18 de mayo de 2009

Los otros números y los votantes

Foto: www.pressenza.com
Lo bueno de las estadísticas es que las personas podemos acomodar los números según nuestra libre voluntad siempre y cuando no contravengamos la lógica matemática ni atentemos a los principios algebraicos y sin, claro, alterar los programas informáticos. 

Digo esto porque luego que el Consejo Nacional Electoral confirmó la reelección presidencial del Señor Candidato Rafael Correa en “una sola vuelta” con el 51,95% de los votos “válidos”, es importante tener otra visión de las cifras, más allá del simple razonamiento electivo. 

Dos aclaraciones antes de proseguir. Uno: aquí y por ahora no se cuestiona el sistema de conteo de votos, será motivo de otro comentario; dos: los votos válidos también son los nulos y blancos porque son también la expresión de un grupo de ciudadanos, lo explicaremos más adelante, independiente de lo que diga la normativa legal, asunto cuestionable y para ser debatido; tres: OJO: el Sr. Correa no ganó, fue reelecto. 

Sobre los votantes. Para este comentario o análisis es importante dejar claro que en cuestión de votos los electores, al menos en democracia, expresan literalmente su predilección por uno u otro candidato, es decir si el votante votó por un candidato nunca significa que votó por otro, (obvio pero hay que decirlo) porque si no votó por uno de los candidatos significa que no lo acepta. Por un acaso no estoy cantinfleando, sino expresando condicionantes antes de llegar a una conclusión. 

También es indiscutible que las intenciones latentes de un votante no son consideradas para efectos de la democracia; es decir, si un votante decide votar por un candidato no importan las razones: que fue por dar la contra a otro o porque fue por el menos malo o le agrada su imagen o le agrada su plan de trabajo o tienes intereses personales, nada de lo mencionado y otras situaciones parecidas importa para la gente y máquinas que cuentan votos y sacan cuentas electorales. 

La intención latente es aquella en que la persona guarda para sí su verdadero interés sobre las razones que le conllevan a tomar una decisión, en contraposición con la intención manifiesta, que es cuando una persona evidencia públicamente su interés al tomar una opción. 

Retomando el tema. Vivimos en una democracia meramente numérica o dicho en otras palabras vivimos bajo la vulgar tiranía del voto. Así están las cosas y por ahora no hay nada más por hacer. Tal vez exista una oportunidad en el Siglo XXII para tener una verdadera, real y tangible democracia.

Sigamos con los votos nulos. Si un votante vota nulo significa que no acepta a ninguno de los candidatos; no hay más formas de entender esa opción. ¿Es o no esa expresión válida? ¿Por qué debe la Ley obligarnos que votemos por uno u otro candidato? ¿Por qué se ha proscrito el voto nulo? Algún día encontraremos las respuestas o quizás algún experto en temas democráticos nos explique y hasta nos persuada de que el voto nulo es antidemocrático. Por ahora yo no creo eso. 

Para recordar. Artículo 66 de la Constitución Política del Ecuador en vigencia: “Se reconoce y garantiza a las personas…: Lit. 6. El derecho a opinar y expresar su pensamiento libremente y en todas sus formas y manifestaciones.” 

El voto nulo es una opinión que se expresa en las urnas y un proceso electoral es una manifestación del pensamiento. Por tanto el no considerar al voto nulo como parte de los sustentos para una elección es anticonstitucional. Tal vez diga un destacado jurista que yo estoy equivocado, pero aun no lo he escuchado. 

El voto blanco. Es otra de las expresiones de los votantes que significa que ellos han dejado en libertad para que otros decidan por ellos y que uno u otro candidato es aceptado. Bajo el mismo sustento realizado sobre el voto nulo, el voto blanco debe y tiene validez para efectos electorales, lo contrario también es inconstitucional. Espero las opiniones del jurista. 

