7 de junio de 2017

¿Cómo romper los mitos del sector rural en Ecuador?

Este post es un documento “para tachar” que sintetiza un plan de comunicación y nace como una propuesta para apoyar el trabajo del sector agropecuario en Ecuador, para lo cual se parte de los siguientes supuestos:

1.- El sector rural es un complejo sistema de producción basado en temas culturales;

2.- Las políticas agropecuarias de mentalizan desde un pensamiento urbano;

3.- Existencia de pre-juicios y mitos respecto a la producción agropecuaria;

4.- Baja presencia de voceros agropecuarios en los medios de comunicación social. A pesar de la crisis que vive este trascendental sistema productivo, las declaraciones de los afectados no han tenido repercusiones en los medios de comunicación más allá de las correspondiente notas informativas. La dirigencia del sector agrario y ganadero, no genera opinión pública.

5.- Falta de especialización comunicacional en temas agropecuarios y de cada uno de sus componentes. Este sector es multidisciplinario por tanto es recomendable que cada uno tenga propuestas comunicacionales indistintas, de tal manera que la población acceda a información diferenciada y comprenda la problemática. 

6.- Folclorización de lo rural y sus culturas sociales y de producción;

7.- Brechas entre los sistemas de producción agropecuaria desde lo regional; y,

8.- Desarticulación de lo urbano-rural;

Con estas consideraciones se recomienda:

1.- Realizar un mapa de los componentes de los sistemas de producción agropecuaria y que esté diferenciado por sectores geográficos más que geo-políticos, diseñado para ser usado como un elemento de enseñanza;

2.- Determinar y entrenar a voceros por cada uno de los componentes del sistema agropecuario;

3.- Identificación de medios de comunicación especializados en producción agropecuaria. 

4.- Ampliar y sistematizar cada uno de los aportes que se generen desde cada una de las áreas del conocimiento, de la producción y la comercialización;

5.- Organizar y sostener un grupo de profesionales dedicados a identificar los mitos agropecuarios para su correspondiente desmitificación;

6.- Recopilar de estudios, análisis, comentarios y leyes que rigen el sistema agropecuario, para evitar la pérdida de la memoria colectiva; y,

7.- Crear un sistema de comunicación urbano – rural, que trascienda los límites interdisciplinarios e intergeneracionales;

Apuntes:

a.- Esta enumeración requiere de ampliación conceptual con aporte de actores agropecuarios;

b.- Cada recomendación debe ampliarse con acciones concretas interdependientes; y

c.- Cada idea, concepto y crítica son bienvenidas para empezar a pulir el presente documento.

d.- Cuando se actualiza este blog, Xavier Lazo Guerrero actúa como ministro de Agricultura y Ganadería.

e.- Bajo el concepto de optimización de recursos, el Gobierno de Ecuador decidió que el Ministerio de Agricultura y Ganadería, asuma las competencias del Ministerio de Acuacultura y Pesca.

Nota: este post se actualizará permanentemente conforme los aportes que se reciban, bien como comentarios (verbales o escritos) o como menciones en redes sociales virtuales.

Actualización 1: 5 de septiembre de 2018, texto en azul.


Foto: gobiernogalapagos.gob.ec 

28 de mayo de 2017

Recuerdos de "Escritos Turísticos"

Mi primer libro es en honor a mi padre y ya pasaron 15 años que inició su eterno viaje. Esta vez también regreso a mi pasado en encuentro algunas novedades.

Mi reciente post sobre "mi viejo" lo publique en otro de mis blogs bajo el título: 15 años después todavía le pregunto a viejo mi ¿qué hago?

Diario La Hora publicó una nota sobre este trabajo y en su parte medular indica: “El libro no trae ni una sola foto, es para leerlo en menos de cuatro horas”, expresó el escritor para quien su experiencia como director de Turismo (público) y asesor de la Cámara del ramo en Manabí (privado)..."

Otra de las novedades que me encontré es que mi trabajo fue recogido por la "Biblioteca Digital Periodismo Turístico es un blog que cuenta con el apoyo de un profesional especializado que acompaño y asesoró a la autora en los detalles de su desarrollo: el Bibliotecario Miguel Ángel Ledhesma. Por otra parte, este sitio compendia material (en audio, vídeo y escrito) inherente al Periodismo Turístico, al Turismo, y al Periodismo. Se puede visualizar en Escritos Turísticos.

En este recorrido también recuperé un vídeo realizado por mi sobrino, que recoge algunas de mis palabras durante la presentación oficial del texto.

27 de mayo de 2017

Breve recopilación de vídeo-entrevistas

Tres facetas de mi pasado que he logrado recuperar quizás como una manera de entender un poco lo que me ha tocado recorrer.

En el siguiente vídeo están mis declaraciones sobre las políticas y acciones previstas para generar desarrollo en Portoviejo a través de la Dirección Municipal. Ocurrió allá por la primera semana de agosto de 2014.




 En enero del 2010, dos de mis colegas: Marlene Mendoza y Rafaela Zambrano, debían presentar un trabajo sobre comunicación y uso de tecnologías y por ello aprovecharon mi trabajo para que les sirviera. No disponíamos en esa fecha de los servicios que ahora contamos en este 2017. En tecnología 7 años es una brecha bastante grande.



 En esta nueva era, luego de mi última aparción en televisión cuando ocurrió el terremoto en Manabí, en esta vez compartí un panel con Guido Carranza para opinar sobre lo que dejó como lecciones el discurso de nuevo Presidente de la República el 24 de mayo de 2017. El programa lo condujo mi compañero Carlos Luis Vásquez.

27 de febrero de 2017

De cuando Viktor Frankl me preguntó: ¿Por qué no se suicida usted?”


Conocí a Viktor Frankl gracias a Marisol Guarderas, cuando un día, después de algunos meses del terremoto en Portoviejo, ella llegó para conocer una tragedia que quizás nunca más ocurra.

“El hombre en busca de sentido” es el nombre del libro que Marisol me trajo como un presente, para que conociera una historia que podría servirme en la vida. La verdad: no solo fue historia sino también experiencias de una era mortal y de lecciones para esta época de la mi vida.

“¿Por qué no se suicida usted?”, es una de las expresiones que se encuentran en la contraportada; pues resulta que Frankl en su experiencia como psiquiatra, hacía esa pregunta a sus pacientes. Un hermoso gancho para interesarme por esta nueva lectura en momentos críticos de mi existencia.

Un siguiente interés me fue provechoso cuando descubrí que el Doctor en Medicina y Filosofía estuvo prisionero tres años en campo nazi Auschwits y en otros similares; de cómo llegó, de lo que lo mantuvo con vida y lo que en un momento fue su muerte emocional, es lo que relata en las casi 160 páginas, con un adicional: cada relato es una lección de fortaleza en momentos de crisis física y psicológica.

Empieza con algunas advertencias sobre lo que serán los siguientes párrafos, con el detenimiento del caso empiezo a descubrir en cada palabra algunas interesantes descripciones, hasta que me encuentro con una que me que hizo regresar a mi mundo: “… la lucha inexorable por el trozo de pan de cada día, para salvar la propia vida o la de un buen amigo.”

Si cambio pan por trabajo, la expresión aplica correctamente para esta época.

Con más interés y curiosidad avanzo hora tras hora, devorando cada una de las páginas; las ideas y las comparaciones  son parte de esta lectura, pues Frankl lograr seducir con un estilo simple y al detalle, no siento que novelea sus experiencias provocadoras de muerte junto a la muerte.

Cuando menciono “devorar” no me refiero a velocidad y comer palabras de manera irracional, me refiero al voraz apetito de reflexión que desata cada párrafo.

El libro lo empecé a leer en la ciudad, en mi cama y en esos momentos en que al terminar la jornada de trabajo la mente busca dispararse hacia otros mundos para encontrar un relax y llegué al último capítulo “La siquiatría rehumanizada” en la playa. 20 días urbanos y un fin de semana frente al Océano Pacífico.

Mucho terror inimaginable se conoce sobre lo que pasó en esos campos de concentración o, como lo dice en el libro: lager; pero bajo la pluma de connotado médico y superviviente de este horror del nazismo, uno entra a vivir y sentir lo que pudo ser esa condena inhumana hasta que el “humor macabro” toma cuerpo.

“Ese humor lo provocó la segura conciencia de haberlo perdido todo, de no poseer nada salvo nuestra existencia desnuda.”

De seguro muchos de nosotros nos hemos sentido así en algún momento de la vida. Salir de ese estado no es nada fácil, pero el profesor Frankl nos conduce a las fórmulas extremas en estos casos extremos, esas que podríamos o podremos poner en práctica para no caer en la desesperación mortal.

La narración, los ojos y la mente caen el crisol de los textos articulados de una manera verosímil, única y tangible; los argumentos para no volverse demente y ser un cadáver más, se presentan uno a uno, hasta que -con un efecto “mamushka”- el cuerpo se paraliza y el pensamiento hace sentir el encierro obligado, la sensación de un prisionero en un campo de concentración.

“El prisionero de un campo de concentración tenía un miedo brutal a tomar decisiones o a adoptar cualquier tipo de iniciativa. Era la consecuencia de un fuerte sentimiento de saberse un juguete del destino, como si el destino irremediablemente se hubiese apoderado de uno; era mejor no pretender interferir y dejarle seguir su propio destino curso.”

Con este párrafo inicia el capítulo de “Planes de fuga”, un instinto humano y natural, cuando el encierro es incuestionable y a rajatabla, en cuerpo y espíritu. Una sensación propia cuando enfrentamos problemas cuyas soluciones dependen de terceros o esos terceros se convierte en nuestros carceleros.

Entre tanta información descubrí una que es parte de mi existencia y está en el capítulo “Irritabilidad”, en que Viktor Frankl describe lo que fueron los últimos días en el campo de concentración.

“Súmese, además, la ausencia total de esos productos que en la vida diaria aplacan o mitigan la sensación de apatía e irritabilidad: la cafeína y la nicotina.” Los siguientes capítulos explican cómo luchar entre la dualidad de seguir así hasta el final o emprender una lucha desgarradora para no desprenderse de la realidad.

Podría, así mismo, transcribir una y decenas de citas “motivadoras” de esta obra, que la Library of Congress en Washington la declaró como uno de los 10 libros de mayor influencia en América; pero no es la intención de este post ese tipo de transcripciones, sino de colocar algunas que, a mi parecer, son inductoras para que otros lectores compren el libro y se sumerjan en el verdadero padecimiento humano, totalmente vivencial en comparación con los infiernos imaginados por Dante Alighieri en la Divina Comedia.

Entonces, sentado en la arena, entre que miro reflexivamente el mar y sigo con mi lectura, llegó a esa parte que hace falta saber en la vida: “En efecto, sólo unos pocos prisioneros conservamos esa fortaleza de la libertad y aprovechamos los atroces sufrimientos para una madurez interior.”

Esperanza… fe… consideraciones ilusorias cuando se sabe que el real sufrimiento no tiene fin, con un dolor permanente y el aroma de la muerte que ya no se lo percibe aunque esté allí, cuando la capacidad humana de aguante llega a su más bajo umbral y las opciones son o vivir o dejarse morir o motivar para que lo asesinen.

Pero no, “El hombre en busca de su destino” no es un manual de autoayuda o de superación personal, es una recopilación de la experiencia de muerte que él mismo la uso para sí mismo, como instinto de sobrevivencia y que al plasmarse en un libro, se convierte en la profesional terapia psiquiátrica para quienes sabemos que el sufrimiento reflexivo es la única herramienta que tenemos los humanos para ser pragmáticos y efectivos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir, aunque el presente nos diga en cada amanecer que es nuestro día en que seremos ejecutados.

Al final, cuando uno ha sacado sus propias lecciones, Frankl golpea nuevamente a quienes nos atrevimos a suponer que ya lo dijo todo, entonces empieza a describir lo que él titula: logoterapia; “Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho desacertadamente, como estás a punto de hacerlo ahora”.

Leer a Viktor Frankl es una simple terapia psiquiátrica magistralmente plasmada como una obra literaria, para que, en medio de nuestros sufrimientos, usar sus diagnósticos y entender que cada día existe la oportunidad de no ser ni prisioneros ni entrar a la cámara de gas, aunque ese parezca nuestro destino.

Datos del libro:
Título original: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager
Traducción: Christine Kopplhuber y Gabriel Insuasti Herrero
Edición y prólogo: José Benigno Freire
ISBN: 978-84-254-2331-4
12ª. Impresión de la edición 2004, completamente revisada y actualizada.
Editorial Herder.



4 de septiembre de 2016

Mi primer café en esa conocida tierra de misteriosas fuerzas

Mi café en un lugar en que nunca antes había estado, a pesar
que ya conocía esos alrededores al pie de una montaña.
Entre tantos consejos de viajes que leo de manera constante, existe uno que me hizo regresar a un episodio de mi pasado que no lo había considerado importante; no fue un café más en mi vida.

“Una vez al año, viaja a algún lugar en el que nunca hayas estado antes”, esta frase se le atribuye a Dalai Lama; ahora que llega el tercer trimestre de este 2016 creí que este año nunca había llegado a ese lugar. Estuve equivocado.

En mi actual existencia hay un antes y después con lo que viví el terremoto del 16 de abril de 2016 en Manabí que, de alguna manera, se convirtió en otro viaje a un desconocido escenario sin moverme de mi entorno natural.

Antes de ese trágico momento, en enero del 2016, tomé mi mochila y me fui para Quito, allá me esperaba el lugar al que siempre regreso pero esta vez tuvo el componente  ‘misterio’, pues llegaría para desvirtualizar a una amistad construida a punto de tuits.

Mi sombrero y yo llegamos a Quito, envueltos en el misterio
de no saber nada de lo que nos deparaba este viaje.
Aquel sábado de mi llegada todo transcurrió con la normalidad planificada, saludos y nos sorprendimos de conocernos, conversar, disfrutar música en vivo, teatro y una serie de actividades emocionantes. Se acabó ese tiempo y empezó otro.

Durante dos horas viajamos, entramos en alguna propiedad de la que poco se podía mirar por la oscuridad y por mi puesto en la parte posterior del auto. Al final del camino el panorama cambió y sentí y miré que estaba en un lugar desconocido para mí.

Cuando mis pies pisaron tierra, mis ojos no miraron alrededor sino que se alzaron al cielo para mirar el gran techo de estrellas, que solo se puede observar cuando se está lejos de las ciudades y donde prevalece la luz nocturna de la ruralidad.

Hace el frío normal de Cayambe en una noche despejada sin Luna, yo lo siento más fuerte por mi costumbre de vivir en la zona tropical, pero no lo huyo; la magia de sentirme en este escenario me hace entrar al mundo desconocido de lo espiritual y sobre todo conocedor del significado que tiene esta localidad en quienes somos seguidores de asuntos místicos.

Antes de dormir y mirando el cielo desde la ventana de la habitación que me fue asignada, me fumo un cigarrillo, no pienso en mi amanecer sino en lo que podría estar percibiendo y que mis sentidos tratan de captar en ese silencio de casi el amanecer.

Duermo, descanso y despierto en un instante, al menos eso fue para mí ese tiempo; al sueño lo suplantó la curiosidad de saber cómo se vería ese lugar con la luz solar. La rutina del levantarse cumplida en pocos minutos y salí al recorrido que mis ojos pidieron.

El paisaje andino tiene sus misteriosas formas,
así les llamen accidentes geográficos.
Nada más que el normal panorama andino, con una vista que se pierde en el infinito de un día despejado y en el camino los evidentes desórdenes geográficos, ni una sola parte de ese espectáculo hubo una repetición: nada era igual en esa identidad paisajística. A mi derecha, semi desnudo, el nevado Cayambe y a mi mente llegó el día de mi juventud en que pude caminar sobre él.

Eran como las 7 de la mañana y aun no cumplía mi ritual de cada día: tomar mi primer café en relax. Presentí que no lo haría. Otra vez equivocado.

Luego de mirar por unos instantes al Cayambe, giré mi cuerpo y mirada 180 grados, allí estaba el local que lo conocía solo por fotos y otras historias. La duda de inmediato ¿Estarán atendiendo? Y fui hasta allá para comprobarlo. En el trayecto vi una laguna y soñé: Si consigo ese café me lo vengo a tomar aquí, bajo estos árboles.

Así miré al Café de la vaca desde donde yo caminaba,
me hizo saber que no era un simple cliente.
Avancé hasta la entrada de El Café de la Vaca, no vi ninguna señal que me dijera “Abierto” pero seguí por aquel corredor despejado y de estilo rústico; una puerta sin seguridad, la empujé y entré. Caminé lentamente mirando a diestra y siniestra, grabando en mi memoria cada adorno que marcó cada uno de mis pasos y que me aseguraban que avanzaba.

