25 de diciembre de 2021

Sobre el aburrimiento y la pereza

Cada amanecer es la gran oportunidad para mejorar nuestra vida, bien sea porque trabajamos en los planes previstos o porque necesitamos enfrentar retos grandes y pequeños; en ocasiones también despertamos cansados, sin ningún horizonte, con las ganas de no hacer nada o de simplemente dar las espaldas a las responsabilidades y obligaciones.

Nuestro entorno tiene muchos estímulos para que trabajemos, con motivaciones para que luchemos por nuestros sueños, para que seamos fuertes y productivos; el asunto es que ni la pereza ni el aburrimiento son bien vistos y hasta son motivo de desprecio.

¿Cuándo fue la última vez que Usted, amable lector, sintió aburrimiento? ¿Cuál es la reacción de su familia, amigos o compañeros de trabajo cuando les comenta que está aburrido?

Y entonces vamos a otro lado de la vida, al de la pereza. No, tampoco es socialmente aceptado que la tengamos, es mal vista, es sinónimo de ineficiencia, de ser una persona sin aspiraciones y hasta un anti valor. Sentirla nos hace sentir culpables e inútiles. Nos dicen que es inaceptable.

Reflexionemos por unos momentos a partir de la siguiente pregunta: ¿Cuántas horas al día pasamos cumpliendo obligaciones y respondiendo a nuestras responsabilidades?  

Pero también hagámonos otra pregunta ¿Cuándo fue la última vez que nos dejamos llevar por la pereza?

Por cierto, las redes sociales virtuales y la mensajería instantánea inexorablemente son parte de nuestra actual vida, sea profesional, social, laboral o productiva y hasta personal, tanto que nos impulsa a que estemos constantemente revisando los chats, respondiendo, poniendo likes, interactuando.

Las redes sociales en lo laboral es una obligación de casi 24/7; además existe y es una realidad la cultura del WhatsApp; entramos por unos minutos a ese escenario porque es otra “obligación” de nuestro diario vivir.

Dice Verónica Ruiz del Vizo: “Hay una cultura en WhatsApp de esperar a que te respondan de inmediato. Que el otro deje todo lo que hace, para atenderte. Si no lo hace, genera ansiedad, frustración e incluso molestia. Se asume el derecho de imponerse en la agenda del otro y la idea de que lo urgente soy yo.”

Y la post gran cuarentena agravó la dependencia emocional, laboral, informativa, social y familiar de este sistema de mensajería instantánea. En este escenario también entran los correos electrónicos y las llamadas telefónicas ahora que el Internet está en casi todos los lados.  

Regresamos a nuestro tema central. Es omnipresente la presión para que estemos en constante actividad, en que no desperdiciemos el tiempo en cosas banales y casi nada productivas, a que no descansemos porque “cuando muramos ya tendremos tiempo para descansar” o el “avisa si no tienes nada que hacer para darte trabajo”.

Entonces empieza a escucharse la otra expresión construida sobre la nada: para mejorar tienes que salir de tu zona de confort. Y la presión de la productividad nos saca a patadas de ese espacio íntimo, de ese lugar por el que trabajamos día a día, por esos momentos en que, como humanos, damos rienda suelta a nuestros placeres, gustos y disfrute de nuestro tiempo en cualquier momento del día. Y también nos han inculcado irracionalmente el refrán “La ociosidad es la madre de todos los vicios”.

Pues bien, la pereza y el aburrimiento son dos actitudes tan válidas como como el amor, la nostalgia y la alegría; son síntomas beneficiosos para nuestra mente, para pensar en relax sobre nuestra existencia, sobre lo que nos preocupa o lo que realmente nos llenaría de satisfacciones personales, íntimas.

Miremos hacia otro lado. Cuando nos dejamos llevar por el aburrimiento es una señal que hemos entrado en un estado de monotonía, que nos hemos cansado de las actividades repetitivas del día a día, que nuestra imaginación y creatividad están en decadencia.

Pero esos momentos en que estamos aburridos, es cuando más aparece la inspiración, cuando con más tranquilidad analizamos las soluciones a nuestros problemas sin la presión de la urgente, diseñamos caminos.

