En un nuevo capítulo de la serie "¿Y de lo rural qué...? en la edición impresa de El Diario del domingo 19 de julio de 2027, que se edita en Portoviejo - Manabí, se publicó otro artículo de mi autoría relacionado con los claros oscuros que muchas personas enfrentamos en temas de tecnología y el acceso a las nuevas formas de tramitología virtual. A continuación la transcripción del mencionado artículo.
Título original: La brecha digital rural
Hasta hace poco no sabía que existían los “educadores digitales” y me enteré por una noticia del Ministerio de Educación: están entregando kits tecnológicos (portátiles y otros recursos) a docentes de escuelas unidocentes y bidocentes en zonas rurales. Me alegré… pero inmediatamente pregunté: ¿y el resto?
En muchas
cabeceras parroquiales, comunidades y caseríos de Manabí y seguramente en
muchas partes del Ecuador la realidad sigue siendo otra. Hay lugares donde
todavía hay que “subir a la loma” para captar una señal débil o simplemente no
hay conexión. Mientras en la ciudad se hace todo por internet (turnos médicos,
trámites, transferencias, clases), en el campo muchas veces seguimos en la era
analógica.
Es cierto
que la fibra óptica avanza en cabeceras parroquiales y las empresas móviles
amplían cobertura; sin embargo, en muchas comunidades y caseríos de Manabí la
realidad es otra: señal débil, cortes frecuentes o simplemente ninguna conexión
estable, además que el problema es aún más profundo porque existe una brecha
entre los educadores digitales y la población rural con analfabetismo
funcional.
Mientras muchos
tenemos teléfonos de baja calidad, poca familiaridad con las aplicaciones y
complicaciones para usar los trámites institucionales en línea, un docente
recibe un kit tecnológico, pero un agricultor, una madre o un jubilado rural lucha
por entender una app del Gobierno, sacar un turno médico o vender su producto
en una plataforma.
Entonces, esta
brecha no es solo de antenas y megas, es humana en lo generacional por los
abuelos y muchos jubilados, en lo cultural por las costumbres y el miedo a lo nuevo,
también educativa por niños y jóvenes compitiendo en desventaja. Un agricultor
no puede vender su producto fácilmente en plataformas digitales, una madre no
saca turno médico con un clic, y un estudiante rural lucha por entregar tareas
o investigar.
Es cierto
que hay esfuerzos: kits tecnológicos, puntos digitales y programas del
Ministerio y otras instituciones, pero parecen gotas en un océano de
desconexión; la diferencia entre el campo y la ciudad en acceso a internet sigue
siendo grande, y en los caseríos más apartados es abismal, sobre todo cuando la
mayoría de la población rural no puede usar efectivamente las herramientas
digitales
Necesitamos
una estrategia real: infraestructura adecuada, capacitación sencilla para todas
las edades y aplicaciones institucionales amigables y accesibles; porque
mientras sigamos con esta desconexión entre lo que se ofrece y lo que realmente
podemos usar, seguiremos siendo ciudadanos de segunda categoría en pleno siglo
XXI.
Datos sobre el editor de la nota:
Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala

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