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16 de junio de 2019

"Les va a llover bomba y bala"

La velocidad con la que se mueve la información y lo extensa que se hace, nos está a obligando a que una nota periodística tenga más de una publicación; pero ¿Qué pasa cuando aun así el espacio queda corto? La opción o es publicar en un sitio Web o bien publicar un libro.

Arturo Torres y Belén Arroyo
El párrafo anterior es una de las deducciones a las que llegué luego de leer el libro: "Rehenes. ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?" cuyos autores son María Belén Arroyo y Arturo Torres, los dos periodistas de reconocimiento internacional en trabajos de investigación, confundadores del portal Código Vidrio. Los antecedentes son un aval para creer lo que han publicado y de las evidencias sobre una de las historias negras de la política ecuatoriana de los últimos tiempos.

El asesinato de los periodistas Javier Ortega y Paúl Rivas, junto al chofer Efraín Segarra, aún es un misterio a pesar de la cantidad de información que ha sido recopilada y difundida, pero en este caso la publicación de Torres y Arroyo incluye datos que sirven como una pieza más en este rompecabezas en el que al parecer ni la Fiscalía ni el Gobierno le ponen muchos esfuerzos para completarlo y conocer al detalle las reales razones del crimen.

El uso de la primera persona en los relatos ayuda a sumergirse en la crónica periodística, sutilmente conducida en un viaje por algunos de los episodios oscuros del entramado gubernamental y sus relaciones con el narco, el espionaje y la incomunicación política en situaciones críticas.

Portada del libro "Rehenes"
La historia empieza con los sentimientos y experiencias en la redacción de El Comercio desde los acontecimientos violentos en San Lorenzo, una explosión que bien podría decirse fue la detonante de los graves problemas existentes en este sitio ya denunciado como un territorio rural al que el Estado Ecuatoriano no logró llegar con "calidad y calidez".

Y es en este lugar alejado de la llamada civilización es que toma fuerza el personaje principal de la trama, a quien lo conocimos como Guacho, que por ahora parece que se convirtió en un mito al no saberse si lo buscaban vivo o se lo quiso muerto; así, lo narrado en el libro abre puertas para saber que en esa duda hay mucho por desenterrar.

Un actor secundario es la Policía, el rol que desempeñó antes, durante y después de la crisis por los ataques de los narcos-guerrilleros y el secuestro del equipo de cobertura; un oficial que fue el nexo con Guacho pero que a la final no fue más que un simple mensajero y que durante el relato es el que pone en evidencia las fallas de comunicación así como la incapacidad de negociación de los tomadores de decisiones políticas.

El libro toma fuerza justamente porque deja cabos sueltos que debieron ser atados a su momento, pero que en algún lado alguien prefirió levantar humaredas para ocultar las falencias.

Breve reseña fotográfica que es parte del contenido del libro
La narración de los autores no es un mero recuento cronológico de lo ocurrido, es un sinfin de lecciones periodísticas para ser consideradas durante el manejo gubernamental de una crisis, en que las verdades de los comunicados oficiales y las ruedas de prensa, no son más que tenues luces sobre la gravedad de la situación. Recapacito sobre algunas de esas lecciones y casi podría decirse que tal vez aún los periodistas somos "evangelizadores" comunicaciones de los gobiernos.

¿Cuántas mentiras nos dijeron durante aquellos días de incertidumbre? ¿Fue táctica policial o necesidad política?

Por eso considero que uno de los capítulos más importantes es el que lleva como título: "La espera por la liberación fue en vano", con un recuento de la hora tras hora hasta esperar alguna información, las relaciones con la prensa colombiana. Aquí se publica una entrevista con quien fue el eje entre lo político, lo policial y lo militar: César Navas. Las revelaciones que hace son para leerlas entre líneas, para ir juntado lo mencionado con otros acontecimientos que se conocieron públicamente o por mensajes internos, que en su momento eran especulaciones sin "la confirmación oficial y menos el desmentido".

Aun así, las dudas se acrecientan.

Síntesis del conflicto político - policial - militar.
Cuando decido escribir este comentario ya tenía en mente el titulo para la entrada, pues en el se refleja lo que ocurrió y se cumplió, lo que ahora sigue ocurriendo pero sin violencia física: "Les va a llover bomba y bala", una frase de Guacho que resume la trama inicial de este conflicto que terminó con la ejecución de Javier, Paúl y Efraín.

Pero la muerte de ellos no fue el final, aún no se lo conoce, y por ello este libro, tal como están plasmado en una de sus páginas, es un viaje con muchas escalas y lo narrado no es más que una de ellas, en la que quizás la lluvia de bomba y bala llegue desde otro lado.

11 de mayo de 2019

Preguntas Venenosas: del periodismo real a la novela periodística

¿Quién es la doctora Peggy Hidalgo? la mujer de senos pronunciados que investiga el asesinato de aquel presidente durante una entrevista, pero que también "sería ideal para un programa de farándula en televisión."

Este personaje aparece en Preguntas Venenosas, una novela que juega entre el género negro y el histórico, ambientada en un Ecuador en que fácilmente se conjuga o se confunde lo político con la crónica roja.

Quien da vida a la Dra. Peggy es el periodista Rafael Cuesta Caputti, un crítico exreportero, director de programas de opinión y actual radiodifusor, con la novedad que es él mismo protagonista en su obra; la antesala del crimen y las investigaciones son expuestas en primera persona y conducen al lector por una trama muy parecida a las que aparecen en los noticieros cada día.

Rafael narra la manera cómo llegó a un set de televisión aquel mandatario, su tocayo, que gobierna la nación sudamericana y que una de sus características es la confrontación con los medios de comunicación privados cuestionadores de sus decisiones.

Cuatro conocidos entrevistadores, todos de la televisión, han sido convocados para preguntar lo que quieran... el detalle de preparar este tipo de espectáculos queda evidenciado en cada uno de los párrafos de la historia. Empieza la entrevista y toma un giro inesperado que finalmente termina con el cuerpo convulsionado del Presidente sobre el piso, sin que las cámaras dejen de trasmitir el acontecimiento único para la teleaudiencia.

El narrador no deja escapar lo que ocurre en el set, es como si tuviese la habilidad de recorrer los acontecimientos de cada segundo, en diferentes planos, entre el inicio de la agonía de un ser humano que ha sido envenenado y el aparecimiento de la Dra. Peggy.

Entonces empieza una especie de vía crucis para el periodista - protagonista porque se convierte en el primer sospechoso del crimen, claro: según la policía. El arresto, los agentes, el cuarto secreto de interrogatorios, los métodos para lograr la confesión, las intimidades de estos procesos investigativos, son expuestos al lector... puede que lo aseverado sea producto de la imaginación del escritor, pero en eso consiste la novela histórica. Incluye un capítulo en que trasladan al sospechoso a la cárcel más famosa del Ecuador: La Roca.

Lo que ocurre en ese centro penitenciario de máxima seguridad, merece una especial atención, pues en ella es que se guardan los mayores secretos del sistema con el que funciona el crimen organizado, considerando que es bajo la perspectiva de la trama en esta novela entretenida y que tiene las características de una crónica periodística.

Ninguna de las vivencias de Rafael Cuesta (el protagonista) son independientes del acontecer político relacionado con el entorno de aquel Mandatario asesinado, sus más allegados amigos y ministros, da la impresión que se estuviera leyendo los periódicos con las noticias que supuestamente son importantes para los medios de comunicación.

