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4 de septiembre de 2025

Tácticas para evadir responsabilidades políticas

La responsabilidad política es un bien público.

Cada día tal cual ha ocurrido desde que la humanidad tiene memoria, la Comunicación Política se ha perfeccionado aunque con otros nombres, pero en el fondo mantiene sus fines lícitos o propósitos inmorales. Cuento esto por una experiencia autodidáctica que empezó con ¿La argumentación jurídica de la defensa es un método práctico para generar tácticas de comunicación política evasiva?

Tomado de eldiabloestaenlosdetalles.es

Empezó hace pocos días cuando leí que el Pleno de la Corte Nacional de Justicia de Ecuador aprobó el Precedente Jurisprudencial Obligatorio: la declaración de parte del actor no constituye, por sí sola, un medio de prueba idóneo y suficiente para acreditar los hechos afirmados en la demanda en material laboral; no tengo formación de abogado pero me interesan los temas judiciales porque es parte de la realidad diaria así que me puse entender ese precedente: 

¡¡BOOM!! explotó en mi cerebro: estaba leyendo tácticas de comunicación política evasiva. Uno de los fragmentos de la explosión abrió un boquete que me indujo a convertirlo en una puerta tridimensional en lo que es esta disciplina de la Ciencia Política.

La primera traba fue que la expresión "comunicación política evasiva" no es de uso común sin que ello implique que no exista ni que no sea usada; así que escarbando un poco llegué a un supuesto que se convertiría en el referente de este post: 

La técnica para esquivar las responsabilidades políticas se nutre de la comunicación política evasiva y esta a su vez requiere del manejo de cuatro expresiones tácticas:
"Ad hominem"
"Non liquet"
"Exceptio"
"Victimismo"

Vamos a los detalles

Lo primero y en síntesis por que hay material para un sinfín de párrafos en la explicación de cada una de las tácticas jurídicas que forman parte de la comunicación política evasiva que, de una u otra forma, permiten al político desviar la atención de los hechos que le son perjudiciales, de eludir responsabilidades y manipular la narrativa a su favor, ya sea atacando al adversario, dejando temas sin resolver, usando tecnicismos o apelando a la empatía mediante el victimismo.

1. La comunicación política evasiva se refiere a la práctica de funcionarios o candidatos de usar respuestas vagas, dobles discursos o argumentos elusivos para evitar tomar posturas claras sobre temas específicos, con el objetivo de obtener beneficios personales bien sea frente a los ciudadanos o para no alienar a ningún segmento de la población o eludir sus responsabilidades en el ejercicio de un cargo público. (academic.oup.com)

2. La figura jurídica "Exceptio non adimpleti contractus" se refiere a una defensa legal en la que una parte alega que no está obligada a cumplir el contrato porque la otra no ha cumplido lo que le corresponde; esto trasladado a la comunicación política, por ejemplo, podría ocurrir cuando un alcalde acusado de no convocar a una asamblea cantonal estipulada en una ordenanza se defiende acusando a los ciudadanos de no estar interesados en el participar. En definitiva, se traduce en desviar la discusión hacia tecnicismos para evitar responsabilidades.

3. Non liquet que literalmente significa "no está claro" bien podría usarse en contextos cuando el demandado evade responder directamente a los hechos, dejando la cuestión sin claridad sobre lo que se le imputa; aunque menos común en la política moderna, esta expresión implica evadir una respuesta directa sobre los hechos. Un funcionario podría usar esta táctica para mantener ambigüedad y no comprometerse con una postura clara que, al exponerla públicamente, generaría en los ciudadanos una sensación de indescifrable y por tanto que desistan de tomar posturas o generar críticas. 

4. "Ad hominem" que no es un término jurídico procesal, pero en un sentido amplio y más coloquial tanto en el derecho como en redes sociales virtuales, es un ataque que implica dirigir la crítica hacia la persona acusadora en cuanto a su credibilidad, carácter, pasado o relaciones sociales, en lugar de refutar los argumentos o hechos; esto podría aplicarse si el demandado se enfoca en deslegitimar a su contraparte sin abordar el centro de la acusación. En política es uno de los recursos más usados para desviar la atención ciudadana hacia otros datos que podrían ser más escandalosos pero sin tener la capacidad de sustentarlos o generando "entretenimiento" crítico mediático.