Cuando nos invade la pereza, es la misteriosa señal que envía nuestro cuerpo sobre los daños que podría estar provocando el constante movimiento físico, en que las ordenes de lo social nos presiona para que estemos en actividad “por nuestro bien”.

Pero en esos momentos en que estamos con pereza, es cuando nuestro cuerpo, así mismo, misteriosamente, empieza a recuperarse, a reacomodarse y a sentir una relativa comodidad.

Quizás médicos y psiquiatras puedan darnos luces sobre esos misterios.

Con su permiso, entonces, les cuento que disfruto de mis momentos de pereza y aburrimiento, que los uso para meditar sobre mis obligaciones y responsabilidades, para entender con mejores razones los planes que tengo para lo que me resta de vida y para dejar, por unas horas, que mi mente, espíritu y cuerpo se pongan de acuerdo sobre mi presente. Pero debo hacerlo en secreto.

Como corolario les comparto mis dudas: ¿Por qué no darnos tiempo para disfrutar de nuestra pereza y aburrimiento? ¿Acaso por vivirlos el mundo se acabará o el planeta dejará de moverse? ¿Quiénes nos juzgan por decir que estamos aburridos? ¿Es tan malo sentir pereza?

Publicado originalmente
en La Verdad - Edición 401
Diciembre de 2021




 

 

 

 

 

27 de noviembre de 2021

El libre pensamiento frente a la neo-inquisición

La interacción en las redes sociales virtuales le ha dado un nuevo aliento e impulso a las restricciones aplicables a la libertad de pensamiento, y puedo agregar que las tendencias mediáticas se han convertido en un gran muro para quienes conciben su realidad desde otra perspectiva.

Lo que esta ocurriendo en las redes sociales es un panorama diverso y altamente complejo, pero que empieza a negar violentamente y hasta el punto de la denigración, en algunas instancias, los cuestionamientos a lo que se considera la base inamovible de una nueva sociedad perfecta y desconociendo algunas de las características implícitas del ser humano.

Para quienes estamos en la comunicación social, especialmente en el periodismo, es oportuno conocer estas realidades sociales, de tal manera que tengamos argumentos para no caer en historias ficticias preparadas desde las distintas esferas del poder político o por otros grupos que necesitan de la prensa para posicionarse como adalides en la construcción de un nuevo mundo.

(Nota al margen) Una explicación sobre las historias ficticias que construyen los poderes políticos, la expuse en mi entrada titulada Lo verosímil existe en el discurso gubernamental que lo complete con La propaganda de guerra busca al periodismo

Sigo con el tema central. La libertad de pensamiento por sí mismo no es un simple enunciado incluido y sistematizado en distintos tratados y estudios sobre los Derechos Humanos, porque muchos antes que ellos ya estuvieron en el marco de las reflexiones filosóficas y hasta políticas; ahora también ha entrado en las perspectivas de las distintas ciencias y prácticas. 

Un párrafo como punto de referencia: Art. 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, libertad de pensamiento: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Pero desde otra perspectiva "Los diversos conceptos mundanos, académicos del término libertad constituyen una constelación muy oscura, una nebulosa. La Idea de libertad está repartida y como refractada en el conjunto de estos conceptos particulares, acepciones o determinaciones." (Libertad como Idea filosófica)

Desde la psiquiatría. "El pensamiento es la actividad y creación de la mente; se dice de todo aquello que es traído a la existencia mediante la actividad del intelecto. El término es comúnmente utilizado como forma genérica que define todos los productos que la mente puede generar incluyendo las actividades racionales y reflexivas del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc." 

Pero el mundo virtual con sus redes sociales hizo que ciertos paradigmas de las conversaciones dieran giros que poco a poco van tomando forma, van adquiriendo otros códigos, en que la expresión de nuestras ideas puede convertirse en una cadena de reacciones de todo tipo.