Nada está suelto en esta novela, todo tiene un hilo conductor y es decisivo hasta llegar a descubrir al asesino; aunque lleven otros nombres, quienes están familiarizados con los acontecimientos de la llamada "década ganada", descubren de quienes se tratan en la vida real... menos de la Dra. Peggy y su voz chillona.

En el género Negro siempre se puede imaginar quien es el criminal y hasta es parte de una suerte de adivinanza, a la final siempre puede ser cualquiera de los personajes inmersos en la obra, pero lo que sorprende siempre es la forma en que se planificó y ejecutó el crimen; Rafael Cuesta (el escritor) no es ajeno a esta realidad y al final relata una novedosa forma de hacer que un funcionario altamente custodiado y de seguridad extrema, caiga en una trampa.

Lograr la excarcelación de Cuesta (el protagonista) es también un acto político más que jurídico, pero gracias a un sistema de información y contactos que bien podría pensarse que se trata de un agente secreto y que necesita que lo extraigan del lugar de la operación.

Preguntas Venenosas es una muy buena apuesta literaria en el mundo de la Novela Negra, un género que aún no ha logrado calar en los escritores ecuatorianos y que buena falta le hace; además, es un aporte a otro tipo de narrativa que rompe el mito del "realismo mágico" para incursionar en la novela periodística.

Y así, el final de la narración coincide con el inicio de otra de las tramas políticas que pueden llamarse de las más oscuras y emblemáticas, justamente, relacionada con el periodismo: Javier, Paúl y Efraín.

29 de octubre de 2018

Sudor, dolor y valor están en la Boina Roja

Libro de fácil lectura, de explicaciones sobre las
implicaciones de ser un soldado de Fuerzas Especiales
Por causalidad terminé de leer un libro escrito por un Boina Roja, un día antes del Día de Paracaidista Ecuatoriano, en momentos en que la Nación requiere de un soporte y las Fuerzas Armadas de un zacudón.

¡Para hacer algo, no es necesario se héroe! se titula el conjunto de narraciones históricas que realiza Coronel en servicio pasivo Marcelo Gaibor Escobar, en las que conjuga su paso por el Ejército Ecuatoriano y sus entrenamientos como soldado de Fuerzas Especiales, con las recomendaciones que ese caminar sirve para la vida civil.

La historia de como uno a uno fue pasando los cursos para adquirir esas destrezas que sirven para el sobrevivir en combate, para cumplir con la misión, para responder con eficiencia ante situaciones complicadas en que ya no queda ni un gramo de fuerza física y a un paso de perder la razón. Es la máxima expresión que uno puede superarse a sí mismo y estar listo para ir a la guerra o soportar las inclemencias de una situación de emergencia social.

Una de las fotos de mi
entrenamiento
como paracaidista.
Entonces mientras recorro los párrafos perfectamente articulados, recuerdo los tiempos en que pasé pruebas similares durante el entrenamiento en la Brigada Patria  y que al final terminaron con otros de los galardones que puede alcanzar un militar:el parche y la Boina Roja.

En un sinnúmero de ocasiones conté el significado de ser militar y de la Legión de la Vieja Calavera, pero al llegar a esta etapa de mi nueva forma de ver el mundo, me doy cuenta que lo aprendido con sudor, dolor y valor me sirven aún, me genera una fortaleza adicional.

Entre líneas el Crnl. Gaibor narra sobre los valores adicionales que existen cuando uno se ha decidido por usar el uniforme y, más aún, cuando lleva el peso de las alas paracaidistas sobre la cabeza.

Sudor, dolor y valor, son parte
de la mística de llevar la
Boina Roja.
Las emociones transmitidas en aquellas páginas hacen que "desempolve" mi Boina Roja y la use para seguir leyendo, hasta que llego al final del capítulo 7 y me quedo mirando el infinito y memorizando aquel consejo impreso con letra cursiva: "Si sientes que estás amenazado, retírate en silencio y prepárate; al rayar el alba, fortalecido como estés: será tu sorpresa, la que aniquile al oponente."

Un buen día de salto,
llegar a tierra y encontrarse
con los compañeros sanos
y salvos.
Regreso entonces a mi recuerdos, a los momentos en que el trabajo diario era estar siempre listo, en no dejar nada al azar y saber enfrentar los momentos necesarios para el gran día del primer salto. No recuerdo la fecha en que nos trasladaron a Esmeraldas, allí sería la ocasión para saber si es que los duros entrenamientos tendrían resultados.

Subir al avión, acomodarse y sentir el cuerpo pegajoso por el clima y por el miedo-valor, hasta que llega el momento de los gritos porque estamos listos para llegar a la zona de salto... siguen los gritos del jefe de salto, reviso las correas que ajustan el paracaídas a mi cuerpo, el gancho nunca salió de mi mano. "Enganchar y asegurar" fue la orden, no había macha atrás y a caminar hasta la puerta del avión; el resto es autocontrol para sentir la fuerza del aire en el rostro y la conciencia que se cae al vacío.

Llega el tirón, la cúpula abierta y el descenso es mucho más lento, pero es apenas el primera paso, porque luego vienen los saltos con equipo y armamento, con la certeza que en algún momento será para entrar en combate y que el enemigo está allá abajo, listo para meterte un tiro mientras caes.

La 94 de Paracaidismo en la
BFE Patria.
Como paracaidista aprendes el arte de preparación y cuidado del equipo porque de eso depende tu vida; aprendes el arte de sentir miedo como una forma de contrarrestar problemas, del frío análisis cuando el riesgo es evidente. Y el libro me trajo, además, el nombre de otras de las acciones que las cumplo aún: la pausa táctica. 

Pasan las horas y las hojas, poco a poco llego al final del testimonio de vida militar de Marcelo Gaibor, y aunque no presté servicios bajo su mando, se que en esas crónicas están reflejadas las gestas que en silencio y humildad cumplimos los Boinas Rojas.

Uno de los retos en el entrenamiento
es ser el porta banderín, al que
se lo cuida con la vida al igual que
al arma.
Los tiempos son otros, el entrenamiento es otro, el equipo de salto es otro... pero estoy seguro que el entrenamiento es el mismo: duro exigente, sacrificado y de fortalecimiento diario sin miramientos ni privilegios. 

Página 257, la última y casi al cerrar el libro, en la solapa posterior encuentro la lección que arma el sentido de ir a mi pasado y regresar para fortalecer mi actual presencia: "Con el firme propósito de asumir solo y únicamente el control de cada una de nuestras vidas, en tiempos históricos, que sin dejar de ser difíciles, son controlables, viables y placenteros de difundirlos."

Extiendo mi mano, toco las doradas alas que conviven en mi Boina Roja y se que me la gané mientras llega el fin de mis días, hasta que mi calavera no sea más que polvo.

Historia relacionada: Forjados como PUMAS y un reencuentro 30 años después

3 de octubre de 2018

Allan Karlsson: un viejo que se largó para seguir viviendo

Hago un alto al escribir sobre el entorno social y político en el que vivo y regreso sobre mis pasos para meditar sobre las lecciones que me dejó la novela de un viejo que se escapa, pero que no es un viejo cualquiera: tiene casi 100 años y ha recorrido el mundo.

Cada historia que el viejo recuerda sobre su vida pasada es como si estuviese leyendo Asterix, realidad más ficción; de titular largo para este tipo de novelas: "El abuelo que saltó por la ventana y se largó".

Jonas Jonasson relata lo que hizo Allan Karlsson desde que se escapó de aquella residencia para ancianos, pero antes está una de las frases en la dedicatoria con la cual ya me fui embrujando con aquel voluminoso libro: "Quienes sólo saben contar la verdad no merece ser escuchados".

