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28 de julio de 2026

Mis tres primeros años de los 60

Ayer 27 de julio de 2026 fue mi cumpleaños número 63 que rompió mi esquema de celebraciones con mucho ruido, alegrías y expectativas, esta vez fue con más silencio y solidaridad ante la crisis de salud de Madre. Mi actividad fue de las normales en este nuevo estilo de vida en que hay un privilegio muy marcado de una normalidad dinámica. Por primera vez en décadas no estuvieron presentes las cariñosas palabras de Madre, ni sus planes para armar una buena comida y en medio de lágrimas recordé, tal vez, nuestro último brindis.

El primer brindis con madre en el almuerzo del primer día del 2026

Desde que tengo uso de razón un patrón se ha cumplido cada década: el cambio en la manera de afrontar mi supervivencia, bien sea cambios laborales o aspectos sociales o por migración hacia otras latitudes al interior de Ecuador y ahora ocurrió cuando decidí radicarme en Puerto Cayo, como parte de recuperar la tranquilidad y en apoyo a mi Madre que ya no quería vivir su vida de jubilada en Portoviejo.

Ayer cumplí 63 años y a los 60 abandoné el ejercicio del periodismo, Madre ya había tenido su primera crisis de salud cuando tuvo un cuadro de hiperglucemia y tuvo que ser hospitalizada de urgencia y como resultado es que debía cuidar su dieta, hacer ejercicios y, sobre todo, aprender a usar la insulina; entonces, tuve que reacomodar lo que había construido en las tres últimas décadas desde que cambié mi residencia de Quito a Portoviejo. 

Mi paso por esta vida rural también me ha sido una magnifica experiencia para profundizar y abandonar muchas de mis percepciones, porque ser ciudadano de estos sectores es aceptar que se es de segunda categoría, en que los servicios públicos y algunos privados son y se sienten como si fuesen dádivas, como si se debiera agradecer y hasta ensalzar cuando se imponen planes, programas y proyectos desde escritorios lejanos. Conocer que a las obras públicas se las puede catalogar como "peor es nada".

En este caminar de 48 meses me llevó a relacionarme con la playa por misticismo y seguridad, por que es el patio delantero de casa, parte de mi barrio; aprendí que existen maneras de magnificarla mientras se la destruye. Este espacio de arena y olas resultó ser un objeto paisajístico de explotación financiera y política.

Descubrí también que es un gran gimnasio marino costero, un gran consultorio para cuando la los problemas agobian y perturban la mente, un lugar ideal para meditar con las melodías que vienen de las olas al reventar para luego correr hacia la playa; aquí, donde se anclan las ilusiones y los sueños y los esfuerzos de mis padres.

Ayer cumplí 63 años, los planes del pasado ya no existen, los del presente los construyo en el día a día, porque vivir y sobrevivir frente al mar es un constante trabajo para evitar que la casa se destruya que me dio la gran oportunidad de poner en práctica los pocos o muchos trabajos de mantenimiento domiciliario: me convertí en recluta de la albañilería, carpintería, electricidad, jardinería, enfermería... también en un "Esperancito" profesional.

Al final de los 62, resumo, he perdido y vendido muchos de mis tesoros, muchas de esas "cosas" que eran parte de un forma de vida; al mismo tiempo, he logrado mantener mis blogs, los libros que llevan autógrafo y emociones del significado de "Puerto Zavala" según el nombre que mi viejo le dio a esta casa. Y claro, gané una gran amistad con Gala, una mascota de raza Askal (fina pero sin pedigrí) que adopté luego de al menos 50 décadas de no tener ninguna. 

¿Qué si tengo planes para el nuevo recorrido? Sí, algunos, de esos que me implican seguir existiendo como ser humano, como persona. 

Al final de la medianoche del 28 de julio de 2026, me doy cuenta que recién he llegado al inicio de la senda que me conduce, o debería conducirme, hacia el inicio de mis 64 años de permanencia en este planeta Tierra.

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Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala 

15 de junio de 2026

Más cemento sobre la playa de Puerto Cayo

La degradación y la depredación de la playa en Puerto Cayo - Jipijapa son permanentes sin que existan contrapesos que puedan frenar estos procesos y en el día a día es visible que va perdiendo su encanto, sobre todo aquella parte que es paralela al Malecón, esa que es parte de mi barrio, de mi entorno. Esta vez soy testigo de la construcción de una obra física, de esas ideas aspiracionales sin respaldo de poner más cemento sobre la arena.

Foto tomada el 12 de mayo de 2026 por Raúl Zavala

La obra empezó en la primera semana de mayo de 2026 y se suma a otras "facilidades" turísticas que están fuera de uso: Cayo Team y las duchas públicas, como parte del Malecón que también presenta problemas tanto administrativos como operativos que la Municipalidad de Jipijapa aún no ha logrado resolverlos.

Se trata de la "Construcción de un corredor gastronómico y adecuación exterior en el Malecón de la parroquia Puerto Cayo, cantón Jipijapa."

Los detalles básicos ya los he publicado en mi otro blog, más como una antesala básica para poco a poco ir "desgranando" lo que es y será esta infraestructura; por ello tomé la decisión de dar el segundo paso fundamental desde la perspectiva que cuestiona el para qué. 

En este punto es necesario dejar claro que en Manabí y Ecuador hay más experiencias orgánicas o rutas que corredores formales construidos por distintos niveles de gobierno, pero de los segundos pocos tienen evaluaciones públicas detalladas de "éxito" o "fracaso". También es importante recordar que el éxito suele medirse por ocupación sostenida, generación de empleo local, atracción de turistas y mantenimiento en el tiempo.

