11 de mayo de 2026

Empleo que no da para comer (III)

En una parcela de Bellavista, en la playa de Puerto Cayo o en un taller de Canuto, hombres y mujeres trabajan desde el amanecer, son agricultores, pescadores, jubilados, mujeres, migrantes, profesionales y jóvenes que regresamos al campo, pero al final del mes el dinero no alcanza para la canasta básica; es el drama del empleo rural en Manabí. 

La ENEMDU de marzo 2026 (INEC) registró la pérdida de 186.242 empleos adecuados a nivel nacional; tasa cayó del 34,2 % al 32,1 %. En la zona rural la brecha es mayor: solo entre el 18% y 20% tiene un empleo pleno, la mayoría sobrevivimos del subempleo, el apoyo familiar o actividades estacionales.

El problema no se resuelve solo con más inversión pública. El campo manabita es mucho más que agricultura y ganadería; por tanto, lo que hace falta son planes, proyectos y programas serios que fomenten de forma decidida la inversión privada y generen actividades económicas estables, que no dependan de las temporadas de cosecha, pesca o turismo.

Urge un rumbo estratégico de largo plazo acordado por cuatro niveles de gobierno, que trascienda lo electoral: formalización real de negocios rurales, incentivos para la inversión privada, desarrollo de cadenas de valor y actividades que generen ingresos durante todo el año.

¿Y de lo rural qué? Es hora de pasar del asistencialismo a una real política de desarrollo rural estable, porque en Manabí y en otras provincias trabajamos mucho, pero el empleo no da para comer y tampoco ofrece un presente seguro. Vivimos con la incertidumbre, sin saber qué llegará primero: si el nuevo amanecer o un imprevisto.

Publicado originalmente en @eldiarioec el domingo 10 de mayo de 2026

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