Me fue complicado imaginar la apariencia física de de Allan, pero la manera de ir enfrentando las realidades de su caminar hacia ningún lado, me hacen suponer a un tipo que es frío e inmutable, que decide sobre la marcha. Más cuando enfrenta a un tipo rudo que lleva una chaqueta con la leyenda "Never Again" y que estará omnipresente durante toda una travesía de escapatoria tanto de la policía y la prensa como de una banda criminal.

Sin saberlo, aquel viejo logró tener en su poder casi 37 millones de coronas -digamos que unos 4.2 millones de dólares- con los que logra ir armando de causalidad un grupo de amigos que nada tienen de relación entre sí, pero que las circunstancias del viejo Allan los ata con hilos bastantes visibles (además del dinero) y en este grupo prófugo se incluye una elefanta.

La fuga del anciano se convierte en una noticia de primera plana que pone en duda la capacidad de la policía para encontrarlo; la noticia pierde portada hasta que el periodista de un diario local logra acceder a otros datos del tipo con la chaqueta de "Never Again" y el revuelo toma otra forma. (Esta fue una lección periodística)

Pero la fuga de Allan y la pesada maleta llena de coronas, no esta exenta de muertes, tal vez asesinatos no premeditados y otros colaterales, pero es una historia que debe contarse desde esa perspectiva para que los lectores no pensemos que es una simple fuga graciosa llena de anécdotas. Los cadáveres desaparecen dejando huellas y aparecen con pistas falsas, así mismo casuales.

Según narra Jonasson, el abuelo nació en 1905 y la vida de su padre revolucionario y la muerte de su madre lo llevaron a enfrentar su existencia con impresionante calma, desde su estadía en campos de concentración pasando por lujos con presidentes y políticos de alto nivel en Europa y Asia, hasta que llegó a Estados Unidos, allí estuvo en un proyecto secreto gracias su capacidad para entender y manejar explosivos. Entonces se entiende la foto de la portada.

Cada párrafo y cada fecha con la que comienza un capítulo tiene un significado en la narrativa, nada es un cabo suelto o una frase puesta al azar: es una conexión literaria que contiene de manera perfecta aquello que aprendí en la redacción de historias periodísticas como "visagra".

No es una novela que termina con Allan de regreso a la casa de ancianos ni termina prisionero, porque antes conoce al amor de su nueva vida gracias a esa maleta llena de dinero y que poco a poco sirvió para ir armando las otras vidas de quienes se convirtieron en sus nuevos mejores amigos, los que siempre le ofrecieron un aguardiente.

"El abuelo que saltó por la ventana y se largo" es una trama compleja que poco a poco se enreda con el aparecimiento y desaparición de nuevos personaje muy bien concebidos -algunos llegan hasta le final- que al mismo tiempo cada vivencia suelta encaja perfectamente y que es utilitaria para saber que el cúmulo de experiencias y amistades son las que cuentan al final. 

Ni llegando al prólogo se sabe si el metódico viejo armó un plan para cada circunstancia y que todo saliera perfecto conforme sus gustos personales.

Allan me dejó la otra lección: uno no puede llegar a viejo y quedarse allí, sobre todo cuando dice: "Me parece que sólo hay dos cosas que sé hacer mejor que la mayoría de la gente. Una es es convertir la leche de cabra en aguardiente, y la otra fabricar una bomba atómica" Entonces empezó otro trabajo a pesar que ya había cumplido los 100 años.

Gracias María Mercedes.

17 de septiembre de 2018

El futuro que nos contó Andrew Ruch en 1999

Fue publicada en 1966 pero empieza la narración en 1999, lunes 9 de agosto para ser más exactos, teniendo a Nueva York como escenario. Es la novela que puso en alerta al mundo los problemas de la sobrepoblación y con titulo poco convencional: Make Room! Make Room!

Harry Harrison
A lo largo de la descripción apocalítica, Harry Harrison cuenta la historia del policía Andrew Ruch, el viejo Sol, junto a un oriental llamado Billy Chung; en la parte femenina es la señorita Shirl, atractiva y cargando a cuestas su pareja de apellido Obrien hasta que es asesinado.

En su caminar muestran lo que es una ciudad con 35 millones de habitantes, con alimento y agua escasos, y un sistema que obliga a realizar ciertos trucos para poder comer bien. Es un estilo de vida en que el crimen rodeaba a lo social, con lujos gastronómicos que apenas algún grupo influyente podía darse. Un buen baño era uno de esos.

Durante algunas horas la lectura me llevó por intrincados caminos para mostrarme un mundo que a este 2018, lo veo como mucho más cercano y me pregunto cómo es que aquel escritor pudo mirar lo que ya está pasando - aunque en menor escala- y las consecuencias de haber agotado/matado los recursos naturales.

Claro, como no puede ser de otra manera, estos problemas sociales tienen sus raíces en las políticas públicas y en los párrafos se dejan entrever las decisiones que toma el Gobierno para enfrentar las situaciones conflictivas y que empiezan a impactar en la gente, a generar un síndrome de "matar o morir", a pesar que para contrarrestar la reacción ciudadana la policía debe sobreponerse a las mismas limitaciones.

Y claro, el desastre es evidente y con tanta hambre, sed y violencia, la ciudad entra en la espiral de reclamos; pero en qué se parece a este 2018: los mismos que eligen a sus gobernantes los reprochan por sus ineptitudes, pero cuando ya la situación es insostenible.

Mientras las conversaciones relatan lo que se viven esa ciudad, no puedo dejar de pensar en la economía, en esa ciencia social que nos orienta en la administración de recursos pero que los gobernantes la toman según las conveniencias del poder y la propaganda que hace nos traguemos esas piedras de molino con la ayuda de la represión policial.

Pero también leo, entre líneas, lo que ocurre cuando la producción agropecuaria se desvanece porque se cree que hay suficiente alimento al ver solamente los supermercados llenos y la gente negociando comida en cualquier esquina.

¿2019? Superpoblación y el gran enfrentamiento por los aspectos legales - morales del aborto; superpoblación y los avances médicos para cada día alargar la vida de las personas. La historia termina informando que el nuevo siglo empieza con 344 millones de habitantes solo en Estados Unidos.

Si lo que intentó en su momento Harrison es publicar una novela de ciencia ficción, a esta alturas del Siglo XXI ya no existe ese problema original de la sobrepoblación en la mesa del debate, lo que ahora discutimos es el dilema moral que si debemos vivir en hacinamiento o empezar un ferrero control de la natalidad, todo porque probablemente pronto nos quedemos sin comida y sin agua.

Cada personal que comparta la vida de Andrew Ruch sabrá a qué atenerse.

13 de julio de 2018

Picos, ruidos y marketing para el periodismo

En enero del 2018 realicé una evaluación de la actividad de mis blogs y los resultados no fueron alentadores, encontré algunas falencias reflejadas en las mencionadas métricas y decidí que debía tomar medidas. Obviamente lo primero fue armar la línea base y arrojarme a una desencadena carrera por sumar entradas.

Lo que encontré del 2017 fue: "Pero las matemáticas me dan otros resultados, si tengo 4 blogs y debería al menos haber escrito una entrada por semana en cada uno, significa que debí tener: 228, si comparo con las 57, significa que tuve un déficit de 171. Entonces sí fue un mal año."; este análisis lleva como titular Escribir y publicar: una buena idea sin un plan.

Durante tres meses estuve realizando agotadores esfuerzos extras para cumplir la meta de escribir y publicar al menos una historia diaria, esto considerando el entorno laboral, familiar y de otras actividades complementarias de la vida como leer y vagar.

