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3 de octubre de 2018

Allan Karlsson: un viejo que se largó para seguir viviendo

Hago un alto al escribir sobre el entorno social y político en el que vivo y regreso sobre mis pasos para meditar sobre las lecciones que me dejó la novela de un viejo que se escapa, pero que no es un viejo cualquiera: tiene casi 100 años y ha recorrido el mundo.

Cada historia que el viejo recuerda sobre su vida pasada es como si estuviese leyendo Asterix, realidad más ficción; de titular largo para este tipo de novelas: "El abuelo que saltó por la ventana y se largó".

Jonas Jonasson relata lo que hizo Allan Karlsson desde que se escapó de aquella residencia para ancianos, pero antes está una de las frases en la dedicatoria con la cual ya me fui embrujando con aquel voluminoso libro: "Quienes sólo saben contar la verdad no merece ser escuchados".

Me fue complicado imaginar la apariencia física de de Allan, pero la manera de ir enfrentando las realidades de su caminar hacia ningún lado, me hacen suponer a un tipo que es frío e inmutable, que decide sobre la marcha. Más cuando enfrenta a un tipo rudo que lleva una chaqueta con la leyenda "Never Again" y que estará omnipresente durante toda una travesía de escapatoria tanto de la policía y la prensa como de una banda criminal.

Sin saberlo, aquel viejo logró tener en su poder casi 37 millones de coronas -digamos que unos 4.2 millones de dólares- con los que logra ir armando de causalidad un grupo de amigos que nada tienen de relación entre sí, pero que las circunstancias del viejo Allan los ata con hilos bastantes visibles (además del dinero) y en este grupo prófugo se incluye una elefanta.

La fuga del anciano se convierte en una noticia de primera plana que pone en duda la capacidad de la policía para encontrarlo; la noticia pierde portada hasta que el periodista de un diario local logra acceder a otros datos del tipo con la chaqueta de "Never Again" y el revuelo toma otra forma. (Esta fue una lección periodística)

Pero la fuga de Allan y la pesada maleta llena de coronas, no esta exenta de muertes, tal vez asesinatos no premeditados y otros colaterales, pero es una historia que debe contarse desde esa perspectiva para que los lectores no pensemos que es una simple fuga graciosa llena de anécdotas. Los cadáveres desaparecen dejando huellas y aparecen con pistas falsas, así mismo casuales.

Según narra Jonasson, el abuelo nació en 1905 y la vida de su padre revolucionario y la muerte de su madre lo llevaron a enfrentar su existencia con impresionante calma, desde su estadía en campos de concentración pasando por lujos con presidentes y políticos de alto nivel en Europa y Asia, hasta que llegó a Estados Unidos, allí estuvo en un proyecto secreto gracias su capacidad para entender y manejar explosivos. Entonces se entiende la foto de la portada.

Cada párrafo y cada fecha con la que comienza un capítulo tiene un significado en la narrativa, nada es un cabo suelto o una frase puesta al azar: es una conexión literaria que contiene de manera perfecta aquello que aprendí en la redacción de historias periodísticas como "visagra".

No es una novela que termina con Allan de regreso a la casa de ancianos ni termina prisionero, porque antes conoce al amor de su nueva vida gracias a esa maleta llena de dinero y que poco a poco sirvió para ir armando las otras vidas de quienes se convirtieron en sus nuevos mejores amigos, los que siempre le ofrecieron un aguardiente.

"El abuelo que saltó por la ventana y se largo" es una trama compleja que poco a poco se enreda con el aparecimiento y desaparición de nuevos personaje muy bien concebidos -algunos llegan hasta le final- que al mismo tiempo cada vivencia suelta encaja perfectamente y que es utilitaria para saber que el cúmulo de experiencias y amistades son las que cuentan al final. 

Ni llegando al prólogo se sabe si el metódico viejo armó un plan para cada circunstancia y que todo saliera perfecto conforme sus gustos personales.

Allan me dejó la otra lección: uno no puede llegar a viejo y quedarse allí, sobre todo cuando dice: "Me parece que sólo hay dos cosas que sé hacer mejor que la mayoría de la gente. Una es es convertir la leche de cabra en aguardiente, y la otra fabricar una bomba atómica" Entonces empezó otro trabajo a pesar que ya había cumplido los 100 años.

Gracias María Mercedes.

28 de junio de 2008

Sobre el turismo y la autonomía

Autonomía turística para Manabí
Manabí es dueña de cautivadores paisajes que bien pueden
generar desarrollo integral. (Foto: Atardecer en Puerto Cayo)
Escribo este comentario luego que Carlos Intriago, Director de El Autonomista, publicó un artículo mío sobre la situación del turismo y las condiciones necesarias para que esta actividad funcione autonómicamente en Manabí, u otra región del país.

