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22 de septiembre de 2026

Mi plan es no evacuar

Cuando madre vivía en su casa frente a la playa siempre estuvimos conscientes de que en algún momento tendríamos que enfrentar un tsunami, hicimos nuestros planes de evacuación; luego llegó Gala y con eso rearmamos nuestras actividades si se prendían las alertas. Hoy, que madre se ha ido, el escenario cambió drásticamente: yo no evacuaré.

Panorámica del barrio en que está la casa - Puerto Cayo.

El 19 de septiembre de 2026 es la fecha en que tomé la decisión:

"Paso algo novedoso mientras hacía limpieza de casa, recordé que con madre teníamos un plan de evacuación para caso de tsunami y otras eventualidades, pues no me había percatado que caducó. Así que he tomado una decisión: ya no necesito actualizar el plan, no abandonaré la casa."

Esto a propósito de las escuálidas informaciones que existen frente a las probables consecuencias por el Fenómeno de El Niño, pero que luego lo asocié con la amenaza del tsunami. Vale decir que la casa está en medio de dos amenazas: justamente el tsunami por el frente y los problemas por seguros deslizamientos de un cerro que está en la parte posterior, frente a un solo riesgo no hay planes de contingencias institucionales.

Con el paso de los días me di cuenta que mi decisión podría ser irresponsable, más aun al decirlo públicamente; entonces, reflexioné:

"Debo justificarme públicamente por mi decisión actual de no evacuar en caso que un tsunami se presente en las Costas de Puerto Cayo, lugar en que resido. Una tarea más que me impongo."

Y aquí estoy trabajando mi tarea.

Lo primero es preguntarme lo qué podría pasar y no es complicado saberlo: o destrucción total de la casa, también inundación o daños severos por los deslizamientos de lodo; en teoría yo quedaría vivo. Pero hay una duda que está en la fase de alerta, que se emita la orden de evacuar ante la inminente desgracia y ahí está la piedra angular en la opción que tomaré en dicho momento.

Necesito recordar que tuve la oportunidad de cumplir operativos de rescate cuando estuve en la milicia, luego trabajar con los damnificados de la calle Kennedy en Montecristi allá por el año 2006 y fui voluntario de cuando existió la Defensa Civil, lo que me permitió conocer algunos impactos de los desastres, pero lo que más me acercó a ellos fueron mis coberturas periodísticas del terremoto del 2016 que impacto con mayor fuerza en Manabí; madre y yo vivíamos en Portoviejo en aquella época.

El asunto es que si a partir de esta fecha, 22 de septiembre de 2026, yo no dejaría la casa sola ante la alarma de evacuar porque no tengo la certeza que habría un resguardo policial o militar; por experiencia sé que en estos casos los delincuentes aprovechan para entrar a robar. Lo segundo: ¿Qué sería de mi vida en el post cataclismo? No estoy dispuesto a vivir en un albergue ni tampoco iría de refugiado a la casa de algún familiar o de una amistad. Para mi ya no tendría sentido seguir viviendo el poco tiempo que me queda sin nada más que las cosas que alcanzaría a sacar.

Para mi es una gran mentira eso de que "lo material se recupera", no tendría las fuerzas ni el dinero suficientes para reconstruir mi vivienda; y si pudiese parar cuatro paredes y un techo ¿Qué con el resto para cocinar, para dormir, para protegerme? ¿Esperar la caridad, la buena voluntad de personas caritativas o cumplir las tramitologías gubernamentales para tener acceso a un bono o algo similar?

Me salta otra inquietud: ¿Y qué pasaría con Gala? Es un escenario que aún necesito definirlo, seguramente sobreviva y alguien la adopte o se convierta en perro de la calle fiel a su raza Askal; tal vez se quede conmigo y el final nos llegue juntos. Complejo y doloroso panorama.

Hago un alto en el desarrollo de esta tarea, con los ojos llorosos me es imposible leer lo que escribo porque aún estoy sensible ante la nueva vida que estoy construyendo. Tomaré un café y me calmaré, que aún falta por aclarar esta parte de mi duelo.

Regreso al papel luego de haber puesto un poco de Jack Daniel's a mi café; digamos que una dosis eventual de refuerzo emocional para aclarar la mente y adormecer levemente mis sentimientos de dolor.