Cuando mis fuerzas estaban prácticamente agotadas y a un paso de abandonar el objetivo del 2018, en una conversa bohemia con José Gabriel Proaño la ruta tuvo un viraje abrupto de 90 grados con el adicional que no fue hacia arriba ni a los lados, fue hacia abajo.

El asunto es que la plática fue en un ambiente social, pero no puede evitar empezar a "entrevistar" a José Gabriel, desde que empezó con aplicar la propuesta de generar picos en los temas de comunicación comercial según lo habían desarrollado para mi los desconocidos -hasta ese momento- Fernando Machado y Anselo Ramos, y los resultados de una investigación para apuntalar una campaña de Burguer King.

Indudablemente la cantidad de información que recibí me llevó, días después, a empezar a revisar literatura de quienes eran Ramos y Machado; lo uno llevó a lo otro y así hasta que otro mundo se presentó ante mis ojos, unos paisajes que jamás había visto a pesar de saber que existían, expresiones que nunca tuvieron sentido en mi ejercicio profesional del periodismo.

Uno de mis cuestionamientos fue respondido con otro que me aplastó completamente: ¿Cuánta energía estás desperdiciando en tus blogs? Nunca tuve una respuesta inmediata, por lo que él mismo se animó a contestar (palabras más palabras menos) bajo el argumento de que estoy dispersando mi capacidad en muchos frentes y preguntó ¿Qué pasaría si te enfocas a planificar y generar picos? y, claro, de por medio estuvo el concepto de "ruido" en el actual mundo de la comunicación digital.

Cerca de dos semanas posteriores a la plática y las consabidas lecturas así como el volver a recabar información de mis blogs, pero ya con otro enfoque, me condujo a trabajar en otras formas nunca usadas y los resultados a esta fecha son satisfactorios aunque aún no óptimos o enmarcados en las expectativas te tengo.

Pero no solo me quedé en los nuevos productos para armar planes de comunicación social, sino que volví sobre mis pasos, a un libro que lo leí una sola vez y que tiene algunas soluciones reales de problemas reales en épocas cuando lo on line no existía; observar al detalle las páginas de "Profetas en la oscuridad - Cómo Xerox se reinventó, contraatacó y venció a los japoneses", (1993) fue otra puerta para caminar en un campo minado.

Consecuentemente, en esta evaluación semestral del trabajo con mis blogs se cumplió la premisa que mantengo desde hace algunos años: planificar por escenarios con una duración máxima de tres meses, el recabar información cualitativa que pueda interpretarse en números y que me permita estructurar un "histórico" de reacciones; los nuevos aprendizajes empezaron a enmarcarse en cómo prepararme para generar un "pico" con poca generación de "ruido". Igual empecé a usar unas herramientas que las había dejado en el olvido pero que las innové.

En números puedo decir que he bajado la cantidad de publicaciones pero ha subido el número de visitas, el uso energías bajó en 50% en el trabajo operativo pero se incrementó en un 25% en cuanto a la efectividad.

Puedo entonces asegurar que en estos nuevos tiempos de comunicación social on y off line, no puedo hacer periodismo si es que antes no tengo clara una estrategia de marketing, pero que no debo olvidar las viejas recomendaciones de todo sniper: "Yo soy un especulador, observo tranquilo en la sombra,
cual francotirador de un solo tiro, silencioso y preciso."

28 de mayo de 2017

Recuerdos de "Escritos Turísticos"

Mi primer libro es en honor a mi padre y ya pasaron 15 años que inició su eterno viaje. Esta vez también regreso a mi pasado en encuentro algunas novedades.

Mi reciente post sobre "mi viejo" lo publique en otro de mis blogs bajo el título: 15 años después todavía le pregunto a viejo mi ¿qué hago?

Diario La Hora publicó una nota sobre este trabajo y en su parte medular indica: “El libro no trae ni una sola foto, es para leerlo en menos de cuatro horas”, expresó el escritor para quien su experiencia como director de Turismo (público) y asesor de la Cámara del ramo en Manabí (privado)..."

Otra de las novedades que me encontré es que mi trabajo fue recogido por la "Biblioteca Digital Periodismo Turístico es un blog que cuenta con el apoyo de un profesional especializado que acompaño y asesoró a la autora en los detalles de su desarrollo: el Bibliotecario Miguel Ángel Ledhesma. Por otra parte, este sitio compendia material (en audio, vídeo y escrito) inherente al Periodismo Turístico, al Turismo, y al Periodismo. Se puede visualizar en Escritos Turísticos.

En este recorrido también recuperé un vídeo realizado por mi sobrino, que recoge algunas de mis palabras durante la presentación oficial del texto.

27 de febrero de 2017

De cuando Viktor Frankl me preguntó: ¿Por qué no se suicida usted?”


Conocí a Viktor Frankl gracias a Marisol Guarderas, cuando un día, después de algunos meses del terremoto en Portoviejo, ella llegó para conocer una tragedia que quizás nunca más ocurra.

“El hombre en busca de sentido” es el nombre del libro que Marisol me trajo como un presente, para que conociera una historia que podría servirme en la vida. La verdad: no solo fue historia sino también experiencias de una era mortal y de lecciones para esta época de la mi vida.

“¿Por qué no se suicida usted?”, es una de las expresiones que se encuentran en la contraportada; pues resulta que Frankl en su experiencia como psiquiatra, hacía esa pregunta a sus pacientes. Un hermoso gancho para interesarme por esta nueva lectura en momentos críticos de mi existencia.

Un siguiente interés me fue provechoso cuando descubrí que el Doctor en Medicina y Filosofía estuvo prisionero tres años en campo nazi Auschwits y en otros similares; de cómo llegó, de lo que lo mantuvo con vida y lo que en un momento fue su muerte emocional, es lo que relata en las casi 160 páginas, con un adicional: cada relato es una lección de fortaleza en momentos de crisis física y psicológica.

Empieza con algunas advertencias sobre lo que serán los siguientes párrafos, con el detenimiento del caso empiezo a descubrir en cada palabra algunas interesantes descripciones, hasta que me encuentro con una que me que hizo regresar a mi mundo: “… la lucha inexorable por el trozo de pan de cada día, para salvar la propia vida o la de un buen amigo.”

Si cambio pan por trabajo, la expresión aplica correctamente para esta época.

Con más interés y curiosidad avanzo hora tras hora, devorando cada una de las páginas; las ideas y las comparaciones  son parte de esta lectura, pues Frankl lograr seducir con un estilo simple y al detalle, no siento que novelea sus experiencias provocadoras de muerte junto a la muerte.

Cuando menciono “devorar” no me refiero a velocidad y comer palabras de manera irracional, me refiero al voraz apetito de reflexión que desata cada párrafo.

El libro lo empecé a leer en la ciudad, en mi cama y en esos momentos en que al terminar la jornada de trabajo la mente busca dispararse hacia otros mundos para encontrar un relax y llegué al último capítulo “La siquiatría rehumanizada” en la playa. 20 días urbanos y un fin de semana frente al Océano Pacífico.

Mucho terror inimaginable se conoce sobre lo que pasó en esos campos de concentración o, como lo dice en el libro: lager; pero bajo la pluma de connotado médico y superviviente de este horror del nazismo, uno entra a vivir y sentir lo que pudo ser esa condena inhumana hasta que el “humor macabro” toma cuerpo.

“Ese humor lo provocó la segura conciencia de haberlo perdido todo, de no poseer nada salvo nuestra existencia desnuda.”