Entonces, después de la primera nota sobre el inicio de las obras, es importante revisar con detenimiento los objetivos oficiales del proyecto, tal como aparecen en los Términos de Referencia con los cuales se procedió a la contratación del Consorcio Parreño y Asociados; porque es ahí donde se define qué se quiere lograr realmente.

A continuación presento una evaluación crítica de los objetivos y algunas dudas, solo algunas de las dudas que me originan:

Objetivos

Crítica

Principales dudas

General: Construir un corredor gastronómico y realizar la adecuación exterior del Malecón de Puerto Cayo, con el fin de fortalecer la actividad turística, dinamizar la economía local y mejorar la calidad de los espacios públicos, garantizando condiciones adecuadas de infraestructura, seguridad, ordenamiento urbano y puesta en valor del entorno costero.

Demasiado amplio y aspiracional. Mezcla responsabilidades de la Prefectura (construcción) con las de la Municipalidad (operación y mantenimiento).

¿Cómo se medirá el cumplimiento de este objetivo y en que tiempo lo enunciado?

 ¿Quién asume la responsabilidad de los resultados a mediano y largo plazo?

Específicos

 

 

1. Dotar de infraestructura física adecuada al Malecón mediante la construcción de un corredor gastronómico funcional, seguro y accesible, que cumpla con criterios técnicos, normativos y de ordenamiento territorial.

Bien orientado a la construcción, pero muy genérico. No especifica estándares costeros ni riesgos climáticos.

¿Cuenta con la autorización de ocupación de zona de playa? 

¿Se cumplen las normas de construcción en zona costera? 

¿Cómo está registrado en el PUGS?

2. Promover el desarrollo económico local a través de la creación de espacios ordenados para la actividad gastronómica, priorizando la participación de emprendedores y moradores de la parroquia Puerto Cayo.

Uno de los objetivos más débiles. No menciona los negocios existentes y la palabra “priorizando” queda muy vaga.

¿Qué pasará con las cabañas gastronómicas actuales? 

 ¿Cómo se garantizará realmente la prioridad a los moradores locales?

¿Cuántos espacios se crearán? 

¿Cuántos emprendedores y ciudadanos locales serán beneficiados? 

3. Mejorar la imagen urbana y la calidad del espacio público del Malecón mediante la adecuación exterior, incorporando mobiliario urbano, paisajismo, iluminación y señalética turística.

Enfocado principalmente en la estética. Débil en durabilidad y mantenimiento futuro.

¿Cuál es la línea base para determinar que hubo mejoras?

¿Existe un plan de mantenimiento a 5 años? 

¿Quién financiará la reparación y limpieza una vez entregada la obra? 

¿Consta en el presupuesto del 2026?

4. Fortalecer la actividad turística sostenible del cantón Jipijapa, generando un entorno atractivo que potencie la identidad cultural, gastronómica y costera de Puerto Cayo.

Muy declarativo. La palabra “sostenible” se menciona sin desarrollarla ni medirla.

¿Cómo se garantizará la sostenibilidad?

¿Qué significa “sostenible” en números y acciones concretas?

¿Cuánto se fortalecerá el turismo? 

¿Qué medidas se tomarán para mejorar la imagen de la playa?

Una de las principales anomalías que presenta el proyecto es que sus objetivos no son medibles. Un buen objetivo debe responder no solo al qué’ y al para qué, sino también al cuánto; en este caso, la mayoría de los objetivos carecen de metas cuantitativas claras (números, porcentajes, plazos), lo que dificultará evaluar si el proyecto realmente cumplió sus propósitos e ir haciendo mediciones para tomar correctivos.

Ahora bien, tomando como referencia un boletín publicado en la página oficial de la municipalidad, en el que se asegura que del costo total el gobierno provincial aporta el 70% y el local 30%; además que: "Este convenio permitirá la ejecución del proyecto de construcción del corredor gastronómico y la adecuación exterior del malecón de la parroquia Puerto Cayo, una obra que fortalecerá la oferta turística del balneario, brindando espacios adecuados para recibir a los visitantes y promover la riqueza gastronómica local." 

Se entiende, por lo tanto, que deben existir otros planes conducentes a cumplir las aspiraciones de la obra civil, pero aún no ha sido factible localizar documentos que respalden estas aseveraciones. De otro lado se asegura que incluye adecuación del Malecón, lo cual es positivo, pero falta ver si hay un plan urbano integral de seguridad vial, manejo de residuos sólidos, de gestión de riesgos, estacionamiento, accesibilidad y que no afecte negativamente ni a los negocios ya existentes en la playa, ni a los residentes que están frente a la edificación.

Se habla, así mismo, de un "modelo sostenible" que conecta identidad - pesca - turismo - gastronomía, materiales resistentes al ambiente marino y respeto a la naturaleza; sin embargo, no se publican estudios detallados de demanda proyectada, flujo de turistas esperado, costos anuales de operación y mantenimiento, ni un fondo de reserva para deterioro por salinidad y clima costero.

Al profundizar un poco más me es posible afirmar que una de las grandes patologías en los criterios institucionales del desarrollo moderno es que construimos mucho, pero no siempre construimos inteligente, lo cual marca la diferencia entre monumento e infraestructura. Y en la siguiente matriz expongo argumentos basados, justamente, en lo objetivos declarados:

Aspecto

Situación actual

Problema real

Consecuencia probable

Objetivo General

Incluye "fortalecer la actividad turística, dinamizar la economía local y mejorar la calidad de los espacios públicos"

La Prefectura solo construye (ejecuta la obra). La operación, mantenimiento, gestión de locales, limpieza, seguridad y promoción turística corresponden al GAD Municipal de Jipijapa.

