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6 de mayo de 2026

La Boina Verde que acompaña a Madre

Aquella mañana del lunes 4 de abril de 2026, los PUMAS Joel Coronel, Domingo Ruales, Guillermo Escobar y Gabriel Martínez, expresaron muy solemnemente ante Madre las razones de su presencia; ella, visiblemente llorosa y aún en su estado de convalecencia, sosteniendo entre sus manos mi Boina Verde, los escuchó, les agradeció y también les contó lo que para ella le ha significado durante décadas esta prenda militar.

Llegaron enternados, cada uno luciendo su Boina Verde, vinieron desde Guayaquil, tenían una sola misión y la cumplieron: traer a Madre el saludo de la Hermandad PUMAS. Sí, fueron mis compañeros con los que inicié mi vida militar hace más ya de 40 años, que llegaron hasta mi casa en Puerto Cayo con palabras de bienaventuranza y aliento para que sea posible sobrepasar las crisis familiar. 

Mis amigos y hermanos, al conocer el complicado estado de salud de Madre, nuevamente se activaron para acudir en mi apoyo, no como un acto esporádico, sí como parte de los sentimientos que nos unen muy a pesar que tomamos rumbos diferentes mientras estuvimos de servicio y ahora que estamos fuera de los cuarteles; pero el hilo de amistad forjado como acero no se rompió.

Gratitud, sí... una especial gratitud está albergada en mi mente y corazón, para cada uno de quienes a pesar de la distancia física se unieron para solidarizarse, para quienes tuvieron la gentileza de llamarme, de escribirme, para para estar presentes, tal como lo hicieron cuando las exigencias de los cursos me llamaban a que abandone la ilusión de ser un soldado de Fuerzas Especiales y ellos me empujaron para que no desmayara en mi propósito. 

Recalco la palabra "nuevamente" porque cuando alguno de nosotros ha debido hacer frente a situaciones adversas de manera personal o de sus familiares cercanos, automáticamente se da la voz de alerta y empiezan las gestiones para armar los niveles de apoyo que el compañero requiera. También para enviar señales advirtiendo que no está sólo, que tras él está un grupo de amigos, camaradas, compañeros, bodys... que no lo abandonan, tal como un día lo aprendimos en los duros días de entrenamiento y empleo.

Esta visita me resultó como la sensación de cuando uno está atrincherado, mira la llegada del helicóptero con la logística y los refuerzos, el que trae la consigna de la necesidad de mantenerse firmes en los puestos pase lo que pase, con la noticia de que en la retaguardia está todo listo para cuando llegue el momento de entrar en combate o de evacuar vivo o muerto.

De estas sensaciones de seguro muchos compañeros ya las han vivido y son historias que también quisiera escribirlas, para que las huellas que dejamos sobre este mundo no se borren con facilidad con el pasar de los años; para que nuestros nietos y sus hijos tengan presente que donde hay amigos no mueren amigos.

Me habría gustado estar vestido para la ocasión, pero estaba en mi trinchera con mi ropa de trabajo, así que para la foto de la ocasión volví a colocarme mi Boina Verde, un símbolo que ha trascendido el tiempo y las fronteras, que la guardo como el mayor tesoro del paso por esta vida.

Tengo el vídeo con las palabras de Madre, de Coronel, de Ruales, de Escobar y de Martínez, pero mientras lo revisaba en medio de sentimientos encontrados y ojos llorosos, me llega un mensaje desde Quito, de un amigo de la infancia, afirma que se ha enterado de la visita de los PUMAS y lo acompaña de una melodía, la escucho con atención y las lágrimas vuelven a caer y tomo una decisión, esperando que se convierta en un himno para nuestra Hermandad.

Dedicado a mis compañeros de la IV Promoción de PUMAS, formados en el mítico GFE 111 RAYO. 

Título de la canción: Después del uniforme

Colgué el uniforme un día y el mundo creyó que terminó mi andar, pero hay marchas que no se olvidan ni órdenes que el alma pueda borrar.

Ya no suena diana en mi ventana ni formo lista al amanecer, mas mi cuerpo despierta solo como si aún tuviera puesto el deber.

