27 de noviembre de 2021

El libre pensamiento frente a la neo-inquisición

La interacción en las redes sociales virtuales le ha dado un nuevo aliento e impulso a las restricciones aplicables a la libertad de pensamiento, y puedo agregar que las tendencias mediáticas se han convertido en un gran muro para quienes conciben su realidad desde otra perspectiva.

Lo que esta ocurriendo en las redes sociales es un panorama diverso y altamente complejo, pero que empieza a negar violentamente y hasta el punto de la denigración, en algunas instancias, los cuestionamientos a lo que se considera la base inamovible de una nueva sociedad perfecta y desconociendo algunas de las características implícitas del ser humano.

Para quienes estamos en la comunicación social, especialmente en el periodismo, es oportuno conocer estas realidades sociales, de tal manera que tengamos argumentos para no caer en historias ficticias preparadas desde las distintas esferas del poder político o por otros grupos que necesitan de la prensa para posicionarse como adalides en la construcción de un nuevo mundo.

(Nota al margen) Una explicación sobre las historias ficticias que construyen los poderes políticos, la expuse en mi entrada titulada Lo verosímil existe en el discurso gubernamental que lo complete con La propaganda de guerra busca al periodismo

Sigo con el tema central. La libertad de pensamiento por sí mismo no es un simple enunciado incluido y sistematizado en distintos tratados y estudios sobre los Derechos Humanos, porque muchos antes que ellos ya estuvieron en el marco de las reflexiones filosóficas y hasta políticas; ahora también ha entrado en las perspectivas de las distintas ciencias y prácticas. 

Un párrafo como punto de referencia: Art. 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, libertad de pensamiento: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Pero desde otra perspectiva "Los diversos conceptos mundanos, académicos del término libertad constituyen una constelación muy oscura, una nebulosa. La Idea de libertad está repartida y como refractada en el conjunto de estos conceptos particulares, acepciones o determinaciones." (Libertad como Idea filosófica)

Desde la psiquiatría. "El pensamiento es la actividad y creación de la mente; se dice de todo aquello que es traído a la existencia mediante la actividad del intelecto. El término es comúnmente utilizado como forma genérica que define todos los productos que la mente puede generar incluyendo las actividades racionales y reflexivas del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc." 

Pero el mundo virtual con sus redes sociales hizo que ciertos paradigmas de las conversaciones dieran giros que poco a poco van tomando forma, van adquiriendo otros códigos, en que la expresión de nuestras ideas puede convertirse en una cadena de reacciones de todo tipo.

"Por otra parte, dado que nuestra sociedad, cada vez más, afronta diferentes cambios políticos, económicos, sociales y culturales, surgen voces de trasformación para el reconocimiento de nuevos derechos, toda vez que el catalogo consagrado en la Declaración Universal de 1948 no es taxativo sino enunciativo. Adicionalmente ha de tenerse en cuenta que los derechos evolucionan de acuerdo a los avances históricos de la humanidad." (La libertad de expresión en la Internet)

En este caminar buscando más indicios sobre los atentados a la libertad de pensamiento, por el TL de mi cuenta aparece una crónica de Karina Mariani titulada "Un fantasma recorre el mundo científico" y en expone lo ocurrido en el Instituto de Astrofísica de Canarias cuando censuró la conferencia que el mismo Instituto de Astrofísica de Canarias organizó sobre libertad de expresión.

El conferencista fue Erik J. Olsson y luego de enterarse que sus palabras fueron censuradas por el este centro científico aseguró: “Me parece irónico que una charla sobre la libertad académica y las amenazas a la libertad de expresión sea a su vez investigada y censurada, de hecho con referencia a las mismas políticas contra las que advertí en la charla” y agregó que lo ocurrido era una: “confirmación directa e inequívoca de las afirmaciones hechas durante la charla lo que supone un mensaje preocupante sobre la salud académica del instituto”. 

Puede leer el artículo completo que sustenta la afirmación siguiendo el enlace en: Es posible que la censura esté acabando con los ámbitos académicos tradicionales.

Y sube al escenario la verdad... bueno, en realidad son muchas verdades. Cada persona en redes sociales expresa su verdad respecto a un hecho en el ejercicio de su libertad de pensamiento; pero en muchos casos se topa con que esas visiones contradicen "lo que todo el mundo sabe" y, por más científico que sea el contra argumento no se acepta que se exponga públicamente. 