La Prefectura no puede ser responsable de resultados que no controla. Difícil de evaluar y rendir cuentas.

Objetivo Específico 2 (desarrollo económico)

"Promover el desarrollo económico local... priorizando participación de emprendedores locales"

Depende de quién administre los locales, cobros de canon, formalización, capacitación, etc. (competencia municipal).

Alto riesgo de fracaso si el Municipio no asume con responsabilidad la fase post-construcción.

Objetivo Específico 3 (espacio público)

Mejorar imagen y calidad mediante mobiliario, iluminación, etc.

La construcción sí es de la Prefectura, pero el mantenimiento a mediano plazo es municipal.

Obras que se deterioran rápidamente (problema clásico en malecones).

Objetivo Específico 4 (turismo sostenible)

"Fortalecer la actividad turística sostenible..."

Requiere marketing turístico, eventos, manejo de residuos, control de capacidad de carga, seguridad, etc. (competencia municipal + otros organismos).

Objetivo inalcanzable por la Prefectura sola. 

Nota: en esta matriz se omite el objetivo específico 1 porque trata de la construcción y eso merece otro análisis técnico – legal; sin embargo, es pertinente dejar señalado lo expuesto en el numeral 19.2 tercer inciso de los términos de referencia:

OBLIGACIONES DE LA CONTRATANTE: Proporcionar al contratista los documentos, permisos y autorizaciones que se necesiten para la ejecución correcta y legal de la obra, y realizar las gestiones que le corresponda efectuar al contratante, ante los distintos organismos públicos, en un plazo de 10 días contados a partir de la petición escrita formulada por el contratista. (Pag 225)

Con lo expuesto, amplio mi crítica hacia que una obra de ingeniería civil sin planificación de uso es un concepto que se ajusta a la popular expresión "tiene un bonito de lejos"; dicho en otras palabras, resultaría una infraestructura que se diseña y construye priorizando la forma, la escala, la imagen o el impacto visual o político, pero sin un análisis serio (o ignorándolo) del uso real, la sostenibilidad y la integración con la vida humana que se supone debe servir. Por consiguiente, se resuelve muy bien el "cómo construirlo", pero se falla estrepitosamente en el "para qué, para quién y cómo se mantendrá viva".

Para cerrar este capítulo, comparto un reporte sobre lo que pasaría con la entrada al Malecón con la pérdida del paisaje incluyendo al islote Pedernales, ícono de Puerto Cayo; además que da la impresión que sería una especie de tugurización visual al juntarse la plazoleta con la fachada de la obra civil.

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11 de mayo de 2026

Empleo que no da para comer (III)

En una parcela de Bellavista, en la playa de Puerto Cayo o en un taller de Canuto, hombres y mujeres trabajan desde el amanecer, son agricultores, pescadores, jubilados, mujeres, migrantes, profesionales y jóvenes que regresamos al campo, pero al final del mes el dinero no alcanza para la canasta básica; es el drama del empleo rural en Manabí. 

La ENEMDU de marzo 2026 (INEC) registró la pérdida de 186.242 empleos adecuados a nivel nacional; tasa cayó del 34,2 % al 32,1 %. En la zona rural la brecha es mayor: solo entre el 18% y 20% tiene un empleo pleno, la mayoría sobrevivimos del subempleo, el apoyo familiar o actividades estacionales.

El problema no se resuelve solo con más inversión pública. El campo manabita es mucho más que agricultura y ganadería; por tanto, lo que hace falta son planes, proyectos y programas serios que fomenten de forma decidida la inversión privada y generen actividades económicas estables, que no dependan de las temporadas de cosecha, pesca o turismo.

Urge un rumbo estratégico de largo plazo acordado por cuatro niveles de gobierno, que trascienda lo electoral: formalización real de negocios rurales, incentivos para la inversión privada, desarrollo de cadenas de valor y actividades que generen ingresos durante todo el año.

¿Y de lo rural qué? Es hora de pasar del asistencialismo a una real política de desarrollo rural estable, porque en Manabí y en otras provincias trabajamos mucho, pero el empleo no da para comer y tampoco ofrece un presente seguro. Vivimos con la incertidumbre, sin saber qué llegará primero: si el nuevo amanecer o un imprevisto.

Publicado originalmente en @eldiarioec el domingo 10 de mayo de 2026

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19 de febrero de 2026

¿Y ahora qué pasará con la zona rural?

Como residente de Puerto Cayo, en la provincia de Manabí, donde la gestión local es prácticamente nula en la atención de playas y ríos así como de otros servicios públicos, he seguido con creciente preocupación el avance del proyecto de ley económica urgente presentado por el presidente Daniel Noboa el 28 de enero de 2026; una iniciativa que se vende bajo el membrete de "bienestar para los ciudadanos"; sí, pero para los que viven en las ciudades, los de la zona rural deberemos esperar las migajas, nuevamente.

Esta reforma al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD) busca obligar a los municipios, prefecturas y juntas parroquiales a destinar al menos el 70% de su presupuesto a inversión, mantenimiento y reposición de infraestructura y servicios públicos, con un escalonamiento progresivo (60% en 2027, 65% en 2028 y 70% desde 2029). Si no se cumple, se reducen las transferencias estatales (del 21% de ingresos permanentes y 10% no permanentes del Presupuesto General del Estado). 

La intención parece noble: corregir que solo el 39% de los recursos GAD vaya a inversión real, mientras el gasto corriente crece hasta el 34-70% en algunos casos; pero, como he analizado el escenario, esta propuesta nace con lagunas que ahora, en su trámite hacia el segundo debate, revelan anomalías, irregularidades e inmoralidades que cuestionan su viabilidad y equidad.