Sobre el ausentismo. Los votantes que no se presentaron a votar, independiente de las razones para ello, no han expresado su opinión, consecuentemente pienso que está bien no se tome en cuenta esa opción, pero sin olvidar que son parte del padrón electoral. 

Al amparo de estas consideraciones vayamos a las cifras. El padrón electoral para estas elecciones del 2009, según el CNE, indica que somos 10’532.234 votantes; es decir los que sí tenemos opción a opinar sobre un candidato para ser electo. Si es que la lógica democrática nos indica que para que un candidato sea electo debe tener el 50% +1 de los votos, o sea la mayoría, significa que 5’266.118 son los votantes que debieron decidir por el nuevo Presidente del Ecuador. Pero, como lo indica el CNE existe un ausentismo de 2’602.629 votantes, se coligue que quienes debieron elegir al nuevo Presidente son 7’929.605 votantes y en consecuencia el 50% + 1 son 3’964.803 votantes, incluidos los blancos y los nulos. 

Miremos ahora el distributivo de los votos, así mismo según el CNE, considerando que un universo de votantes para este caso es de 7’929.605 votantes, con las respectivas sumas y restas, resulta que el 45,20% de electores decidieron que el candidato Correa sea el nuevo Presidente, que si lo comparamos con los votos que debía tener para ser electo (50%+1), le faltaron 380.568 votos para una verdadera mayoría, que bien podría complementarse, tal vez, esa diferencia con los votos Blancos (533.571), con lo cual alcanzaría 4’117.807 votos. 

Y bien como el asunto es intentar descubrir que más nos dicen las cifras electorales y frente a ello la situación del Presidente electo, realicemos ejercicios de contrapesos numéricos. Si estamos tratando asuntos de mayoría y que existe un Presidente electo, podemos comparar con los que no votaron por él, y tendríamos que 4.345.369 votantes no lo hicieron por él contra los 3.584.236 votantes que sí lo hicieron. De los totales presentados es posible deducir que el conjunto de opciones diferentes al candidato R. Correa son mayores. 

Para este caso el voto blanco es una opción múltiple que se la entiende como si y no “estoy” (para el votante que tomó esta opción) con el electo y los no electos, por tanto no puede considerarse como un voto a favor del candidato electo. El voto nulo (496.281) definitivamente para ninguna opción, ni siquiera para el candidato electo. 

Otra manera de entender las cifras. Supongamos que los votos blancos se acreditan al candidato de mayor votación y que los votos nulos se suman al total de los otros candidatos como otra opción electoral, tendríamos que el Candidato Correa alcanzaría 4.117.807 votos contra los 3.811.798 votos de la suma de las otras opciones. 

Al terminar este comentario llego a una conclusión: ¿para qué sirve todo este juego de números si es que ya es indiscutible la información oficial del CNE? pues como un detonante para repensar nuestro sistema electoral y de esta manera podamos fortalecer lo que está bien así como reemplazar o componer lo que está mal. 

Este mismo tipo de análisis podría hacerse con otras dignidades, caso de alcaldes y prefectos, tal vez la elaboración de cuadros y gráficos estadísticos electorales nos permita conocer aspectos sobre lo que dicen los votantes como una expresión manifiesta y no entendida del conjunto de la votación. Y uno de los aspectos que debemos empezar a trabajar es el de recuperar la validez de los votos blancos y nulos como uno de los parámetros que nos permita medir la aplicación del Art. 66 de la Constitución, mencionado oportunamente. 

Además sirve para empezar a entender la lógica electoral, paso a paso, porque luego deberemos repensar, así mismo con lo que nos dice los números respecto a la fuerza relativa de los votos en plancha, la asignación de escaños y el peso específico de los votos unipersonales. Repito, los números dicen lo que uno quiere que digan.

9 de mayo de 2009

Apuntes a la Propuesta de Estrategia para la Reducción de Riesgos

Los siguientes comentarios son un aporte al proceso de consulta realizado por la representación institucional en Manabí de la Secretaría Técnica de Gestión de Riesgos, sobre el documento “Propuesta de estrategia nacional para la reducción de Riesgos y Desastres” puesto en circulación en noviembre de 2008 y que lo leí en abril de 2009.