"Por otra parte, dado que nuestra sociedad, cada vez más, afronta diferentes cambios políticos, económicos, sociales y culturales, surgen voces de trasformación para el reconocimiento de nuevos derechos, toda vez que el catalogo consagrado en la Declaración Universal de 1948 no es taxativo sino enunciativo. Adicionalmente ha de tenerse en cuenta que los derechos evolucionan de acuerdo a los avances históricos de la humanidad." (La libertad de expresión en la Internet)

En este caminar buscando más indicios sobre los atentados a la libertad de pensamiento, por el TL de mi cuenta aparece una crónica de Karina Mariani titulada "Un fantasma recorre el mundo científico" y en expone lo ocurrido en el Instituto de Astrofísica de Canarias cuando censuró la conferencia que el mismo Instituto de Astrofísica de Canarias organizó sobre libertad de expresión.

El conferencista fue Erik J. Olsson y luego de enterarse que sus palabras fueron censuradas por el este centro científico aseguró: “Me parece irónico que una charla sobre la libertad académica y las amenazas a la libertad de expresión sea a su vez investigada y censurada, de hecho con referencia a las mismas políticas contra las que advertí en la charla” y agregó que lo ocurrido era una: “confirmación directa e inequívoca de las afirmaciones hechas durante la charla lo que supone un mensaje preocupante sobre la salud académica del instituto”. 

Puede leer el artículo completo que sustenta la afirmación siguiendo el enlace en: Es posible que la censura esté acabando con los ámbitos académicos tradicionales.

Y sube al escenario la verdad... bueno, en realidad son muchas verdades. Cada persona en redes sociales expresa su verdad respecto a un hecho en el ejercicio de su libertad de pensamiento; pero en muchos casos se topa con que esas visiones contradicen "lo que todo el mundo sabe" y, por más científico que sea el contra argumento no se acepta que se exponga públicamente. 

Bajo estas perspectivas, Esperanza Pérez Prado se pregunta: ¿Tenemos derecho a publicar lo que se nos antoje en cada momento en nuestros perfiles en las Redes Sociales? ¿Tenemos derecho a expresarnos libremente? Por supuesto que tenemos derecho a expresarnos libremente siempre y cuando nuestros pensamientos, ideas y opiniones no colisionen con otros derechos igualmente protegidos. Es decir, la libertad de expresión prevalece sobre cualquier otro derecho siempre que no se vulnere el derecho al honor, intimidad personal y familiar o propia imagen de alguien y, siempre que no se caiga en el insulto o desprestigio gratuito. (La libertad de expresión y las redes sociales, enemigos íntimos)

Por eso es que considero que en un momento dado, existe o una confabulación o la imposición de un concepto grupal, que obliga mediante la coerción y el ataque virtual para que prevalezca una única verdad. 

Entonces me saltan algunas preguntas:

La Inquisición surgió lentamente como un instrumento destinado a la defensa de la fe y de la sociedad amenazada por la acción de los herejes. Herejía es por definición el error en materia de fe sostenido con pertinacia. Además, los herejes atentaban contra la Iglesia, el Estado, el orden público y las autoridades constituidas. En consecuencia, los reales alcances del delito de herejía se explican no sólo por factores estrictamente teológicos sino también por factores políticos, sociales, jurídicos y económicos; sin esa consideración no tendríamos una visión clara de su significación. (La Inquisición Medieval)

 Sobre este tema el autor chileno Axel Kaiser la define como la Neoinquisición y la define como "un movimiento integrado por personas cargadas de fervor religioso, fanático que atacan persiguen y censuran a aquellos intelectuales, figuras públicas o incluso personas comunes y corrientes que manifiestan opiniones o expresan sus ideas y estas no se ajustan a los estándares de pureza ideológica que estos neoinquisidores proponen como los únicos validos para la vida en común."

En la siguiente charla amplia su perspectiva que ya fue publicada en uno de sus libros y explica lo que a su juicio está sucediendo en las sociedades occidentales, respecto a la corrección política desmesurada —que intentan imponer ciertas ideologías— y que ha desencadenado verdaderas “cacerías de brujas” hacia quienes digan o piensen lo contrario a lo socialmente aceptado.


Actualizado el 10 de diciembre de 2021.

18 de noviembre de 2021

El talón de Aquiles en los planes y proyectos

Publicado originalmente en
La Verdad. Edición No, 399 de octubre

En esta otra época política, como quiera que se llame o cualquier nombre que se le ponga, se la puede caracterizar como de un constante y rápido rompimiento de los sistemas disciplinarios, de esos que están apegados a la ley y de los muy cercanos a la ética.