De seguro muchos de nosotros nos hemos sentido así en algún momento de la vida. Salir de ese estado no es nada fácil, pero el profesor Frankl nos conduce a las fórmulas extremas en estos casos extremos, esas que podríamos o podremos poner en práctica para no caer en la desesperación mortal.

La narración, los ojos y la mente caen el crisol de los textos articulados de una manera verosímil, única y tangible; los argumentos para no volverse demente y ser un cadáver más, se presentan uno a uno, hasta que -con un efecto “mamushka”- el cuerpo se paraliza y el pensamiento hace sentir el encierro obligado, la sensación de un prisionero en un campo de concentración.

“El prisionero de un campo de concentración tenía un miedo brutal a tomar decisiones o a adoptar cualquier tipo de iniciativa. Era la consecuencia de un fuerte sentimiento de saberse un juguete del destino, como si el destino irremediablemente se hubiese apoderado de uno; era mejor no pretender interferir y dejarle seguir su propio destino curso.”

Con este párrafo inicia el capítulo de “Planes de fuga”, un instinto humano y natural, cuando el encierro es incuestionable y a rajatabla, en cuerpo y espíritu. Una sensación propia cuando enfrentamos problemas cuyas soluciones dependen de terceros o esos terceros se convierte en nuestros carceleros.

Entre tanta información descubrí una que es parte de mi existencia y está en el capítulo “Irritabilidad”, en que Viktor Frankl describe lo que fueron los últimos días en el campo de concentración.

“Súmese, además, la ausencia total de esos productos que en la vida diaria aplacan o mitigan la sensación de apatía e irritabilidad: la cafeína y la nicotina.” Los siguientes capítulos explican cómo luchar entre la dualidad de seguir así hasta el final o emprender una lucha desgarradora para no desprenderse de la realidad.

Podría, así mismo, transcribir una y decenas de citas “motivadoras” de esta obra, que la Library of Congress en Washington la declaró como uno de los 10 libros de mayor influencia en América; pero no es la intención de este post ese tipo de transcripciones, sino de colocar algunas que, a mi parecer, son inductoras para que otros lectores compren el libro y se sumerjan en el verdadero padecimiento humano, totalmente vivencial en comparación con los infiernos imaginados por Dante Alighieri en la Divina Comedia.

Entonces, sentado en la arena, entre que miro reflexivamente el mar y sigo con mi lectura, llegó a esa parte que hace falta saber en la vida: “En efecto, sólo unos pocos prisioneros conservamos esa fortaleza de la libertad y aprovechamos los atroces sufrimientos para una madurez interior.”

Esperanza… fe… consideraciones ilusorias cuando se sabe que el real sufrimiento no tiene fin, con un dolor permanente y el aroma de la muerte que ya no se lo percibe aunque esté allí, cuando la capacidad humana de aguante llega a su más bajo umbral y las opciones son o vivir o dejarse morir o motivar para que lo asesinen.

Pero no, “El hombre en busca de su destino” no es un manual de autoayuda o de superación personal, es una recopilación de la experiencia de muerte que él mismo la uso para sí mismo, como instinto de sobrevivencia y que al plasmarse en un libro, se convierte en la profesional terapia psiquiátrica para quienes sabemos que el sufrimiento reflexivo es la única herramienta que tenemos los humanos para ser pragmáticos y efectivos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir, aunque el presente nos diga en cada amanecer que es nuestro día en que seremos ejecutados.

Al final, cuando uno ha sacado sus propias lecciones, Frankl golpea nuevamente a quienes nos atrevimos a suponer que ya lo dijo todo, entonces empieza a describir lo que él titula: logoterapia; “Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho desacertadamente, como estás a punto de hacerlo ahora”.

Leer a Viktor Frankl es una simple terapia psiquiátrica magistralmente plasmada como una obra literaria, para que, en medio de nuestros sufrimientos, usar sus diagnósticos y entender que cada día existe la oportunidad de no ser ni prisioneros ni entrar a la cámara de gas, aunque ese parezca nuestro destino.

Datos del libro:
Título original: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager
Traducción: Christine Kopplhuber y Gabriel Insuasti Herrero
Edición y prólogo: José Benigno Freire
ISBN: 978-84-254-2331-4
12ª. Impresión de la edición 2004, completamente revisada y actualizada.
Editorial Herder.



31 de agosto de 2010

Un salvador de libros

Cooperyara es una cooperativa de recolectores de basura de Barueri, un pueblo de Sao Paulo, en Brasil; uno de sus integrantes, Benedito da Silva, comenzó a recuperar los libros que encontraba entre los desperdicios, y con ellos formó una biblioteca. (www.bbc.co.uk)

 

20 de octubre de 2008

TAGUA, con papel y lápiz

Debí escribir este comentario hace tres meses. La idea se fue a mi cajón de sastre y hoy la he recuperado. El asunto tiene que ver con mi experiencia con el libro TAGUA escrito por Ricardo de la Fuente, la grave crisis literaria que tuve y cómo la resolví.

Conocí a Ricardo hace algunos años, cuando yo ejercía el periodismo en la ciudad de Manta – Ecuador, aunque no tuvimos muchas oportunidades a sentarnos a conversar sobre asuntos de interés mutuo. Con el paso del tiempo, a través de los medios de comunicación social, me fui enterando que había publicado algunos libros. Realmente no tuve acceso a comprarlos. Una lástima, pero…

Un día, de visita en la casa de mi amigo Jipson Lavayen, quien le ayuda con el blog de Ricardo (http://www.manabivende.com/), sobre un escritorio, junto a la computadora me percaté que estaban unos 10 libros de igual forma, color y tamaño; el primero de esos libros tenía como nombre TAGUA del autor Ricardo de la Fuente, mis ojos analizaron la portada y pensé que sería mi primera oportunidad de leer una de las creaciones de Ricardo. Jipson me dijo que esos libros eran para la venta y sin más, pagué el valor y al fin podía tener un libro de Ricardo para leerlo.

Esto ocurrió en una noche, así que al otro día me dije que leer a Ricardo de la Fuente debía ser un acto de análisis de riguroso… al fin y al cabo lo considera un amigo que seguramente podría aceptar mis críticas. Con papel y lápiz me acomodé en mi escritorio, escribí la fecha y hora en que empezaba la lectura, tomé el libro, leí los datos iniciales, sin problema pues tenía el registro de ISBN, pasó la primera prueba. Anotación realizada. Luego una breve aclaración al lector, tampoco problema. Dedicatoria… igual. Lectura rápida y casi obligatoria, sin mi mayor atención. Otro escrito bajo el título “Antes de comenzar…” igual, aclaraciones, puestas en contexto. Nada digno de anotar. Y empieza la primera parte.

Para esto ya había anotado mis observaciones sobre la portada y su diseño, el tipo de papel y como estaba encuadernado, igual la contraportada. Mi apreciación sobre color del libro también quedó plasmada en esa hoja, que de a poco se llenaba y se llenaría de anotaciones. Afine mi lápiz, me dije ahora si empieza lo bueno.

La lectura fue detallada, fijándome en como estaba escrita cada palabra, la posición de los signos de puntuación y la tipografía. Y así fui avanzando cada página, el tiempo pasaba y me sentía que avanzaba bien, muchas anotaciones. Perfecto. Tuve que dejar la lectura, puse el separador de páginas, cerré el libro para dedicarme a mis actividades laborales. Habían pasado cerca de 90 minutos del inicio del análisis crítico del libro publicado por mi amigo Ricardo.

