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1 de mayo de 2012

Las máscaras para la vida

En abril del 2008, subí un post sobre el uso de las máscaras en la vida. Lo hice como un dato novedoso a pesar que fue publicado en 1925 y lo relacioné exclusivamente para temas de planificación. Cuatro años después, a ese mismo post le di otro valor mucho más humano, afín con mis  aspiraciones, mis realidades sociales y laborales, gracias a una conversación en el ciberespacio.
El comentario en mención tiene que ver con la razón para no usar la palabra ‘Etc.’, citada en la revista SPONDYLUS que a su vez la transcribió de "El Cronista" del miércoles 5 de diciembre de 1925, bajo el título “El hombre que para todo decía Etc.” 
El contenido en mención dice textualmente:
La sinceridad no es más que una máscara inventada por los hipócritas, pero tan admirable y tan inteligentemente bien hecha que se las ponen los hipócritas y les queda bien.
La verdad no es otra cosa que la máscara de la mentira, pero hecha de tanta gracia, tanto talento y tanto arte, que se la ponen los mentirosos y les queda bien.
La valentía no es más que una máscara de la cobardía, pero hecha con tal desplante y con tal inteligencia que se las ponen los cobardes y les queda bien.
Todo es cuestión de máscaras en la vida y todas nos quedan bien, menos una, la del saber. Es muy difícil llevar la máscara del saber.
No se ha inventado todavía una máscara para la estupidez. A lo más que se ha llegado es a ponerle a la estupidez un antifaz.
Pienso ahora en mi realidad laboral. ¿Qué máscara uso cuando llego a mi trabajo con un dolor emocional? ¿Qué máscara tengo a la mano para mi vida social cuando un problema laboral me oprime el pensamiento?
Tal vez no es tan complicado responderme, lo duro es el momento cuando llego a la conclusión que en mi relación familiar y sentimental, también debo usar alguna máscara.
Extraña coincidencia, a inicios de mayo mantengo una conversación en Twitter, justamente sobre actitudes ante la vida… twitts van y vienen, pienso en mi cada vez que interactúo, entonces junto los monólogos sociales de @SaydaEleana y @gabita, recibo grandes lecciones de vida.
Con el permiso de las mencionadas damas me permito incluir sus reflexiones de manera individual y aleatoria:
El uso de máscaras es más común de lo que parece
La máscara es para ocultar algo que no deseamos que los demás noten. Paciencia es una virtud
Entiendo lo de las máscaras para no sentirse vulnerable, pero las de cambio de personalidad para conquistar?
Yo la uso en la oficina o cuando no quiero afectar a mi familia con problemas laborales. Cuando trato no mezclar!
Cada uno le pone el nombre apropiado a la máscara... Pero al final, muchos la usamos. Así es la vida a veces!
Y ante quien nos la ponemos
Si necesitas usar una máscara ante alguien que tu quieres, ese alguien no te merece
No confundamos máscaras con roles
Sería tonto usar mascaras en familia... Salvo que no exista comunicación, que sería algo terrible!
Exacto, una familia con máscaras es patética
No todos se merecen una máscara! Hay quienes te quieren por quien eres en tus buenos y malos ratos!
Entonces me pregunto ¿cuándo debo usar máscara? ¿Necesito una especial en alguna ocasión común? Respondo: Sí. Y al igual que decido qué ropa usar, busco una máscara que esté acorde con el día y guardo algunas de recambio por si acaso el ambiente tenga mutaciones en el devenir de las horas. No se el futuro.
Inesperadamente siento un denso humo invisible, busco entre mis bolsillos mentales la máscara apropiada y sigo. Por alguna otra razón escucho una conversación que me involucra y regreso la mirada para buscar la siguiente máscara. El día termina y al conducir de regreso a casa me miro en el retrovisor y me doy cuenta que a solas no uso máscaras.
Inesperadamente siento una caricia, busco entre mis bolsillos mentales la máscara apropiada y no existe. Por alguna otra razón escucho mi nombre y regreso la mirada sin máscara. El día termina sin que haya usado una máscara, hasta que descubro que a mi alrededor otros sí la tienen puesta e inevitablemente me veo en la obligación de volver a usarla, tal vez un modelo nuevo.
Es la vida, usamos máscara y mostramos el rostro limpio. Solo es cuestión de reconocer el momento oportuno para lo uno y lo otro. De conocer a la persona apropiada para lo uno y lo otro.

