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8 de septiembre de 2010

Del académico y el estadista

No hay nada más estimulante para un académico que alguna de sus exposiciones sea considerada noticia nacional o internacional, por esta razón es que en cada discurso, en cada escenario o en algún púlpito busca que sus propuestas generen opinión o controversia para generar conocimiento.

No hay nada más estimulante para un estadista que sus declaraciones públicas sean asumidas como un gran recurso para conducir a una región, país o sociedad hacia mejores días, promoviendo la armonía y paz social entre seres humanos, procurando que tengan una mejor calidad de vida.

En diciembre del 2007 publique en este mismo blog un artículo titulado “La fuerza del universo y el gobierno ecuatoriano”, en uno de los párrafos mencioné que el negocio del gobierno está en convertir a la Nación en un laboratorio político para luego vender los resultados. Han pasado casi tres años y noto que no ha perdido vigencia.

Durante estos dos últimos años realicé varios ejercicios sobre análisis de discursos, conferencias, entrevistas y enlaces sabatinos del Presidente de la República, para luego compararlos con las reacciones sociales y la opinión pública; así establecer escenarios probables de la situación social. A este análisis, sumo lo que se informa públicamente del trabajo de la Asamblea Nacional y la gestión comparativa de los ministros de Estado.

El 7 de septiembre de 2010 llegó la información sobre la conferencia del Presidente de la República que dio en la Universidad de las Naciones Unidas en Tokyo, en la que propuso que los medios "tengan que ser sin fines de lucro" en respuesta a "la contradicción entre intereses privados y el interés público de estar informados". Pude mirar en un canal de televisión algunas partes de esa conferencia.

Con todo esto llegué a plantearme la hipótesis de que el Presidente de la República es un buen académico y tiene dotes de ser un buen profesor –aun no se si catedrático– que no ha logrado asimilar que existe una gran diferencia entre ser académico y ser estadista.

Considero que una de las explicaciones más claras del significado y alcance de ser estadista, se encuentra en el artículo de Hernando Roa Suárez titulado “Necesitamos un presidente estadista”: Queremos un civilista respetuoso de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerza legítimamente como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Que conozca el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y el mundo, gobierne organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impida la concentración del poder en el ejecutivo. Confiamos tener un Jefe de Estado que sea capaz de conducir y definir el proceso de paz, no sólo con la acción represiva, sino mediante acuerdos políticos y decisiones de autoridad encaminadas a atacar las causas de la injusticia social. (Cita textual)

A la hipótesis aquí plateadas le adhiero que las declaraciones presidenciales son una amalgama, en ocasiones sin una lógica, del académico y el político partidista que busca votos; tal cual un consultor realiza un taller para empezar una planificación participativa o una sociabilización de sus ideas para “ver que pasa”; también como el científico que en su laboratorio aplica metodologías de prueba error hasta encontrar la fórmula perfecta. Tal vez podrían ser cortinas de humo que tapan una intención latente.

Pero no quiero quedarme ahí. He empezado a estudiar la propuesta de Karl R. Popper quien asegura que una teoría, tesis o conclusión debe enfrentar su sometimiento a las más razonables, rigurosas y eficaces refutaciones posibles, con fines de verificación. Se conoce a esto como la Teoría de la Falsación.

Me pregunto ¿qué resultaría si a la propuesta del Presidente de que los medios "tengan que ser sin fines de lucro" y otras más que menciona diariamente se las somete a la falsación? y al mismo tiempo bosquejo otra hipótesis: no se si el académico Rafael Correa tendría la entereza para enfrentar el postulado de Popper, pero si podría asegurar que el político Rafael Correa, en su calidad de Presidente del Ecuador, no está en capacidad de enfrentar al postulado de la falsación.

En definitiva me asusto en pensar que yo y millones de ecuatorianos podríamos ser conejillos de indias de un academicista, que no ha logrado encajar en el mundo de la política y de los postulados de la paz social y la sana armonía.

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