Mostrando entradas con la etiqueta héroe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta héroe. Mostrar todas las entradas

2 de mayo de 2026

En memoria del PUMA "Mocho" Solís

Mientras buscaba un libro para que me sirviera de compañía mientras hacia guardia cuando Madre estuvo hospitalizada, en uno de ellos, aquel que fue el primero que me regaló mi viejo, encontré un recorte de prensa del año 1995 con el relato de la llegada a Guayaquil del "Mocho" Solís, entrañable compañero de la IV Promoción de PUMAS, muerto en combate.

En un inició pensé únicamente transcribir la historia, pero quise darle más contexto a la historia y así fue que del viejo álbum de fotos en papel desempolvé dos de ellas, en dos distintas escenas de que fueron parte de nuestro entrenamiento. La primera cuando estábamos aprendiendo las técnicas de toma de playas y en el que aún no lo hacíamos equipados hasta no adquirir las destrezas necesarias para este tipo de operaciones. En primer plano el "Mocho" tras él mi persona, luego el Cabo Haro (no recuerdo su nombre).

En esta otra foto... por supuesto que posada, yo fingía que daba instrucciones y el "Mocho" prestaba atención. Casualmente están dos oficiales que también estaban haciendo el curso: Luis Lara que llegó a ser Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Ministro de Defensa, así como Amilcar Villavicencio que fue Comandante de Operaciones Navales y quien organizó la ceremonia de reconocimiento a quienes nos formamos en el Grupo de Fuerzas Especiales 111 "Rayo" PUMAS.


Vale recordar que el apodo "Mocho" fue porque había perdido una parte de la oreja derecha y sin mal no recuerdo había sido por la mordida de un burro.

Con estos antecedentes, en honor a Gabriel "Mocho" Solís, procedo a transcribir lo publicado en la Pág. 9 del diario impreso El Universo del 28 de febrero de 1995.

Murió defendiendo la Patria en Twintza
Honores a un héroe guayaquileño

Con todos los honores militares fue sepultado ayer el cabo Gabriel Solís Moreira, natural de Guayaquil, quien ofrendó su vida en Tiwintza al defender el territorio ecuatoriano luego del artero ataque de tropas pe ruanas, que no respetaron el acuerdo de cese al fuego que firmó su gobierno.

Lágrimas de dolor y orgullo vertieron los familiares del "Héroe Nacional" que cayó en combate el miércoles anterior y que lo convirtió en el primer guayaquileño que muere en defensa del honor nacional en el actual conflicto con el Perú.

El cuerpo del malogrado militar llegó hasta la pequeña y modesta vivienda situada en la calle Brasil y la 37, donde habitan sus familiares, para recibir el adiós de amigos, compañeros de armas y vecinos.

Nutridos aplausos y gritos de ¡Viva el Ecuador! saludaron la llegada del féretro del cabo Solís Moreira a la casa de su madre, Rosalía Moreira, quien sobreponiéndose a la pena que la embargaba expresó su orgullo por la heroica muerte de su hijo.

Los restos del cabo Gabriel Solís Moreira fueron velados por espacio de dos horas en el domicilio de sus padres, luego de lo cual fueron trasladados hasta el cementerio General de Guayaquil en un desfile fúnebre en el que participaron sus compañeros del Ejército, familiares, amigos y ciudadanía.

Tuvo tres hijos

El cabo primero Gabriel Solís Moreira fue miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército, estuvo casado con Gloria Oyola, con quien procreó tres hijos: Gabriel que cumplirá 10 años este 9 de marzo; Lady de 7 años y Raúl Clotario, un tierno bebé que cumplirá cuatro meses de edad también el 9 de marzo.

La esposa manifestó que se enteró de la muerte de su marido recién el domingo en la mañana, en circunstancias que iba a preparar el almuerzo para sus hijos.

Recordó que la última vez que el héroe Gabriel Solís Moreira estuvo en casa fue para las fiestas de año nuevo, ocasión que sirvió para hacer planes para ir toda la familia a vivir a Lago Agrio, sitio donde su esposo estaba acantonado.

Anotó que la última vez que conversó que su esposo fue hace pocos días cuando le dijo que estaba bien y que regresaría en marzo para pasar vacaciones con toda la familia.

La viuda, visiblemente consternada, expresó "quien va a ver a mis hijos ahora que él no está, era el único sostén del hogar".