5. Victimismo como estrategia política está sustentada en el imaginario de que se está cometiendo un delito en su contra y que consiste en presentarse como víctima de injusticias, pintando al oponente como opresor o acreditándole ataques para ganar simpatía pública, también para desviar críticas o consolidar apoyo entre seguidores, ciudadanos y hasta en el mundo del periodismo. Por ejemplo, un funcionario de elección popular podría alegar que es blanco de una "persecución" para evitar responder a las acusaciones concretas sobre sospechas de su proceder ilegal, apelando a las emociones del público en lugar de ofrecer pruebas que desmientan los hechos y esto acompañado o de amenazas o de denuncias en el sistema judicial.

¿Y si abusamos del victimismo y el Ad hominem?

La comunicación política es un campo de batalla con ataques y respuestas, reacciones y emboscadas, por ello quien trabaja generando estrategias evasivas debe estar preparado y entrenar a su "defendido" para que su actuación sea verosímil porque del otro lado también hay profesionales que saben hacer lecturas detalladas del teatro de operaciones detectando las fallas y contratacar con mayor efectividad. 

Por tanto si bien el victimismo en la gestión pública puede generar apoyo inmediato al movilizar emociones, su uso excesivo o injustificado corre el riesgo de erosionar la credibilidad del funcionario que lo emplea, porque cuando se recurre constantemente a presentarse como víctima o multivíctima sin abordar los hechos de fondo del que se le acusa en lugar de exponer argumentos sólidos, el truco se va develando poco a poco hasta convertirse en un incontrolable alud de críticas ciudadanas.

(NdelE) Multivíctima: quien se siente y expone que es agredido por diferentes personas a las que increpa con supuestos delitos individuales; a cada demandante sobre un mismo caso le asigna una amenazante acusación informal.

Esto puede polarizar aún más el discurso político, ya que fomenta narrativas de "nosotros contra ellos" y dificulta el diálogo racional; en contextos democráticos, el victimismo, como un recurso inmoral, puede debilitar la confianza en las instituciones si el público percibe que se usa para manipularlo en lugar de resolver los problemas reales.

Del otro lado tenemos la contra parte del ataque político Ad hominem, pues usarlo de manera inconsciente genera la destrucción de la posibilidad de un debate racional sobre temas de interés público y que ese mismo público perciba la persistencia de no abordar los problemas de fondo, considerando que el funcionario al desviar la atención no está asumiendo la responsabilidad de sus actos u omisiones que han afectado la fe pública o derivaron en un delito. Se suma a esto el fortalecimiento de sensación de impunidad.

El abuso de Ad hominem puede ser contraproducente si los ciudadanos perciben que se evade la responsabilidad, intensificando el escrutinio público y mediático.

¿Y así quieres que te crea?

Ahora voy a tomarme la licencia de adaptar un texto del politólogo Decio Machado (@DecioMachadoF) sobre los errores gubernamentales a las tácticas de Comunicación Política Evasiva:

Si bien es cierto que todo acto político es una representación, lo cual implica que la actividad política se desarrolle en permanente dramatización y somete a los gobernantes a un continuo ejercicio de actuación interpretativa, la sobre-dramatización de los conflictos políticos, pese a ser una herramienta de coyuntura útil para disimular los fracasos de la gestión pública y hacer un llamado a filas alrededor de la máxima autoridad, conlleva graves consecuencias.

Como estrategia es dañina, pues al interpretar las diferencias políticas como resultado de un enfrentamiento bíblico entre el bien y el mal, refuerza la ya muy atrofiada visión existente de la realidad y como todo acto de reafirmación le impide al gobernante corregir sus errores de gestión; por tanto; el resultado puede resultar catastrófico, pues más allá del poder de la narrativa, la piedra angular que sustenta toda imagen política de sólida eficiencia y transparencia es hacer que los hechos hablen por si mismos.

Y un aporte desde mi perspectiva y claro, también, usando otra práctica democrática. En algunos contextos, la sobre-dramatización de los conflictos políticos se podría relacionar con el Teatro Social, una disciplina que busca estimular la participación y la búsqueda de soluciones, pero llevado al extremo político podría desvirtuarse hacia la confrontación. Parte de la práctica de Comunicación Política Evasiva es el desarrollar habilidades y destrezas histriónicas en el funcionario, con el riesgo de que evidencie su verdadera personalidad en momentos críticos de su gestión pública.