Entonces, si el escenario es que muera en la catástrofe, pues ni modo y ya no tendré preocupaciones; alguien habrá que se haga cargo de mis restos y de lo demás que quede de la vivienda, de mis cosas... un "algo" que ya escapara de mi atención y preocupación. Frente a esto sí se hace necesario que arme la cápsula de tiempo para que cuando remuevan escombros la encuentren y sepan quienes vivimos aquí.

Quizás esta sea otra de las respuestas cuando el 29 de agosto de 2026 me pregunté: "¿Cuánto tiempo podré sostener el sueño de mis viejos?"

El segundo escenario no deseado. Si a pesar de no evacuar y logro soportar la desgracia me repetiré que "No quiero paz, es muy costosa y requiere de muchas armas. Necesito tranquilidad de saber que puedo defenderme, de que no moriré de hambre y de que podré dormir sin sobresaltos." tengo la certeza que deberé trabajar duro para restablecer lo que quede, seguramente reciba algún tipo de ayuda, y si eso no es posible, tendré que idear un "Plan B" de manera emergente; todo dependerá de cómo quede yo y la casa. Pero no me convertiré en damnificado residente en algún albergue.

En estas justificaciones sobre mi decisión de no evacuar debo dejar a un lado los aspectos sentimentales para centrarme por unos momentos en reconocer que de acuerdo con la Ley Orgánica para la Gestión Integral del Riesgo de Desastres, las órdenes de evacuación emitidas por el Comité de Operaciones de Emergencia son de cumplimiento obligatorio y que negarme a obedecerlas puede constituir una infracción administrativa sancionable con trabajo comunitario o multas; sé, también, que las autoridades tienen la facultad de disponer restricciones, movilizaciones y, si es necesario, la evacuación forzosa para proteger mi vida. No pretendo desconocer esa norma ni el deber ciudadano de colaborar en la gestión del riesgo.

Pues bien, luego de haber revisado una y otra vez los escenarios posibles, tengo claro que no lo haré por desafiar a la autoridad, tampoco para ser un mal ejemplo, ni para incitar a nadie a la desobediencia, ni mucho menos como un acto de suicidio o de desprecio por la vida o desafiar a la naturaleza, porque llegado el caso, como lo he mencionado, prefiero enfrentar el destino antes que sobrevivir desarraigado y sin nada propio. Si sobrevivo, podría enfrentar sanciones administrativas pero de seguro no tendré un juicio penal porque no generaré riesgo o peligro para otras personas y menos obstaculizaré las operaciones de rescate.

Sigo pensando en Gala. No, nunca será un estorbo para mi. Tal vez mutemos a mendigos en terreno propio.

Otra historia

Buenas noches madre - El día después de mañana ha llegado. Así empieza esta reminiscencia de aquellas horas y que de alguna manera se convierten en las bases para la construir mi duelo. (Seguir leyendo...)

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Datos sobre el editor de la nota:

Canal de vídeos: https://www.youtube.com/@RaulZavala 

11 de mayo de 2023

Del Kanban a las tareas domésticas

Fue uno de esos días que se perfilaron como complejos y en mi cuenta Twitter @Zavala_Ra lo expresé: Hoy viernes en la mañana me saltó la duda común y corriente cuando el trabajo está acumulado: ¿Por dónde carajos empiezo?

Una de las tantas respuestas que recibí fue de Alfred Naranjo @anaranjoc en que simplemente me adjuntaba un breve relato de su autoría.


Lo que menciona Alfred empieza con: “¿Sabían que existe una receta para el éxito? Creada por David Anderson en su libro Kanban. Kan (visual) y ban (tablero) un sistema creado en Toyota para mejorar sistema de manufactura. Receta nació cuando Anderson trasladó Kanban al desarrollo de software. Abro hilo”

Yo nunca había conocido el nombre del método ni su origen hasta ese día, aunque lo he usado de manera empírica en temas laborares relacionados con mi profesión o en ciertos proyectos sociales en los que he participado. 

Sigue el hilo de Alfred. “La receta tiene seis pasos, mientras más abajo vas en la lista, menos control tienes y más dependes de otros. Énfasis en la calidad, colaboración, mejora continua, limitar el trabajo en progreso, entre otros. Usaré el ejemplo de un restaurante para facilitar la comprensión.”