Antes de entrar en detalles, quiero advertir al lector que este ensayo no pretende ser una defensa incondicional del trabajo de alcaldes, prefectos y presidentes de juntas parroquiales en Ecuador; como ciudadano, he vivido de cerca cómo la gestión deficiente de muchos de estos funcionarios locales ha contribuido de una u otra manera a la inseguridad integral, así como a la ausencia de expectativas ciudadanas reales, donde las promesas de obras y servicios se evaporan en corrupción o ineficiencia o ignorancia u olvido.

Pero también se reforzaría la famosa muletilla de "no hay presupuesto" para responder a las exigencias ciudadanas.

La desconfianza ciudadana

Encuestas como Latinobarómetro muestran que la confianza en el gobierno ha caído drásticamente, casi a la mitad entre 2009 y 2018, con la corrupción percibida como uno de los principales desafíos que erosiona la credibilidad de las instituciones, incluidas las locales. Reportes de la OCDE y el BID confirman esta tendencia regional, con solo el 17% de confianza en instituciones públicas en América Latina y el Caribe para 2025, un declive atribuible a capacidades estatales menguantes y percepciones de autoritarismo en la toma de decisiones.

Más allá de lo financiero que es el foco principal de la propuesta de Noboa, los verdaderos escenarios a cambiar radican en la baja o casi nula participación ciudadana real, la falta de transparencia que permite gastos opacos, el autoritarismo que silencia críticas comunitarias y la baja calidad legislativa en muchos GAD. 

Investigaciones como el informe de la OCDE sobre integridad pública en Ecuador destacan cómo estos factores socavan la credibilidad, con iniciativas fragmentadas y poco supervisadas que no revierten la desconfianza ciudadana; por eso, cualquier reforma debería priorizar no solo porcentajes presupuestarios, sino mecanismos genuinos de rendición de cuentas, inclusión y mejora institucional que reconstruyan la fe en los funcionarios locales, en lugar de perpetuar un ciclo de promesas incumplidas que alimentan la frustración diaria en zonas como la mía.

Esta reflexión inició con tropiezos notorios. El 1 de febrero, el Consejo de Administración Legislativa (CAL) lo calificó y remitió a la Comisión de Desarrollo Económico, con un plazo de 30 días para el informe; a pesar de un intento fallido de archivo por parte de los críticos políticos y otros especialistas en gestión local, con 70 votos negativos al archivo y 7 abstenciones, el Pleno analizó el primer debate el 10 de febrero y aprobó el informe para segundo debate el 17 de febrero de 2026; sin embargo, emergen irregularidades: discusiones a puerta cerrada y virtuales, sin consulta amplia con la ciudadanía o territorios afectados, con alertas públicas de “inconstitucional” por vulnerar la autonomía financiera (Art. 238 Constitución) y generar desigualdades territoriales. 

Una anomalía flagrante radica en la actuación de la asambleísta Valentina Centeno (ADN), presidenta de la Comisión de Desarrollo Económico, quien no recibió únicamente a la presidenta de AME Yuri Colorado, desconociendo a otros ciudadanos para que aporten al documento, pese a solicitudes explícitas. Centeno limitó la participación a los nueve integrantes de la mesa, sin dar la palabra a asambleístas de oposición como Diego Salas o Mabel Méndez de Revolución Ciudadana, quienes criticaron la ausencia de debate plural y la exclusión de comparecencias, calificando el proceso de "castigo" que impone una “camisa de fuerza” a los GAD sin considerar realidades territoriales. 

Esto evidencia una falta de proceso democrático para la socialización del proyecto, con sesiones cerradas que ignoran voces clave, perpetuando un trámite opaco y centralista que socava la esencia participativa de la descentralización.

El oficialismo ha montado una narrativa falaz para justificar la reforma, estigmatizando el gasto corriente de los GAD como un derroche en “farras y entretenimiento” que supuestamente alcanza hasta USD 36 millones anuales en municipios, ignorando que estos rubros forman parte integral de las industrias culturales y creativas reconocidas como motores de desarrollo económico y social en Ecuador; esta simplificación excesiva representa una falacia de falsa dicotomía, oponiendo "obras reales" a supuestos excesos festivos, sin reconocer que entre los objetivos nacionales está la primera Política Nacional de Fomento a las Industrias Culturales y Creativas de 2025, que promueven el entretenimiento (cine, música, eventos locales) para generar empleo, diversificar la matriz productiva y fomentar ciudades más seguras e inclusivas, alineadas con derechos constitucionales a la cultura (Art. 377 Constitución). 

También han puesto en el debate social mitos como el de que las fiestas son puro despilfarro perpetúan prejuicios contra la autonomía local, asumiendo ineficiencia generalizada en GAD rurales o pequeños sin diferenciar rigideces presupuestarias, deudas estatales pendientes o beneficios transversales como cohesión comunitaria y turismo; en realidad, estos gastos contribuyen al desarrollo personal y económico, no como un fin aislado sino como herramienta para resolver problemas públicos, y cualquier reforma que los “satanice” sin evidencia diferenciada revela un prejuicio centralista que socava la descentralización equitativa.

Los absurdos gubernamentales

El gasto corriente no es derroche, sino el pilar de la sostenibilidad y de gran importancia en las zonas rurales: cubre salarios para personal en mantenimiento de espacios públicos, inspecciones técnicas de comisarios , protección de playas y ríos (como los 38 km de Puerto Cayo, sin plan de manejo integral pese al PDYOT 2023-2027), transparencia (LOTAIP, con costos en personal y TI), formación continua (LOSEP obliga perfeccionamiento) y hasta protección de algunos (¿todos?) alcaldes y prefectos en zonas violentas (escoltas policiales con viáticos pagados por GAD). 