Los vecinos coincidieron al señalar que el cabo Gabriel Solís Moreira fue un hombre amigable que se llevaba bien con todos y que le gustaba practicar el fútbol y el voleibol.

Madre orgullosa de su hijo

La madre del soldado muerto en combate, Rosalía Moreira Tejena, tiene 57 años de edad, manifestó que estaba destrozada por la muerte de su hijo, pero que se sentía orgullosa por la valentía de este, "ya que ofrendó su vida por la Patria".

"Mi hijo era muy bueno conmigo y con todos sus amigos y compañeros. Si tenía algo de comida la compartía con los demás. Era amigable y no sentía rencor por nadie", dijo la señora Rosalía Moreira.

"Nunca me contó sobre problemas en su trabajo e incluso cuando estaba enfermo no le gustaba ir al médico si esto afectaba sus actividades en el Ejército", expresó la madre del soldado caído en Tiwintza.

"Gabriel llamó por teléfono el 5 de febrero para indicar que estaba bien y que se iba a pelear en la zona de conflicto", manifestó llorosa la señora Rosalía.

Anotó que Gabriel fue el segundo de cinco herma-nos, y los que siguen vivos son Napoleón, José, Olivia y Juan, este último realiza el servicio militar en la Base Logística de Durán.

Listo para luchar

Juan, hermano del soldado muerto en combate, señaló que él también está listo para luchar por la Patria y si hay que morir que así sea. Todos estamos preparados físicamente y mentalmente para combatir cuando sea necesario".

El pequeño Gabriel Solís Oyola, hijo del Héroe de Tiwintza, a sus casi 10 años de edad intentaba com-prender la magnitud de su tragedia y solamente atinaba a no separarse del ataúd con el cuerpo de su padre.

Por el descanso eterno del alma del cabo Gabriel So-lis Moreira se ofició una misa de cuerpo presente a cargo del padre Gaetano Franceschini.

Luego de un largo desfile por las calles de Guayaquil los restos del héroe fueron sepultados en el cemente-rio general.

Familiares esperaron restos en aeropuerto

Los restos mortales de los militares caídos en combate fueron transportados desde Quito hasta el aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil, donde fueron recibidos por familiares, amigos y compañeros de armas.

Los cabos del Ejército Fausto Espinoza Pinto y Gabriel Hipólito Solís Moreira fallecieron durante los enfrentamientos registrados el miércoles anterior en la base de Tiwintza, cuando el lugar fue atacado por tropas peruanas que no respetaron el acuerdo de cese al fuego firmado por representantes diplomáticos de ambos países.

Los familiares de los uniformados caídos en combate esperaron sus restos desde las 07h00 de ayer.

Una calle de honor, ubicada en la pista Nº 1 del aeropuerto Simón Bolívar, conformada por soldados, fue el último homenaje que como Héroes Nacionales recibieron antes de ser entregados a sus familiares. (Fin)

El compañero y camarada Gabriel Solís, luciendo la Boina Verde de PUMA que lo acredita soldado de Fuerzas Especial.

Datos extras localizados

Existe la Escuela de Educación Básica: Sargento Gabriel Solís Moreira en Isla Trinitaria, Guayaquil.

Foto: Unidos por la Educación @UxEong

Una calle en Guayaquil también lleva su nombre: 


--------

Datos sobre el editor de la nota:

Cuenta X: @Zavala_Ra
Blog de Comentarios cortos: https://raulzavala.wordpress.com/
Blog de generalidades: https://lodijeron.wordpress.com/

Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala 

29 de octubre de 2018

Sudor, dolor y valor están en la Boina Roja

Libro de fácil lectura, de explicaciones sobre las
implicaciones de ser un soldado de Fuerzas Especiales
Por causalidad terminé de leer un libro escrito por un Boina Roja, un día antes del Día de Paracaidista Ecuatoriano, en momentos en que la Nación requiere de un soporte y las Fuerzas Armadas de un zacudón.

¡Para hacer algo, no es necesario se héroe! se titula el conjunto de narraciones históricas que realiza Coronel en servicio pasivo Marcelo Gaibor Escobar, en las que conjuga su paso por el Ejército Ecuatoriano y sus entrenamientos como soldado de Fuerzas Especiales, con las recomendaciones que ese caminar sirve para la vida civil.

