20 de julio de 2026

La flecha de oro que me movió el piso

Mi siempre recordada @Aleth_B, que no te sorprenda te vuelva a escribir luego de 12 años y lo hago como aquel que, habiendo recibido una flecha certera en medio de su camino, se detiene no para quejarse del dolor, sino para examinar la punta que lo hirió y descubrir que era de oro, a pesar de que el primer impulso fue de dolor, de sorpresa, quizás hasta miedo. 

Cuando me dijiste que la cordura puede ser engañosa, porque muchas veces no es más que el arte de forzarse a lo que no surge naturalmente, sentí el suelo moverse bajo mis pies, me quedé sin piso. Yo, que siempre he desdeñado la paciencia como una virtud de los resignados, había hecho de la cordura mi principal guía; creía firmemente que era la voz firme de la razón, el escudo del hombre que actúa con prudencia. Tú, con unas pocas palabras, me obligaste a preguntarme si aquella guía no se había convertido, en ocasiones, en una cadena disfrazada de virtud.

Como los antiguos que dialogan sin internet en un cafetín, he reflexionado largamente sobre tu observación y he llegado a distinguir con mayor nitidez dos cosas que antes confundía: la cordura que me pertenece es herramienta personal e intransferible, es la disciplina con la que ordeno mis propios pasos, el discernimiento que aplico a mis decisiones y la firmeza que cultivo para no extraviarme; por tanto, sigue siendo mi aliada valiosa.

Pero cuando se trata de la realidad de otros, especialmente del proceso que hoy vive Madre, esa misma cordura, si se impone, se vuelve tirana, entonces no ilumina: oscurece, por lo que allí no requiero mi prudencia forzada, sino la claridad desnuda, “ver las cosas como son y no como deberían ser” según las enseñanzas de mi viejo; observar sin adornos la fractura, la prótesis, los males del páncreas y la bilis, el cansancio profundo, el lento camino de recuperación y la serena dignidad con que Madre enfrenta cada día. Descubro entonces que no hay “debería recuperarse más rápido” ni tampoco “debería yo manejar esto sin perder mi cordura” porque solo está lo que es.

Tú me ayudaste a recolocar la piedra angular en estos trances propios de la vida y me recordaste que la verdadera prudencia no consiste en forzar al río a correr según nuestro mapa, sino en leer correctamente su cauce actual y navegarlo con los ojos abiertos. Esa distinción entre cordura personal y claridad ante la realidad ajena es una “recomendación” nacida de tus lecturas, de tus experiencias, que sigo contemplando.

Por ello, @Aleth_B, sirva esta carta para decirte ¡¡Gracias!! nuevamente, por esa guía terrenal, que no impone doctrina, sino que enciende luces; además, tus palabras, reconozco, no me quitaron piso como al principio creí, me obligaron a construir uno más firme, más libre y más acorde con lo que realmente necesito.

Estas letras son, también, para ratificarme cuando digo, una y otras tantas veces más, que detesto cuando tienes la razón.

Por cierto, ahora esa flecha de oro se ha convertido en mi amuleto.

Con sinceridad: Raúl.

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