Muchos creen que un hombre deja de ser soldado al colgar el fusil sin saber que ciertas guerras se quedan para siempre, siempre dentro de ti.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Porque el hombre que sirvió a la bandera no se vuelve un civil de la noche al amanecer.

Ya no marcho en la columna de mi escuadra. Ya no escucho el silbato antes de correr, pero llevo en cada paso de mi vida la costumbre de jamás retroceder.

Hay hermanos que no miro a diario, pero sé que siguen firmes como ayer cada uno tomó su rumbo más la sangre de combate une la piel.

Compartimos hambre y madrugada, lluvia, polvo, fuego y tensión.

Y ese vínculo no lo rompe ni la muerte ni el adiós, porque aquel que fue mi hermano cuando el miedo respiraba alrededor, aunque el tiempo nos separe, cuenta siempre con mi honor.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Porque el hombre que sirvió a la bandera no se vuelve un civil de la noche al amanecer.

Ya no marcho en la columna de mi escuadra. Ya no escucho el silbato antes de correr, pero llevo en cada paso de mi vida la costumbre de jamás retroceder.

Hay días en que extraño el peso del equipo la tensión del silencio antes de avanzar, porque algunos fuimos hechos para el hierro y nos cuesta aprender a descansar.

La vida fuera del cuartel no entiende al veterano cuando observa en silencio alrededor, pues quien vivió siempre alerta nunca baja por completo su instinto de combate.

No oculto el tiempo que fui soldado ni las huellas que dejo en mi andar, porque servir bajo esa bandera fue el orgullo más grande que pude portar.

Y si preguntan quién fui un día yo respondo sin mirar atrás: fui soldado de mis convicciones y eso no se deja jamás.

Después del uniforme sigo siendo el mismo, aunque el tiempo me arrancara el camuflaje.

Autor:  El Soldado Licenciado 
@ElSoldadoLicenciado


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2 de mayo de 2026

En memoria del PUMA "Mocho" Solís

Mientras buscaba un libro para que me sirviera de compañía mientras hacia guardia cuando Madre estuvo hospitalizada, en uno de ellos, aquel que fue el primero que me regaló mi viejo, encontré un recorte de prensa del año 1995 con el relato de la llegada a Guayaquil del "Mocho" Solís, entrañable compañero de la IV Promoción de PUMAS, muerto en combate.

En un inició pensé únicamente transcribir la historia, pero quise darle más contexto a la historia y así fue que del viejo álbum de fotos en papel desempolvé dos de ellas, en dos distintas escenas de que fueron parte de nuestro entrenamiento. La primera cuando estábamos aprendiendo las técnicas de toma de playas y en el que aún no lo hacíamos equipados hasta no adquirir las destrezas necesarias para este tipo de operaciones. En primer plano el "Mocho" tras él mi persona, luego el Cabo Haro (no recuerdo su nombre).

En esta otra foto... por supuesto que posada, yo fingía que daba instrucciones y el "Mocho" prestaba atención. Casualmente están dos oficiales que también estaban haciendo el curso: Luis Lara que llegó a ser Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Ministro de Defensa, así como Amilcar Villavicencio que fue Comandante de Operaciones Navales y quien organizó la ceremonia de reconocimiento a quienes nos formamos en el Grupo de Fuerzas Especiales 111 "Rayo" PUMAS.


Vale recordar que el apodo "Mocho" fue porque había perdido una parte de la oreja derecha y sin mal no recuerdo había sido por la mordida de un burro.

Con estos antecedentes, en honor a Gabriel "Mocho" Solís, procedo a transcribir lo publicado en la Pág. 9 del diario impreso El Universo del 28 de febrero de 1995.

Murió defendiendo la Patria en Twintza
Honores a un héroe guayaquileño

Con todos los honores militares fue sepultado ayer el cabo Gabriel Solís Moreira, natural de Guayaquil, quien ofrendó su vida en Tiwintza al defender el territorio ecuatoriano luego del artero ataque de tropas pe ruanas, que no respetaron el acuerdo de cese al fuego que firmó su gobierno.

Lágrimas de dolor y orgullo vertieron los familiares del "Héroe Nacional" que cayó en combate el miércoles anterior y que lo convirtió en el primer guayaquileño que muere en defensa del honor nacional en el actual conflicto con el Perú.