Es un artículo que busca poner sobre la mesa de discusión, una serie de aspectos que nos hace falta trabajar y prepararnos para que el turismo tenga los réditos deseados desde lo privado y las oportunidades autonómicas desde lo público.

El Autonomista es un periódico editado con grades esfuerzos personales y profesionales, y que mi escrito haya sido tomado en cuenta merece mi profundo agradecimiento. Existe la versión electrónica en http://www.elautonomista.com/.

A continuación a su disposición, apreciado lector el mencionado artículo:

No hay mejor momento para tratar este tema. La autonomía de las regiones como forma de gobierno está en juego. Y el turismo tiene una fuerza productiva con reconocimiento internacional. La actividad en Manabí tiene ya un plan que hace pocos días entregó el Consejo Provincial de Manabí.

Propongo que para entrar en este debate partamos de dos aspectos: el de la capacidad institucional local y de la capacidad empresarial local. Y explico. La capacidad institucional se refiere a las certezas para que Consejo Provincial, municipios, juntas parroquiales, organismos regionales de desarrollo, representaciones gubernamentales y toda organización de primer y segundo grado existentes en Manabí se peguen y aporten al cumplimiento de un plan general, como una obligación que trascienda a los cambios políticos propios de la democracia.

La capacidad empresarial se refiere a las habilidades efectivas que tengan cada uno de los empresarios locales e inversionistas, nacionales e internacionales, para desarrollar ofertas turísticas sustentables y apegadas al ordenamiento jurídico existente al respecto. Implica a desarrollar y aplicar estrategias de responsabilidad social empresarial, así como teniendo como referencia un plan regional general.

Es oportuno mencionar que el Consejo Provincial de Manabí presentó oficialmente el Plan Estratégico de Turismo Sostenible hasta el año 2012 y el que requiere aproximadamente 4,5 millones de dólares para su implementación en diferentes líneas de acción y la Visión establece, en términos generales, que para el año 2012 Manabí está iniciando su posicionamiento como región en la que el turismo sostenible es la forma de gestión del sector, mientras la Misión es lograr que el turismo constituya uno de los elementos esenciales del desarrollo económico de la Provincia.

Para recordar: el proceso de desarrollo turístico en la provincia inició con el aporte técnico de la GTZ y la AECI, lo que dio paso a la creación de la Agencia de Desarrollo Productivo de Manabí y el intento de articular al sector público con el privado. ¿Cuánto se ha avanzado? Esperemos que las voces autorizadas nos den luces al respecto.

En cuanto a herramientas de trabajo, gracias a otras intervenciones se dispone de planes de desarrollo cantonales, un Plan de Marketing Turístico para Manabí y un número desconocido de estudios y consultorías sobre turismo, así como de tesis de grados.

Sobre los recursos financieros existentes para el desarrollo turístico, apenas se sabe eso, que existen, pero hasta la presente fecha no hay una información pública que estime aproximadamente cuanta es la inversión en turismo en Manabí, tanto en publicidad, propaganda capacitación y otras intervenciones necesarias, del sector público y del sector privado.

Ahora bien ¿qué implica autonomía turística para Manabí? Aun no he encontrado material al respecto ni comentarios, pero sí existe como base la descentralización turística hacia el Consejo Provincial de Manabí, que determina la base de la autonomía turística.

A manera de resumen y según los convenios de transferencia de competencias desde de el Ministerio de Turismo hacia los municipios y hacia el Consejo Provincial de Manabí, la Secretaría de Estado aun mantiene las atribuciones de cobro del Registro Turístico y de la Licencia Anual de Funcionamiento en los cantones no descentralizados, determinación de sanciones, calificación de proyectos turísticos.

Deja el Ministerio de Turismo para los entes seccionales las actividades de que requieren de mayores esfuerzos humanos y logísticos, mientras que la transferencia de recursos financieros está en el orden del cobro de la Licencia Anual de Funcionamiento y de lo que pueda entregar para ejecutar acciones pero luego de completar los trámites del caso.

Otro de los asuntos importantes de anotar sobre la descentralización turística es lo concerniente a la legislación sobre esta materia, pues todo el sistema se basa en lo que el Ministerio de Turismo determina, ya sea en la elaboración de ordenanzas como de los reglamentos de aplicación de la Ley, que por ende la de Turismo marca la cancha desde la perspectiva gubernamental.

Para continuar con este análisis debería tener un documento evaluatorio cuantitativo y cualitativo, sobre la intervención del Ministerio de Turismo en Manabí, ya sea directamente o a través de la Dirección Provincial de Turismo de Manabí y sus tres oficinas: Manta, Portoviejo y Bahía de Caráquez. Hasta que sea público pasemos a otro tema.