En este sentido, los apuntes realizados tienen como objetivo el de poner a consideración de los tomadores de decisiones aspectos a ser debatidos si corresponde o, por el contrario, desecharlos si fuera el caso.

Un primer apunte y desde mi punto de vista es que el documento no es ni bueno ni malo, no es positivo ni negativo, es un documento propositivo que merece ser analizado no solo a nivel institucional sino también desde lo ciudadano individual y colectivo.

Ya en la parte pertinente sobre el Sistema Descentralizado de Gestión de Riesgo, considero que además de descentralizado debe ser desconcentrado, pues es a partir de la desconcentración, por si mismo, deviene la descentralización. Un aspecto que no se anota ni se detalla acciones, consecuencias ni definiciones, es la parte referente a la ‘subsidiaridad’. 

En el documento no ha sido posible encontrar la arquitectura de los mecanismos de apoyo y soporte en lo referente al respeto a la autoridad local o regional. Es necesario dejar constancia de la relevancia trascendental del principio de ‘Permanencia’, si es que este principio no se incorpora en la generación de políticas públicas y de la práctica diaria institucional y ciudadana, existe la alternativa que todo el sistema planteado no funcione cuando las “alarmas de prendan”.

Un segundo puntal en el sistema y como apoyo al principio de Permanencia es lo concerniente al libre acceso a la información, aspecto considerablemente amplio y al que se recomienda se lo circunscriba o bien a la gestión periodística o información pública o a la de información de apoyo institucional, tal vez a todas, pero debidamente circunscritas según convenga al Sistema y a la normal operación durante una emergencia.

Ya en las líneas de trabajo un aspecto importante es la evaluación, control y seguimiento, para lo cual las propuestas deben ser cuantificables y cualificables, consecuentemente se podrá establecer el cumplimiento o estado del proceso de ejecución de la acción. Ejemplo: ¿Cómo se evalúa o se mide el ‘desarrollar’? ¿Cómo se determina que se ha cumplido ese trabajo.

En la Propuesta de Política 1, sugiero que se cambie la palabra ‘Contar’ por la ‘Implementar’, pues si es que esta política sobreviene de la identificación de un problema relacionado con una carencia, la solución no es que se cuente con un ‘algo’ sino con la incorporación de ese aspecto faltante. 

En la línea de trabajo 1.2. solo hace referencia a los espacios formales de participación ciudadana que implica el cumplimiento de requisitos legales establecidos en diferentes cuerpos legales, pero existen otros espacios no formales de organización ciudadana que se han convertido en apoyos a la gestión del riesgo; en todo caso podría incorporarse los espacios y mecanismos formales y no formales debidamente acreditados. 

El Problema Identificado 3, hace referencia a un aspecto comunitario pero desconozco si ello implica a las organizaciones sociales desde lo institucional, como por ejemplo los gremios, colegios o cámaras; de no ser así sería pertinente que se incorpore la expresión ‘Organizaciones Sociales’ luego de “Las comunidades…”. 

En la línea de trabajo 3.3. se propone la Formación de Líderes, pero queda la duda de cual es el alcance de esa propuesta, cuando el liderazgo es un aspecto innato y subjetivo que no responde a exactamente a procesos formativos.

En la Propuesta de Política 5, es recomendable reemplazar la expresión ‘Etc.’ por ‘Sistema Educativo, de capacitación y formación profesional’.

El Problema Identificado 6 no indica el tipo y cualidad de información, pues existe información pública, información para la gestión periodística, información técnica, información científica e información legal; sin embargo de la lectura se concluye que se hace referencia a la información pública en general.