Forzar el 70% en inversión reduce esto al 30%, arriesgando despidos, tercerizaciones precarias y caída en calidad de servicios. En Puerto Cayo, con altas deficiencias municipales y sin considerar la complejidad territorial, sin gasto corriente para operaciones diarias serían casi impensables las obras como reparaciones post-aguajes o inundaciones. 

La opción que de seguramente usarán este tipo de gobierno local sería el de gestionar nuevas ordenanzas para recaudar tasas con cualquier pretexto lo generarían ingresos propios, pero intensificarían demandas ciudadanas si servicios no mejoran no se transparentan los adecuados usos de esos recursos, como sucede con la tasa de seguridad o, en el caso de Jipijapa, la llamada "fondo colinas".

Entonces, a pesar que Yuri Colorado respalda la eficiencia exige ajustes: no “satanizar” gastos necesarios, flexibilizar para 41 municipios incapaces de cumplir el 60% inicial, y resolver deudas estatales antes de condicionar transferencias. 

De su parte el prefecto de El Oro  y presidente del Congope Clemente Bravo alerta sobre debilitamiento de programas sociales y vialidad rural. En esta línea, Leonardo Orlando, prefecto de Manabí, con más experiencia en asuntos de finanzas públicas ha expresado una posición firme y crítica frente al proyecto de ley reformatoria al COOTAD, calificándolo de regresivo y gravemente preocupante para la autonomía y la descentralización, al afectar el desarrollo territorial y la inclusión social de los grupos más vulnerables. 

En su comunicado destaca que desde su concepción el proyecto excluyó a los representantes de los gobiernos subnacionales en la construcción de una norma que incide decisivamente en la planificación y gestión local, lo que representa una violación a los principios de corresponsabilidad y participación. 

Sus propuestas, presentadas por escrito ante la Comisión de Desarrollo Económico y extendidas ahora a todos los asambleístas para el segundo debate, se sustentan en pilares clave: fortalecer la eficiencia del gasto subnacional mediante un modelo de corresponsabilidad entre el Gobierno Central y los GAD, basado en principios de solidaridad y subsidiariedad.

Este paisaje de anormalidades se suman: el informe de minoría propone archivo, pero ADN defiende “reorganizar” sin retrocesos; además, sin conocerse una razón que justifique, el Presidente de la Asamblea Nacional (ADN) decidió que el Pleno sesionará para el segundo debate el próximo viernes 20 de febrero de 2026 en la Universidad Ecotec, en Samborondón.

¿Epitafio para la zona rural?

Valentina Centeno, electa por Manabí, actuó con total ignorancia en el tratamiento de este proyecto y no es la primera vez que lo afirmo, se lo he dicho en mis intervenciones en respuesta a sus aseveraciones mediáticas. 

La funcionaria seguramente cree que la zona rural es solamente pesca, agricultura, ganadería y turismo, como actividades secundarias a la vida de las ciudades; lo que no sabe, al igual que el Presidente y cada uno de sus coidearios, es que en este otro Ecuador, las personas pagamos el precio de la inacción y del centralismo disfrazado. 

Como ciudadano radicado en la zona rural veo inmoralidad en legislar sin diálogo: ignora rigideces laborales, costos legislativos, deudas con concejos provinciales (USD 660 millones) y equidad territorial; un escenario que también ocurre muy frecuentemente en las municipalidades... bueno, no en todas.

En Manabí, donde playas como la nuestra sufren abandono, donde la obra pública llega como caridad y se romantizas las tragedias humanas, esta reforma podría perpetuar inequidades, priorizando a urbes mediáticas y con mayor número de votantes sobre periferias olvidadas. La descentralización debe gestar mayor democracia y control social, no recentralizar la toma de decisiones en Carondelet y los ministerios. 

Pago tasas, quizás como muchas otras personas, esperando resultados tangibles: playas limpias, barrios seguros, servicios básicos e información de calidad; si esta ley pasa con sus anomalías e ignorancias, el “espuelazo final” podría ser un retroceso para zonas rurales como la mía, donde la realidad diaria clama por equilibrio, no por métricas de escritorio.

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15 de octubre de 2025

Parrales y Guale frente la Independencia de Jipijapa

El titular de esta entrada es un puente perfecto entre dos momentos clave en la historia de Jipijapa: la lucha autonomista de Manuel Inocencio Parrales y Guale en 1780 y la adhesión a la Independencia de Guayaquil en 1820; Sin embargo, al poner estos episodios en diálogo, surge una crítica necesaria sobre cómo la memoria colectiva de esta ciudad ha priorizado ciertos relatos heroicos mientras relega otros, más profundos, a las sombras. Este es un comentario crítico no una reseña histórica.

Empiezo… centrar la memoria de Manuel Inocencio Parrales y Guale en el 2 de agosto de 1780, el día en que Carlos III firmó la Cédula Real que reconoció las tierras indígenas de Jipijapa y sus alrededores, pone el foco en el corazón de su gesta; este hito, junto con la adhesión de Jipijapa a la Independencia de Guayaquil el 15 de octubre de 1820, teje una narrativa compleja sobre la identidad manabita. Sin embargo, la forma en que se ha priorizado el segundo evento sobre el primero revela un sesgo en la memoria colectiva que merece una mirada crítica. ¿Por qué el grito libertario de 1820 resuena más fuerte que la victoria silenciosa, pero transformadora, de 1780? 