Pensemos ahora al pago de las imposiciones tributarias del sector turístico. Son aproximadamente 10 pagos que deben hacer los empresarios turísticos para que sus establecimientos sean considerados formales, a saber: Impuesto a la Renta, Contribución del 1x1000 sobre los activos para el Fondo de Promoción Turística, Licencia Anual de Funcionamiento, Permiso de Salud, Permiso de los Bomberos, Licencia Anual de Funcionamiento, Patente Municipal, SAYCE, Cámara de Turismo, Seguro Social, más otras tasa e impuestos que dependen del lugar de la empresa y servicios públicos que consuman caso agua potable, telefonía, energía eléctrica y en algunos caso ICE y una contribución a la Intendencia General de Policía.

Ahora desde el sector privado también resulta interesante conocer si es que tiene la capacidad de aportar a la autonomía turística de Manabí. Aquí hay que disgregar en dos tipos de empresarios: los formales y los ilegales. Analizar esto es fundamental porque la autonomía tiene que sustentarse en la capacidad empresarial para actuar en el marco de la ley.

En primera instancia voy a comentar sobre los formales y son aquellos empresarios que en fiel cumplimiento de la Ley hacen grandes esfuerzos por mantener sus empresas y, además, brindan su tiempo para participar en los diferentes eventos que sobre el turismo se dan en Manabí y otras partes del Ecuador. Hacen grandes esfuerzos para traer sus propios turistas y capacitan a su personal en forma constante. Además brindan su contingente financiero. Mis respetos para ellos.

Los otros, los ilegales. Son los que esperan que esperan que los turistas les caigan del cielo, los que son incapaces de aportar al desarrollo turístico, los que terminan siendo “polizones” empresariales. Quieren todo y no aportan nada. Son “mercaderes” de los servicios turísticos y terminan siendo competencia desleal. Lamentablemente son una gran mayoría y con los que no se puede contar para apuntalar la autonomía. Entonces, estos ilegales, no pagan impuestos de ninguna clase, apenas algo por los espacios que ocupan; contratan personal que no ha sido preparado para asistir a los turistas ni para mejorar los servicios que prestan. Y es más que seguro que ellos podrían hacer fracasar la autonomía Manabí.

Con lo mencionado me permito hacer algunas recomendaciones para quienes impulsan a Manabí como una región autónoma y cuenten con mi apoyo para eso: Como población y como representantes sectoriales, políticos o gremiales debemos aprender a llegar a consensos y “alguien” debe enseñarnos a dialogar. Es verdad que en los últimos años, y creo yo más por moda, hemos acudido a un sinnúmero de eventos de capacitación o mesas de trabajo sin que pueda realmente concretarse acuerdos efectivos. A lo más que se ha llegado es a conocer las “otras” propuestas. Además que ya se siente un desgaste en los actores para este tipo de eventos que no están ni cuantificados ni cualificados.

Como sociedad debemos enfocarnos en la efectivización de un solo objetivo turístico a la vez y no tratar de abrir más frentes que sobrepasen nuestras capacidades institucionales, ejecutivas y organizativas, de tal manera de poder medir los resultados e impactos.

Como instituciones debemos aprender a legislar en lo turístico, a estructurar verdaderos cuerpos legales que impulsen y aseguren los procesos autonómicos, de tal manera que convirtamos a Manabí y cada uno de sus cantones en regiones con una alta seguridad jurídica para la inversión turística.

Como ciudadanos, cualquiera que sea nuestra condición social, económica, cultural y/o intelectual, debemos desarrollar una verdadera cultura tributaria; para sostener la autonomía necesitamos generar nuestros propios recursos financieros, una parte por las imposiciones tributarias y por otra parte las de las inversiones privadas, pero las dos opciones a la vez.

Como sector académico, encargado de preparar a los talentos humanos de la región autonómica, debemos estructurar un sistema de perfeccionamiento permanente en materias de políticas públicas turísticas; es decir, preparar a los actuales y futuros funcionarios públicos que le den sustento a los procesos autonómicos. Este es un tema fundamental y asumo el compromiso de escribir otro artículo específico en este tema.

Desde una perspectiva podría pensarse que aun no estamos preparados, tal vez sí tal vez no. El asunto trascendental es que la autonomía y al adecuada sustentación de la esa autonomía, es el camino real para que quienes vivimos en Manabí, seamos nacionales o extranjeros, tengamos una buena calidad de vida y en que las expectativas de crecimiento intelectual, económico y social sean una certeza para hoy, mañana y el futuro.