Llegó el momento de armar la película

En vista que sigo trabajando para abrir esa puerta tridimensional y que el tema va tomando otros matices más interesantes y peligrosos, tomé la decisión de apoyarme en la Inteligencia Artificial para vislumbrar el teatro de operaciones para desviar la atención de los ciudadanos sobre los conflictos que merman el capital político del funcionario.

Así que luego de pasar revista y hacer las revisiones editoriales del caso a la construcción digital de este proceso, el contenido quedó así:

Para crear narrativas de comunicación política evasiva se utilizan técnicas como el storytelling transmedia, que expande el relato por diversos medios y plataformas para involucrar a los ciudadanos como "prosumidores", y el uso de lenguaje persuasivo, seleccionando "palabras virtuosas" para asociarlas con personas o hechos positivos, así como la simplificación de ideas y problemas para hacer los mensajes más comprensibles y resonar con el sentido común. 

(NdelE) Prosumidores: concepto acuñado por Alvin Toffler  con el que establece al individuo o entidad que consume y a la vez produce bienes, servicios o contenido, uniendo los términos "productor" y "consumidor"; es decir y respecto al tema central de esta proyección, el público que consume noticias sobre un hecho político genera un contenido editorial que se convierte en parte la noticia. 

Procedo entonces a la ampliación de estas técnicas distractoras que, obviamente, tiene sus riesgos:

Storytelling transmedia: construcción de un relato que se desarrolla y expande a través de múltiples plataformas (televisión, radio, redes sociales, aplicaciones móviles) y formatos, convirtiendo a los ciudadanos en "prosumidores" que participan en la creación de nuevos contenidos relacionados con el tema principal de la campaña distractora.

Simplificación de ideas y problemas: Los problemas complejos se presentan de manera simplificada para que el mensaje sea más fácil de entender y para que la audiencia lo pueda asimilar de forma rápida y, a mismo tiempo se crean productos "amigables" con la imagen del funcionario.

Uso de palabras virtuosas: en estas narrativas se incorporan palabras con una carga positiva para la audiencia, como "liderazgo", "seguridad" o "justicia", con matices de transparencia, humildad y humanidad asociándolas a la imagen del funcionario o de la causa política para generar una impresión favorable. 

Personalización y encarnación de la ideología: se otorga al territorio de influencia de características humanas (personificación) y se presenta al funcionario como la encarnación de la ideología o doctrina política o aspiración personal, fortaleciendo su imagen y conexión con los ciudadanos. 

Refuerzo social: se busca crear la percepción de que los problemas están prácticamente resueltos, invitando a los ciudadanos a unirse a la causa para sentirse parte de un movimiento con futuro. 

Narrativas de héroes y villanos: es fundamental el diseño de personajes, tramas y escenarios que configuran un guion cinematográfico en el que se presentan héroes (quienes apoyan al funcionario) y villanos (la oposición), transformando intereses particulares en intereses generales para la audiencia. 

Estas técnicas para que sean efectivas no pueden estar sueltas o ser productos individuales, se requiere articularlas para crear un verdadero guion cinematográfico para el entretenimiento político de los ciudadanos. Entonces el proceso va de la siguiente manera: 

Definición de temas clave: se identifican los temas centrales que el funcionario quiere resaltar, tomando como punta de lanza "su proyecto estrella", que se convierten en la base para la construcción de las narrativas en los diferentes medios.

Adaptación del mensaje: Los mensajes se adaptan a cada plataforma y audiencia, pero manteniendo la coherencia del tema principal de la campaña; dicho en otras palabras convertir al comic en una radionovela y esta a su vez en una película y generar los trailers para redes sociales virtuales.

Participación ciudadana: se fomenta la participación de los ciudadanos, no solo en comentarios, sino en la producción de contenidos que extiendan y validen las narrativas propuestas por la intención política, implica esto generar los espacios de conversación con los ciudadanos bajo la política "de puertas abiertas". 