El 2 de agosto de 1780 no es solo una fecha; es el clímax de la resistencia de Parrales y Guale, un cacique mestizo-indígena que, armado de memoriales y tenacidad, cruzó el océano tres veces para enfrentar al poder colonial en España. La Cédula Real, conocida como el “Mandato de Madrid”, ordenó titular unas 5.900 hectáreas a las comunidades indígenas de lo que actualmente son los cantones Jipijapa, Paján, 24 de Mayo y Puerto López, protegiéndolas del despojo de encomenderos y estancieros. 

Este logro no fue un simple trámite: fue un desafío estructural al sistema colonial, un acto de autonomismo indígena que aseguró la soberanía territorial y sentó un precedente para la justicia agraria en América. Parrales y Guale, declarado en el 2011 por la Asamblea Nacional como “precursor de la reforma agraria” y defensor de los indígenas, no necesitó espadas para cambiar la historia; su arma fue la inteligencia legal y la visión colectiva para vivir mejor.

El rumbo de un defensor astuto y tenaz

Manuel Inocencio Parrales y Guale (1745-1806), cacique gobernador del Común de Indios de Jipijapa, no fue un rebelde armado, sino un defensor astuto y tenaz de los derechos indígenas en el corazón de la colonia española. Nacido en San Lorenzo de Jipijapa del mestizo Inocencio Parrales y una noble indígena Manuela Guale; de linaje de antiguos caciques, Parrales creció en un contexto de despojos sistemáticos: las tierras comunales, ocupadas "inmemorialmente" por los pueblos indígenas de la región, eran codiciadas por encomenderos y estancieros que imponían cultivos forzados como el tabaco, en suelos áridos que solo agotaban a los nativos.

Frustrado por la indiferencia de las autoridades locales en Portoviejo y Quito, Parrales , "indio ladino" educado en lectura, escritura y contabilidad por el cura Francisco Javier Ruiz-Cano, emprende una odisea diplomática; viaja tres veces a España (1777, 1779 y 1781), exponiendo memoriales ante la Corte de Madrid. Su persistencia rinde frutos: el 2 de agosto de 1780, el rey Carlos III expide una Cédula Real que autoriza a los fiscales de las audiencias a reconocer y titular las tierras indígenas ocupadas de forma continua, protegiéndolas de ventas o herencias a particulares. Esta cédula, conocida como "Mandato de Madrid", llega a Quito a fines de ese año y culmina en 1805 con la sentencia de la Real Audiencia, confirmando unas 5.900 hectáreas para el Común de Jipijapa.

La gesta octubrina

Cuatro décadas después, el fuego independentista de Guayaquil, el "Grito del 9 de Octubre" de 1820, liderado por próceres liderados José Joaquin Olmedo se propaga como un vendaval por la costa; Jipijapa, ya fortalecida por el legado de Parrales y Guale, cuyas tierras comunales aseguraban cohesión social, responde con celeridad. 

El 15 de octubre de 1820, apenas seis días después, el pueblo declara su adhesión inmediata a la Provincia Libre de Guayaquil, convirtiéndose en el primer territorio de Manabí en sumarse a la emancipación. 

Impulsados por mensajeros como José Antonio de Vallego (en ruta a Portoviejo), los campesinos, artesanos y líderes locales jipijapenses proclaman la independencia en una asamblea popular, jurando lealtad a la nueva república naciente. Este acto no fue aislado: formaba parte de una ola que incluyó a Samborondón (10 de octubre), Daule (11) y otros, consolidando la Provincia Libre. 

Comparaciones históricas coyunbturales

En contraste, el 15 de octubre de 1820, cuando Jipijapa juró lealtad a la Provincia Libre de Guayaquil, es un hito cívico que resuena con orgullo en desfiles, actos cívicos y ferias. Seis días después del 9 de Octubre, el pueblo jipijapense, se unió al proyecto independentista guayaquileño, aunque no hubo batallas documentadas, este acto requirió audacia: desafiar a la corona en un contexto de incertidumbre, con Portoviejo y Quito aún bajo control español, era un riesgo político; sin embargo, su celebración como fecha cívica ha eclipsado la gesta del insigne cacique y aquí radica la primera crítica: la narrativa independentista, centrada en la épica criolla de Guayaquil, ha relegado el 2 de agosto de 1780 a un segundo plano, pese a que la cohesión territorial lograda por el Cacique fue la base que permitió a Jipijapa responder con tal rapidez en 1820.

Este sesgo refleja una tendencia histórica en el Ecuador republicano: glorificar los momentos de ruptura política, como la adhesión de 1820, mientras se subvaloran las luchas estructurales, como la de Parrales y Guale. La Cédula Real no solo devolvió tierras, fortaleció la identidad y economía de comunidades indígenas, dando a Jipijapa la capacidad política para sumarse al proyecto libertario. 

La “lealtad a Guayaquil” es un hito visible, pero efímero en su impacto comparado con la transformación agraria y cultural de 1780. La memoria colectiva, al priorizar grandes celebraciones por el 15 de octubre parece olvidar que, sin las tierras del sur de Manabí, la Sultana del Café no habría tenido la fuerza social para ser la primera en la provincia en abrazar la independencia.

Una segunda crítica apunta a la narrativa cívica actual. La conmemoración del 15 de octubre, con su pompa y color, refuerza un orgullo local que simplifica la historia jipijapense a un acto de alineación con Guayaquil. Esta visión, heredada de la historiografía criolla del siglo XIX, invisibiliza las raíces indígenas que Parrales y Guale defendió. El 2 de agosto de 1780 debería ser un faro cívico: es un recordatorio de que la soberanía comienza en la tierra, un principio que resuena en el Ecuador 

La gesta de Manuel Inocencio, al usar las leyes coloniales contra el colonizador, es un modelo de resistencia creativa que merece más que un reconocimiento académico; debería ser un pilar de la identidad manabita.