Lo anterior puede no ser un problema, entonces no existiría razón ni para escribirlo ni para leerlo. Pero si fuese lo contrario es indispensable definirlo y explicarlo, porque será la manera en que yo, o Usted que ahora lo lee, pueda encontrar algunas de las razones por las que los planes personales o sociales se desmoronan.

Como un acuerdo inicial, establezcamos que disciplina es la manera coordinada, ordenada, reflexiva y sistemática de realizar un conjunto de acciones orientadas al cumplimiento de un objetivo. 

Un ejemplo sencillo: si existe la necesidad de bañarse ¿Qué hace hasta el momento que ya se bañó? ¿Acaso primero se seca y luego va hacia la regadera? Y así pueden ponerse una serie de ejemplos personales y a los que también se los podría justificar como “así es la costumbre de…”

Entonces subimos un nivel a esta reflexión ¿Por qué deben cumplirse cada uno de esos pasos? ¿Por qué primero y no segundo? Las respuestas son los momentos de reflexión, de razonamiento lógico, de tener conciencia y diferenciar, aunque en el imaginario pueda parecer igual o sin importancia. 

Como una manera de ampliar lo mencionado, me permito plantear un relato de ficción pero que bien puede pasar como una anécdota.

Justo frente a un operativo de control, un abogado conducía distraído cuando ante un aviso de PARE, pasa sin frenar, pero disminuyendo la velocidad; un policía lo detuvo y se produjo la siguiente conversación:

Policía: Buenos días. Matricula y licencia de conducir, por favor.

Abogado: Pero… ¿Por qué?

– No se detuvo ante el aviso de PARE, allá atrás.

– Yo disminuí la velocidad y como no venía nadie…

– Exacto… Matrícula y licencia de conducir, por favor.

Ante esto el abogado argumentó: ¿Sabe Usted cual es la diferencia jurídica entre disminuir y parar?

Sin perder la compostura el policía respondió: La diferencia la dicta la ley: ante un aviso de PARE, se debe parar completamente el vehículo. Documentos y licencia de conducir.

– O tal vez no, señor policía. Yo soy abogado y sé de sus “limitaciones” en la interpretación de un texto legal. Le propongo lo siguiente: Si usted consigue explicarme la diferencia entre disminuir y parar, yo le doy los documentos y Usted podrá multarme. Si no, me deja ir sin multa.

La respuesta del oficial fue tajante: Positivo, acepto… ¿Puede hacer el favor de salir del vehículo, señor abogado?

El abogado se bajó del carro y entonces los otros policías que formaban parte del operativo lo agarran a patadas, golpes por todo lado…

Obviamente el abogado gritó pidiendo socorro, e implorando que paren. Y el policía pregunta:

– ¿Quiere que PARE o DISMINUYA?

El abogado en su desesperación grito: ¡PARE!… ¡PARE!… ¡PARE!…

Nuevamente sin inmutarse el policía concluyó: – Afirmativo, ya comprendió ¡Documentos y licencia de conducir!

Y hasta aquí este breve cuento, pero que de seguro en muchos de quienes ahora están siguiendo este comentario, podrían estar pensando en la manera que conducen sus autos y cuanto desconocen sobre las razones de las reglas mínimas de la vialidad, lo que sirve como peldaño para ir a un tercer nivel.

Las reacciones sociales ante lo que significa nuestro Ecuador son diversas y podría presumirse que son, así mismo, variadas; tomo, entonces, como punto de apoyo, uno de los argumentos que sirvió para estructurar los Consensos de Cusín: “somos una sociedad profundamente desigual entre regiones, grupos étnicos y géneros y que padece de grandes privaciones…” pero que no alcanza a dimensionar los aspectos culturales relacionados con la indisciplina social.

Existe otra percepción que rueda por redes sociales y que tiene mucho eco: somos un país ingobernable, en que se ataca a diferentes grupos sociales con catalogándolos de ignorantes o que privilegian la ley del más vivo, que la corrupción nos carga en peso…

Pues como nada está suelto, Javier Benegas, articulista de disidentia.com despeja el humo que tapa una intención política: “Afirmar una y otra vez que la sociedad es idiota, además de ser falso, es hacer el juego al poder, porque el poder necesita que la sociedad opine de sí misma que es idiota.”