Pasó el día como todos los días: oficios, revisar correos, conversaciones, consultas, y demás, hasta que llegó la hora de regresar a casa. Tomé mis lentes, mi teléfono, mis cigarrillos y por supuesto el libro de Ricardo. En el centro del libro la hoja con mis anotaciones, aprovecharía unos pocos minutos antes de dormir para seguir con la lectura de TAGUA. Cuando llegó la hora nocturna de seguir con la tarea autoimpuesta, cerca de la media noche, estaba listo para seguir: luz del velador encendida, libro en mis manos, tomé el separador y a la página en que me había quedado. El papel de mis apuntes a un lado junto al lápiz. Sigo con la lectura. A los 5 minutos que reinicié caí en cuenta que no sabía qué era lo que estaba leyendo, que no tenía memoria sobre lo revisado desde la página 11. Y claro a revisar mis apuntes y a una nueva ojeada de lo anterior.

Creí que el libro se lo merecía y que mi amigo me lo agradecería. Superado ese breve olvido, seguí con la lectura y mis apuntes. Hoja tras hoja que mis ojos recorrieron cada palabra y que mis manos hicieron las anotaciones del caso, sentí un vacío inmenso y no era de hambre; era otra cosa, revisé el reloj y me di cuenta que la madruga se acerba con interesante velocidad. Deje a un lado el papel y decidí que mis apuntes las haría al margen de cada hoja. Seguí con la lectura y los subrayados y las notas y demás marcas. Definitivamente, la primera luz del nuevo día se filtró por las cortinas de mi habitación. Pensé que había ganado bastante y que la aparente mala noche valió la pena.

Como es normal en día de trabajo: limpieza, aseo, afeitada, preparativos, un café y a la oficina. Libro en mano. Antes de iniciar mis labores decidí tomarme unos minutos para seguir con la lectura. Y se repitió lo que me ocurrió en la noche anterior: pérdida de memoria sobre lo leído. Quise repetir la operación de volver a revisar. Se vino una crisis a la que llamo literaria, que es el olvidar lo que se lee, no estar ubicado en contexto, no saber que se ha leído y el sentido de la lectura. No era normal lo me estaba ocurriendo. Entonces decidí que seguir con el análisis de TAGUA y el trabajo de Ricardo podía quedar pendiente hasta una nueva ocasión. Igual no era un asunto de vida y muerte, quizás luego podría retomarlo sin sentir esa crisis. Cerrado el libro sin el separador de páginas. Y a trabajar. Pasó el día.

En mi camino de regreso a casa supe el origen de mi crisis literaria que me causó TAGUA. Sobre mis pasos retorné a mi oficina a buscar sólo el libro y un borrador. En casa nuevamente, la merienda y a ocupar un cómodo sillón para leer el libro de mi amigo, no sin antes haber borrado todas esas notas al margen. Y el problema fue ese, confundí una producción literaria con un texto técnico o el análisis de un documento de trabajo. Mi amigo Ricardo de la Fuente no se merecía que tratara de esa manera a unos de sus esfuerzos. Y como en estos casos, empecé desde el principio con una sola idea en la mente: disfrutar de la lectura. Fue que una expresión de las que pasé como obvias en las que radicaba lo interesante del libro.

“Tagua, una historia de ultramar es una novela basada en personajes ficticios pero ambientada en un escenario real: la provincia de Manabí, en la costa central del Ecuador.” Además que directamente hace un aclaración “…ciertas circunstancias históricas han sido trasladas en la línea del tiempo para enriquecer el relato…”

Entonces me repetí con claridad “al diablo con la crítica” y empecé a disfrutar de la lectura, a sentirme traslado hacia los escenarios que de alguna manera conozco en persona, pues vivo en Manabí y he conocido sobre estas historias y demás los aspectos históricos a los que hace referencia Ricardo en su libro. Página tras página nuevamente mis ojos siguieron con vivo interés cada uno de los párrafos, de los personajes y sus aventuras y desventuras, alegrías y otras facetas de quienes aprendemos de Manabí en la edad adulta.

De igual manera, una a una se fueron las horas de la noche y pasaron las de la madrugada. Con el nuevo sol cerré el libro y por una extraña coincidencia el último párrafo mencionaba que “en ese instante, el sol dibujó una línea de fuego rojo y se hundió en el horizonte. FIN” Estoy satisfecho y con una inmensa duda ¿Cómo pude leer en apenas 5 horas una producción literaria que a Ricardo le llevó más de tres años de publicarla luego de grandes esfuerzos de investigación histórica?

La respuesta la obtuve cuando iniciaba mis tareas laborales de ese tercer día de tener un ejemplar de TAGUA en mi poder. Una novela no es más que una historia ficticia bien contada, que tiene una riqueza argumentativa sobre los hechos y que permite al lector vivir ese relato como si él fuera parte o si estuviera viéndola en un tercer plano.

Así es TAGUA, buen relato, entendible, interesante y que se deja leer. No es aburrida porque en forma permanente saltan los acontecimientos nuevos sostenidos en palabras claves. Con un hilo conductor bien definido de principio a fin. Ricardo de la Fuente, gracias por un cuento bien contado.

Y ya me olvidé de hacer una crítica a tu libro, solo te ofrezco esta vivencia como una muestra de agradecimiento y con la esperanza que siempre tus escritos tengan ese fino toque.

25 de julio de 2008

Mi primer libro en circulación


Dos años me demoré en hacerlo realidad. Lo titulé “Escritos Turísticos”. Es mi primer esfuerzo editorial. Intento que sea un disparador del pensamiento turístico.

Se trata del primer libro que pongo a consideración del público y que contiene las palabras que tuve la oportunidad de pronunciar en diferentes conferencias y discursos, así como varios ensayos inéditos y artículos que fueron publicados en varios medios de comunicación.

Y esto parte de las palabras de un maestro del periodismo, Orlando Gómez León, quien siempre que yo llegaba a comentarle algo que ocurrió en el ámbito noticioso me regresaba a ver y decía: “no me lo digas, escríbelo…”. Y eso es justamente lo que ocurrió con este libro: en un momento lo dije y ahora lo escribo y lo he publicado.

Durante los últimos 6 años me he dedicado a trabajar en las políticas públicas, primero como Secretario Ejecutivo de la Cámara Provincial de Turismo de Manabí, luego como Director Provincial de Turismo de Manabí y ahora como Coordinador de la Presidencia de la Federación de Cámaras Provinciales de Turismo del Ecuador.

Esas coyunturas me dieron la oportunidad para acceder a variadas capacitaciones y obtener variada literatura sobre el turismo. En el análisis de la información recibida pude percatarme que los planteamientos técnicos no respondían a un método de pensamiento crítico turístico, que no existían conceptualizaciones para entender al turismo y que la planificación (operativa y estratégica) no tenía soporte ideológico más allá del meramente ambiental.

Poco a poco en mi discurso se fueron incrementado expresiones para dar más contenido al trabajo turístico, tratando de explicar las posibles razones de cada acción que se cumplían para mejorar esta actividad. Tuve aciertos y en otras fallé. Pero seguí tratando de construir ese pensamiento turístico.

Pero bueno… la historia completa de cómo se cimentó mi libro está relatado en su contenido, en el que cada escrito tiene la capacidad de articularse con otro, ya se el que es primero o segundo o subsiguientes. No se requiere darle una lectura seguida, pues el lector puede empezar por el último o por uno de los artículos intermedios.

A continuación presento un resumen de los temas tratados en las 120 páginas de “Escritos Turísticos”:

El síndrome de Cristóbal Colón, este artículo busca entregar a quienes hacen investigación principios que les conduzcan a encontrar datos utilitarios e informaciones confiables, lo suficientemente acordes con la nueva realidad en que se desarrollan las sociedades post modernas, lo que indudablemente incluye al turismo, por tanto no hay que seguir el ejemplo de Cristóbal Colón, pues él murió sin saber que había descubierto América.

El síndrome de Caperucita Roja, esta parte hace alusión a que si existiera una investigación sobre la “Caperucita Roja’ partiríamos del color, pues los colores no son ajenos a los valores. Si fuera Caperucita Negra no sería inocente y podría confundírsela con una integrante de alguna secta secreta; pero si fuese Caperucita Blanca, al final del cuento no lograría entenderse porqué desobedeció a la madre, pues lo blanco es sinónimo de obediencia en las civilizaciones occidentales. En este sentido, el color de la Caperucita Roja no es al azar, ya que el significado del rojo es festivo y es pasión, atributos conjugados en la niñez; claro si es que de por medio no hay una intención de asociarla con algún movimiento o partido político.

Lo light, lo domesticado y lo bizantino en el pensamiento turístico: El light (leve o liviano en español) siempre ha existido, pero nunca alcanzó las magnitudes presentes en un desarrollo que permite ver su imparable crecimiento con niveles todavía impredecibles. En cuanto a lo domesticado pareciera que en algún lado existen personas que han recibido un entrenamiento que pasa de la capacitación a una forma de amaestramiento en la generación de propuestas turísticas y las elaboran con base en “modas”, “ejemplos” o “modelos”. Simplemente, estas personas, justifican sus propuestas en “no hay que inventar el agua tibia”, “los países desarrollados lo hacen así”, “así me enseñaron a mi”, “lo dijo el experto tal…” Y finalmente, con el término “bizantino” siempre se definen preocupaciones similares a la de los tiempos de Bizancio: el interés de los ciudadanos por el sexo de los ángeles mientras las preocupaciones vitales del momento los tenían sin cuidado (el sitio y posterior caída de Constantinopla), algo así como, otra vez, "ver profundidades que otros no ven" sin darse cuenta que se produce un terremoto en la superficie donde se vive.

Rol del Sector Público y Privado en el turismo, en este acápite explico sobre que uno de los sectores turísticos tiene la obligación de pensar e impulsar el desarrollo turístico, mientras que el otro tiene el afán y la oportunidad de operar al interior de la actividad turística, que se encuentra unida mediante una sola organización de características nacionales. Para el primer caso es el Estado a través de sus diferentes instancias gubernamentales centrales y seccionales, mientras que en el segundo, es el sector empresarial que conforma la Federación Nacional de Cámaras Provinciales de Turismo.

Periodistas democráticos para el turismo, parto de la pregunta ¿cómo están articuladas estas fuerzas en el Ecuador que ahora habitamos? Refiriéndome a democracia y desarrollo, periodismo y turismo, participación ciudadana y ejercicio profesional del periodismo.

Esperanza para los estudiantes, porque es indiscutible que estamos viviendo en una situación de crisis general a nivel mundial, una crisis que tiene diferentes motivos y orígenes. Es una crisis que también nos ha sumergido en un estado depresivo, más aún a las nuevas generaciones.

El efecto polizón en la promoción turística, esto tomando en cuenta que muchos de los llamados comerciantes, empresarios o microempresarios tienen la tendencia a obtener réditos financieros sin haber realizado inversiones en mejoramiento de sus empresas o realizar pagos de las imposiciones tributarias y en el turismo esta premisa también tiene efectos negativos en el desarrollo de una región; como resultado de esos efectos negativos está el aparecimiento de los “polizones” turísticos.

Edutenimiento, lograr un buen turista y un buen anfitrión: educación más entretenimiento, pensando que la utilidad del turismo en la sociedad actual está demostrada desde lo productivo, lo ambiental y lo cultural, por tanto se hace necesario que cada día se presenten nuevos intentos o se perfeccionen los existentes, para fortalecer esa utilidad hasta convertirla en una estrategia de desarrollo integral.

Plan B para el turismo, es el pensar que el turismo no puede no ni debe estar alejado de lo que ocurre alrededor de los seres humanos y en lo que hemos convertido a nuestro planeta y a las sociedades a las que nos pertenecemos. Digo esto porque cada uno de nosotros somos, de alguna manera, culpables de lo que ocurre sobre nuestro planeta, por tanto también nos corresponde entenderlo para corregir y perfeccionar. Lo que sí no debemos hacer es quedarnos inertes ante lo que acontece a nuestro alrededor.

Turismo, entre la educación y la cultura: tanto la educación como el turismo disponen de un amplio bagaje de palabras, términos y conceptos, que son usados en muchas ocasiones como sinónimos o con referencias que están alejadas a las realidades actuales que se intenta articular, por lo tanto se presenta cierta terminología y su connotación, además se abordan ciertos conceptos pertinentes, direccionados al sostenimiento de una propuesta con los temas turismo y educación, con el eje cultura.

Turismo para las sociedades post modernas, es un análisis que intenta sentar bases para construir un sistema de pensamiento que tenga que ver con el turismo como una de las formas de vida de las sociedades post modernas, como una alternativa para romper los paradigmas existentes sobre los métodos de producción clásicos de las sociedades modernas, concebidos desde las teorías filosóficas y economicistas, en que la educación es la base.


Tal vez con estos escritos pueda generar un debate sobre lo que estamos haciendo bien o mal en el turismo, lo que sabré luego que los lectores realicen una lectura crítica y hagan sus observaciones.

Por ahora lo vendo únicamente en Ecuador y lo pueden solicitar a r_zabala@hotmail.com, en un correo que me indique nombre y dirección a las que debo hacer llegar el libro luego de pago de USD 5.00 a mi cuenta de ahorros más los costos de envío.

Dato adicional: leer todo el libro lleva aproximadamente 4 horas.


14 de julio de 2008

Ahora entiendo porque “Una piedra en el zapato”

Desde hace unos meses estoy tratando de encontrar la o las razones para que los periodistas seamos blanco de ataques verbales permanentes por parte del poder político gubernamental. En algunos momentos pensé que tendría razón y en otros no.

La respuesta me vino luego de leer el libro escrito por Diego Oquendo titulado “Piedra en el Zapato” y en el que relata algunos, muy pocos, de los acontecimientos alrededor de lo que podría llamarse atentados contra la libertad del libre ejercicio periodístico.

Diego Oquendo, insigne periodista que lo conocí, por supuesto de lejos, en los albores de mi adolescencia cuando era presentador de noticias en el ahora Teleamazonas, así como articulista en su columna “EL Gallo de la Catedral” y ahora como uno de los principales de radio Visión que transmite desde la ciudad de Quito – Ecuador. 

El libro en mención dice en su portada “Visión analítica del ejercicio periodístico y sus desencuentros con el poder”, y durante 476 páginas presenta un recuento de los diferentes atentados que han sufrido los periodistas en el ejercicio de sus funciones sociales y profesionales en gran parte del mundo, incluido Ecuador, según indica Oquendo con base en sus propios archivos. Durante la lectura pensé que tan solo me quedaría con el conocer de los hechos violentos en contra de periodistas y en forma cronológica, hasta que de una manera interesante de cada palabra del referido libro, me llevó hasta mostrarme los posibles orígenes de esos acontecimientos; digo posibles porque en estos casos las verdaderas razones, sean justificadas o no, quedan en el limbo de la verdad. 

Y es que el ejercicio del periodismo implica, en una parte, el mostrar las acciones del poder político, el fondo y la forma de gobierno, los entretelones de las grandes y pequeñas decisiones presupuestarias de los dineros públicos; en otras palabras, mostrar el lado oscuro del manejo de los intereses públicos, un lado que nunca debe existir pero que ahí está y es parte de nuestra diaria convivencia. 

Me refiero al lado oscuro para no mencionar una expresión que aun sigue en el limbo: corrupción, pues si mencionara aquello deberían existir más ejemplos de los que son demostrados y no es así. Decimos que la corrupción está suelta y que está a todo nivel, pero no se logra probar ni un 10% (cifra nacida de mi percepción, no tiene base estadística) de todos los supuestos casos que dicen que existe. 

Redacción ambigua porque así es el tratamiento que se le da a la corrupción. 

Entonces, cuando los periodistas le dan luz a ese lado oscuro es que se arman los problemas y son generalmente intimidados o atacados, se empieza con ellos, luego con sus fuentes de trabajo, con su familia y, en ocasiones, termina con la muerte de ese profesional. 

El poder político siempre tendrá “algo más” que ocultar y que no necesita que sea de conocimiento público. Al poder político siempre le causará malestar el hecho que le digan que no está cumpliendo bien su trabajo. Al poder político siempre le molestará que “un alguien” le siga los pasos sobre sus actuaciones y omisiones. 

También es verdad que muchos, en este caso léase periodistas o pseudos periodistas, quieren aprovecharse fraudulentamente cuando descubren ese “algo más” que el poder político quiere esconder, o que deciden no mostrar el mal trabajo del poder político a cambio de una prebenda, o no dar seguimiento a las actuaciones u omisiones del poder político. 

Lamento las generalizaciones periodísticas, pero en este punto y en referencia al libro de Diego Oquendo, ese tipo de prácticas son de conocimiento público y tan indemostrables como la llamada “corrupción”. A veces sí son denunciados y he visto algunos ejemplos en www.prensacorrupta.com 

Cuando un verdadero profesional del periodismo, cuando está debidamente apoyado por el medio de comunicación en el que presta su contingente laboral o por cuenta propia, decide asumir el reto de mostrar lo oculto del manejo del poder político, generalmente se sobrevienen una serie de ataques, bien frontales o bien tras terceros, para callar esa voz o romper esa pluma o romper la cámara del periodista o clausurar ese medio de comunicación en que trabaja el periodista. 

Pero cuando el poder político no tiene nada que esconder o cuando todo es ejecutado conforme las leyes y la legitimidad, no tiene que sucumbir ante la extorsión venga de donde venga. 

Por eso creo que es verdad cuando Diego Oquendo dice que nosotros los periodistas, en el adecuado ejercicio de nuestra profesión, somos una piedra en el zapato. Y ahora lo entiendo más que nunca.

26 de septiembre de 2007

Un libro para la tumba de mi padre

Bastaron tres meses y luego otros 30 segundos para saber que ya nunca más vería con vida a Raúl Zavala Orlando; no será suficiente todo el resto de mi existencia para aceptar la ausencia dejada por él. Así es como resumo la muerte mi padre, pero también sé que es necesario contar el inicio y su fin, de tal forma que esta experiencia sirva de ejemplo para quienes aún les falta afrontar esta parte de la existencia humana.

Raúl Zavala Orlando. 
No soy el primero ni el último que pierde a su padre, pero sí está a mi alcance el poder explicar lo ocurrido con él, porque de nada sirve la muerte de un ser humano si es que no puede auxiliar a los que fueron parte de su vida. Don Zavala, como sus compañeros lo conocían, ayudó mientras pudo ver el resplandor del sol y lo mismo ocurre ahora que le rodean las sombras eternas.

Un simple dolor en la en la ingle se convirtió en un cáncer que no dio tiempo para buscar alternativas de salvación; médicos de Portoviejo y Quito nada pudieron hacer para salvar la vida de quien supo engendrar vida. La dureza y la exactitud con que el oncólogo (especialista en el tratamiento del cáncer) supo advertirnos sobre lo que ocurría con él, fueron base para afrontar las tribulaciones que sobrevendrían antes de su último suspiro.

Los 30 días previos al fallecimiento de "zavaluca" -que fue como con cariño lo apodé- invadieron en su casa, nuestra casa, suficientes sentimientos de nostalgia, amargura y risas; muy a pesar de conocer en lo que acabaría, mi padre supo recordar en voz alta los momentos que le hicieron sonreír, supo llorar como un niño junto a mi madre y siempre tuvo una broma a flor de labios, como buen hinca del Deportivo Quito y miembro de la "Culta barra".

Definitivamente, los tiempos fueron malos por lo que nos esperaba y buenos porque nos permitió redescubrir el mundo de "El Chin" -así es como lo trataban sus hermanos-, un mundo con familia y amigos; además, uno que otro enemigo, que no fueron más de tres, exactamente.

Mientras viajó por el mundo y disfrutó de la música clásica construyó su familia: mi madre a la cabeza y nosotros, sus cuatro hijos, su suegra, sus cuñados y cuñadas; en ese trajinar de marinero se dejó conquistar por los que ahora son y serán sus amigos, por eso no lo abandonaron ni aún en sus momentos de gloria.

El cáncer que aniquiló al "León de la Montaña" -como lo trataban sus primos de Jipijapa- fue solamente el vehículo que transportó el dolor del corazón a su cuerpo cuando descubrió y conoció a sus enemigos, los únicos que sintieron en él la amenaza de su inteligencia, su capacidad y su calidad para hacer el bien, todas esas cualidades producto de su educación militar, de cientos de horas de trabajo y de miles de libros leídos que le acompañaron en sus desvelos como en su tranquilidad.

Los tesoros materiales más grandes de mi padre fueron su casa en Puerto Cayo o Puerto Zavala como lo llamaba él, su colección de música clásica -la 5ta. Sinfonía de Beetohoven y el Concierto de Aranjuez, sus favoritos- y su biblioteca -nunca existió libro malo para él. El dolor físico que resistió históicamente mi padre a causa de su enfermedad no fue nada ante su incapacidad de leer en sus postreras horas; hoy, su última adquisición: "Gracias por el fuego" de Mario Benedetti, reposa aún en su velador, con la esquina de la página 49 doblada, el inicio del capítulo IV que al parecer no podrá disfrutarlo en su hogar y saboreando un café acompañado por un cigarrillo.

La madrugada del 31 de marzo de 2002 llegó el momento para el que mi padre se preparó, pues estuvo consciente que al no sentir mejoría lo más seguro era su muerte y la recibió como el quiso, con dignidad y en brazos de su pareja que le acompaño por más de 40 años, a quien amó y dedicó su aliento final. Los que estuvimos presentes empezamos a vestirlo con el terno blanco, el de las grandes ocasiones y que lo había pedido a su debido tiempo, en la solapa con la condecoración de oro que la Contraloría General de la Nación le otorgó en reconocimiento a los 25 y más años de servicio a esa institución; lo guardamos en el ataúd diseñado por él mismo para que cumpla con su último acto público.

La vivienda actual de mi padre está en la bóveda D37 de las criptas de la Catedral Metropolitana de Portoviejo. En su lápida reza el resumen de su filosofía de vida: "Ver las cosas como son y no como deberían ser"; las flores del día de su velorio le acompañaron hasta el día de su cumpleaños, 3 de abril de 2002 y en adelante ninguna más, porque Raúl Zavala Orlando tiene ahora todo el tiempo para leer y por eso siempre hará falta un libro para la tumba de mi padre.