Leí con detenimiento el aporte y dije: Buenas orientaciones y de fácil adaptación a los trabajos caseros en función del tiempo para cumplir los objetivos laborales. Tomaré prestado el hilo (si me lo permites) para tratar de escribir la variante domiciliaria. Me autorizó y así que esta entrada es el resultado.

Pero antes un antecedente personal: debido a situaciones familiares me vi en la necesidad cambiar mi estilo de vida y pasar de un entorno laboral con relación de dependencia de alto empleo a un proceso que me implicó profundizar en las tareas domésticas desde las habituales hasta aquellas relacionadas con el mantenimiento y reparación intradomiciliario, además de ejercer mi profesión.

Y ahora sí, aquí va mi planteamiento comparativo que hace honor al título de esta entrada:

Original empresarial

Variante domiciliaria

1. Enfócate en la calidad: En un restaurant la calidad de los ingredientes importa, el seguir una receta para asegurar consistencia importa. Lo mismo debe suceder en tu producto, o servicio. La calidad es clave.

1. Enfócate en las cualidades. Bajo el criterio utilitario, en la casa cada cosa debe tener una función específica y debe servir para algo sin complicar el entorno, ninguna debe convertirse en un riesgo. Seguridad ante todo.

2. Reduce el trabajo en progreso. WIP por sus siglas en inglés. En un restaurante los chefs tienen un mise en place, orden y un menú preestablecido. Esto les permite evitar trabajos de último minuto, y sobrecargas, lo que garantiza la calidad. Prepárate para lo que pueda venir.

2. Reduce el trabajo de largo aliento. En la casa siempre aparecen situaciones adversas como daños, fallas en los servicios o situaciones emergentes, que obligan a paralizar algún trabajo extra que esta en ejecución y en muchos casos quedan inconclusos. Siempre revisa tutoriales.

3. Entregas Frecuentes. ¿Recuerdas cómo fue una experiencia agradable en un restaurante? Generalmente te asignan la mesa, te entregan menú, traen bebidas, cubiertos y quizá pan y mantequilla. Finalmente, el plato principal. Todo en pequeñas entregas frecuentes y de gran calidad.

3. Trabajo empezado, trabajo terminado. En casa existe una multiplicidad de actividades como barrer, cocinar, lavar, arreglar y afines, en cada miembro debe cumplir con ciertas tareas y esas empatarlas con sus actividades personales. Objetivo: tener la casa limpia y arreglada.  

4. Balancear Demanda con capacidad. Un restaurante está lleno en las noches o fines de semana, mientras en las tardes o días martes, tienen poca afluencia. Restaurantes ofrecen promociones esos días para atraer clientes. ¿Cómo puedes balancear demanda de tu producto o servicio?

4. Balancear la necesidad con la aspiración. En el cumplimiento de las actividades diarias en casa siempre se presentan cambios y se hace necesario que regresen a su estado normal pero siempre queda el “más tarde lo hago.” ¿Después de cocinar puedo dejar la vajilla sin lavar?

5. Prioriza. En un restaurante aquellos platos con mayor margen de ganancia o que toman más tiempo se ofrecen o preparan primero.  El trabajo importante debe tener prioridad y todo tu equipo debe tenerlo claro.

5. Prepárate para lo urgente. En casa existe la normalidad dinámica y es probable que se rompa ante una emergencia que no se pudo controlar. Alguien de la familia debe coordinar las acciones de respuesta.

6. Enfrentar las fuentes de variabilidad para mejorar predictibilidad. Aunque parece trabalenguas, este paso está enfocado en predecir comportamientos, ejemplo inventarios y marcas de ingredientes, flujo materia prima, conocimiento de las recetas en el equipo, artefactos iguales.

6. Siempre pasa algo. En casa todos tenemos planes diarios y las externalidades nos hacen cambiarlos en tiempo de ejecución o de tareas. Ejemplo: Si tienes auto ¿en qué momento revisas que alguna de las llantas no esté baja? ¿Tienes un plan si al amanecer existe un apagón en tu sector?