Siendo así, a mi mente llega El Leviatán, obra de Thomas Hobbes publicada en 1651, en la que hace referencia al monstruo bíblico más temido para explicar y justificar la existencia de un Estado absolutista que subyuga a sus ciudadanos, mediante un pacto consensuado en la relación de poder entre mandado y mandatario.

Estos argumentos nos llevan a pasar de la disciplina social al teatro de las implicaciones sobre la indisciplina social, vista como una complejidad de situaciones personales y de los ecosistemas en que se desenvuelve la vida diaria. Podría aseverarse que la indisciplina es más humana.

La indisciplina social es la negación de la disciplina, su antítesis, que bien puede definirse como la actuación de una persona o de los distintos grupos sociales, sin acatar los principios, normas y objetivos de la sociedad ante una circunstancia, una tarea, las soluciones a un problema o los objetivos propuestos; que bien puede tener un origen racional o por ignorancia.

Ahora bien. “Aprender a aceptar y adaptarse a los resultados inciertos y absolutamente abiertos de la acción social es imprescindible en la construcción de una sociedad libre.” Luis I. Gómez, catedrático y divulgador científico. 

Recapitulemos. En lo individual, sea en el entorno laboral, familiar y social, sea en la generación de políticas públicas o ejecución de proyectos, el factor de las decisiones humanas es, al mismo tiempo, una fortaleza y el “talón de Aquiles”. 

Puedo, entonces, llegar a una primera conclusión planteada como un dilema: ¿Para solucionar problemas debe imponerse un régimen disciplinario o entender el origen de la indisciplina social como un catalizador de los planes y proyectos?

Y claro, aquí se abre una puerta a otra dimensión: ¿Y si la indisciplina social es una reacción a la ausencia de libertad? Es un buen momento para dar ese paso y entrar a ese nuevo mundo.  




Audio sugerido:

Adaptación de la crónica Presagio, publicada en el libro "Mis historias urbanas" de la periodista Blanca Moncada a quien se le conoce como Blanky Monky.


5 de septiembre de 2021

Nuestros amados y abandonados perros

 En este cambiante y acelerado mundo existe un creciente interés por cuidar la vida en general y, nos guste o no, en la post la gran cuarentena este sentimiento tuvo variantes en cuanto a las relaciones urbanas entre humanos – animales y humanos – plantas. 


Un tema bastante amplio para tratar, pero me centraré en los que científicamente se los conoce como “Canis familiaris” un milenario acompañante, guardián, protector y cazador, considerado desde sus inicios como un regalo divino y hasta relacionado con las fuerzas del mal.

Se trata del perro, un importante componente familiar en el área urbana y rural, con trabajos específicos, así como soluciones a muchos problemas que tenemos los humanos, también como hermosas mascotas de exhibición. Pero existen datos orientados a que existe un alto índice de abandono y maltrato durante la época de la pandemia y en la post cuarentena. 

Medios de comunicación social han planteado y mostrado el problema con perros maltratados y abandonados, sin hogar; las redes sociales han ido mucho más allá al evidenciar con más fuerza la actitud inhumana con las mascotas hasta obligar a los funcionarios a tomar medidas correctivas, aunque se traten de pocos casos; en la misma línea también promueven soluciones.

Con una mínima carga de subjetividad, puedo asegurar que la violencia y negligencia contra los canes se convierten, de una u otra manera, en un problema ético, social y ambiental, de proporciones aún no dimensionadas, a lo que se suman las razones de tipo económico debido al alto costo que implica mantenerlos, sobre todo en el área urbana.

Las relaciones humano – perro son íntimas, los dos son animales con sentimientos y personalidades, con necesidades y carencias, pero existen diferencias en cuanto a sus intereses de convivencia y sus estructuras físicas como mentales. 