En la Línea de Trabajo 8.4 se propone incorporar a las instituciones privadas y a sus coordinaciones interinstitucionales al igual que en las públicas. Frente a las actuales circunstancias en que se desarrollan las políticas tributarias en Ecuador, se ha detectado que en las Líneas de Trabajo que hace referencia al Problema 8, no se han incorporado una línea de trabajo con el tema de ‘Instrumentos fiscales’.

Lo concerniente a la Misión del Órgano Rector del Sistema (4.3.1), nuevamente contiene el vocablo ‘LIDERAR’, expresión, como se indicó oportunamente, es subjetiva que no responde a las características de una Misión, pues no me es posible determinar como evaluar y/o medir el cumplimiento de esa, justamente, Misión, por lo que ‘liderar’ sería más un propósito institucional; consecuentemente me permito recomendar que la Misión diga: “Gestionar para que el Sistema Nacional Descentralizado de gestión de Riesgos garantice la protección…” con lo cual si es viable medir y evaluar el accionar institucional.

Me es posible inducir que al momento se construir la Misión se confundió entre lo que debe lograr el Sistema Nacional de Gestión de Riesgo y con la funcionalidad institucional respecto a ese Sistema.

En cuanto a la Visión (4.3.2) se hace referencia a la Institución por tanto en lugar de ‘provisto’ debe ir la palabra ‘provista’; además se usa la palabra ‘conglomerado’, expresión que se usa para definir la unión de fragmentos dispersos de una masa, por tanto no es aplicable al factor humano, por lo que se recomienda el cambio de ‘…provisto de un conglomerado humano…’ por ‘…provista de un equipo humano…’

Respecto a las Actividades, el documento establece avances, por tanto son hechos consumados que no amerita hacer sugerencias sino emitir criterios evaluativos para casos específicos. 

Específicamente la A.3. no es coherente con la declaración de descentralización al entregarle la presidencia de los COE a los gobernadores, pues si fuera descentralizado deberían ser los Prefectos quienes debieron asumir la responsabilidad de presidirlos; al mismo tiempo se les entregó el encargo de ser los voceros oficiales cuando en la práctica esto no resultó funcional. 

Con base en la actividad A.8. sería pertinente dar el seguimiento del estado de situación de los albergues equipados por el MIES, pues luego de pasadas las emergencias se desconoce el destino y estado de ese equipamiento, que se supone debe ser utilitario para futuras emergencias, si fuese el caso de equipos no fungibles. No existe control social en este aspecto.

Finalmente y en términos generales, me permito sugerir lo siguiente:
  1. Que se realice un análisis comparativo entre las diferentes actividades para poder determinar cuales pueden ser parte de un programa integral, de tal manera que no existan acciones repetidas conducentes a cumplir un mismo objetivo;
  2. Realizar examen sobre los procesos tramitológicos aplicables tanto para los asuntos administrativos propios de la gestión pública como para el antes, durante y después de presentad la emergencia, con el fin de encontrar los “cuellos de botella” que afecten la capacidad de resiliencia institucional y ciudadana;
  3. Incorporar en la gestión del riesgo planes de acción para los diferentes sectores productivos y profesionales; y,
  4. Mantener y sustentar en el ámbito regional y local un equipo de voluntarios y personal contratado multidisciplinario para la eficiente articulación y accionar cuando de Propuesta de Estrategia pase a ser una política de obligatorio cumplimiento.

3 de abril de 2009

¿Ha pasado algo?