2 comentarios:

  1. ZABA ESE POST... ESTOY MUY SENSIBLE HOY Y ESTE POST HURGO PROFUNDAMENTE EN MI SER..ME CUESTA RECONOCER LO QUE SOY ... UNA MARIONETA DE LA VIDA LLENA DE MASCARAS CON SONRISAS SOBREPUESTAS QUE LANGUIDESEN EN MI RESIGNACION....QUE TRISTEZA!!

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  2. La leyenda de la máscara

    Se cuenta que en una antigua casa de la ciudad de Zacatecas, por el barrio de Mexicapan existió un hombre que para cada tipo de relación usaba una mascara. He aquí su leyenda.

    Nadie supo ni nadie sabe cuando comenzó su práctica de utilizar máscaras; lo cierto es que las empleaba con gran habilidad, de acuerdo con el ambiente y circunstancias en que se hallara. Tenía una máscara familiar que era alegre, sonriente y acogedora; en cambio para su trabajo lucía otra que se distinguía por su frialdad y arrogancia. Cuando se reunía con sus amigos, su máscara expresaba malicia, picardía y vivacidad. Si iba al Templo mostraba otra de piedad y acogimiento.

    Para cada ocasión escogía una máscara diferente…

    Pasaba así los días, cambiando así sus máscaras, sin prescindir de ellas ni siquiera en las noches, pues al quedarse dormido se veía en sus sueños representando simultáneamente los diferentes papeles, riendo consigo mismo por las discordancias que se presentaban ante él.

    Al despertar estaba angustiado y confuso, pero con el nuevo día salía a repetir su comedia… Había convertido su día en un drama permanente, al asumir papeles contradictorios y artificiales.

    Sucedió que una noche mientras dormía, alguien entró a su habitación y se llevó todas las máscaras, incluso la que tenía puesta; sintió la luz que iría sus ojos y una sensación muy extraña en su cara. Se miró al espejo y quedó asombrado al mirar su propio rostro, en forma apresurada se inclinó a buscar sus propias máscaras, sin hallarlas; examino incrédulo cada rincón, pero no las encontró.

    Alguien golpeó a su puerta, se llenó de temor y desesperación, abrió la ventana que daba a la calle y salió por allí. Caminó apresuradamente ante la gente, sin mirar a nadie; quienes pasaban por su lado sólo se admiraban de ver su afán, más no lo reconocían.

    Por fin llegó a las afuera de la ciudad; se sentó sobre la hierba húmeda de la mañana y respiró profundamente el aire fresco, acarició su rostro, maravillado de palpar su piel viva y cálida, diferente a la tela dura y fría de sus máscaras. Miró todo con calma a su alrededor y lo vio más hermoso, más nítido; observó la ciudad y experimentó un irresistible deseo de ir hasta allá; se incorporó y se fue andando, sin embargo, por una sensación se sosiego.

    Al llegar a las calles y encontrarse con la gente, entendía que algo muy novedoso acontecía en él, dentro de sí mismo; la novedad de su ser se habría, era él mismo, desaparecía la angustia y el temor… dejando fluir su alegría comenzó a gritar repetidas veces: (Soy feliz, me he encontrado a mí mismo).

    Cuando regresó a su habitación encontró otra vez sus máscaras. Las miró con horror y dejando caer sus lágrimas en ellas, esas máscaras que antes habían sido suyas se fueron diluyendo hasta esfumarse.

    Observó la ventana por la que había escapado antes; continuaría abierta, no para escapar, sino para estar en contacto con los demás.

    Finalmente se dijo: (en adelante cada momento de mi vida va a llevar el sentido de mi ser, construiré desde la libertad mi propia historia).

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