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10 de septiembre de 2023

La noche con la cotorrita celestial

En uno de los tantos anocheceres que salgo al patio de casa para revisar si existe alguna novedad y prender luces, vi algo que que no era normal; traté de identificarlo a simple vista pero no me fue posible. Fui por una linterna y lo que miré no me sorprendió pero sí me trajo dudas: una pequeña ave temblando.

Así que lo primero fue hacer un reconocimiento de aquella ave, obviamente la teléfono con cámara y buscar algo suave para recogerla sin lastimarla, no opuso resistencia y la sentí frágil.

Luego de haber contado esa breve historia, la ayuda no se hizo esperar y poco a poco fui descubriendo sobre este tipo de aves.

ॐAɳöυƙ 🌈⃤ @_55azulanushka tal vez @Darth_vet  pueda darte algún consejo. (Y efectivamente contacté con Andrea y supo darme algunas instrucciones con lo que avancé en mis preparativos de cuidado).

Ambientalistas - @AmbientalistasN: Podría estar desorientado ya que son aves diurnas, está bien protegido, si no está golpeado o enfermo, mañana temprano volará con su grupo que le estará esperando.


Y esto fue lo que aprendí sobre las características del ave. "La cotorrita celestial pertenece al género Forpus, dentro de las aves Psitácidas. Su nombre científico es Forpus coelestis. Se trata de un pequeño loro de las selvas de Perú y Ecuador, que apenas mide 10 ó 12 centímetros y que puede vivir hasta 30 años."

"Se trata de una especie dimórfica. Los machos son fácilmente reconocibles, debido a las tonalidades azules de la espalda y tras los ojos. Aunque han ido surgiendo bastantes mutaciones, el verde es el color originario y básico en su plumaje." Leer más en faunatura.com.

En una primera instancia la puse sobre una mesa
e intente que tomara agua, fue inútil, fue como
si únicamente quisiese dormir.

 Sigo con otros comentarios:

Manuel Sánchez-Nivicela @ClandestineBird: el ave que usted encontró es nativa. Habría que ver porqué estaba en el piso. Capaz algo la espantó de noche (un predador o ruido/bulla). La idea es que al siguiente día (si no está lastimado) lo lleve al mismo sitio donde lo encontró y si hay otros de la especie, lo libere.

Y así fueron llegando una a una las palabras orientadoras y, sobre todo estimulantes. Siguiendo el hilo de mi tuit se podrá leer cada uno de esos mensajes.

Pasó la noche y llegó la madrugada, fui otra vez a ver a esta cotorrita a la que ya había que pensar en algún nombre, lo que encontré fue que estaba despierta y como si se hubiese recuperado del shock, no había tomado el agua que le dejé ni el puré de papaya. 

Dije entonces en mi cuenta Twitter: Intentaré hacer un vídeo de su puesta en libertad a ver que decisión toma. Y use está foto:

Y ante lo que las reacciones que miré tomé una decisión: ahora esperaría a que el sol caliente un poco para para sacarlo de la caja, para dejarla un rato en el piso para observar sus actuación y ante lo que ocurra nuevamente plantearme algunas opciones. Llegó el momento, planifiqué mis movimientos, encendí la cámara de mi teléfono y tomé procedimiento. El resultó lo hice público:

Con aquel vuelo tuve un sentimiento encontrado, por un lado me habría gustado que se quedase un poco más, tal vez hasta para adoptarlo como una mascota; por el otro, la alegría de saber que únicamente tuvo un incidente sin mayores complicaciones y de seguro completaría su ciclo de vida sin más contratamientos.

Aquí se puede observar el vídeo de manera directa:

Ya difundido el reinicio del vuelo, inicié el proceso de respuestas a la mayor cantidad de personas que estuvieron al tanto de la cotorrita celestial, comentando aquellos históricos segundos. Luego también puse este mensaje: "No intento viralizar lo ocurrido con la cotorrita celestial que apareció anoche en el patio de casa. Muchas personas se tomaron un tiempo para aconsejarme sobre lo que debía hacer y lo mínimo que puedo hacer es corresponder individualmente contándoles el final de la historia." 

 

Llega al fin de esta crónica, sin opción de una segunda parte ni tampoco es una "noticia en desarrollo" pero fue una experiencia enriquecedora conocer algo sobre esta ave llamada cotorrita celestial y su sistema de vida en la costa. Nunca había visto su rostro tan de cerca.

Podría sacar otro tipo de lecciones sobre la vida de nosotros los humanos en situaciones de vulnerabilidad o de superioridad, pero no necesito ahora ese tipo de análisis; estoy tranquilo con lo aprendido y haber podido narrar esta historia que nació como personal y termino como una gran conversación humana en el mundo virtual.