Luego de algunos meses de ausencia he regresado a la realidad del planeta Tierra y veo que hay algunos cambios interesantes que no necesariamente podrían significar que sean buenos o malos. Simplemente cambios. Me acabo de enterar lo que generó la subida y la caída de los precios del petróleo, que hay un nuevo inquilino en la Casa Blanca y que en Ecuador y Bolivia hay una nueva Constitución, que el planeta está enfrentando una grave crisis financiera, que los vientos de guerra se convirtieron en bombardeos en medio oriente, que el desempleo es ya una forma de vida, que la Tierra tiene graves síntomas por los efectos de la contaminación, que siguen las reuniones y contra marchas, pero que también los atentados racistas son más evidentes. Supe que la Liga de Quito logró la Copa Libertadores de América y se quedó con el vice campeonato mundial, pero que también mi Deportivo Quito por fin logró ser Campeón y que la Capira (Liga de Portoviejo) subió a la Serie A. Me puse al corriente, así mismo, de los logros deportivos de Jefferson Pérez. La muerte de León Febres Cordero se que fue acontecimiento nacional y que Ecuador entró en un nuevo proceso electoral. Cuantas cosas más pasaron en este Planeta y en Ecuador mientras estuve fuera, muchos cambios. De todos estos cambios y estos acontecimientos, lo que aun no logro entender es de qué manera estamos viviendo mejor. Me pregunto esto porque ahora que he caminado por algunas calles de Portoviejo, Manta, Guayaquil, Quito, Cuenca y Guayaquil, veo rostros de desazón, angustia, de no saber qué va ha pasar. Si al principio de este comentario indicaba que estos cambios no tenían un significativo valorativo, ahora, luego de ver lo que vi y de sentir lo que siento, casi estoy seguro que esos cambios no son buenos, al menos en Ecuador. Y mientras escribo lo que he visto y leo lo que ha pasado siguen pasando “cosas” que me hacen pensar y repensar sobre lo que nos espera. Aparecen titulares de la prensa ecuatoriana sobre nuevas leyes que parecieran contraproducentes al normal convivir, pero cuando pregunto al respecto a los expertos, me dicen que estamos en un cambio de orden. Otros expertos me comentan que quienes hacen reformas a las leyes o que están aprobando leyes no saben lo que hacen por su inexperiencia o porque no han logrado conocer el mundo real por pasar mucho tiempo leyendo literatura política que nace de ilusiones absurdas y que desconocen las relaciones propias de los seres humanos. Y a la final me quedo sin saber que mismo pensar y que actitud tomar frente a esos cambios. Y bueno… que decir al contestar la pregunta que es titular de este comentario. Pues que SI ha pasado algo y que si están pasando muchos acontecimientos de los que no se tiene capacidad para proyectar impactos y beneficios. Para unos estamos bien, para algunos estamos mejor, para otros pudimos haber estado mejor y para el resto caminamos al desastre nacional; en cuanto al Planeta Tierra… habrá que estar pendiente. Si existe algo más... que sí existe, por favor escríbame

29 de octubre de 2008

Legión de la Vieja Calavera


El planeta Tierra es maravilloso. El intangible cielo es mágico. Lo maravilloso y lo mágico se junta cuando existe la oportunidad de volar. Se vuela en avión pero no se siente ni el viento ni el olor del cielo y la tierra. Para eso existe el paracaidismo.

Saltar de un avión, ser paracaidista, es una experiencia única. Hoy abundan los paracaidistas civiles y militares; hoy 29 de octubre de 2008 escribo este artículo en memoria de quienes usan o tuvimos el honor de usar la Boina Roja. Y es que la Boina Roja es un símbolo del paracaidista militar ecuatoriano y tras de ello hay toda una filosofía de vida, también mitos y verdades.

Yo conocí esa vida y soy testigo. La historia de esta fecha está marcada en el calendario, lo resumo muy brevemente, cuando el 29 de octubre de 1956 en Salinas, ahora provincia de Santa Elena, desde un avión de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, varios soldados que habían recibido un fuerte entrenamiento realizaron los primeros saltos de paracaidismo en Ecuador; para esto en 1995 se estableció la Escuela de Paracaidismo que con el perfeccionamiento del Ejército Ecuatoriano, pasó a ser la Brigada de Fuerzas Especiales.

Ostentar las alas en el uniforme y lucir la Boina Roja no es por solo hecho de haber saltado de un avión, requiere que el aspirante a paracaidista se prepare físicamente por lo que debe practicar a diario gimnasia, natación y trotar, hasta que el cuerpo se adapte al esfuerzo supremo.