El cuerpo del malogrado militar llegó hasta la pequeña y modesta vivienda situada en la calle Brasil y la 37, donde habitan sus familiares, para recibir el adiós de amigos, compañeros de armas y vecinos.

Nutridos aplausos y gritos de ¡Viva el Ecuador! saludaron la llegada del féretro del cabo Solís Moreira a la casa de su madre, Rosalía Moreira, quien sobreponiéndose a la pena que la embargaba expresó su orgullo por la heroica muerte de su hijo.

Los restos del cabo Gabriel Solís Moreira fueron velados por espacio de dos horas en el domicilio de sus padres, luego de lo cual fueron trasladados hasta el cementerio General de Guayaquil en un desfile fúnebre en el que participaron sus compañeros del Ejército, familiares, amigos y ciudadanía.

Tuvo tres hijos

El cabo primero Gabriel Solís Moreira fue miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército, estuvo casado con Gloria Oyola, con quien procreó tres hijos: Gabriel que cumplirá 10 años este 9 de marzo; Lady de 7 años y Raúl Clotario, un tierno bebé que cumplirá cuatro meses de edad también el 9 de marzo.

La esposa manifestó que se enteró de la muerte de su marido recién el domingo en la mañana, en circunstancias que iba a preparar el almuerzo para sus hijos.

Recordó que la última vez que el héroe Gabriel Solís Moreira estuvo en casa fue para las fiestas de año nuevo, ocasión que sirvió para hacer planes para ir toda la familia a vivir a Lago Agrio, sitio donde su esposo estaba acantonado.

Anotó que la última vez que conversó que su esposo fue hace pocos días cuando le dijo que estaba bien y que regresaría en marzo para pasar vacaciones con toda la familia.

La viuda, visiblemente consternada, expresó "quien va a ver a mis hijos ahora que él no está, era el único sostén del hogar".

Los vecinos coincidieron al señalar que el cabo Gabriel Solís Moreira fue un hombre amigable que se llevaba bien con todos y que le gustaba practicar el fútbol y el voleibol.

Madre orgullosa de su hijo

La madre del soldado muerto en combate, Rosalía Moreira Tejena, tiene 57 años de edad, manifestó que estaba destrozada por la muerte de su hijo, pero que se sentía orgullosa por la valentía de este, "ya que ofrendó su vida por la Patria".

"Mi hijo era muy bueno conmigo y con todos sus amigos y compañeros. Si tenía algo de comida la compartía con los demás. Era amigable y no sentía rencor por nadie", dijo la señora Rosalía Moreira.

"Nunca me contó sobre problemas en su trabajo e incluso cuando estaba enfermo no le gustaba ir al médico si esto afectaba sus actividades en el Ejército", expresó la madre del soldado caído en Tiwintza.

"Gabriel llamó por teléfono el 5 de febrero para indicar que estaba bien y que se iba a pelear en la zona de conflicto", manifestó llorosa la señora Rosalía.

Anotó que Gabriel fue el segundo de cinco herma-nos, y los que siguen vivos son Napoleón, José, Olivia y Juan, este último realiza el servicio militar en la Base Logística de Durán.

Listo para luchar

Juan, hermano del soldado muerto en combate, señaló que él también está listo para luchar por la Patria y si hay que morir que así sea. Todos estamos preparados físicamente y mentalmente para combatir cuando sea necesario".

El pequeño Gabriel Solís Oyola, hijo del Héroe de Tiwintza, a sus casi 10 años de edad intentaba com-prender la magnitud de su tragedia y solamente atinaba a no separarse del ataúd con el cuerpo de su padre.

Por el descanso eterno del alma del cabo Gabriel So-lis Moreira se ofició una misa de cuerpo presente a cargo del padre Gaetano Franceschini.

Luego de un largo desfile por las calles de Guayaquil los restos del héroe fueron sepultados en el cemente-rio general.

Familiares esperaron restos en aeropuerto

Los restos mortales de los militares caídos en combate fueron transportados desde Quito hasta el aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil, donde fueron recibidos por familiares, amigos y compañeros de armas.