Inducción a los defensores de marca: en esta línea se presentan dos aristas de trabajo para distribuir las directrices de ataque y narrativas a usar: con los ciudadanos que han sido coaptados para apoyar al funcionario a cambio de dádivas y ofertas de beneficios, en lo que se conoce como el "Comité de aplausos", además de la incorporación de otros funcionarios del nivel jerárquico superior; y, al contratista que administra las cibertropas, trolls y granja de bots.

¿De qué me sirve esto y cómo otros lo pueden usar?

Estos tres últimos párrafos los escribo a manera de conclusión, pues mi intención es ampliar la visión sobre la información que irremediablemente consumo ante mis necesidades profesionales y en apoyo a mis observaciones sobre el accionar de la gestión pública en el lugar en que resido. en contraste con los anuncios oficiales; lo narrado en esta entrada me vuelve más crítico y menos emotivo ante las narrativas institucionales frente a los inconvenientes que impiden mejorar mi calidad de vida.

Del otro lado, es un aporte a la sociedad en lo que podría llamarse educación informativa frente a la ola de datos que los funcionarios emiten sin mayores sustentos en el ejercicio de sus laborares contractuales, bien sean por designación o elección popular; también pueda que sirva para quienes emplean su tiempo en el control social y deban enfrentar discursos amenazantes de quienes ostentan el poder político. Y, quizás, mi post contenga información de utilidad práctica para mis colegas periodistas y profesionales de buena fe en Comunicación Política.

En definitiva y parafraseando los argumentos del precedente jurisprudencial, las declaraciones mediáticas de un funcionario acusado formalmente de una irregularidad no constituye, por sí sola, una evidencia idónea y suficiente para acreditar los hechos afirmados en su defensa; si en ese relato anecdótico se incluyen aseveraciones de tipo Ad hominem, Non liquet, Exceptio y de victimismo, estaría mostrando sus intenciones políticas de evadir responsabilidades de un hecho irregular o inmoral o ilegal o todos juntos. 

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10 de mayo de 2025

Es vulgar la frase "mejorar la calidad de vida de los ciudadanos"

 Me preguntaba ayer: ¿Cuál es el significado para la frase "dejar de lado las banderas políticas" en un país en que todo se mueve por política? Mi primera respuesta provino de los recuerdos de una serie de esas expresiones propias de la gestión pública.

Foto: ethic.es

Una de ellas quedó retumbando en mi mente al no poder descifrar el significado, aunque presumía el significante; se trata de la famosa y ya vulgar "mejorar la calidad de vida de los ciudadanos". 

Ampliación del titular. Al escribir vulgar me refiero a la parte del conocimiento que se centra en la apariencia de las cosas y no profundiza en la comprensión de los procesos, que se sostiene sin una base teórica o metodológica sistemática.

¿Cómo evaluar esa expresión y qué parámetros deberían usarse? Así que fui poco a poco tratando de descifrarla, como si estuviese en un laboratorio para para autopsias.

Mi primer hallazgo es que tiene un tono paternalista y hasta ambiguo; también tomé aparte la palabra "calidad" que bien podría significar que que nosotros los ciudadanos, tal como estamos, tenemos una "calidad" deficiente que necesita ser "mejorada";  me supo como si fuésemos un producto defectuoso.

Parece que tengo una pista y que debo hilar más fino. Ya en el mundo de la gestión pública sugiere una relación jerárquica en la que los funcionarios se posicionan como los "mejoradores" de una población pasiva.

Ahora, para los que trabajamos en planes y proyectos sabemos de la importancia de la línea base y, en este caso, cómo medir que la frase pueda transformarse en un sistema de indicadores que permita verificar que efectivamente hay una "mejoría". Ese sistema bien podría para la educación o salud, de valores, de productividad, quizás hasta de obediencia en una distorsionada participación ciudadana.

Por tanto la vaguedad de la frase me permite asumir que es una muletilla retórica usada para sonar bien, pero sin comprometerse a nada en concreto.

 Profundizando en lo político. Si ya determinó que es una muletilla retórica entonces bien podría ser una expresión para desviar la responsabilidad institucional, porque en lugar de enfocarse en mejorar las condiciones estructurales del entorno, pone el peso en los ciudadanos, como si nosotros fuésemos el problema.