Alfred cierra su intervención: “Esta receta puede ser usada en casi todas las industrias, productos y servicios imaginables. Anderson hizo algunas modificaciones para las nuevas realidades hace poco tiempo. Sin embargo sigue teniendo vigencia y será motivo de otro hilo.”

Pues bien, al igual que había usado el método de Kanban de manera empírica, empecé a trabajar en mi variante domiciliaria, lo escribí sin saber que ya algunas personas habían escrito al respecto. También accedí a ciertos documentos mucho, pero mucho más técnicos sobre este método industrial japonés.

Un “algo” me hizo caer en cuenta que existe una ausencia en estos procesos o, tal vez si está, pero no lo he visto aún: el factor humano y las microsociedades que se construyen de manera informal.

También empecé a recordar la instrucción militar en que se me enseñó a detectar probables fallas y determinar los posibles efectos de una acción estipulada en el plan para cumplir la misión, en que también se consideran aspectos intrínsecos y ocultos en cada persona; allí la pregunta obligada: ¿Sabes cómo reaccionara ese personal ante una situación extrema o si le toca asumir el mando?

Este trabajo militar se lo conoce en el mundo industrial como Análisis Modal de Fallos y Efectos, material también recomendable de analizarlo.

La pregunta obligada: ¿se puede comparar una industria o comercial con lo que debe realizarse en casa? SÍ y NO.

Sí, porque de una u otra manera es indispensable tener ciertos procesos bien claros como indispensables, pues de ellos depende la seguridad y supervivencia familiar. Implica también las pragmáticas decisiones del análisis costo – beneficio.

No, porque las relaciones entre las personas involucradas en los procesos son diametralmente opuestas. En la industria son contratos claros delimitados por la ley y en la familia son acuerdos implícitos o verbales que en ocasiones van mucho más allá del tiempo y están regidos por los sentimientos.

Aquí debí escribir el final tipo conclusión, pero los planes son dinámicos al igual que esta propuesta que requiere más detalles del ser humano como centro del éxito o fracaso de todo proceso.

Puntos de partida:
Lendínez Castellano Kanban. Metodología para aumentar la eficiencia de los procesos. (Descargar en PDF el ensayo AQUÍ)
Cómo puede ayudarte el Método Kanban para organizar las tareas de casa. (Leer AQUÍ)
AMFE (análisis modal de fallos y efectos): herramienta de planificación de producción. (Leer AQUÍ)

Sobre el autor:
Leer el perfil de Raúl A. Zavala Mosquera AQUÍ
Cuenta Twitter: @Zavala_Ra
Blog de Comentarios cortos: https://raulzavala.wordpress.com/
Blog de generalidades: https://lodijeron.wordpress.com/

11 de marzo de 2020

El duende que ronda a los ceibos

Sentado a la sombra de un ceibo mientras esperaba que llegue la fresca, me percaté de unos rasguños bastante extraños al pie de su tronco y recordé que alguna vez alguien me contó que son de un duende que siempre lo escarba como tratando de romper su coraza; nunca terminó de contarme la historia.

Tiempo después, no se cuánto, mi auto se dañó en la carretera entre Portoviejo y Jipijapa, provincia de Manabí, necesitaba agua hasta llegar a Sancán y buscar un mecánico; no muy lejos, en medio del bosque de ceibos había una casa, así que decidí ir hasta allá.

Allí vivía una pareja ya mayor, me recibieron con tranquilidad y, a pesar de no tener mucha agua en un único tanque plástico, no me la negaron para llenar una poma de un galón; en vista del calor y el sudor decidí esperar un rato más antes de regresar hasta donde había dejado el auto.

Publicado originalmente en La Verdad Edición 379 Febrero 2020

El anciano campesino con un machete limpiaba la maleza al pie de uno de estos árboles que, con sus ramas, protegía al techo de zinc de aquella vivienda con paredes de caña; trabajaba dejando una especie de cerco como si quisiera dejar una barrera entre el resto del terreno y el ceibo.

Y como buen citadino en ese tipo de escenarios, le pregunté por qué rozaba de esa manera, una parca frase escuché: “… para que el duende no se acerque…” ¿Cuál duende? fue mi reacción que vino acompaña de algunas otras preguntas que no fueron respondidas.