Parecía que no había nadie, respiré el aroma del café. De pronto sentí miradas que se clavaron en mi presencia, fueron de humanos sorprendidos por mi presencia. El personal de servicio aun no esperaba a ningún cliente, los meseros nunca sintieron mi llegada; se repusieron casi de inmediato y me brindaron la mejor de las bienvenidas verbales. Yo estaba ya en la barra: "Buenos días ¿Será que me pueden vender un café?"

Lo pedí para llevar, el aroma se convirtió en el negro brebaje que llenó el blanco vaso térmico, puse un apenas de azúcar, lo removí, pagué y salí; fui hasta frente a la laguna. Busqué un buen sitio y me senté, bebí el primer trago de café en aquella mañana, estaba por fin en un lugar que nunca antes había estado.

Puse el vaso en piso, del bolsillo de mi chaqueta saque mi cajetilla, la fosforera y prendí mi primer cigarrillo del día; empezaba el ritual de las mañanas de pensar, de reflexionar, de grabar sensaciones y emociones.

Estar por primera vez en un sitio no es el simple hecho de llegar físicamente, sino también de mirar y escuchar lo que ocurre en ese sitio, de extraer del paisaje todas aquellas ideas que están allí revoloteando o, tal vez, de mirar y encontrar las soluciones que ese nuevo ambiente tiene para quien sepa descubrirlas.
Existen una mil maneras de leer mensajes,
saber lo que dicen las sombras de las ramas es una de ellas.


A la mitad de mis pensamientos en soledad llegó un señor, se presentó como cuidador y jardinero, como la persona que se encargaba que el escenario tenga su aire de ruralidad; le convide uno de mis cigarrillos y conversamos, me relató lo que ocurría con esa laguna y el agua que llegaba para alimentarla.

Por allí estuvo otra lección de vida que deja la naturaleza: cuando se está en incapacidad de resolver un problema, es mejor dejar que el agua fluya hasta que sea el momento oportuno de encausarla si fuera necesario; pero también, al mirar las formas del agua al desplazarse puede tener un efecto de iluminación frente a esos inconvenientes.

Como el tiempo no existe sino que es la comparación entre dos situaciones, acabado el café -el cigarrillo no era ya tal sino una simple colilla, de misteriosas sensaciones quedó llena mi mente- mi memoria grabó el paisaje que ahora relato.

Regreso a la frase de Dalai Lama: “Una vez al año, viaja a algún lugar en el que nunca hayas estado antes” y estoy seguro que también pudo referirse al descubrir nuevos significados de lugares en los que se llegó antes pero que nunca se recorrieron completos porque jamás se estuvo preparado para entender los mensajes que están libres y ocultos.


Sí, hay que estar preparado para observar lo que se cree que ya se conoce, por eso esta historia tiene una segunda parte, fue cuando me transportaron hasta otro increíble sitio, allí mismo, en ese espacio llamado “El Café de la Vaca”.


Cuando el Sol se encontraba a media altura del día, apareció mi anfitriona, desayunamos juntos, platicamos de una y mil cosas. El día no terminada para conocer en ese mismo sitio otro maravilloso lugar de piedra y árboles.

A pocos metros del local, tras unos eucaliptos y otras plantas, estaba uno de los lugares que me impresionó: una pequeña plaza de piso de piedra y en el centro una mesa hecha de dos rocas que encajaban sólidamente. Todo rodeado de árboles.

A simple vista pareciesen dos imples piedras: una encima
de a otra, pero cuando se las acaricia se sabe que no.

Cuando estuvimos en esa especie de templo, pude imaginar a los druidas en una de sus reuniones –según  cuentan algunas historias– válido para quienes de alguna manera creemos en que el cuerpo es una especie de antena que capta las energías de la naturaleza.


Recorrí el lugar palpando las piedras y los árboles, como si quisiese transferencia de fuerzas para visualizar lo evidente en ese otro mundo de las obligaciones urbanas, de luchas intestinas entre humanos, de gente que abandonó la buena vecindad; esas fuerzas que me permitan salir airoso cada día, que me sostengan para seguir siendo un sobreviviente.

Mi primera estadía en El Café de la Vaca termina de la mejor manera y al alejarme nada de añoranza, solo un gracias para mi anfitriona que me condujo a ese lugar que nunca conocí y que estaba en medio de un espacio no incógnito para mí.

El café se acaba por instantes y los plazos se cumplen, pero cada día hay uno de nuevo de los dos.