Aunque existe otra probabilidad sustentada en la superioridad moral del funcionario. Esa frase vulgar podría reflejar su visión tecnocrática o elitista, con la que asume que los ciudadanos necesitamos ser "moldeados" para encajar en un modelo de gestión diseñado desde las aspiraciones personales.

Pero aquí veo otro problema ¿Quién o qué define la calidad de vida de nosotros los ciudadanos? o acaso la frase es un primer paso en el intento de homogeneizar o imponer un estándar de "ciudadano ideal" sin respetar las características socio-económicas culturales.

Esta apreciación tiene una connotación conspiranoica, por tanto se requería hacer un estudio profundo de la persona que redacta o dice esa frase como parte del discurso político. Aunque existe la probabilidad que la replica inconscientemente.

Para romper esta frase

Si por una necesidad estratégica se hace indispensable el funcionario decide usar esta frase, es necesario que le de respaldo y contenido, un trabajo basado en datos y relatos para convertirlos en líneas argumentativas, empezando por la definición de "calidad de vida" desde los conceptos filosóficos hasta patrones culturales de los ciudadanos que conforman los distintos grupos objetivos de la gestión institucional.

Además preparar los sistema de indicadores tanto de gestión como de resultados que permitan evaluar objetivamente ese "mejoramiento", lo que además sirve como insumo para preparar los planes operativos y los respectivos presupuestos.

Esto se consigue con una de las herramientas más mal usadas en la gestión política: participación ciudadana. El funcionario debería trabajar en consultas públicas, preparar talleres, foros y otros espacios físicos y virtuales para obtener esos relatos; requiere, así mismo, impulsar mecanismo para medir la satisfacción ciudadana que no significa conocer el porcentaje de popularidad.

Un tercer escenario, mucho más complejo pero indispensable: transparencia informativa; es decir, en cada comunicado físico o virtual sobre una gestión o una obra o un servicio, incluir datos sobre costos, plazos, nombre del responsable, acceso a otros datos complementarios, que nos permitan a los ciudadanos cualificar y calificar cada gestión.

Si estas recomendaciones o sus variantes no fuese parte de la política de trabajo del funcionario, simplemente repetir "mejorar la calidad de vida de los ciudadanos" seguirá siendo una frase vulgar e inservible.

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7 de abril de 2025

Ecuador frente al peligroso buenismo

Hay tanto por conocer en el mundo de las políticas públicas y otro tanto del lado que le corresponde a la comunicación social en general, que se hace imposible abracarlo todo; por eso es importante leer planteamientos que, en primera instancia, parecieran rompen la costumbre de creer/crear verdades comúnmente aceptadas. Eso hice con un texto de Juan A. García Amado que me llevó al mundo del buenismo como contrapeso al Derecho, los dos como fundamentos de la comunicación política y el periodismo.

Fuente: siemprehaciendolio.wordpress.com

¿Conocemos los llamados "derechos de tercera generación"? ¿Sabemos las relaciones jurídicas entre la vida humana con las vidas de otros seres terrestres? ¿Para los que no somos abogados pero practicamos la disciplina/ciencia de la Comunicación Social de qué nos sirve conocer la expresión "iusfilosofía"? 

Viene bien anclar en este punto y antes de seguir en este escenario exponer sobre el buenismo; dice  Dominique Karahanian:

Lo cierto es que la RAE define buenismo como “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”. No sé si soy la única (no creo) que lea el sarcasmo de esta definición.

Pero y ¿si vemos otra cara de la moneda del buenismo? Es común darnos cuenta del buenismo en personas que van adoptando posiciones en extremo conciliadoras, evitadoras de conflictos, sobreprotegiendo a los demás para evitarles el sufrimiento, relativizando el mal o evadiendo responsabilidades personales bajo la etiqueta “de hacer el bien” (Publicado en latercera.com)

Retomo. Pues estas y otras dudas me saltaron cuando leí el post en X del profesor Juan A. García Amado @JuanAGAmado y del que necesité algunas profundizaciones y tener un contexto para lo que ocurre en Ecuador:

Puede que yo lo esté entendiendo muy mal, pero cada día estoy más convencido de que las cosas están funcionando así en las cabezas de muchos ciudadanos y de muchos profesores de Derecho:

1) Todo lo que a mí me moleste, me desagrade o me ofenda no puede estar mandado por el Derecho, no puede ser Derecho de verdad. Porque el Derecho es bueno o no es, así que lo malo no ha de ser jurídico. Por eso Trump y los suyos consideran que no son apenas de Derecho las normas que mandan pagar impuestos, los antiabortistas entienden que no pueden ser Derecho las normas que permiten abortar y los proabortistas piensan que no pueden ser auténticas normas jurídicas las que prohíben abortar. 