Estos episodios, separados por 40 años, revelan la evolución de la resistencia manabita: del reformismo indígena colonial al republicanismo criollo-liberal. Parrales representa la autonomía "desde abajo" (indígena, legalista, territorial), un precursor sutil que genera pertinencia en comunidades sin derramar sangre, pero cuestionando el yugo español en su raíz económica: la tierra. En cambio, 1820 es la independencia "desde arriba", inspirada en la Ilustración y las revoluciones atlánticas, colectivas y armadas, que une a criollos, mestizos e indígenas en un proyecto nacional.

Como base a la tercera crítica, este es un necesario cuadro comparativo:

Aspecto

Episodio de 1780 (Parrales y Guale)

Episodio de 1820 (Adhesión de Jipijapa)

Naturaleza

Reformista y autonomista: reclamo legal por tierras ancestrales dentro del sistema colonial.

Independentista radical: ruptura total con España, adhesión a la república guayaquileña.

Protagonistas

Líder indígena (cacique) y comunidad nativa; viajes a Madrid.

Pueblo entero (campesinos, artesanos); impulsado por mensajeros guayaquileños.

Impacto Inmediato

Títulos de propiedad para 5.900 ha. en Jipijapa y regiones aledañas (Paján, etc.); protección contra despojos.

Primer cantón manabita libre de españa; base para provincialización de Manabí en 1824.

Legado en la Memoria

Reconocido en 2011 como precursor agrario; natalicio (17 junio) conmemorado localmente.

Fecha cívica oficial (15 octubre); desfiles anuales, turismo y orgullo patrio.

Conexión

Sembró cohesión territorial que facilitó la adhesión de 1820.

Culmina ideales de Parrales en soberanía plena.

En esencia, Parrales y Guale es el "padre fundador" de la autonomía regional, mientras que 1820 es su "hijo rebelde" que la universaliza. El mayor énfasis en lo segundo obedece a la narrativa nacional independentista, pero el primero gana relevancia hoy en debates sobre derechos y política agraria; juntos, muestran que la historia de Manabí no es lineal, sino un tapiz de muchos hechos y, en este caso: la de Parrales y Guale aseguró la tierra para que en 1820 el pueblo pudiera tener libertad política alejada de las decisiones de la Corona.

Finalmente, una crítica al presente: Jipijapa, y Manabí en general, podrían revitalizar el 2 de agosto como una fecha que conecte el pasado con los retos actuales, pues la la victoria de Cacique Manuel Inocencio Parrales y Guale es un llamado a defender los recursos y la identidad local, pues la memoria de Parrales no compite con la de 1820; la sustenta. Jipijapa no debe elegir entre sus héroes, pero sí reequilibrar su relato para que el Cacique brille tanto como la bandera de la gesta del 9 de Octubre.

Nota final: 

Este análisis se redactó revisando textos disponibles en la red, consecuentemente puede contener sesgos o imprecisiones históricas, por lo que se invita al amable lector a revisar los datos con una mirada crítica, realizar los comentarios y observaciones necesarias que puedan servir para mejorar o ampliar el contenido.

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Datos sobre el autor:

18 de septiembre de 2025

¡¡Cuidado!! es un espejismo constituyente


Señor Presidente – Empresario
Palacio de Carondelet - Quito

En su despacho:

He leído con atención su carta a los "valientes ecuatorianos", una verdadera oda al cambio que resuena como un eco de promesas pasadas, pero que, como en los días de auge en otros gobiernos, se queda en anécdotas grandilocuentes sin aterrizar en la realidad de las calles y hogares, empresas y espacios públicos descuidados.

De entrada me ha llamado la atención que únicamente se dirige a los valientes, sin considerar que entre los votantes ecuatorianos también estamos los ecuatorianos temerosos de caer enfermos, los miedosos ante el avance de ladrones, asesinos y extorsionadores, los timoratos ante la prepotencia de muchos abusivos funcionarios… en fin, no sé si es un vocativo diplomático o una falla de la comunicación política, pero no es lo trascendental de esta misiva.

Tras 4 años, 7 meses y 11 días como funcionario electo –desde el 7 de febrero de 2021 en que se convirtió en asambleísta y luego en Presidente de la República–, cree que es necesario "liberar" al Ecuador del "secuestro institucional" y devolver la soberanía al pueblo usando la Asamblea Constituyente, considerando sus promesas electorales de “refundar” a la nación, que también fueron imprecisas y hasta misteriosas.

Sin embargo, coincido en que el crimen organizado asfixia al Ecuador cuando está enquistado en muchos de los despachos de puertas cerradas donde hay alguien que olvida de cumplir con ley y la ética; pero ¿Quiénes son "los mismos de siempre" que bloquean el cambio? ¿Los ecos de Eloy Alfaro, las élites agroexportadoras, los centralistas, los organismos internacionales? ¿O los indígenas, montubios o amazónicos que luchan por mejorar su calidad de vida? ¿Tal vez los universitarios, científicos, periodistas... ¿o los oportunistas que pululan en todos los gobiernos?

Esta vaguedad, Presidente - Empresario, me hace presumir que es una cortina de humo frente al espejo que opaca a un gran grupo de funcionarios de elección popular –presidentes, asambleístas, prefectos, alcaldes, concejales y vocales parroquiales– que han mezquinado la participación ciudadana, priorizando su poder político y su narrativa personalista.