Los cabos del Ejército Fausto Espinoza Pinto y Gabriel Hipólito Solís Moreira fallecieron durante los enfrentamientos registrados el miércoles anterior en la base de Tiwintza, cuando el lugar fue atacado por tropas peruanas que no respetaron el acuerdo de cese al fuego firmado por representantes diplomáticos de ambos países.

Los familiares de los uniformados caídos en combate esperaron sus restos desde las 07h00 de ayer.

Una calle de honor, ubicada en la pista Nº 1 del aeropuerto Simón Bolívar, conformada por soldados, fue el último homenaje que como Héroes Nacionales recibieron antes de ser entregados a sus familiares. (Fin)

El compañero y camarada Gabriel Solís, luciendo la Boina Verde de PUMA que lo acredita soldado de Fuerzas Especial.

Datos extras localizados

Existe la Escuela de Educación Básica: Sargento Gabriel Solís Moreira en Isla Trinitaria, Guayaquil.

Foto: Unidos por la Educación @UxEong

Una calle en Guayaquil también lleva su nombre: 


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13 de marzo de 2019

Twitza y Cenepa: historia de héroes y olvidos


La Verdad publicó mi artículo sobre uno de los hechos históricos del Ecuador que han quedado en el olvido, al que no se informa en escuelas y colegios, el que las nuevas generaciones lo desconocen; se trata de la guerra con el Perú y su capítulo del Cenepa y Twitza.

Lo publicado en la edición 367 de la revista correspondiente a febrero del 2019, es una manera de apoyar a recuperar la memoria, pero también para dejar constancia que la nación tiene otros héroes que por mucho tiempo fueron relegados al olvido político. Las memorias de lo ocurrido en combate han sido reveladas desde las palabras de quienes sintieron los estruendos de la guerra y vieron a sus compañeros morir, de los cargaron sus cuerpos.

Muchos datos se quedaron en el tintero, pero poco a poco los iré incorporando, además de la experiencia de haber leído el libro publicado por mi Coronel Vergara, a quien agradezco por el ejemplar autografiado.

Como un antecedente: mi Coronel Vergara, así mismo, difundió una de las experiencias de guerra, misma que la publique en mi blog: Carta pública, enviada al Sr. General Paco Moncayo el 23 de diciembre del 2016.

Al final de esta entrada se encuentra el vídeo con el ritual que sirve para mantener con vida a nuestros compañeros caídos durante el conflicto; a continuación transcribo el artículo titulado: "CENEPA: un vergonzoso olvido del Ecuador"

La historia nunca deja de escribirse, más aún cuando el protagonismo está enmarcado en acontecimientos heroicos de una nación. Es lo que aprendí cuando terminé de leer el libro “Twintza, honor y gloria”.

Este capítulo de Ecuador lo relata el Crnl. (SP) Eduardo Vergara, quien estuvo al mando de las tropas que se emplearon en el frente durante el conflicto bélico con el Perú, en lo que fue la zona no delimitada en la amazónica Cordillera del Cóndor; un olvido social de lo ocurrido en 1995.

En el imaginario de la población están presentes otros nombres de esta gesta militar, pero no de quienes cayeron, no de quienes durante semanas estuvieron internados en la selva, evitando que el enemigo los mate, evitando que el enemigo se tome lo que por herencia pertenece al Ecuador.


El Coronel Vergara narra las crudas escenas que junto a sus soldados vivieron, las sensaciones y sentimientos cuando llegaron las noticias de las bajas, explica al detalle – como un diario de guerra- los movimientos, la toma de decisiones y las órdenes, los impases con los mandos que a la distancia decidían, aparentemente, por las informaciones más del enemigo que por fuentes propias.

Mucho antes que esta guerra estallara, tuve la oportunidad de conocer a Eduardo Vergara cuando presté mis servicios en el Grupo de Fuerzas Especiales “111 Rayo”, conformado por quienes completamos el entrenamiento PUMA. Con esta confianza conversé con él.

Mi Coronel, ¿Considera que los historiadores del Ecuador han excluido la importancia del Conflicto  del Cenepa, en los procesos de desarrollo nacionales? 

La respuesta es concluyente:  “… algunos  historiadores poco o nada han hecho, para incluir en el presente Plan de Desarrollo la importancia de aquel triunfo militar histórico, alcanzado luego de 163 años de vida Republicana, allá en el Alto Cenepa. Siendo la historia la narración de los hechos verídicos a través del tiempo, es muy necesario que nuestra juventud sepa de aquella gesta que nos orgullece a todo el pueblo ecuatoriano.”

Por alguna razón, el escenario político en Ecuador busca minimizar las gestas de los ciudadanos que ejecutaron acciones que fueron más allá de su deber, se lo evidencia cuando también están olvidadas las insignes personas, civiles y militares, que estuvieron enfrentando las desgracias del terremoto del 2016 en Manabí y Esmeraldas.

Es la imagen que me fui formando mientras avanzaba en cada página del libro, situaciones que seguramente no podrán leerse en ningún otro texto y que está fuera del alcance de las actuales generaciones. Es allí que me encuentro con el Almirante (SP) Aland Molestina, quien escribe el resumen en la contraportada.

El Almirante Molestina, Comandante del “111 Rayo” y mi instructor, sintetiza la crónica de Coronel Vergara: “…perenniza la acción heroica de aquellos soldados que ofrendaron su vida por el Ecuador y de aquellos héroes vivos olvidados por la historia”.

Entrevista al Almirante (SP) Alad Molestina.
Los dos oficiales fueron compañeros en el curso de PUMAS y cuando empiezo a escribir este artículo, tengo la oportunidad de preguntar a mi Almirante Molestina sobre el autor del libro; me narra el temple del paracaidista Vergara, cuenta lo que significó unificar criterios combativos en las tres ramas de las Fuerzas Armadas. Pero también me dice del carácter de aquel oficial de Fuerzas Especiales, que le permitió enfrentar y comandar a sus soldados para cumplir la misión.

El excomandante de la Armada Nacional también comenta que los altos y bajos que tuvieron durante el curso, pero explica que todos fueron necesarios para que en 1995, el Coronel Vergara tuviese la capacidad de enfrentar tan complejo escenario bélico.

Retomo la conversación con el autor del libro: ¿Por qué considera que se ha disipado en el tiempo el concepto de Generación de la Victoria?

Con los compañeros PUMAS
“Desde que finalizó el conflicto, existieron muchos intereses personales y políticos que tergiversaron su verdadero significado de aquella Gesta Histórica; posteriormente, comienzan a formarse ciertos grupos, asociaciones de excombatientes, sin tener un objetivo claro de lo que persiguen. La mayoría de jóvenes, desconoce aquella victoria ecuatoriana de hace 24 años, por lo que es necesario, hacer foros, charlas y  conferencias en los colegios, universidades y sociedad civil, dando a conocer la verdad de los hechos.”

En mayo del 2018, finalmente la Asamblea Nacional condecoró al Crnl. Vergara por su actuación en el conflicto del 95, sin que ello no signifique que en la memoria de cientos de excombatientes su nombre ocupe un lugar especial. Quizás fue un primer paso para la nación retome el camino hacia su seguridad.

Hoy que las nuevas amenazas son el narcotráfico y el crimen organizado, tal vez sea necesario regresar a los entrenamientos militares que empezaban con la consigna:

¿Para qué vamos a trabajar el día de hoy? 

Y los soldados respondíamos en un solo grito combativo:

Para fortalecer nuestro cuerpo y nuestro espíritu
Para reconquistar con las armas
Lo que la política y la diplomacia han cedido.

¡¡Viva el Ecuador!!

El viernes 25 de enero de 2019, en Guayaquil se cumplió una ceremonia en memoria de los caídos en combate, a la que asistimos quienes de una u otra manera fuimos parte de estos heroicos acontecimientos. Así fue el mantener con vida a nuestros compañeros de armas:




Otro post relacionado con esta historia: Tiwintza: los impases de un soldado - A los 24 años del Cenepa

12 de agosto de 2018

Forjados como PUMAS y un reencuentro 30 años después

Fue en 1985 que decidí ingresar a un curso que cambiaría mi vida hacia un rumbo que jamás lo pensé, estaba recién graduado del colegio; un curso que me exigió fuerzas más allá de las que jamás pensé tener. 33 años después me reencontré con la promoción de ese curso.