2) Todo lo que yo amo tiene derechos, todo, todo. Si quiero a mi gato, solo puedo verlo como cargado de derechos hasta los bigotes. Si adoro aquel árbol de mi jardín, hay en él razón suficiente para que proclame yo de viva voz los derechos vegetales. Si quiero mucho a mi dios, los derecho primeros serán los divinos, cómo no. Y así. Evidentemente, el paso siguiente consiste en negar que puedan tener derechos -o tenerlos tan buenos- todos los seres y cosas que detesto: los del pueblo rival, los del otro equipo, los ratones, las lombrices intestinales, las plantas carnívoras..., dependiendo de cada uno y sus fobias y odios, claro.

Las consecuencias de lo uno y lo otro son tremendas, la historia nos las enseña y alrededor las ve de sobra el que todavía tenga ojos y mire: 

1. Los derechos de verdad y de todas las personas se van quedando jurídicamente desprotegidos, de tanto trivializar su concepto y de tanta frivolidad al manejar sus garantías. Pero, al fin y al cabo, a mí qué me importa, si yo quiero mucho más a mi perrito que a casi toda la humanidad. 

2. La utilidad civilizatoria del Derecho se está agotando por completo a base de tanta cursilería y de tanto buenismo con mala fe. El lema de los gobernantes del mundo va siendo el de acabar con todo lo malo y con todos los malos y no repares en normas ni admitas límites "formales" o jurídicos a tu poder. 

Trump -entre tantos- es hijo de nuestra iusfilosofía boba. Y de otras cosas y otras progenies, por supuesto.

Segunda aclaración. Iusfilosofía: es la filosofía del derecho, es decir, la reflexión sobre los problemas jurídicos y las respuestas que se les pueden dar. Su objetivo es construir una filosofía práctica que se base en los desafíos de los Estados de Derecho contemporáneos. (Jesús Vega, publicado en journals.openedition.org)

Ya con esta segunda definición mi inquietud profesional avanzó hasta el intento de conocer que implicaciones tenía estos escenarios filosóficos en otros contextos; fue entonces que recurrí nuevamente a Grok y le pedí extrapole el comentario de García Amado al caso de Ecuador en el marco de los derechos de tercera generación. 

Lo cierto es que fue un nuevo espacio para repensar la comunicación política y el periodismo para las masas. Aquí va lo que me respondió esta versión de AI:

Análisis con los derechos humanos de tercera generación

Los derechos humanos de tercera generación, según la teoría propuesta por Karel Vasak en 1979, trascienden los derechos civiles y políticos (primera generación) y los derechos económicos, sociales y culturales (segunda generación). Estos derechos, también llamados derechos de solidaridad, se centran en conceptos colectivos como el derecho al desarrollo, a la paz, a un medio ambiente sano, a la autodeterminación de los pueblos y al patrimonio común de la humanidad.


Están reflejados en documentos internacionales como la Declaración de Estocolmo de 1972 y la Declaración de Río de 1992, y suelen ser considerados "aspiracionales" porque su implementación depende de la cooperación entre estados, comunidades e individuos, más que de garantías individuales estrictas.


Relación con el comentario de Juan A. García Amado

El comentario de García Amado critica la subjetividad en la interpretación del Derecho, donde las preferencias personales (lo que uno ama o detesta) determinan qué se considera un derecho legítimo. Esto tiene una conexión directa con los derechos de tercera generación, ya que estos derechos, por su naturaleza colectiva y aspiracional, son más susceptibles a interpretaciones subjetivas y a ser utilizados para justificar agendas personales o políticas, como señala García Amado.