Bajo estas perspectivas, Esperanza Pérez Prado se pregunta: ¿Tenemos derecho a publicar lo que se nos antoje en cada momento en nuestros perfiles en las Redes Sociales? ¿Tenemos derecho a expresarnos libremente? Por supuesto que tenemos derecho a expresarnos libremente siempre y cuando nuestros pensamientos, ideas y opiniones no colisionen con otros derechos igualmente protegidos. Es decir, la libertad de expresión prevalece sobre cualquier otro derecho siempre que no se vulnere el derecho al honor, intimidad personal y familiar o propia imagen de alguien y, siempre que no se caiga en el insulto o desprestigio gratuito. (La libertad de expresión y las redes sociales, enemigos íntimos)

Por eso es que considero que en un momento dado, existe o una confabulación o la imposición de un concepto grupal, que obliga mediante la coerción y el ataque virtual para que prevalezca una única verdad. 

Entonces me saltan algunas preguntas:

La Inquisición surgió lentamente como un instrumento destinado a la defensa de la fe y de la sociedad amenazada por la acción de los herejes. Herejía es por definición el error en materia de fe sostenido con pertinacia. Además, los herejes atentaban contra la Iglesia, el Estado, el orden público y las autoridades constituidas. En consecuencia, los reales alcances del delito de herejía se explican no sólo por factores estrictamente teológicos sino también por factores políticos, sociales, jurídicos y económicos; sin esa consideración no tendríamos una visión clara de su significación. (La Inquisición Medieval)

 Sobre este tema el autor chileno Axel Kaiser la define como la Neoinquisición y la define como "un movimiento integrado por personas cargadas de fervor religioso, fanático que atacan persiguen y censuran a aquellos intelectuales, figuras públicas o incluso personas comunes y corrientes que manifiestan opiniones o expresan sus ideas y estas no se ajustan a los estándares de pureza ideológica que estos neoinquisidores proponen como los únicos validos para la vida en común."

En la siguiente charla amplia su perspectiva que ya fue publicada en uno de sus libros y explica lo que a su juicio está sucediendo en las sociedades occidentales, respecto a la corrección política desmesurada —que intentan imponer ciertas ideologías— y que ha desencadenado verdaderas “cacerías de brujas” hacia quienes digan o piensen lo contrario a lo socialmente aceptado.


Actualizado el 10 de diciembre de 2021.

18 de noviembre de 2021

El talón de Aquiles en los planes y proyectos

Publicado originalmente en
La Verdad. Edición No, 399 de octubre

En esta otra época política, como quiera que se llame o cualquier nombre que se le ponga, se la puede caracterizar como de un constante y rápido rompimiento de los sistemas disciplinarios, de esos que están apegados a la ley y de los muy cercanos a la ética.


Lo anterior puede no ser un problema, entonces no existiría razón ni para escribirlo ni para leerlo. Pero si fuese lo contrario es indispensable definirlo y explicarlo, porque será la manera en que yo, o Usted que ahora lo lee, pueda encontrar algunas de las razones por las que los planes personales o sociales se desmoronan.

Como un acuerdo inicial, establezcamos que disciplina es la manera coordinada, ordenada, reflexiva y sistemática de realizar un conjunto de acciones orientadas al cumplimiento de un objetivo. 

Un ejemplo sencillo: si existe la necesidad de bañarse ¿Qué hace hasta el momento que ya se bañó? ¿Acaso primero se seca y luego va hacia la regadera? Y así pueden ponerse una serie de ejemplos personales y a los que también se los podría justificar como “así es la costumbre de…”

Entonces subimos un nivel a esta reflexión ¿Por qué deben cumplirse cada uno de esos pasos? ¿Por qué primero y no segundo? Las respuestas son los momentos de reflexión, de razonamiento lógico, de tener conciencia y diferenciar, aunque en el imaginario pueda parecer igual o sin importancia. 

Como una manera de ampliar lo mencionado, me permito plantear un relato de ficción pero que bien puede pasar como una anécdota.

Justo frente a un operativo de control, un abogado conducía distraído cuando ante un aviso de PARE, pasa sin frenar, pero disminuyendo la velocidad; un policía lo detuvo y se produjo la siguiente conversación:

Policía: Buenos días. Matricula y licencia de conducir, por favor.

Abogado: Pero… ¿Por qué?

– No se detuvo ante el aviso de PARE, allá atrás.

– Yo disminuí la velocidad y como no venía nadie…

– Exacto… Matrícula y licencia de conducir, por favor.

Ante esto el abogado argumentó: ¿Sabe Usted cual es la diferencia jurídica entre disminuir y parar?

Sin perder la compostura el policía respondió: La diferencia la dicta la ley: ante un aviso de PARE, se debe parar completamente el vehículo. Documentos y licencia de conducir.

– O tal vez no, señor policía. Yo soy abogado y sé de sus “limitaciones” en la interpretación de un texto legal. Le propongo lo siguiente: Si usted consigue explicarme la diferencia entre disminuir y parar, yo le doy los documentos y Usted podrá multarme. Si no, me deja ir sin multa.

La respuesta del oficial fue tajante: Positivo, acepto… ¿Puede hacer el favor de salir del vehículo, señor abogado?

El abogado se bajó del carro y entonces los otros policías que formaban parte del operativo lo agarran a patadas, golpes por todo lado…

Obviamente el abogado gritó pidiendo socorro, e implorando que paren. Y el policía pregunta:

– ¿Quiere que PARE o DISMINUYA?

El abogado en su desesperación grito: ¡PARE!… ¡PARE!… ¡PARE!…

Nuevamente sin inmutarse el policía concluyó: – Afirmativo, ya comprendió ¡Documentos y licencia de conducir!

Y hasta aquí este breve cuento, pero que de seguro en muchos de quienes ahora están siguiendo este comentario, podrían estar pensando en la manera que conducen sus autos y cuanto desconocen sobre las razones de las reglas mínimas de la vialidad, lo que sirve como peldaño para ir a un tercer nivel.

Las reacciones sociales ante lo que significa nuestro Ecuador son diversas y podría presumirse que son, así mismo, variadas; tomo, entonces, como punto de apoyo, uno de los argumentos que sirvió para estructurar los Consensos de Cusín: “somos una sociedad profundamente desigual entre regiones, grupos étnicos y géneros y que padece de grandes privaciones…” pero que no alcanza a dimensionar los aspectos culturales relacionados con la indisciplina social.

Existe otra percepción que rueda por redes sociales y que tiene mucho eco: somos un país ingobernable, en que se ataca a diferentes grupos sociales con catalogándolos de ignorantes o que privilegian la ley del más vivo, que la corrupción nos carga en peso…

Pues como nada está suelto, Javier Benegas, articulista de disidentia.com despeja el humo que tapa una intención política: “Afirmar una y otra vez que la sociedad es idiota, además de ser falso, es hacer el juego al poder, porque el poder necesita que la sociedad opine de sí misma que es idiota.”

Siendo así, a mi mente llega El Leviatán, obra de Thomas Hobbes publicada en 1651, en la que hace referencia al monstruo bíblico más temido para explicar y justificar la existencia de un Estado absolutista que subyuga a sus ciudadanos, mediante un pacto consensuado en la relación de poder entre mandado y mandatario.

Estos argumentos nos llevan a pasar de la disciplina social al teatro de las implicaciones sobre la indisciplina social, vista como una complejidad de situaciones personales y de los ecosistemas en que se desenvuelve la vida diaria. Podría aseverarse que la indisciplina es más humana.

La indisciplina social es la negación de la disciplina, su antítesis, que bien puede definirse como la actuación de una persona o de los distintos grupos sociales, sin acatar los principios, normas y objetivos de la sociedad ante una circunstancia, una tarea, las soluciones a un problema o los objetivos propuestos; que bien puede tener un origen racional o por ignorancia.

Ahora bien. “Aprender a aceptar y adaptarse a los resultados inciertos y absolutamente abiertos de la acción social es imprescindible en la construcción de una sociedad libre.” Luis I. Gómez, catedrático y divulgador científico. 

Recapitulemos. En lo individual, sea en el entorno laboral, familiar y social, sea en la generación de políticas públicas o ejecución de proyectos, el factor de las decisiones humanas es, al mismo tiempo, una fortaleza y el “talón de Aquiles”. 

Puedo, entonces, llegar a una primera conclusión planteada como un dilema: ¿Para solucionar problemas debe imponerse un régimen disciplinario o entender el origen de la indisciplina social como un catalizador de los planes y proyectos?

Y claro, aquí se abre una puerta a otra dimensión: ¿Y si la indisciplina social es una reacción a la ausencia de libertad? Es un buen momento para dar ese paso y entrar a ese nuevo mundo.  




Audio sugerido:

Adaptación de la crónica Presagio, publicada en el libro "Mis historias urbanas" de la periodista Blanca Moncada a quien se le conoce como Blanky Monky.


5 de septiembre de 2021

Nuestros amados y abandonados perros

 En este cambiante y acelerado mundo existe un creciente interés por cuidar la vida en general y, nos guste o no, en la post la gran cuarentena este sentimiento tuvo variantes en cuanto a las relaciones urbanas entre humanos – animales y humanos – plantas. 


Un tema bastante amplio para tratar, pero me centraré en los que científicamente se los conoce como “Canis familiaris” un milenario acompañante, guardián, protector y cazador, considerado desde sus inicios como un regalo divino y hasta relacionado con las fuerzas del mal.

Se trata del perro, un importante componente familiar en el área urbana y rural, con trabajos específicos, así como soluciones a muchos problemas que tenemos los humanos, también como hermosas mascotas de exhibición. Pero existen datos orientados a que existe un alto índice de abandono y maltrato durante la época de la pandemia y en la post cuarentena. 

Medios de comunicación social han planteado y mostrado el problema con perros maltratados y abandonados, sin hogar; las redes sociales han ido mucho más allá al evidenciar con más fuerza la actitud inhumana con las mascotas hasta obligar a los funcionarios a tomar medidas correctivas, aunque se traten de pocos casos; en la misma línea también promueven soluciones.

Con una mínima carga de subjetividad, puedo asegurar que la violencia y negligencia contra los canes se convierten, de una u otra manera, en un problema ético, social y ambiental, de proporciones aún no dimensionadas, a lo que se suman las razones de tipo económico debido al alto costo que implica mantenerlos, sobre todo en el área urbana.

Las relaciones humano – perro son íntimas, los dos son animales con sentimientos y personalidades, con necesidades y carencias, pero existen diferencias en cuanto a sus intereses de convivencia y sus estructuras físicas como mentales. 

“Al existir esas habilidades y capacidades, los animales tienen una serie de intereses que satisfacer y, por lo tanto, derechos por tutelar que se ven limitados cuando son maltratados, recluidos, aislados de su grupo social y sometidos a experimentación dolorosa, dejando tras de sí graves consecuencias a nivel físico y psicológico.” Isidro H. Romero (agitadoresdeideas.com)

En muchas partes del paisaje urbano hemos visto escenas de perros abandonados, que husmean entre la basura buscando comida, con sus cuerpos lacerados, a perras visiblemente enfermas y con evidencias que han parido recientemente; casas o departamentos en que el descuido y el maltrato son parte de lo cotidiano. Casi no nos inmutamos. 

También está el otro lado en que somos testigos de la sana convivencia entre las mascotas y sus dueños; pero ese no es el tema central, por ahora de este artículo.

En este marco Romero asegura que “El trato digno hacia los animales es un deber ciudadano y forma parte de aquella cultura democrática que reconoce la necesidad de ampliar paulatinamente los derechos. Se trata de ´descosificar´ a los animales, es decir, dejar de considerarlos como cosas, reconociendo su capacidad de tener una vida propia, mental y emocional.”

Asombra más aún que existan practicas enmarcadas en las apuestas y diversión, tal vez aberrantes, pues según lo asevera Isaías Alvarado en un reportaje para Univisión publicado a inicios de agosto del 2021, en Estados Unidos “Se estima que más de 40,000 personas organizan, participan y asisten a peleas ilegales de perros en este país, una actividad criminal que atrae a pandilleros, pedófilos y miembros de carteles. Estos combates sangrientos continuaron durante la pandemia, según activistas.”

En cuanto a Ecuador, Sumara Dueñas en una nota publicada por Oromar Televisión, asegura que “debido a la pandemia de Covid-19, organizaciones de rescate animal consideran que el número de animales domésticos en las calles ha aumentado, esto a raíz del desequilibrio económico por la pérdida de empleo...” 

En esta crónica periodística se toma la versión del funcionario municipal Iván Murillo, jefe Técnico de Bienestar Animal, quien asegura que en Manta la unidad recibe de entre 8 a 10 denuncias con reportes de abandono de mascotas al mes. Pero también recoge el testimonio de Iván Silva, un rescatista de fauna urbana, sobre el calamitoso estado en que llegan ciertos perros, al extremo de tener heridas provocadas por machetes.

Referencia legal: Art. 250.1 del COIP: “La persona que mate a un animal que forma parte de la fauna urbana será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a un año. Si la muerte se produce como resultado de actos de crueldad será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años.”

De los planteamientos expuestos es posible concluir que independiente del marco legal y las perspectivas de cada ciudadano, las acciones para proteger a los perros son prácticamente o inexistentes o invisibles o insuficientes, por lo que no se percibe como una situación adversa en la salud pública y una probable señal de inconciencia social.

Como epílogo: ¿Qué sentimos cuando vemos en las calles y carreteras los cuerpos destrozados de perros atropellados?

Publicado originalmente en
La Verdad No - 397
Edición de agosto del 2021





18 de agosto de 2021

El poder político y mediático de la felicidad

Considero que cada uno de los seres humanos que estamos sobre el planeta Tierra, de una u otra forma, llevamos en nuestra mente el alcanzar la felicidad, porque la necesitamos para dar más sentido a nuestros objetivos. Pero lo que la mayoría desconocemos es que alguien ya se apropió de esa intención.

Cuando se analizan los aspectos de nuestra felicidad, casi es una regla que los pensamientos se vayan a la nueva la literatura de autoayuda, a los discursos del coaching y el neo-positivismo, a las recetas que cientos de personas nos venden en videos y charlas motivacionales; del otro lado, muy pocos tapamos esa luz frontal que nos ciega y descubrimos que es un elemento en la discusión política y de las ofertas gubernamentales.

Como un acuerdo previo de este artículo: la felicidad es una suma de sensaciones positivas que fueron cosificadas y por tanto está en el nivel privado, para que pensemos que el sufrimiento es un asunto personal.

Y no me voy a detener para revisar los aspectos de “coaching” porque mi objetivo es exponer el uso político para generar simpatías emocionales en la administración de pública; diría que es llegar a la antesala del populismo y puerta de entrada a la apropiación de la libertad individual.

Parto de ciertas preguntas que están en los estudios preliminares del Marketing y la comunicación gubernamental: ¿Las políticas públicas son para generar la felicidad de los ciudadanos? además ¿Los gobiernos (nacionales/locales) tienen la obligación o deben dar felicidad a la sociedad? y la tercera para triangular: ¿Qué herramientas debe proporcionar el Estado para que los ciudadanos decidamos lo que nos da felicidad?

Mi primer punto de apoyo: “…el Estado es en sí mismo invisible e inaudible que debe hacerse ver y escuchar a cualquier precio…” Una de las argumentaciones en el libro El Estado Seductor, escrito por Regis Debray; consecuentemente tiene la necesidad de visibilizarse, de usar todos los recursos, lícitos y cuestionables, para decirle a los ciudadanos: ¡¡Existo!!

Para ello sirven las encuestas de opinión pública, para medir la satisfacción que tienen los grupos objetivos y el estado de ánimo de los ciudadanos, pero que se expone como la “aceptación y popularidad” del gobernante para, sobre eso, construir el discurso de la felicidad.

Entonces, los análisis de ese discurso es multiarístico, desde lo que parecería banal como la ropa, pasando por los gestos hasta llegar a entender la real dimensión del mensaje en su integralidad y se toman el recurso literario de la verosimilitud, para generar un lenguaje que se vuelca a la creación de un mundo feliz, de tal que se muestra discursivamente el camino a la felicidad, que pueda ser vivido y recorrido por el ciudadano en general.

Por tanto, percibo que el entramado de la política, lo político y la felicidad está relacionado con la comunicación social. ¿Cómo se lo aplica en las altas esferas gubernamentales para crear imaginarios sociales y personales? 

Para seguir me apoyo en lo expresado por Mateo Aguado en “Sobre felicidad, política y desarrollo” pues “… sería lógico pensar, entonces, que el objetivo último de la economía y de la política de cualquier país decente debería ser el trabajar en pro de la felicidad de sus habitantes… Para cualquier gobierno que se considere a sí mismo íntegro y honesto, preocuparse por su pueblo debería ser sinónimo de comprometerse por la felicidad de su gente.”

Pero ¡¡Oh!! Sorpresa: “El impulso autoritario ilustrado en nuestra historia busca imponer una versión particular de la felicidad en una gran variedad de personas. No tiene en cuenta el hecho de que la felicidad significa cosas diferentes para diferentes personas.” (Renew Democracy Initiative - rdi.org)

Y claro, los gobernantes en su inmensa sabiduría, deciden que el objetivo de su trabajo es dar felicidad pero que, al ser complicado lograrlo, recurren a estrategias para evitar el dolor en los problemas que tenemos los ciudadanos y, al mismo tiempo, les sirve de escudo para la algofia que padecen.

¡¡Eureka!! La fórmula es muy simple e imagino una disposición en las reuniones ministeriales: de ahora en adelante, todo lo que hagamos como gobierno será para expulsar el dolor de los ciudadanos y así no interrumpimos la comunicación que nos permite ser visibles y amados. 

Por tanto, a través de la comunicación institucional, se edifica una sociedad sin verdades que puedan causar sufrimiento y, si eso ocurre, explicar detalladamente quién fue el culpable. 

Pues bien, el poder político gubernamental tiene una punta de lanza impresionante: la fuerza mediática instaurada en las redes sociales virtuales, que supera a los medios de comunicación que hacen periodismo on line y off line, hasta el punto de expatriar a quien causa dolor social por publicar las verdades de la gestión pública.

Entonces, cuando las autoridades nos hacen creer que trabajan para hacernos felices, lo que en realidad están intentado es imponernos su visión de felicidad y eso es, desde cualquier punto de vista, una manera de quitarnos la libertad de decidir sobre nosotros mismos.

Amable lector ¿Se ha puesto a pensar en las herramientas que necesita para construir en libertad su propia felicidad sin influencia del poder mediático o si alguien de su entorno le impone lo que a Usted le debe hacer feliz?

Publicado originalmente en La Verdad 
Edición No. 396 de julio - 2021

22 de julio de 2021

Burócratas en el paredón ¿culpables o inocentes?

En algún momento alguien nos hizo creer que la burocracia era unos de los grandes males nacionales en Ecuador, pero pocos hemos reflexionado sobre el proceso de administración de los recursos públicos, así como la gestión de personal y de relaciones laborales.

Un día se pusieron de moda las muy cacareadas “reingeniería de personal” en que los procesos bien podrían definirse como altamente técnicos y totalmente inhumanos. Empezamos a odiar a los burócratas y al mismo tiempo les exigimos una mayor responsabilidad.

Vamos, entonces, en un breve recorrido por esta forma de trabajo que lleva un estigma sobre sus hombros y que, en el marco de las actuales circunstancias, la sociedad ha creado mitos políticos convertidos en políticas públicas.

Y un primer punto de análisis esta en conocer cuál es la magnitud de este panorama altamente complejo, cito pocos ejemplos: el Gobierno de Ecuador debe administrar cerca de 32’000.000.000 dólares en un año (32 mil millones), está en la obligación de mantener operativos y regularizados cerca de 16.000 vehículos y maquinaria pesada, así como miles y miles de equipos tecnológicos, también custodiar cientos de edificios y otras infraestructuras estratégicas.

Se complica más el asunto por la obligación legal de la tramitología en unos casos necesaria y en otras incomprensible; por la dispersión y atomización de los recursos en todo el territorio nacional y en otros países donde están las distintas delegaciones diplomáticas y comerciales.

Segundo punto: definición. “El término burocracia es esencial en el estudio de la Administración pública. Se trata de un concepto polémico y nada pacífico que posee dos significados totalmente contrapuestos.” Lo asegura Carles Ramió en el portal administracionpublica.com.

A un lado el “sentido positivo vinculado a lograr la neutralidad, eficacia y eficiencia de las instituciones públicas que es atribuible a Max Weber. Por otra parte, una visión negativa y con connotaciones peyorativas tanto anteriores como posteriores a las aportaciones de Weber.” Y Ramio suma una cualificación: “Los inicios de este concepto tienen una connotación negativa tanto a nivel intelectual como popular”

Tras este planteamiento existe todo un mundo de análisis de insignes pensadores, por lo que para avanzar es necesario cruzar el puente entre lo teórico y la práctica diaria, de quienes de una u otra manera debemos convivir con los burócratas, bien sea por asuntos laborales, tramitológicos o familiares (casi todos tenemos un pariente cercano que está en ese mundo).

Otro planteamiento es el de David F. Camargo Hernández en su publicación “Funcionarios públicos: evolución y prospectiva” y la voy a usar causalmente en este comentario: “Por burocracia se entiende un sistema de gestión y administración racionalizado y de máxima eficiencia técnica.”

Por lo tanto, al mencionar sistema lo puedo estratificar en quienes toman las decisiones, en el personal que hace fluir la tramitología y aquellos que están en la parte operativa, bajo una perspectiva política cambiante y de gestión permanente; concluye en una instancia que en la administración pública no todos son burócratas.

Son operativos los choferes y comunicadores, los médicos y enfermeras, los profesores y guardias, los barrenderos y los inspectores, los albañiles y mecánicos, los conserjes y encargados de mantenimiento tecnológico, personal de ventanillas y atención a los ciudadanos, militares y policías, bomberos; son aquellos que (suena feo decirlo, pero necesario) simplemente cumplen órdenes.

Muy pocos trámites se cumplirían sin el trabajo de secretarias, planificadores, auditores, asistentes administrativos, contadores, asesores, jefes departamentales, abogados…  

Y están los burócratas de las instancias de quienes toman decisiones políticas: desde los presidentes de las cinco funciones del Estado, ministros y cargos de libre remoción, alcaldes y prefectos, presidentes de las juntas parroquiales, gerentes de las empresas públicas. Llegan a sus cargos por la tiranía del voto, una cuota de poder bien de manera ética o bien por una práctica de “favores políticos”.

Pero es necesario ir hasta una parte de la historia del Ecuador en cuanto a estudios de la burocracia y una es la que narra Cecilia Durán C. en su libro “Irrupción del sector burócrata en el Estado ecuatoriano: 1925 – 1944” con el que deja sentadas las bases de otro modelo de contratación de funcionarios, más de la perspectiva de compaginación ideológica que por características profesionales. Un mal que al parecer se ha heredado a través de la sucesión presidencial y de cambios en los gobiernos locales.

Hago un alto para una reflexión. Por tanto, desde la doctrina moral del utilitarismo, así como desde el sistema filosófico del objetivismo, me pregunto ¿Para qué sirve la burocracia?

Mi primera respuesta viene de Mateo Melgarejo, aquel mítico personaje interpretado por Cantinflas en la película “El ministro y yo”, cuando en una de las escenas lanza su discurso; para este caso es indispensable transcribir una parte:

“Sí señor, ustedes, tienen un concepto muy equivocado de lo que es la burocracia. Saben de donde proviene esa palabrita, buro del francés bureau, que en español quiere decir, escritorio y cracia del griego cratos que significa, poder. En otras palabras, es decir, ustedes, ejercen el poder desde los escritorios.”

“Pero no toda la culpa es de ustedes, no, si ustedes son buenas gentes. La culpa más bien es de sus superiores, de jefes como Usted y de muchos como Usted que son aves de paso, que no han sabido inculcar en los empleados públicos, el verdadero sentido de la burocracia y la responsabilidad que ésta encierra, porque las fallas en la administración frenan el desarrollo, el progreso, la democracia.” 

“¿Saben lo que es la democracia? el poder del pueblo por el pueblo y aunque ustedes también son pueblo, se olvidan de los que están ahí afuera, de los que esperan, de los que hacen cola como éstos, que también son pueblo; y que ellos dependen de ustedes, pero ustedes también dependen de ellos, porque ellos al pagar sus impuestos, sus contribuciones, están pagando los sueldos de todos ustedes. Sus vacaciones, sus servicios médicos y sus jubilaciones. En otras palabras, todos necesitamos de todos.”

Mi segunda respuesta está en lo que es mi vida diaria personal, cuando reviso las obligaciones para con mi vehículo, con los daños de casa, con el hacer cálculos para que no me falte el dinero, con los daños en mi vivienda, pagar mis deudas, comprar comida, hasta lo que es la limpieza general y ahorrar para imprevistos; aunque sean actividades rutinarias me percato que necesito mucho tiempo y dar seguimiento. 

Si eso me ocurre a mí, que manejo un presupuesto mensual de aproximadamente mil dólares y con limitados bienes, sin un mega marco regulatorio, y lo extrapolo a la administración pública con miles de vehículos, de computadoras, de trabajadores con relación de dependencia directa y ciento de millones de dólares de presupuesto, veo a decenas de personas trabajando en escritorios registrando cada uno de los movimientos de esos recursos físicos, tecnológicos, financieros y de administración de personal, porque la ley así lo dispone.

También miro la inmensurable cantidad de problemas que se generan en la prestación de servicios públicos, que exigen a la institucionalidad responder a miles de solicitudes por escrito, a reclamos verbales, a inconvenientes judiciales, a las regulaciones privadas, a las reacciones del control ciudadano, a la elaboración de informes sobre solución de inconvenientes, a la transparencia de la gestión… que no todo se cumpla es pauta para entrar en el campo de la corrupción.

La gestión pública se convirtió en sinónimo de ilegalidades, lo que abona a que el rechazo social a los funcionarios de todo nivel sea casi un juzgamiento para que desaparezca la base de la institucionalidad con la consigna de “súper obeso e inútil tamaño del Estado”, confundiendo Estado con Gobierno. 

Añado a este conjunto de pre-juicios sociales la expresión “sueldos dorados” y el valor en el mercado de los servicios que prestan los profesionales en cada una de las ramas profesionales, artesanales y del nivel de responsabilidades en el sector privado. Los funcionarios no son patriotas.

Pero este mundo ideal se rompe cuando irrumpe el crimen organizado, el narco, las insanas ambiciones en muchos de los burócratas y las propias fallas de un sistema ideado por humanos imperfectos apoyados por la inhumana tecnología; claro, también por el usufructo inmoral del mal llamado poder político.

E irremediablemente me viene a la memoria la realidad humana de la pelea moral entre el bien y el mal, con la ilustración que nos hace Oscar Wilde en “El retrato de Dorian Gray” con el que deja claro que en una misma persona cohabitan lo legal y lo ilegal, que la prevalencia de estos valores dependen de las ambiciones y las tendencias que tenemos hacia el crimen. 

De allí voy a la explicación más clara de este escenario la plantea Thomas J. DiLorenzo en su libro “Crimen organizado. El Estado: la verdad sin maquillaje” y en el que explica el cómo las fuerzas de los sindicatos, ONG y otras organizaciones de la sociedad civil (legales e ilegales), se convierten en extorsionadoras del gobierno y éste a su vez pasa de victima a victimario usando su inmensa capacidad propagandística para levantar cortinas de humo ante los graves problemas de corrupción.

También de la literatura traigo otro punto de análisis: 

“No me gustan los delincuentes que quebrantan las leyes –dije.

- ¿De qué otra clase puede haberlos?

- De los que hacen las leyes.

(Tomado de la novela “Gris de campaña” de Philip Kerr, que narra el trabajo del detective privado Bernhard "Bernie" Gunther)

Y así puede irse destrabando los nudos que existen en la evaluación de la burocracia y de cada uno podríamos hilvanar fino sobre la utilidad del trabajo de los funcionarios, lo cual nos llevaría a un interminable número de párrafos; pero en este punto se hace necesario dejar expuestas mis conclusiones y lo hago de una manera poco convencional:

1. ¿Cuál es el tamaño óptimo de la burocracia en cada una de las instituciones para que la administración de los bienes públicos sea eficiente?

2. ¿En qué momento el honrado funcionario se convierte en un delincuente o ya llega así al servicio público?

3. ¿Cómo podemos saber a ciencia cierta si es que desde la legislación se está abonando a la voluminosidad ineficiente de la burocracia en el sector público?

4. ¿Pueden los gobernantes cumplir con sus responsabilidades sin el apoyo de funcionarios de escritorio?

5. ¿Del total de funcionarios que tiene toda la institucionalidad cuáles son funcionarios útiles? ¿Cuáles tiene la cualidad de parásitos, cuáles también prestan servicios al crimen organizado?

6. ¿Existen cambios de personalidad cuando se es contratado por un gobierno?

7. ¿Cómo evidenciar a los burócratas que moral, legal y éticamente se mantiene limpios en la administración de los bienes y recursos públicos?

Y quedan pendientes las preguntas 8 y 9 relacionadas con la psiquis de los burócratas ante los estigmas sociales y el dilema moral en su trabajo cuando es invisible testigo de la corrupción.

Publicado originalmente en la 
edición impresa de "La Verdad"
No. 395 - junio de 2021

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