En ese año me en listé en la milicia y la verdad que no sabía en lo que me estaba metiendo, solo seguí el instinto de la aventura de mis 20 años y desde Quito fui a parar a Guayaquil, a un cuartel que estaba al interior de lo que en ese entonces se lo conocía como el "5to. Guayas". Era una unidad de fuerzas especiales que estaba al servicio del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

No estaba solo en esta aventura, estaban al menos unos 500 más los que llegamos a esta unidad, allí nos esperaban otros tantos, mayoría de ellos exconscriptos (yo no la hice); entonces fuimos recibidos como la respectiva ceremonia en el Grupo de Fuerzas Especial 111 Rayo "PUMAS". Correr, formar, hostigamiento, sudor, dolor, gritos, presión y frases que hasta ahora me retumban: muchos los llamados pocos los elegidos o, no son merecedores ni del aire que respiran ni de la comida que se comen.

Había entrado a curso de alto rendimiento físico y psicológico, fueron tres meses de duro trabajo militar con el que se intentaba formar y forjar un tipo de soldados entrenados de una manera diferente a lo que tradicionalmente se hacía en el Ejército, Marina y Aviación individualmente; en un día a día que parecía no acabar fui conociendo a muchos de quienes serían mi promoción.

En cada uno de esos "día a día" otros reclutas se retiraban, el esfuerzo del cuerpo y de las limitaciones superaron su espíritu, se quebraron y se fueron. El resto seguíamos sin saber lo que nos esperaba al día siguiente.

No lo niego y lo reconozco, cada noche, al llegar al sitio destinado para dormir, lloraba de dolor y sufrimiento, me decía: "mañana me largo de esta pendeja, no tengo porqué aguantar tanta cosa"; el sueño me vencía y parecía que apenas había cerrado los ojos ciando ya se escuchaban los gritos de los instructores para que nos levantemos, era hora del trote y del regreso al esfuerzo que debían hacer ellos para doblegarnos.

En cada momento las lágrimas se me escapaban y mis compañeros me decían y me repetían: tranquilo, aguanta... todo pasa..., hacia caso y llegaba la noche simplemente para empezar todo nuevamente. hasta que en algún momento pude controlarme porque había aprendido a desprender el dolor del cuerpo ante la consigna que todo pasa.

En el primer final de este trabajo habíamos aprendido a trotar sin mayores esfuerzos casi 40 kilómetros, a caminar con 60 libras a la espalda a una velocidad de casi 6 kilómetros por hora, a sentir la derrota la física y moral para al mismo tiempo a no darnos por vencidos, vivimos el significado de morir sin haber muerto.

Llegó el momento de la graduación de soldados contratados, apenas unos 200 llegamos al momento en que nos entregaron la primera insignia, pero solo era un pequeño paso que nos permitiría descansar uno corto tiempo porque nos habíamos ganado el paso a otro curso que prometía ser más intenso y que requería de humanos con nervios templados e inmunes a los sentimientos que estuviesen fuera del uniforme, el fusil y la misión. Los sobrevivientes no sabíamos que estábamos siendo parte de otro capítulo de la historia militar de Ecuador.

La mayoría de nuestros instructores habían sido combatientes de Paquisha (1981) y ya habían hecho el curso de PUMAS, su experiencia en combate era la mejor metodología de enseñanza; en el entorno político el Ecuador estaba la presencia del grupo terrorista - delincuencial "Alfaro Vive... ¡Carajo!" (AVC). Una reseña se puede leer AQUI

En cada ejercicio en el terreno o en instrucción al interior de la unidad, se trabajaba con la presión que todo es real y nada es juego, que manejar armas y tener conocimientos tácticos operativos no era un pasatiempo; cada error nos costaba más horas de perfeccionamiento y acondicionamiento físico, además de los consabidos "teques" y medición del dolor.

