Normalmente al inicio de cada año tengo el ritual de plantearme lo que será mi línea de trabajo en cada una de mis actividades personales, profesionales, domiciliarias y de críticas. Esta vez me he tomado más tiempo del acostumbrado porque mi mundo ya no es tan simple ante una necesidad de supervivencia mental. El 1 de enero mientras caminaba con Gala por la playa me pregunté en voz alta: ¿Cómo está afectando a mi yo interno lo que ocurre en el entorno cercano y lejano del lugar en que vivo? De allí me saltaron otras preguntas, otras respuestas.
Mientras avanzo por la arena y de reojo veo a Gala seguirme pero dándose tiempo para olfatear lo que encuentra a su paso, me cuestiono si vale la pena seguir con la política que me propuse el 30 de diciembre del 2024 como guía para el 2025; en síntesis: "Quizá no pueda cambiar el mundo pero sí el pedacito que me toca" al referirme a Puerto Cayo (leer AQUÍ).
Acepto que estamos en un mundo conflictivo, en constante conflicto por la necesidad de muchas personas de sostenerse en sus creencias políticas, económicas, políticas y sociales, en que la premisa es: o estas conmigo o estás en mi contra, de usar el ataque verbal como muestra de que tiene razón. Me salta, entonces, otra duda: ¿Es mi obligación siempre estar a favor o en contra de un un hecho y exponerlo públicamente? y me respondo ¿Se acepta el gris, solo el blanco o solo el negro?
Claro, podría ser neutral pero ¿acaso la neutralidad no es pactar con Dios y el Diablo al mismo tiempo?
Recordé en ese momento a Freddy Javier Álvarez, uno de mis profesores cuando en una de sus clase aseguro que filosofar ante escenarios complejos externos no es un lujo, es una necesidad moral, pienso entonces que cuando el mundo digital grita blanco o negro, es necesario detenerme a preguntar ¿Y si hay un gris legítimo, aunque duela sostenerlo? ¿No sería acaso un acto de resistencia?
Por unos instantes me detengo para fotografiar un bulto de basura que alguien lo dejó sobre la arena, uno que ayer ya lo había visto, durante toda la semana estuvo allí, frente a uno de los tantos negocios instalados sobre la playa. He sido crítico con el maltrato a este espacio público y seguramente siga así este 2026, lo he dicho públicamente aunque se me tache de ser contrario al fomento del turismo y no me sume a la propaganda que muestra un lugar muy diferente. (Vídeo de mi comentario AQUÍ)
Sigo mi rumbo, Gala va pisando las olas, retomo a mis reflexiones dudando si debería seguir con los cuestionamientos a la falta de cuidado a la playa y decido que sí, porque vivo frente a la playa, porque es una muestra de inseguridad, de contaminación. Entonces, entiendo que es necesario ver el gris de la política pública local, cantonal, provincial y nacional, lo que no me hace gobiernista peor opositor.
Puedo asegurar que en un momento del ejercicio profesional del periodismo, tuve que guiarme por los cánones sociales, académicos y laborales; por titulación sigo siendo periodista pero ahora soy un ciudadano más que defiendo mi entorno cercano, un ciudadano que he decidido ser neutral desde lo que yo llamo el justo equilibrio, mesotés dirían los estudiosos de la Filosofía.
Entonces me doy cuenta que hemos caminado tanto que ya no estoy frente a la playa cercana a la casa, estoy mucho más al norte, en aquella que tiene menos afluencia de bañistas, que menos está expuesta al ojo de reporteros y que al parecer nadie la supervisa; además que en nada me afecta directamente y mentalmente repaso los otros inconvenientes que enfrentamos en Puerto Cayo.
También de aquellos escenarios complicados que están más allá de las fronteras locales relacionados con las políticas públicas o los escándalos políticos, porque no soy ni gobiernista ni oposición, porque no pertenezco a ningún comité de aplausos.
Y decido regresar a casa, voy repasando los distintos inconvenientes del acontecer diario en cualquier parte del planeta Tierra, algunos en común y otros específicos y ¡¡PUM!! otra duda: ¿Qué significan esos problemas para la dignidad de las personas afectadas directamente, incluyéndome yo como ciudadano?
Fueron muchas interrogantes en esa jornada de ejercicios y algunas conclusiones orientadoras sobre mi situación personal respecto a ellas. Ya frente al computador, revisando mis ideas, replanteo las preguntas, escribo la primera línea guía: el mundo no es binario y se llega al justo equilibrio cuando se plantea el "Sí, pero..." seguido del "No, pero..." y con lo cual llegó al gris, a un gris que no es cobardía, es coraje pragmático y honestidad para conmigo mismo.
Empiezo mi redacción y avanzo con relativa tranquilidad hasta este punto en que enfrento una realidad dura: muchos esperan que tome partido claro; cuando no lo hago, unos me insultan y hasta dejan de hasta saludarme, otros me evitan o me ignoran (en redes sociales le dicen "ghostear"). No quiero devolver la misma moneda porque necesito escuchar y leer puntos de vista distintos a los míos.
Entonces cruzo ese límite y decido tomar el rumbo de la resistencia:
Mantener mi punto de vista gris en público requiere más valentía que tomar bando, porque no me da el veneno dulce de la tribu ni la protección del grupo, pero es el único lugar desde donde puedo construir algo duradero.
No tengo la obligación de satisfacer la expectativa ajena de "tomar partido" o entrar en el falso dilema de escoger a quién dar la razón. Yo elijo mis espacios y mis batallas.
Además, con el tiempo he aprendido que la gente que me exige lealtad absoluta lo hizo porque necesita reducir su propia ansiedad de incompetencia: el mundo es complejo y las etiquetas simplifican. Yo no responsable de calmarles esa ansiedad.
No en toda toda conversación se requiere la misma profundidad, así que cuando se presente la ocasión me bastará con una frase que deje la puerta abierta. Por un acaso: no lo considero traición al gris, pues será mi estrategia de supervivencia mental, pero tendré presente que mi silencio selectivo no es complicidad o contubernio.
Tengo claro que no tengo ni tendré ni necesito tener el control sobre lo que los otros piensan de mi, tampoco permitir que eso me controle.
Por eso, declaro abiertamente a mis lectores: ante conflictos lejanos o cercanos y la polarización violenta, mi punto de vista siempre será gris, no por indiferencia ni cobardía, sino por fidelidad a la complejidad que veo.
El precio será alto: insultos, desprecios, silencios incómodos, etiquetas rápidas, en otros espacios quizás mi gris se lea como infidelidad o tibieza, sé que existe la excomunión social moderna; pero pagarlo me parece necesario. Callar o radicalizarme para evitarlo sería traicionarme a mí mismo, así que prefiero, de ahora en adelante, el agotamiento del “sí, pero… y del no, pero…” a la comodidad del quemeimportismo o los pactos con Dios y el Diablo.
Y cierro: no pretendo convencer a nadie de compartir el mismo gris; solo lo pondré a consideración para críticas, réplicas o reclamos moderados de quien decida leer o escuchar mis puntos de vista expuestos en reuniones, mis blogs y redes sociales.
El resto ya es una cuestión ajena a mi persona en la que no intervendré.
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