“Es hora de descansar, vamos...” e hizo que le siguiera hasta la casa, que se levantaba sobre seis pilotes de madera, se acostó en una vieja hamaca que colgaba entre dos ellos, bajo el piso de la casa, me señaló un viejo banco de plástico; entendí y me senté quedando frente a él. Empezó a contarme la leyenda del ceibo y el duende, que resultó una historia de amor y la transcribo de memoria:

Siempre el duende ha vivido por estas montañas, no se sabe cuándo se enamoró de una mujer que trabaja en el campo y empezó a perseguirla sin importarle que ella ya tenía compromiso; uno de esos días cuando ella terminó su jornada al atardecer la sorprendió el duende, ella empezó a correr, a pedir auxilio, su marido la escuchó y fue en su ayuda. Pero era claro que no lo lograría.

Cuando aquel hombrecillo ya estaba por alcanzarla, ella en un descuidó se estrelló contra uno de los ceibos, que en esa época eran árboles de madera suave, y como si la hubiese abrazado la ocultó en su cáscara y el duende la perdió de vista, pero no su marido. Él corrió con más fuerza sabiendo que el ceibo la ocultaría para siempre, siguió los pasos de su amada para nunca más separarse.

Entonces el ceibo convirtió su corteza en una coraza para que el duende no pudiera entrar y separar a los amantes, desde ese entonces siempre llega a los ceibos a tratar de rasgarla, para sacar de allí a esa mujer de cuyo nombre ya nadie se acuerda, ni de él tampoco. Por eso es que cada ceibo tiene una forma diferente para engañar al duende.

Aquel anciano terminó el relato, pero antes me pidió que fuera hasta el ceibo para que lo vea de uno y otro lado, regresé, le conté que por un lado hay un cuerpo de mujer y por el otro el de un hombre. Movió la cabeza parcamente en señal de aprobación y que no mentía sobre la historia.

Publicado originalmente en La Verdad Edición 379 Febrero 2020

Me despedí, regresé a la vía, allí estaba mi auto aún, puse agua al radiador y seguí con mi vida, hasta que llegué a conversar con María Inés Arcentales, fotógrafa profesional, amante de los ceibos y con algunas razones para ver la magia de los ceibos:

Cuando piensas en el camino que como seres humanos debemos transitar, te das cuenta de que necesitas centrarte en medio de las adversidades, protegerte de los malos tiempos, ser proveedor de buenos tiempos, momentos, alimento y cuidado, como persona, ser útil para tu entorno.

“El ceibo tiene todas estas propiedades como árbol. De jóvenes, se protegen con espinas en su tronco y su mecanismo para sobrevivir incluye almacenar agua, despojarse de sus hojas, sobrevive por cientos de años y son un espectáculo a nuestra vista.”

Y también lo misterioso es que María Inés aún no los ha fotografiado, y le pregunto cómo sueña hacerlo: “En compañía de otros ceibos, hay algo especial de ver un conjunto de ceibos en un cerro y me gustaría que recuerden al ceibo como un conviviente en nuestro planeta. Los seres humanos tenemos un tiempo muy limitado y ellos nos ganan en sobrevivir. Ese respeto por la grandeza de un árbol.”

Y fue esta breve plática con María Inés la que me indujo a contar cómo conocí la leyenda de los ceibos, quizás ella revele el pacto de esos maravillosos colosos para que muchos más vivan por más tiempo o como un presagio de que ella podría encontrar al duende en una de sus fotos.

Nota: María Inés Arcentales, reside en Portoviejo. Expositora y con trabajos publicados en: 47 Magazine, Vogue Italia / PhotoVogue (plataforma virtual), NSFW Magazine. Con una Mención de Honor en Fotografía durante las Jornadas Behance Portfolio Reviews - Portoviejo.



1 de abril de 2018

Mi último viaje a Puerto Zavala junto con mi padre

Han pasado 5.844 días desde el día que mi padre falleció, algunas historias de él ya las he contado en otros post, tal vez sean necesarias muchas más y entre ellas está la de Puerto Zavala.

Para el martes 27 de junio de 2017 y a las 14h30 inicié y culminé uno de los procesos más duros, emocionante hablando, con sus restos; los saqué de donde permanecieron 16 años para llevarlos hasta el lugar en que siempre quiso morir.