“Al existir esas habilidades y capacidades, los animales tienen una serie de intereses que satisfacer y, por lo tanto, derechos por tutelar que se ven limitados cuando son maltratados, recluidos, aislados de su grupo social y sometidos a experimentación dolorosa, dejando tras de sí graves consecuencias a nivel físico y psicológico.” Isidro H. Romero (agitadoresdeideas.com)

En muchas partes del paisaje urbano hemos visto escenas de perros abandonados, que husmean entre la basura buscando comida, con sus cuerpos lacerados, a perras visiblemente enfermas y con evidencias que han parido recientemente; casas o departamentos en que el descuido y el maltrato son parte de lo cotidiano. Casi no nos inmutamos. 

También está el otro lado en que somos testigos de la sana convivencia entre las mascotas y sus dueños; pero ese no es el tema central, por ahora de este artículo.

En este marco Romero asegura que “El trato digno hacia los animales es un deber ciudadano y forma parte de aquella cultura democrática que reconoce la necesidad de ampliar paulatinamente los derechos. Se trata de ´descosificar´ a los animales, es decir, dejar de considerarlos como cosas, reconociendo su capacidad de tener una vida propia, mental y emocional.”

Asombra más aún que existan practicas enmarcadas en las apuestas y diversión, tal vez aberrantes, pues según lo asevera Isaías Alvarado en un reportaje para Univisión publicado a inicios de agosto del 2021, en Estados Unidos “Se estima que más de 40,000 personas organizan, participan y asisten a peleas ilegales de perros en este país, una actividad criminal que atrae a pandilleros, pedófilos y miembros de carteles. Estos combates sangrientos continuaron durante la pandemia, según activistas.”

En cuanto a Ecuador, Sumara Dueñas en una nota publicada por Oromar Televisión, asegura que “debido a la pandemia de Covid-19, organizaciones de rescate animal consideran que el número de animales domésticos en las calles ha aumentado, esto a raíz del desequilibrio económico por la pérdida de empleo...” 

En esta crónica periodística se toma la versión del funcionario municipal Iván Murillo, jefe Técnico de Bienestar Animal, quien asegura que en Manta la unidad recibe de entre 8 a 10 denuncias con reportes de abandono de mascotas al mes. Pero también recoge el testimonio de Iván Silva, un rescatista de fauna urbana, sobre el calamitoso estado en que llegan ciertos perros, al extremo de tener heridas provocadas por machetes.

Referencia legal: Art. 250.1 del COIP: “La persona que mate a un animal que forma parte de la fauna urbana será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a un año. Si la muerte se produce como resultado de actos de crueldad será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años.”

De los planteamientos expuestos es posible concluir que independiente del marco legal y las perspectivas de cada ciudadano, las acciones para proteger a los perros son prácticamente o inexistentes o invisibles o insuficientes, por lo que no se percibe como una situación adversa en la salud pública y una probable señal de inconciencia social.

Como epílogo: ¿Qué sentimos cuando vemos en las calles y carreteras los cuerpos destrozados de perros atropellados?

Publicado originalmente en
La Verdad No - 397
Edición de agosto del 2021





18 de agosto de 2021

El poder político y mediático de la felicidad

Considero que cada uno de los seres humanos que estamos sobre el planeta Tierra, de una u otra forma, llevamos en nuestra mente el alcanzar la felicidad, porque la necesitamos para dar más sentido a nuestros objetivos. Pero lo que la mayoría desconocemos es que alguien ya se apropió de esa intención.

Cuando se analizan los aspectos de nuestra felicidad, casi es una regla que los pensamientos se vayan a la nueva la literatura de autoayuda, a los discursos del coaching y el neo-positivismo, a las recetas que cientos de personas nos venden en videos y charlas motivacionales; del otro lado, muy pocos tapamos esa luz frontal que nos ciega y descubrimos que es un elemento en la discusión política y de las ofertas gubernamentales.

Como un acuerdo previo de este artículo: la felicidad es una suma de sensaciones positivas que fueron cosificadas y por tanto está en el nivel privado, para que pensemos que el sufrimiento es un asunto personal.

Y no me voy a detener para revisar los aspectos de “coaching” porque mi objetivo es exponer el uso político para generar simpatías emocionales en la administración de pública; diría que es llegar a la antesala del populismo y puerta de entrada a la apropiación de la libertad individual.

Parto de ciertas preguntas que están en los estudios preliminares del Marketing y la comunicación gubernamental: ¿Las políticas públicas son para generar la felicidad de los ciudadanos? además ¿Los gobiernos (nacionales/locales) tienen la obligación o deben dar felicidad a la sociedad? y la tercera para triangular: ¿Qué herramientas debe proporcionar el Estado para que los ciudadanos decidamos lo que nos da felicidad?

Mi primer punto de apoyo: “…el Estado es en sí mismo invisible e inaudible que debe hacerse ver y escuchar a cualquier precio…” Una de las argumentaciones en el libro El Estado Seductor, escrito por Regis Debray; consecuentemente tiene la necesidad de visibilizarse, de usar todos los recursos, lícitos y cuestionables, para decirle a los ciudadanos: ¡¡Existo!!

Para ello sirven las encuestas de opinión pública, para medir la satisfacción que tienen los grupos objetivos y el estado de ánimo de los ciudadanos, pero que se expone como la “aceptación y popularidad” del gobernante para, sobre eso, construir el discurso de la felicidad.

Entonces, los análisis de ese discurso es multiarístico, desde lo que parecería banal como la ropa, pasando por los gestos hasta llegar a entender la real dimensión del mensaje en su integralidad y se toman el recurso literario de la verosimilitud, para generar un lenguaje que se vuelca a la creación de un mundo feliz, de tal que se muestra discursivamente el camino a la felicidad, que pueda ser vivido y recorrido por el ciudadano en general.

Por tanto, percibo que el entramado de la política, lo político y la felicidad está relacionado con la comunicación social. ¿Cómo se lo aplica en las altas esferas gubernamentales para crear imaginarios sociales y personales? 

Para seguir me apoyo en lo expresado por Mateo Aguado en “Sobre felicidad, política y desarrollo” pues “… sería lógico pensar, entonces, que el objetivo último de la economía y de la política de cualquier país decente debería ser el trabajar en pro de la felicidad de sus habitantes… Para cualquier gobierno que se considere a sí mismo íntegro y honesto, preocuparse por su pueblo debería ser sinónimo de comprometerse por la felicidad de su gente.”

Pero ¡¡Oh!! Sorpresa: “El impulso autoritario ilustrado en nuestra historia busca imponer una versión particular de la felicidad en una gran variedad de personas. No tiene en cuenta el hecho de que la felicidad significa cosas diferentes para diferentes personas.” (Renew Democracy Initiative - rdi.org)

Y claro, los gobernantes en su inmensa sabiduría, deciden que el objetivo de su trabajo es dar felicidad pero que, al ser complicado lograrlo, recurren a estrategias para evitar el dolor en los problemas que tenemos los ciudadanos y, al mismo tiempo, les sirve de escudo para la algofia que padecen.

¡¡Eureka!! La fórmula es muy simple e imagino una disposición en las reuniones ministeriales: de ahora en adelante, todo lo que hagamos como gobierno será para expulsar el dolor de los ciudadanos y así no interrumpimos la comunicación que nos permite ser visibles y amados. 

Por tanto, a través de la comunicación institucional, se edifica una sociedad sin verdades que puedan causar sufrimiento y, si eso ocurre, explicar detalladamente quién fue el culpable. 

Pues bien, el poder político gubernamental tiene una punta de lanza impresionante: la fuerza mediática instaurada en las redes sociales virtuales, que supera a los medios de comunicación que hacen periodismo on line y off line, hasta el punto de expatriar a quien causa dolor social por publicar las verdades de la gestión pública.

Entonces, cuando las autoridades nos hacen creer que trabajan para hacernos felices, lo que en realidad están intentado es imponernos su visión de felicidad y eso es, desde cualquier punto de vista, una manera de quitarnos la libertad de decidir sobre nosotros mismos.

Amable lector ¿Se ha puesto a pensar en las herramientas que necesita para construir en libertad su propia felicidad sin influencia del poder mediático o si alguien de su entorno le impone lo que a Usted le debe hacer feliz?

Publicado originalmente en La Verdad 
Edición No. 396 de julio - 2021