Diálogo platónico del siglo XXI sobre la depredación costera en Ecuador.
Escena. Atardecer en la playa de Puerto Cayo, sur de Manabí. La arena está salpicada de plásticos, restos de hormigón y rastros de una fiesta. Sócrates, un filósofo anciano de cabello blanco que pasa una temporada en este lugar, camina descalzo junto a Raúl, joven ingeniero civil que trabaja en un proyecto turístico; avanzan lentamente mientras las olas lamen lo que queda de la orilla, conversan.
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| El fondo de la fotografía es real, los personajes son una edición con AI. |
Raúl:
Maestro, cada vez que vengo aquí me duele. Cuando era niño esta playa era
ancha, dorada, y las olas llegaban limpias. Ahora parece que el mar se la está
comiendo. ¿Por qué permitimos que ocurra?
Sócrates:
Dime, Raúl, ¿qué es una playa para ti? ¿Solo arena y agua, o algo más?
Raúl: Es un
lugar de belleza. Un recurso. Genera empleo, turismo, divisas…
Sócrates:
Entonces la belleza es aquello que produce dinero. ¿Es esa su única medida?
Raúl: No
solo eso. Pero el país necesita desarrollo. La gente quiere hoteles,
restaurantes, Wi-Fi en la arena. ¿Cómo vamos a progresar si dejamos todo
intacto?
Sócrates:
Progresar… Interesante palabra. Supongamos que construimos un gran resort aquí,
con cien habitaciones y piscina infinita. ¿Qué ganamos y qué perdemos
exactamente? Responde con calma.
Raúl:
Ganamos empleo directo e indirecto. Impuestos. Imagen del país. Lo que
perdemos… bueno, algo de vegetación costera y quizás unas tortugas que
anidaban.
Sócrates:
¿Y la arena misma? Mira cómo retrocede la línea de costa. Los ingenieros saben
que las dunas y los manglares actúan como escudo. Cuando los quitamos para
hacer bungalows y malecones, ¿no estamos vendiendo la armadura del pueblo a
cambio de una temporada de ganancias?
Raúl: Es el
precio del progreso, Sócrates. En todo el mundo pasa.
Sócrates:
¿En todo el mundo? Entonces no es progreso, es imitación ciega. Dime: si un
hombre come su propia semilla de maíz porque tiene hambre hoy, ¿ha progresado o
ha hipotecado su cosecha futura?
Raúl: (sonríe con amargura) Hablas como los
ambientalistas radicales.
Sócrates:
No defiendo banderas. Solo pregunto. ¿Quién es más sabio: ¿el que vende la
playa por diez años de bonanza o el que la conserva para que sus nietos puedan
seguir pescando, viviendo en tranquilidad y recibiendo turistas dentro de
cincuenta años? ¿Qué es más justo?
Raúl: La
justicia… siempre la justicia contigo. Pero la gente pobre de aquí necesita
comer hoy, no dentro de cincuenta años.
Sócrates:
Cierto, pero pregunto: ¿es justo que unos pocos inversionistas locales y
extranjeros obtengan los grandes beneficios mientras las comunidades pesqueras
ven cómo sus caletas se llenan de sedimentos y sus redes recogen más basura que
peces? ¿Es eso desarrollo o mera depredación disfrazada de inversión?
Raúl: Hay
corrupción, lo admito. Permisos ilegales, funcionarios que firman por debajo de
la mesa, rellenos sin estudios…
Sócrates: Ahí
tocaste la llaga. Cuando la ley se vende, ya no hay civilización, solo queda
barbarie. Y en la barbarie el más fuerte devora al más débil hasta que no queda
nada que devorar… Las playas de Ecuador están siendo devoradas así: poco a
poco, permiso a permiso, coima a coima.
Raúl: ¿Y
qué propones? ¿Paralizar todo? El país necesita crecer.
Sócrates:
No propongo paralizar, sino ordenar con inteligencia. Construir donde se puede
construir sin dañar. Restaurar manglares, respetar las dunas, limitar la altura
de edificios cerca del mar, no construir sobre la arena; eso no es romanticismo
ecológico, es simple aritmética de supervivencia. Hasta un niño lo entiende: si
matas la fuente, matas el presente y el futuro.
Raúl:
Muchos dirán que eres idealista.
Sócrates: (ríe suavemente) Idealista es quien cree
que se puede seguir destruyendo indefinidamente sin consecuencias. Realista es
quien ve que el mar ya está cobrando la factura: erosión, salinización de
pozos, pérdida de biodiversidad, aguajes que ahora entran más tierra adentro.
La naturaleza no negocia ni acepta coimas.
Raúl:
Entonces, ¿Qué debo hacer yo, que trabajo en esto?
Sócrates:
Lo que hizo cualquier hombre justo en cualquier época: negarte a participar en
lo que sabes que es daño innecesario. Propón diseños que respeten la línea de
costa. Habla con tus colegas. Exige estudios de impacto reales, no los de
papel. Y si te presionan, recuerda que la posteridad también tiene derechos.
Las playas no pertenecen a esta generación; somos solo sus custodios
temporales. (Las olas siguen trayendo más
basura plástica.)
Raúl: A
veces siento que luchamos contra la corriente.
Sócrates:
Toda ola fuerte encuentra resistencia. Pero si suficientes hombres buenos se
plantan como rocas, la corriente cambia. La pregunta, amigo mío, no es si las
playas de Ecuador van a desaparecer. Es si nosotros permitiremos que
desaparezcan por cobardía o por avaricia.
Raúl: (mirando el mar) Mañana tengo una reunión
para revisar el nuevo proyecto…
Sócrates:
Entonces ve con los ojos abiertos. Y recuerda: es insuficiente no ser
depredador, hay que ser guardián.
(Se quedan en silencio. El viento del Pacífico sopla, llevando sus palabras continente adentro, como semillas que quizás, algún día, germinen en las ciudades, en los escritorios y en las conciencias de quienes pisan tierra firme.)
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Advertencia editorial. Este dialogo es producto de mi imaginación pero basado en hechos reales; fue elaborado con apoyo generativo y editado bajo mis perspectivas expuestas en la X.
Soy del grupo que considero indispensable empezar a recuperar y descontaminar las playas de #Ecuador.
— Raul Zavala (@Zavala_Ra) June 14, 2026
La depredación y la basura son ya "enfermedades crónicas" en gran parte del perfil costanero y allí tienen responsabilidad miles de personas del sector público y privado. pic.twitter.com/hqmAgF6tLG
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Datos sobre el autor / editor de la nota:
Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala

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