Además debe instruirse en el manejo del paracaídas, su funcionamiento, los riesgos existentes y sus posibles soluciones, el impulso al vacío, la rodada (aterrizaje) y las reglas de seguridad; siempre considerando las estrategias de combate, porque un soldado no puede desprenderse ni de su fusil, ni de las municiones y peor de su mochila, todo indispensable para un combatiente. Una cosa es saltar solo con paracaídas y otra con el armamento completo.

Solo cuando se salta como soldado y se topa tierra es que se conoce al verdadero paracaidista, solo en ese momento es que se reconoce que el entrenamiento y los esfuerzos físicos y mentales han sido útiles.

Y bueno, en este tema hay mitos, leyendas y verdades; por ejemplo, se especula que este grupo de combatientes, los paracaidistas, son despiadados y otros atributos deshumanizados, pues no, ese es un mito que ha nacido de otras realidades no las de los soldados ecuatorianos. Son humanos con sentimientos pero altamente entrenados para cumplir la misión asignada y que vive con la convicción de que las tropas paracaidistas nunca mueren, solo van al infierno a reagruparse.


La leyenda que los paracaidistas no le tienen miedo a la muerte es una realidad pues están convencidos que es preferible muertos pero jamás vencidos; una verdad es que la misión encomendada a los paracaidistas, en tiempos de paz y de guerra, no depende de un solo hombre, por lo que deben cultivar la verdadera camaradería.

Otra de las leyendas interesantes de los paracaidistas es sobre la Oración del Paracaidista, y cuentan que en el bolsillo de un anónimo paracaidista francés muerto durante la Segunda Guerra Mundial, se encontró un manuscrito que resume todo lo el significado de paracaidista; esta Oración es parte de los ritos militares y se la recita con ferviente idealismo y coraje. Esta Oración dice:
 
Dadme mi Dios lo que te resta, dadme lo que jamás nadie te pide 
Yo no te pido el descanso ni la tranquilidad del alma ni del cuerpo.


Yo no te pido la riqueza ni el éxito, ni siquiera la salud 
Todo eso mi Dios te piden tanto que no debes tener más 
Dadme mi Dios lo que resta, dadme lo que la gente rechaza.

Yo quiero la inseguridad y la preocupación 
Yo quiero la tormenta y la fatiga 
y que tu me la des mi Dios definitivamente.


Que yo esté seguro de siempre tenerlas,
porque no siempre tendría el coraje para pedírtelas.

Dadme mi Dios lo que los demás no quieren,
pero dadme también
el coraje, la fuerza y la fe.
 

En definitiva un soldado paracaidista requiere de una gran fortaleza física, una mística de trabajo, acérrimo defensor de la Patria; caballeros de la paz y demonios de la guerra, a sabiendas que la disciplina y la consciente obediencia son base de la efectividad.

Y es que estos soldados saben que nunca deben hablar en público de su misión, actuar pensando que primero el fusil y luego el resto; sobre todo el cuidar el equipo por que de él depende la vida.

Día a día estos soldados, como yo lo hice en mi época al igual que otros cientos de paracaidistas que en cada momento de su vida, trabajamos por hacer más grande a Ecuador, siempre listos para afrontar cualquier adversidad que afecte a los ciudadanos civiles o la nación. Su valor está toda prueba al igual que su patriotismo.  

Salud en su día compañeros de la Legión de la Vieja Calavera.

20 de octubre de 2008

TAGUA, con papel y lápiz

Debí escribir este comentario hace tres meses. La idea se fue a mi cajón de sastre y hoy la he recuperado. El asunto tiene que ver con mi experiencia con el libro TAGUA escrito por Ricardo de la Fuente, la grave crisis literaria que tuve y cómo la resolví.