La historia de como uno a uno fue pasando los cursos para adquirir esas destrezas que sirven para el sobrevivir en combate, para cumplir con la misión, para responder con eficiencia ante situaciones complicadas en que ya no queda ni un gramo de fuerza física y a un paso de perder la razón. Es la máxima expresión que uno puede superarse a sí mismo y estar listo para ir a la guerra o soportar las inclemencias de una situación de emergencia social.

Una de las fotos de mi
entrenamiento
como paracaidista.
Entonces mientras recorro los párrafos perfectamente articulados, recuerdo los tiempos en que pasé pruebas similares durante el entrenamiento en la Brigada Patria  y que al final terminaron con otros de los galardones que puede alcanzar un militar:el parche y la Boina Roja.

En un sinnúmero de ocasiones conté el significado de ser militar y de la Legión de la Vieja Calavera, pero al llegar a esta etapa de mi nueva forma de ver el mundo, me doy cuenta que lo aprendido con sudor, dolor y valor me sirven aún, me genera una fortaleza adicional.

Entre líneas el Crnl. Gaibor narra sobre los valores adicionales que existen cuando uno se ha decidido por usar el uniforme y, más aún, cuando lleva el peso de las alas paracaidistas sobre la cabeza.

Sudor, dolor y valor, son parte
de la mística de llevar la
Boina Roja.
Las emociones transmitidas en aquellas páginas hacen que "desempolve" mi Boina Roja y la use para seguir leyendo, hasta que llego al final del capítulo 7 y me quedo mirando el infinito y memorizando aquel consejo impreso con letra cursiva: "Si sientes que estás amenazado, retírate en silencio y prepárate; al rayar el alba, fortalecido como estés: será tu sorpresa, la que aniquile al oponente."

Un buen día de salto,
llegar a tierra y encontrarse
con los compañeros sanos
y salvos.
Regreso entonces a mi recuerdos, a los momentos en que el trabajo diario era estar siempre listo, en no dejar nada al azar y saber enfrentar los momentos necesarios para el gran día del primer salto. No recuerdo la fecha en que nos trasladaron a Esmeraldas, allí sería la ocasión para saber si es que los duros entrenamientos tendrían resultados.

Subir al avión, acomodarse y sentir el cuerpo pegajoso por el clima y por el miedo-valor, hasta que llega el momento de los gritos porque estamos listos para llegar a la zona de salto... siguen los gritos del jefe de salto, reviso las correas que ajustan el paracaídas a mi cuerpo, el gancho nunca salió de mi mano. "Enganchar y asegurar" fue la orden, no había macha atrás y a caminar hasta la puerta del avión; el resto es autocontrol para sentir la fuerza del aire en el rostro y la conciencia que se cae al vacío.

Llega el tirón, la cúpula abierta y el descenso es mucho más lento, pero es apenas el primera paso, porque luego vienen los saltos con equipo y armamento, con la certeza que en algún momento será para entrar en combate y que el enemigo está allá abajo, listo para meterte un tiro mientras caes.

La 94 de Paracaidismo en la
BFE Patria.
Como paracaidista aprendes el arte de preparación y cuidado del equipo porque de eso depende tu vida; aprendes el arte de sentir miedo como una forma de contrarrestar problemas, del frío análisis cuando el riesgo es evidente. Y el libro me trajo, además, el nombre de otras de las acciones que las cumplo aún: la pausa táctica. 

Pasan las horas y las hojas, poco a poco llego al final del testimonio de vida militar de Marcelo Gaibor, y aunque no presté servicios bajo su mando, se que en esas crónicas están reflejadas las gestas que en silencio y humildad cumplimos los Boinas Rojas.

Uno de los retos en el entrenamiento
es ser el porta banderín, al que
se lo cuida con la vida al igual que
al arma.
Los tiempos son otros, el entrenamiento es otro, el equipo de salto es otro... pero estoy seguro que el entrenamiento es el mismo: duro exigente, sacrificado y de fortalecimiento diario sin miramientos ni privilegios. 

Página 257, la última y casi al cerrar el libro, en la solapa posterior encuentro la lección que arma el sentido de ir a mi pasado y regresar para fortalecer mi actual presencia: "Con el firme propósito de asumir solo y únicamente el control de cada una de nuestras vidas, en tiempos históricos, que sin dejar de ser difíciles, son controlables, viables y placenteros de difundirlos."

Extiendo mi mano, toco las doradas alas que conviven en mi Boina Roja y se que me la gané mientras llega el fin de mis días, hasta que mi calavera no sea más que polvo.

Historia relacionada: Forjados como PUMAS y un reencuentro 30 años después