Su propuesta de Constituyente, según su proclama, suena heroica, pero ignora el golpe duro que nadie ve a pesar de lo expresado en los reclamos ciudadanos: la baja calidad de la gestión municipal, como lastre del desarrollo territorial. Según el MEF e INEC que difunden datos del 2024, entre el 55 y 66% del presupuesto asignado a los gobiernos locales –alrededor de USD 28.000 millones en la Proforma 2024– se quedaron sin ejecutar, dejando al 95% de nuestras poblaciones urbanas y rurales sin agua potable, alcantarillado, espacios públicos seguros, con graves problemas de contaminación, deficiencias en la recolección de basura y peligros por no contar con adecuados planes de gestión de riesgos.

Sin temor a equivocarme, gran parte de los ciudadanos lo vivimos a diario: promesas que no pavimentan calles ni combaten la inseguridad local, mientras el 80% de zonas rurales carece de servicios básicos eficientes ¿No es esto el verdadero "secuestro"? ¿Por qué no enfocar la consulta en reformas puntuales como un mayor control a las municipalidades y transparencia en presupuestos, una intervención del CPCCS en temas participación ciudadana para contrarrestar los “Comité de aplausos” y robustecer a la Superintendencia de Ordenamiento Territorial? 

Señor Mandatario - Inversionista, no piense solo en su gestión política para trascender, nos guste o no, Usted ya tiene asegurado un capítulo en la Historia de Ecuador, pero tal vez en su mente joven y en proceso de adquirir experiencia política, considere oportuno innovar apuntado a otras de las piedras de tope en el desarrollo nacional: la fallida gestión local, pero no con anécdotas constituyentes.

Señor Noboa, desde que ejerce el poder político total se ha preguntado qué alcaldes frenan la participación ciudadana; recuerde: sin claridad podría estar cayendo en el mismo juego de "los de siempre", pues promete cambios sin precisar culpables ni soluciones, mientras tendremos que esperar por proyectos que no llegan y conformarnos con el asistencialismo para videos virales o de obras calificadas como “peor es nada”.

Debo reconocer por sus discursos que es parte del grupo “Mucho texto”; sin embargo, hace ruido la aseveración de que “No podemos seguir atrapados en el pasado. Ecuador merece liberarse de quienes lo frenan, y esta vez es el turno de los ecuatorianos lograrlo.” Al no definir a qué parte del pasado se refiere, ni nombra específicamente a los responsables que tienen atrapado al país, pareciera que sus fantasmas mentales no son sinceros con Usted; también se ha convertido en un misterio o tal vez es una confabulación al no precisar qué o quién estuvo en el turno antes que Usted ingresara la función pública, de nosotros los que vivimos el paso de la dictadura a la democracia o de nuestros padres que impulsaron al velasquismo o de los abuelos que vieron la bonanza del Ecuador durante la Segunda Guerra Mundial; o se refiere los montoneros y los curuchupas… y así podría ir yo desandando el camino para descubrir a esos que estuvieron primero en la fila de las decisiones políticas sin tomar en cuenta a los ecuatorianos.

Permítame, ahora, Excelentísimo Presidente, expresar otra preocupación nacida de mi compromiso para que el Ecuador urbano y rural avance sin tropiezos. La propuesta de una Asamblea Constituyente, aunque ambiciosa, hace que me plantee preguntas prácticas que no podemos ni debemos ignorar. ¿Cómo garantizamos que este proceso, que podría costar millones de dólares y tomar un lustro en la implementación, no nos distraiga de la lucha inmediata contra el crimen, la crisis de la salud y laboral? ¿Cómo evitamos que una nueva Constitución, en lugar de liberar al país, pueda ser capturada por grupos de alta influencia financiera o con desmedidas ambiciones de poder político?

En el pasado los procesos del 2007 y 2008 lograron cambios, pero también generaron polarización y costos que aún estamos pagando. Usted como empresario que siempre ha privilegiado la rentabilidad financiera y la eficiencia corporativa conoce más que yo sobre los efectos negativos de la incertidumbre política en el capital; por lo tanto, una Constituyente que podría costar inicialmente unos 200 millones de dólares –como la de 2007-2008– en su implementación de la primera fase, podría generar mayor intensidad en las confrontaciones ciudadanas.

A pesar de las diferencias financieras y políticas entre Usted y yo, apoyo su intención de devolver el poder al pueblo, pero le pido considere caminos más rápidos y precisos: reformas puntuales a través de la Asamblea Nacional en la que prácticamente se ha convertido en uno de sus brazos ejecutores, insistir en que la Función Judicial disminuya los índices de impunidad y un plan transparente para financiar la seguridad integral sin endeudar más al país.

La consulta popular del 30 de noviembre de 2025, según sus planes en marcha, es una oportunidad para preguntar a los ciudadanos no sobre la Constituyente, sino sobre medidas concretas diferentes, innovadoras, inéditas… sin abrir flancos a la inestabilidad ciudadana y financiera del Ecuador.

Con respeto: la soberanía popular no se construye con odas vagas, sino con acción concreta en cada una de las realidades de nuestras ciudades, campos, montañas, selvas y playas, que Usted como yo, conocemos. Olvidar los cantones es repetir errores: menos excusas institucionales y más inversión local para un Ecuador vigoroso, no de espejismos constituyentes que de seguro sus asesores empresariales le han recomendado más como un plan de Marketing para mejorar su marca personal en lugar de proponerle una política pública para el bienestar de las personas en las ciudades y la ruralidad.

Para finalizar y a sabiendas de su alta capacidad para imponer sus decisiones políticas es pertinente que conozca la alerta activada para los ecuatorianos que ha logrado Usted reclutarlos a favor de sus intenciones: "¡¡Cuidado!! es un espejismo constituyente"

Por la atención que se digne dar a la presente, anticipo mis debidos agradecimientos.

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Carta presidencial de las intenciones políticas

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Datos sobre el autor de la carta: