Cierto día, como casi siempre, mientras caminaba por la playa recogiendo algunas de las basuras plásticas, pensaba nuevamente en el poco o casi nada cuidado que se le tiene, me vino entonces a la memoria una de esa fábulas de las charlas motivacionales, la del colibrí y el gran incendio; "Estoy haciendo mi parte" me dije, pero unos pasos más adelante, caí en cuenta que esa historia es de las más absurdas que pueden existir y fue justamente el hecho de que no hay un plan de manejo para ese espacio público: me pregunté ¿Y qué gano con tanto esfuerzo?
Llevo viviendo casi tres años de manera permanente en este rincón de Manabí donde el Ecuador alterado y febril pareciera que se queda atascado en la vía a Jipijapa, pero esta relativa tranquilidad tiene su precio: la indiferencia vive cómoda, como un huésped que nunca se va.
Allá, con el ronroneo de las olas y un paisaje que no siempre es el mismo, recojo plásticos, botellas, latas, cabos, redes que el mar lo devuelve o que los humanos dejan sin un gramo de vergüenza, pero únicamente en los sectores en que no hay negocios, hacerlo sería como limpiar gratis el patio ajeno y yo no soy de esos.
Pero sí soy de los que registro con fotos y vídeo de cómo en esos espacios públicos ocupados pueden pasar días, tal vez semanas, las basuras alrededor de sus negocios; es como sí no la vieran o que ya se acostumbraron y la consideran parte del paisaje; recuerdo que en algún momento, durante una gestión para mantener la playa limpia, una de las personas de esos negocios aseguró: esa basura no es mía.
La playa es de "todos", dicen; pero "todos" significa "ninguno" en la práctica. De las casi 300 o más personas que usan la playa paralela al Malecón de Puerto Cayo, máximo unas cinco hacen algo por recoger basura. El resto espera que el mar se lo lleve o que alguien como yo aparezca con funda o que se organice una minga para que le den limpiando.
Aquí viene, entonces, la historia de porqué me sentí estúpido al creerme lo del colibrí. Todos los animales huyen del incendio n el bosque menos el colibrí, que va y viene con gotitas de agua en el pico; el jaguar le pregunta qué hace con tan poco, y él responde: "Yo hago mi parte". Suena bonito, motivador, ejemplar, pero en la realidad es un absurdo. ¿Cómo enfrentar un incendio sin un plan, sin organización, sin recursos? ¿Con motivación sola? A la mierda. De seguro el colibrí terminó quemado, exhausto, y con el fuego más activo.
Yo no soy ese colibrí.
Esta reflexión la traslade a la playa turística "adornada" con en plásticos, llantas, botellas, redes, animales muertos... y esa constante e irracional extracción de arena.
Ya lo había mencionado en un video comentario: no se conoce públicamente que exista un plan de manejo marino costero para Puerto Cayo; tampoco la prioridad, más allá de las palabras emotivas, que tenga dentro de las políticas municipales, que incluye a las direcciones de Residuos Sólidos y de Gestión Ambienta. Entonces, sacar y extraer basuras se convierte en una acción aislada y, de pronto, hasta inútil.
Pero lo seguiré haciendo porque es una manera de evitar que yo naturalice tan deprimente situación, porque es un espacio que lo uso para disfrutar de mi tiempo libre, para ejercitarme, reflexionar; es parte de mi vecindario.
Reitero lo dicho en otro de mis comentarios: al igual que la seguridad la limpieza de los espacios públicos es un juego infinito. (Lo puede leer AQUÍ)
Puede soñar extraño pero la playa de Puerto Cayo, en especial la que es parte del Malecón es un espacio de mi vida diaria y por eso es que me causa desazón verla descuidada y maltratada. Confesión personal: para mí, la playa limpia no es un lujo ecológico, es recuperar un pedazo de tranquilidad de un país que no da tregua; es poder caminar con Gala, mi mascota, sin tropezar con plásticos que me recuerdan que pocos cuidan pero muchos abusan. Es sentir que, al menos aquí, en este rincón, las cosas pueden estar en orden.
Y claro que publico las fotos y los videos de la playa sucia en mi cuenta de X (@Zavala_Ra), videos en mi canal de YouTube, en mis escritos para mis mis blogs; y pasa lo predecible: algunos se enojan. "¡Si tanto te molesta, ven y limpia tú!", me escriben. "¡Únete a la minga!". Claro, la minga: recolectan un rato, eventos de relumbró político, se toman fotos grupales, aplausos en redes, y al día siguiente todo igual, porque falta lo que no se ve en la foto: control permanente.
No busco ser héroe, ni reconocimientos, ni lo hago por ganar clics. No pretendo apagar el "incendio" solo, hago lo que es necesario: documentar la realidad como es, no como debería ser o quieren que la veamos como un "paraíso escondido". Publico porque incomoda, porque genera roce, para que quizás algún día día los responsables legales asuman la obligación de buena fe y no por miedo controles de autoridades superiores o las reacciones negativas en redes sociales.
Para finalizar, aquí uno de los registros sobre la cantidad de basura que en su momento extraje de la playa:
Datos sobre el autor:
Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala

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