Fue una jornada de exhumación, cremación y dispersión de sus cenizas.

En 1980 mis progenitores accedieron a un terreno en la parroquia rural de Puerto Cayo, como parte de un proyecto familiar para crear un espacio vacacional y de reunión, fue así como se fundó la ciudadela Antonio de Vallejo en esta parte de Jipijapa. Desde entonces, construir una casa y mantenerla con vida fue la ilusión de tanto de mi padre como de mi madre; nosotros los cuatro hijos empezamos a llegar mucho más seguido a estas tierras.

Querendón y financista de esta casa, mi padre y con la infaltable gestión de mi madre, decidieron que Puerto Cayo sería el lugar en que pasarían sus últimos días, entonces pensaron que necesitaban darle un nombre a este lugar, como viejo marinero, mi padre dijo que sería Puerto Zavala y así lo divulgó siempre.

Grandes y mágicos recuerdo me vienen de esa época de colegio y adolescencia en que llegaba a este lugar, pero era el de mis padres, así que lo mejor era disfrutarlo. Con el tiempo crecí, crecimos como familia, los tiempos fueron marcando las irremediables decisiones sobre el futuro y nos dijeron que esta casa, su pasado y presente sería nuestra.

Recuerdo que en sus postreros momentos, mi padre ya gravemente afectado y con el destino marcado, me pidió un último favor (por llamarlo así): "Llévame a Cayo, quiero verlo por última vez..." No recuerdo la fecha en que ocurrió, pero fuente entre algún día de febrero y la primera semana de marzo de 2002, en que hicimos juntos por última vez ese viaje.

En el Lada, en el ahora viejo Lada, embarqué el tanque de oxígeno y la silla de ruedas, con ayuda de amigos pudimos poner a mi viejo en el asiento delantero, sus fuerzas no daban para más... le abroche el cinturón y tomamos rumbo a Puerto Cayo.

Por obvias razones habíamos dejado sin mantenimiento a la casa, teníamos otras prioridades, pero llegamos sin novedad... era un día entre semana, estaba tranquilo este sitio; acomodé a mi viejo a la entrada, en su silla de ruedas y con el oxígeno, pasaron algunos minutos y me volvió a pedir otro favor: "déjame disfrutar de un cigarrillo mientras miro el mar...". Retiré el tanque y lo puse a buen recaudó, prendí un cigarrillo y le dí, le ayude a sostenerlo entre sus dedos y a llevarse hasta la boca, aspiro apenas, movió negativamente la cabeza, lo retiré pero no quiso que le quitara de la mano.

Así pasaron no más de dos o tres horas, hablamos de un sin fin de cosas, me hizo pedidos que aún guardo en secreto y otros que los he ido cumpliendo. No había como quedarse, en esa época no disponíamos de la telefonía celular y de seguro mi madre debía estar preocupada. Años después me contó que no recuerda mucho de esos momentos.

Luego del triste 31 de marzo, la casa quedó abandonada, por un montón de circunstancias sentimentales y financieras (no es barato afrontar al cáncer). Algún momento en que tampoco se en que fecha ocurrió, mi madre me dijo que era hora de tomar una decisión con respecto a ese bien. Y volvimos a Cayo, mi madre y yo, solos... a enfrentar nuevamente un dolor que no cicatrizaba.

Y entonces empezó una nueva historia para Puerto Zavala, decidimos con madre reactivar la casa, hacer reparaciones y empezar a no dejar morir el sueño de mi padre y el de ella mismo.

En una segunda parte de esta historia, que de seguro no será la última, el 28 de junio -unas horas más tarde que nos entregaron las cenizas de mi padre- con mi madre las llevamos hasta Puerto Cayo y allí cumplimos con uno de sus pedidos: que se las dispersemos en el mar frente a su casa que por siempre se llamará Puerto Zavala.

Un año más sin las palabras físicas de mi padre, sinembargo siempre las escucho cuando empiezo a escribir de él o cuando debo enfrentar problemas a los que no encuentro soluciones o cuando me he metido en líos que requieren la tranquilidad para no sucumbir y fregarla más (lección de mi viejo).

Hice ese último viaje con él y desde el año pasado ya no lo necesita porque se quedó a vivir por siempre en su Puerto Zavala y yo también.