Conocí a Ricardo hace algunos años, cuando yo ejercía el periodismo en la ciudad de Manta – Ecuador, aunque no tuvimos muchas oportunidades a sentarnos a conversar sobre asuntos de interés mutuo. Con el paso del tiempo, a través de los medios de comunicación social, me fui enterando que había publicado algunos libros. Realmente no tuve acceso a comprarlos. Una lástima, pero…

Un día, de visita en la casa de mi amigo Jipson Lavayen, quien le ayuda con el blog de Ricardo (http://www.manabivende.com/), sobre un escritorio, junto a la computadora me percaté que estaban unos 10 libros de igual forma, color y tamaño; el primero de esos libros tenía como nombre TAGUA del autor Ricardo de la Fuente, mis ojos analizaron la portada y pensé que sería mi primera oportunidad de leer una de las creaciones de Ricardo. Jipson me dijo que esos libros eran para la venta y sin más, pagué el valor y al fin podía tener un libro de Ricardo para leerlo.

Esto ocurrió en una noche, así que al otro día me dije que leer a Ricardo de la Fuente debía ser un acto de análisis de riguroso… al fin y al cabo lo considera un amigo que seguramente podría aceptar mis críticas. Con papel y lápiz me acomodé en mi escritorio, escribí la fecha y hora en que empezaba la lectura, tomé el libro, leí los datos iniciales, sin problema pues tenía el registro de ISBN, pasó la primera prueba. Anotación realizada. Luego una breve aclaración al lector, tampoco problema. Dedicatoria… igual. Lectura rápida y casi obligatoria, sin mi mayor atención. Otro escrito bajo el título “Antes de comenzar…” igual, aclaraciones, puestas en contexto. Nada digno de anotar. Y empieza la primera parte.

Para esto ya había anotado mis observaciones sobre la portada y su diseño, el tipo de papel y como estaba encuadernado, igual la contraportada. Mi apreciación sobre color del libro también quedó plasmada en esa hoja, que de a poco se llenaba y se llenaría de anotaciones. Afine mi lápiz, me dije ahora si empieza lo bueno.

La lectura fue detallada, fijándome en como estaba escrita cada palabra, la posición de los signos de puntuación y la tipografía. Y así fui avanzando cada página, el tiempo pasaba y me sentía que avanzaba bien, muchas anotaciones. Perfecto. Tuve que dejar la lectura, puse el separador de páginas, cerré el libro para dedicarme a mis actividades laborales. Habían pasado cerca de 90 minutos del inicio del análisis crítico del libro publicado por mi amigo Ricardo.

Pasó el día como todos los días: oficios, revisar correos, conversaciones, consultas, y demás, hasta que llegó la hora de regresar a casa. Tomé mis lentes, mi teléfono, mis cigarrillos y por supuesto el libro de Ricardo. En el centro del libro la hoja con mis anotaciones, aprovecharía unos pocos minutos antes de dormir para seguir con la lectura de TAGUA. Cuando llegó la hora nocturna de seguir con la tarea autoimpuesta, cerca de la media noche, estaba listo para seguir: luz del velador encendida, libro en mis manos, tomé el separador y a la página en que me había quedado. El papel de mis apuntes a un lado junto al lápiz. Sigo con la lectura. A los 5 minutos que reinicié caí en cuenta que no sabía qué era lo que estaba leyendo, que no tenía memoria sobre lo revisado desde la página 11. Y claro a revisar mis apuntes y a una nueva ojeada de lo anterior.

Creí que el libro se lo merecía y que mi amigo me lo agradecería. Superado ese breve olvido, seguí con la lectura y mis apuntes. Hoja tras hoja que mis ojos recorrieron cada palabra y que mis manos hicieron las anotaciones del caso, sentí un vacío inmenso y no era de hambre; era otra cosa, revisé el reloj y me di cuenta que la madruga se acerba con interesante velocidad. Deje a un lado el papel y decidí que mis apuntes las haría al margen de cada hoja. Seguí con la lectura y los subrayados y las notas y demás marcas. Definitivamente, la primera luz del nuevo día se filtró por las cortinas de mi habitación. Pensé que había ganado bastante y que la aparente mala noche valió la pena.

Como es normal en día de trabajo: limpieza, aseo, afeitada, preparativos, un café y a la oficina. Libro en mano. Antes de iniciar mis labores decidí tomarme unos minutos para seguir con la lectura. Y se repitió lo que me ocurrió en la noche anterior: pérdida de memoria sobre lo leído. Quise repetir la operación de volver a revisar. Se vino una crisis a la que llamo literaria, que es el olvidar lo que se lee, no estar ubicado en contexto, no saber que se ha leído y el sentido de la lectura. No era normal lo me estaba ocurriendo. Entonces decidí que seguir con el análisis de TAGUA y el trabajo de Ricardo podía quedar pendiente hasta una nueva ocasión. Igual no era un asunto de vida y muerte, quizás luego podría retomarlo sin sentir esa crisis. Cerrado el libro sin el separador de páginas. Y a trabajar. Pasó el día.

En mi camino de regreso a casa supe el origen de mi crisis literaria que me causó TAGUA. Sobre mis pasos retorné a mi oficina a buscar sólo el libro y un borrador. En casa nuevamente, la merienda y a ocupar un cómodo sillón para leer el libro de mi amigo, no sin antes haber borrado todas esas notas al margen. Y el problema fue ese, confundí una producción literaria con un texto técnico o el análisis de un documento de trabajo. Mi amigo Ricardo de la Fuente no se merecía que tratara de esa manera a unos de sus esfuerzos. Y como en estos casos, empecé desde el principio con una sola idea en la mente: disfrutar de la lectura. Fue que una expresión de las que pasé como obvias en las que radicaba lo interesante del libro.

“Tagua, una historia de ultramar es una novela basada en personajes ficticios pero ambientada en un escenario real: la provincia de Manabí, en la costa central del Ecuador.” Además que directamente hace un aclaración “…ciertas circunstancias históricas han sido trasladas en la línea del tiempo para enriquecer el relato…”

Entonces me repetí con claridad “al diablo con la crítica” y empecé a disfrutar de la lectura, a sentirme traslado hacia los escenarios que de alguna manera conozco en persona, pues vivo en Manabí y he conocido sobre estas historias y demás los aspectos históricos a los que hace referencia Ricardo en su libro. Página tras página nuevamente mis ojos siguieron con vivo interés cada uno de los párrafos, de los personajes y sus aventuras y desventuras, alegrías y otras facetas de quienes aprendemos de Manabí en la edad adulta.

De igual manera, una a una se fueron las horas de la noche y pasaron las de la madrugada. Con el nuevo sol cerré el libro y por una extraña coincidencia el último párrafo mencionaba que “en ese instante, el sol dibujó una línea de fuego rojo y se hundió en el horizonte. FIN” Estoy satisfecho y con una inmensa duda ¿Cómo pude leer en apenas 5 horas una producción literaria que a Ricardo le llevó más de tres años de publicarla luego de grandes esfuerzos de investigación histórica?

La respuesta la obtuve cuando iniciaba mis tareas laborales de ese tercer día de tener un ejemplar de TAGUA en mi poder. Una novela no es más que una historia ficticia bien contada, que tiene una riqueza argumentativa sobre los hechos y que permite al lector vivir ese relato como si él fuera parte o si estuviera viéndola en un tercer plano.

Así es TAGUA, buen relato, entendible, interesante y que se deja leer. No es aburrida porque en forma permanente saltan los acontecimientos nuevos sostenidos en palabras claves. Con un hilo conductor bien definido de principio a fin. Ricardo de la Fuente, gracias por un cuento bien contado.

Y ya me olvidé de hacer una crítica a tu libro, solo te ofrezco esta vivencia como una muestra de agradecimiento y con la esperanza que siempre tus escritos tengan ese fino toque.