fusil y la misión. Los sobrevivientes no sabíamos que estábamos siendo parte de otro capítulo de la historia militar de Ecuador.

La mayoría de nuestros instructores habían sido combatientes de Paquisha (1981) y ya habían hecho el curso de PUMAS, su experiencia en combate era la mejor metodología de enseñanza; en el entorno político el Ecuador estaba la presencia del grupo terrorista - delincuencial "Alfaro Vive... ¡Carajo!" (AVC). Una reseña se puede leer AQUI

En cada ejercicio en el terreno o en instrucción al interior de la unidad, se trabajaba con la presión que todo es real y nada es juego, que manejar armas y tener conocimientos tácticos operativos no era un pasatiempo; cada error nos costaba más horas de perfeccionamiento y acondicionamiento físico, además de los consabidos "teques" y medición del dolor.

Pasaron nueve meses de entrenamiento técnico - intelectual para combatientes de primera línea; si la memoria no me falla al día de la graduación apenas llegamos unos 150, pero aún faltaba más. Otro corto descanso y fuimos trasladados a Latacunga a la Brigada de Fuerzas Especiales "Patria", debíamos ganarnos una tercera insignia, la de paracaidistas de combate. Del calor tropical al frío andino, era desde ya la primera prueba y las siguientes vendrían en el costo de ganarse la Boina Roja a pesar que ya sobre nuestras cabezas lucía la Verde.

Nos graduamos al menos unos 100 de Pumas - Paracaidistas y regresamos a nuestra unidad, la vida cambió y debía empezar el momento de poner en práctica lo aprendido.

Las circunstancias y otros cursos me llevaron lejos de mi promoción, alguna vez me encontré por casualidad con algunos de ellos; nada más. Supe de ellos cuando en el 1995 nos movilizamos debido a lo que se conoció como La Guerra del Cenepa, ellos en unidades diferentes a la que yo estaba; allí me enteré de las bajas en combate de dos de mis amigos de promoción: el "mocho" Solís y el "cabezón" Villacis.

De allí para acá nada de nada, hasta que en el 2018, por mis temas de trabajo en el periodismo salude con mi Contraalmirante Aland Molestina, quien había sido nuestro oficial instructor, él a su vez me puso en contacto con mi promoción Adriano Montenegro y así fui reclutado nuevamente, pero esta vez en un grupo de WhatsApp; entonces supe nuevamente de mis excompañeros y así fui saludando y recordando a quienes supieron enseñarme el arte de sobrevivir con el "aguanta... todo pasa".

Para el 14 de julio de 2018 nos convocamos los soldados de la cuarta promoción de soldados PUMAS - Paracaidista, de quienes en un momento de la vida pertenecimos o a la Armada, a la FAE o al Ejército, pues en el 111 Rayo nacimos y criamos juntos pero dependíamos a cada una de las fuerzas.

Los que asistimos ya estamos en el servicio pasivo, los volví a saludar y tuvimos una gran reunión de conversas, recuerdos, actualización de la vida, preguntas y respuestas sobre lo que pasamos cuando hicimos los cursos, remembranzas de los instructores y memorias de quienes ya murieron o bien en servicio o bien por enfermedades.

Para el día de la reunión ya no somos los jóvenes que cruzamos por primera vez la garita del 111 Rayo, estamos sobre los 50 años -la mayoría- muchos con nietos... pero vi en ellos los mismos rostros de esos días de entrenamiento, de esas largas jornadas aprendiendo tomas de playa o de caminar en medio de la oscuridad. Allí estaban luego de más de 30 años mis compañeros de armas.

En este grupo virtual empezaron a subirse fotos de de aquellos tiempos, de cuando solo existían las de papel y poco a poco se fueron construyendo remembranzas, con nombre y apellidos, apodos y anécdotas de todo tipo.
Fue como regresar al pasado con los rostros del presente, con el cúmulo de experiencias que habíamos adquirido o bien como militares o bien como civiles; las frases y dichos de esos tiempos, las bromas y las palabrotas que jamás se perdieron del léxico normal.

Hicimos comparaciones entre lo que fue esa época y lo que ahora se hace, la política no estuvo alejada de las pláticas, ni tampoco las nuevas formas de entrenarse militarmente, las andanzas en los pases obligados. Recordamos que un día fuimos soldados que pasamos del "verde fatiga" al especial uniforme camuflaje.

Historia de las Fuerzas Especiales del Ejército Ecuatoriano
Pág. 86 y 87
Cuando llego a esta parte de esta crónica, siento el orgullo de haber pertenecido a ese grupo de PUMAS y que la única forma de honrar a mis compañeros es ir recordando y recopilando nuestras historias para que no se pierdan, para que ese capítulo, nuestro capítulo, sea incorporado en los diferentes textos que recopila la Academia Nacional de Historia Militar - Ecuador.

Lograr este objetivo, al igual que toda operación militar que realizamos los soldados de Fuerzas Especiales, depende de la velocidad y la efectividad.

Pero por ahora, me quedo con las memorias de mis compañeros de la Cuarta Promoción de PUMAS, graduados en el GFE 111 RAYO.