Subjetividad y trivialización de los derechos:

García Amado advierte que al otorgar derechos a todo lo que uno ama (como un gato, un árbol o un dios), se trivializan los derechos fundamentales. En el marco de los derechos de tercera generación, esto se ve cuando conceptos como el derecho a un medio ambiente sano o el derecho al desarrollo se expanden de manera desmedida. Por ejemplo, la idea de que "todo lo que amo tiene derechos" puede llevar a que movimientos sociales o líderes políticos enarbolen los derechos de tercera generación (como el derecho a un medio ambiente sano) no necesariamente para proteger a la colectividad, sino para imponer sus propias visiones o intereses, debilitando el concepto de derechos humanos en su conjunto.


"Buenismo con mala fe" y el uso político de los derechos de tercera generación:

García Amado critica el "buenismo con mala fe", donde los gobernantes usan discursos de bondad para justificar acciones que ignoran límites legales. Los derechos de tercera generación, al ser más abstractos y depender de la cooperación internacional, son especialmente vulnerables a este tipo de manipulación. Por ejemplo, un líder podría invocar el derecho al desarrollo (un derecho de tercera generación) para justificar proyectos extractivos que benefician a ciertos grupos económicos, mientras se ignoran los derechos de comunidades locales o el impacto ambiental, todo bajo el pretexto de un "bien mayor".


Aplicación al contexto ecuatoriano

Ecuador es un caso paradigmático para analizar los derechos de tercera generación, ya que su Constitución de 2008 incorpora explícitamente algunos de estos derechos, como el derecho a un medio ambiente sano y los derechos de la naturaleza (Pachamama). Esto lo convierte en un terreno fértil para observar las tensiones que García Amado describe, especialmente en relación con la subjetividad y el uso político de los derechos.


Derechos de la naturaleza como derechos de tercera generación:

La Constitución ecuatoriana de 2008, en su artículo 71, reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos, un claro ejemplo de un derecho de tercera generación (el derecho a un medio ambiente sano). Casos como el del Bosque Protector Los Cedros (2021), donde la Corte Constitucional prohibió actividades mineras para proteger los derechos de la naturaleza, reflejan cómo estos derechos de solidaridad se priorizan. Sin embargo, esto también ilustra el punto de García Amado: la decisión puede estar influenciada por valores subjetivos (el amor por la naturaleza de ciertos grupos ambientalistas) más que por un análisis jurídico equilibrado que considere, por ejemplo, el derecho al desarrollo económico de las comunidades locales que podrían beneficiarse de la minería.


Esto puede llevar a una trivialización de los derechos humanos, como advierte García Amado, al poner los derechos de la naturaleza por encima de los derechos humanos fundamentales, como el acceso al trabajo o a una vida digna.


El caso Estrellita y la expansión de los derechos de tercera generación:

El caso de Estrellita, la mona lanuda cuyo habeas corpus fue reconocido en 2024, muestra cómo los derechos de tercera generación (como el derecho a un medio ambiente sano, que incluye la protección de la biodiversidad) se extienden a niveles individuales. La decisión de la Corte Constitucional de aplicar los derechos de la naturaleza a un animal específico refleja la crítica de García Amado: el apego emocional de Ana Beatriz Burbano Proaño hacia Estrellita llevó a una interpretación expansiva del Derecho, donde un animal individual adquiere derechos similares a los de un humano.


Esto puede diluir la fuerza de los derechos humanos tradicionales (de primera y segunda generación), como el derecho a la educación o la salud, que quedan relegados frente a interpretaciones más subjetivas y emocionales de los derechos de tercera generación.


Polarización política y uso de los derechos de tercera generación:

En Ecuador, la polarización política, como la que se observa en las protestas indígenas en Quito contra proyectos extractivos, está profundamente vinculada a los derechos de tercera generación. Los movimientos indígenas suelen invocar el derecho a la autodeterminación (otro derecho de tercera generación) y el derecho a un medio ambiente sano para oponerse a actividades como la minería o la explotación petrolera. Sin embargo, el Estado a menudo responde invocando el derecho al desarrollo (también de tercera generación) para justificar estos proyectos, argumentando que benefician a la colectividad.


Esta tensión refleja la advertencia de García Amado sobre el "buenismo con mala fe": ambos lados usan los derechos de tercera generación para justificar sus posturas, pero a menudo lo hacen para avanzar agendas políticas o económicas, más que para proteger los derechos de manera genuina. Esto erosiona la utilidad del Derecho como herramienta civilizatoria, como señala García Amado.