Datos sobre el autor de la nota:
Cuenta Twitter: @Zavala_Ra
Blog de Comentarios cortos: https://raulzavala.wordpress.com/
Blog de generalidades: https://lodijeron.wordpress.com/

Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala

11 de mayo de 2018

Ejemplos de la corrupción ciudadana y del compromiso profesional

En un solo día pude apreciar dos formas distintas de actuar de dos personas, situaciones totalmente distintas, en escenarios distintos, pero que son una muestra de una sociedad de contradicciones, como es la de Manabí, quizás de muchos otros lados.

El jueves 10 de mayo de 2018, fui testigo de una atención médica emergente en una población rural asentada en medio de una vía de alto flujo vehicular y aprendí el truco en que una persona puede adelantarse en un turno de atención en el banco.

La primera historia ocurrió cuando esa tarde regresaba a Portoviejo, en una hora inusual, un grupo de personas al costado de la vía trataban de hacer parar a cualquier carro, agitaban sus brazos con desesperación; la ambulancia que estaba frente a mi avanzó unos metros y se detuvo, miré la escena y supe que estaba frente a un hecho emergente digno de ser reporteado.

Detuve mi auto, tomé el teléfono y lo alisté para grabar lo que ocurría, de la ambulancia se bajo un paramédico y una doctora, corrieron hacia el grupo de personas y yo hice lo mismo, detalles que no debía perderme de registrarlo en vídeo.

Al llegar ya el personal médico estaba atendiendo a una joven estudiante, estaba de pie y lloraba, la gente a su alrededor miraba lo que ocurría, el paramédico con tranquilidad inició el procedimiento de atención, luego de unas breves preguntas la condujo hacia un taxi que se encontraba estacionado, la hizo acomodarse en el asiento posterior, ante la atenta mirada de quienes estábamos allí; el sol de la tarde pegaba fuerte.

Finalizado el diagnóstico, se determinó que la niña tenía un problema de baja presión pero sin graves consecuencias, el paramédico recomendó que la hicieran atender por un médico, dijo que no podía transportarla en vista que en la ambulancia se transportaba a otro paciente. Acompañe al especialista cuando se regresaba al vehículo para seguir la ruta. Efectivamente allí estaba otro persona a la que trasladaban.

No fue nada complicado lo ocurrido en Las Palmas, no ameritaba una nota periodística. Por casualidades pregunté a las personas que estaban allí si habían llamado al ECU 911, me dijeron que no, que solo había hecho una llamada a un pariente en Montecristi para que les ayude desde allá. También consulté si allí no había un centro médico, me respondieron que sí pero que a esa hora, casi las 15h00, ya estaba cerrado y no había nadie.



También yo retomé mi camino hacia Portoviejo, con la mente pensando que no era necesario hacer alguna nota, solo cuando cruce el peaje entendí de lo que había sido testigo; no fue la emergencia en sí, fue la actitud de quienes estaban en la ambulancia y que tuvieron la responsabilidad de parar, atender y tranquilizar a una persona, en medio de un sitio en que los servicios médicos no son permanentes, peor el de emergencias. 

Cu{anto lamento no haber tomado nombres, no haberme quedado para averiguar más y escribir una crónica más profunda y esa misma tarde me dio la oportunidad de mirar la contraportada.

Debía llegar al banco antes que cierren y poder sacar por ventanilla unos ahorros para casos emergentes, desde hace mucho tiempo que hago uso de la tarjeta del cajero automático me había quitado el placer de hacer columna en espera de mi turno para ser atendido.

Fue en el Banco del Pacífico de la Av. Manabí y América, antes que yo estaban al menos unas 20 personas y atrás otras tantas; una de estas que se encontraba casi al final saludó con otra que estaba al menos unos tres puestos adelante, sin ningún miramiento el hombre salió de su puesto y avanzó hasta dónde estaba esa amistad: una mujer.

En realidad no fue nada que generará alguna anomalía que alertara al guardia ni a las otras personas que estábamos en esa columna, yo simplemente miré hasta llegar al punto de la observación para percatarme que la idea era otra. El cliente en mención uso el saludo como pretexto para adelantarse en su turno y fue evidente que no estaba programada esa gestión habitual en los bancos: "has cola hasta que yo llene la papeleta".

La señora le dio el trámite que ella estaba por realizar, el señor lo tomó y de una manera simple él se había adelantado a su turno, haciendo uso de un artificio que pasa inadvertido pero que refleja el irrespeto ciudadano.

¿Qué daño me hizo? En realidad ninguno, a lo sumo hacer que pasen unos minutos más antes de ser atendido, igual que a las demás personas que esperaron su turno y que estaban después del mío; aspecto que a ese cliente no le importó para nada. y que tuvo como cómplice a la señora.

Ninguna de las dos historias son susceptibles de ser contadas a través de los medios de comunicación social, pero no significa que no deban ser relatadas como una evidencia que en el diario vivir existen acontecimientos que nos muestran más como personas y también como una de mis lecciones de vida para saber que siempre hay alguien que está mirando lo que hacemos y que de alguna manera nos juzga como parte de la naturaleza humana.

Lo del banco es un síntoma de corrupción, lo del paramédico un compromiso profesional, de ellos están compuestas las sociedades.