Pasaron nueve meses de entrenamiento técnico - intelectual para combatientes de primera línea; si la memoria no me falla al día de la graduación apenas llegamos unos 150, pero aún faltaba más. Otro corto descanso y fuimos trasladados a Latacunga a la Brigada de Fuerzas Especiales "Patria", debíamos ganarnos una tercera insignia, la de paracaidistas de combate. Del calor tropical al frío andino, era desde ya la primera prueba y las siguientes vendrían en el costo de ganarse la Boina Roja a pesar que ya sobre nuestras cabezas lucía la Verde.

Nos graduamos al menos unos 100 de Pumas - Paracaidistas y regresamos a nuestra unidad, la vida cambió y debía empezar el momento de poner en práctica lo aprendido.

Las circunstancias y otros cursos me llevaron lejos de mi promoción, alguna vez me encontré por casualidad con algunos de ellos; nada más. Supe de ellos cuando en el 1995 nos movilizamos debido a lo que se conoció como La Guerra del Cenepa, ellos en unidades diferentes a la que yo estaba; allí me enteré de las bajas en combate de dos de mis amigos de promoción: el "mocho" Solís y el "cabezón" Villacis.

De allí para acá nada de nada, hasta que en el 2018, por mis temas de trabajo en el periodismo salude con mi Contraalmirante Aland Molestina, quien había sido nuestro oficial instructor, él a su vez me puso en contacto con mi promoción Adriano Montenegro y así fui reclutado nuevamente, pero esta vez en un grupo de WhatsApp; entonces supe nuevamente de mis excompañeros y así fui saludando y recordando a quienes supieron enseñarme el arte de sobrevivir con el "aguanta... todo pasa".

Para el 14 de julio de 2018 nos convocamos los soldados de la cuarta promoción de soldados PUMAS - Paracaidista, de quienes en un momento de la vida pertenecimos o a la Armada, a la FAE o al Ejército, pues en el 111 Rayo nacimos y criamos juntos pero dependíamos a cada una de las fuerzas.

Los que asistimos ya estamos en el servicio pasivo, los volví a saludar y tuvimos una gran reunión de conversas, recuerdos, actualización de la vida, preguntas y respuestas sobre lo que pasamos cuando hicimos los cursos, remembranzas de los instructores y memorias de quienes ya murieron o bien en servicio o bien por enfermedades.

Para el día de la reunión ya no somos los jóvenes que cruzamos por primera vez la garita del 111 Rayo, estamos sobre los 50 años -la mayoría- muchos con nietos... pero vi en ellos los mismos rostros de esos días de entrenamiento, de esas largas jornadas aprendiendo tomas de playa o de caminar en medio de la oscuridad. Allí estaban luego de más de 30 años mis compañeros de armas.

En este grupo virtual empezaron a subirse fotos de de aquellos tiempos, de cuando solo existían las de papel y poco a poco se fueron construyendo remembranzas, con nombre y apellidos, apodos y anécdotas de todo tipo.
Fue como regresar al pasado con los rostros del presente, con el cúmulo de experiencias que habíamos adquirido o bien como militares o bien como civiles; las frases y dichos de esos tiempos, las bromas y las palabrotas que jamás se perdieron del léxico normal.

Hicimos comparaciones entre lo que fue esa época y lo que ahora se hace, la política no estuvo alejada de las pláticas, ni tampoco las nuevas formas de entrenarse militarmente, las andanzas en los pases obligados. Recordamos que un día fuimos soldados que pasamos del "verde fatiga" al especial uniforme camuflaje.

Historia de las Fuerzas Especiales del Ejército Ecuatoriano
Pág. 86 y 87
Cuando llego a esta parte de esta crónica, siento el orgullo de haber pertenecido a ese grupo de PUMAS y que la única forma de honrar a mis compañeros es ir recordando y recopilando nuestras historias para que no se pierdan, para que ese capítulo, nuestro capítulo, sea incorporado en los diferentes textos que recopila la Academia Nacional de Historia Militar - Ecuador.

Lograr este objetivo, al igual que toda operación militar que realizamos los soldados de Fuerzas Especiales, depende de la velocidad y la efectividad.

Pero por ahora, me quedo con las memorias de mis compañeros de la Cuarta Promoción de PUMAS, graduados en el GFE 111 RAYO.