Riesgo de trivialización y pérdida de foco en los derechos fundamentales:

La expansión de los derechos de tercera generación en Ecuador, como el reconocimiento del "buen vivir" (sumak kawsay) como un principio constitucional, puede llevar a la trivialización que García Amado critica. Al otorgar derechos a conceptos abstractos o a entidades no humanas (como la naturaleza o los animales), se corre el riesgo de desviar la atención de los derechos humanos fundamentales. Por ejemplo, mientras se destinan recursos legales y políticos a proteger los derechos de la naturaleza, problemas como la pobreza extrema, la falta de acceso a la salud o la educación (derechos de segunda generación) pueden quedar desatendidos.


Esto coincide con la crítica de García Amado de que "los derechos de verdad y de todas las personas se van quedando jurídicamente desprotegidos" debido a la frivolidad en el manejo de los derechos.


Reflexión final:

Los derechos de tercera generación y la advertencia de García Amado

Los derechos de tercera generación, aunque valiosos para abordar desafíos globales como el cambio climático o la desigualdad, son particularmente susceptibles a las dinámicas que García Amado critica. Su naturaleza colectiva y aspiracional los hace propensos a interpretaciones subjetivas, donde los valores personales (como el amor por la naturaleza o la defensa de una identidad cultural) pueden imponerse sobre un marco jurídico coherente. En el contexto ecuatoriano, esto se ve claramente en la priorización de los derechos de la naturaleza sobre otros derechos humanos, así como en el uso político de estos derechos para justificar decisiones que benefician a ciertos grupos a expensas de otros.


Además, como señala la crítica de la teoría de las tres generaciones (según los resultados web proporcionados), los derechos de tercera generación a menudo no capturan la verdadera naturaleza legal de los derechos humanos y tienden a ser utilizados para agendas políticas que no siempre benefician a la colectividad. En Ecuador, esto se refleja en la forma en que los derechos de tercera generación, como el derecho a un medio ambiente sano o el derecho al desarrollo, se convierten en herramientas de polarización más que de cohesión social.


En resumen, el análisis de García Amado, aplicado a Ecuador y enriquecido con el concepto de los derechos de tercera generación, pone de manifiesto un desafío clave: mientras los derechos de solidaridad buscan proteger bienes colectivos, su implementación subjetiva y politizada puede debilitar el sistema jurídico y desviar la atención de los derechos humanos fundamentales, tal como García Amado advierte.


Mi conclusión

Para quienes hacen y necesitan Comunicación Política es fundamental conocer los objetivos de esta disciplina/ciencia para no caer en trampas o cometer errores informativos que corrompen o ayudan a corromper a la opinión pública. Para este caso uso "corromper" como un sinónimo de estropear y entorpecer el debate público sobre los temas que son de interés ciudadano.


Revisando más al detalle los argumentos expuestos puedo asegurar que el buenismo es la contraparte política a la tiranía, pero que se usa únicamente como un "anzuelo" político para lograr o aumentar la popularidad del gobernante o para captar votos en el marco de la democracia autoritaria.


Creo que la ventaja del buenismo también va de la mano con una distorsión del comportamiento humano conocido como "positivismo tóxico" en su versión de política pública y eso extrapolado hacia el sistema de justicia basado en los nuevos e ingenuos movimientos sociales que trabajan en la imposición de sus ideales sin respeto a otros criterios.


Seguramente la legislación populista entra también como parte de los efectos del buenismo y que, por ahora, le mantendría con un segundo nombre: "ingenuo".


Con estas aseveraciones trato de sustentar el hecho de que el Periodismo y su variante catalogada de Comunicación Política, necesitan de profesionales que tenga en su mente las amenazas que significa el buenismo en la recopilación de datos como parte de la producción de información; aplica también para incluir este escenario en las políticas de la línea editorial que obligadamente deben tener las "Sala de Redacción" y las direcciones de comunicación del sector público.


Me queda pensar este buenismo en el marco de la Relaciones Públicas y también en aquel grupo de personas que ahora trabajan bajo el nombre de "Influencers".


Un porte fundamental sobre el uso de la Filosofía para ampliar el significado y significante del conocimiento sistemático en la producción de información desde de la Comunicación Política:

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