5 de julio de 2011

En Portoviejo siete grandes problemas no resueltos

Ampliar fotografía para mirar detalles
A simple vista es posible determinar que la ciudad de Portoviejo tiene problemas que los viene arrastrando desde las administraciones municipales anteriores y que la actual, al parecer, no logrará solventarlos y quedarán de “herencia" para la próxima.


Por lo pronto, solo es una vista de tipo urbana, pues sería necesario hacer un recorrido por el resto del cantón Portoviejo para tener una idea aproximada de la problemática y de los procesos para solucionarla; así mismo la exposición de los problemas están puestos en forma aleatoria y resumidos en siete bajo un criterio de impacto social y productivo, que bien pueden ser rebatidos, refutados y hasta cuestionados, por último, desechados.


Parto del criterio que el éxito de una administración pública se basa en la capacidad para resolver problemas, no en aquellas “obras” que son origen para el accionar de las Relaciones Públicas. ¿Cuántos problemas recibió y cuantos solucionó? 


No considero oportuno ampliar en detalles, ya que los problemas son evidentes con la simple observación:


1.- Contaminación del Río Portoviejo
Aunque no es un problema únicamente de Portoviejo, la precaria situación de este río en el cauce que cruza por la ciudad no es posible advertir acciones efectivas y permanentes para evitar que su degradación siga. Es posible mirar una serie de alcantarillas que directamente llegan a las orillas y descargan aguas negras y grises, basura y falta de mantenimiento de sus riveras.


2.- Obras y servicios públicos sin control
Cada una de las obras públicas físicas, tanto del propio gobierno municipal como del gubernamental, que se ejecutan no cuentan con los controles necesarios para que se cumplan acorde las normativas arquitectónicas de seguridad y de cumplimiento de las ordenanzas. Con las construcciones privadas ocurre lo mismo. En cuando a los servicios públicos: no tienen calidad, incluye la seguridad ciudadana tanto para afrontar desastres como para combatir la delincuencia. Es necesario sumar la recolección y disposición final de desechos sólidos; botadero de basura es aun el mayor contaminante urbano.


3.- Caos en la movilidad urbana
La destrucción vial es innegable, la falta de organización y el incumplimiento de las ordenanzas, originan que en la ciudad sea factible la sana convivencia entre vehículos y peatones. Aceras convertidas en almacenes y comedores, tanto en el día como en la noche, están ahí sin que existan evidencias que estén aplicándose acciones de ordenamiento. Choferes de automotores, transportación pública y taxistas, motociclistas, tricicleros y ciclistas sin el mínimo respecto a la ley y a la sana convivencia. 


4.- Vendedores ilegales en la calle Chile
Como quiera que se autodenominen, quienes se han tomado la calle Chile para ejercer alguna actividad por fuera de la ley, han generado desorden, suciedad, inseguridad y una orgia comercial. En este contexto se levanta un “edificio” que trata de ser utilitario. Algunas ideas legislativas tratan de tugurizar esta parte céntrica de la ciudad y además de regalar espacios públicos. 


5.- Anarquía en mercados 1 y 2
Estos dos centros de abastos son totalmente contrarios a normas higiénicas y de seguridad alimentaria. Ausencia de total de acciones de ordenamiento. Basta con ir a dar un “paseo” por estos sitios para percatarse de la realidad.


6.- Legislación local sin evaluación
Tal vez cientos de ordenanzas están publicadas. ¿Cuántas de ellas son oportunas y pertinentes? No existe un proceso para determinar si son válidas, aplicables o son necesarias; se desconoce el costo de su aplicación y sin que tengan visos de estar apegadas a una realidad urbana. ¿Cómo nació cada una de las ordenanzas? ¿Viven aún? ¿Dónde están sistematizadas? ¿Cuántas más están esperando ser publicadas? ¿Dónde están las actas de las sesiones en que fueron analizadas, sociabilizadas, discutidas? Existe un agujero negro de la legislación local. 


7.- Ausencia de transparencia en la gestión pública
No debe confundirse acciones de relaciones públicas con transparencia de la gestión pública, en este caso, municipal. La información sobre el manejo y administración municipal no es pública, es parcial y desactualizada. No es posible localizar libremente el informe de traspaso de administración a administración. Por ejemplo: Las actas de entrega recepción de la administración de Alberto Lara a Patricia Briones y de ella a Humberto Guillem, nos darían pistas de la situación de mejora o empeoramiento de la ciudad. En definitiva. No es de fácil acceso a datos fidedignos (actuales e históricos) de las recaudaciones, de la gestión jurídica, de los pagos, de la contratación, del trabajo de la comisiones, del trabajo de los concejales, del uso de recursos financieros y no financieros, de los informes de los directores departamentales, los informes de auditoría y de Contraloría, rendición de cuentas… de esta administración y de las anteriores. Oscurantismo informativo.



13 de junio de 2011

Planchar con fuerza para no dañar


Las artesanías son un importante capital productivo y cultural de una región, más aun cuando se trata de aquellas que tienen un valor histórico y están ligadas a una forma de vida; tal es el caso de los sombreros de paja toquilla que se tejen y se comercializan en Montecristi.

La vida de Pablo Franco y María Mero, esposos desde hace 18 años, está muy ligada a a estos sombreros, con ellos lograron sostener a su familia y crecer como microempresarios, sobre todo han aprendido lecciones de vida que pueden ser usadas para quienes los conocen.

Y es que el sombrero de paja toquilla no está perdido ni en la historia ni en las realidades del presente. Su uso está relacionado con la moda y la elegancia, también con la prosperidad económica y hasta con las revoluciones liberales de inicios del Siglo XX. Las características de la elaboración y comercialización ya no son secretas.
Cada paso, desde la siembra y cosecha de la paja, de su preparación, del inicio del tejido, el tratamiento y del acabado del sombrero de paja toquilla están registrados; sobre su comercialización es motivo aun de debate sin que deje de venderse a valores que llegan hasta los 10 mil dólares y de aquellos que no llegan a costar a los 10.

Los procesos de desarrollo social ligados al sombrero están centrados en los tejedores, bajo el criterio que es un arte que podría desaparecer o quedar reservado para unos cuantos y es que esta prenda no es solo el tejido, es más… el planchado y el acabado. 

Pablo entró al mundo de los sombreros de paja toquilla cuando conoció a María y luego que decidieran casarse empezaron a trabajar de manera independiente en el acabado de estas prendas; aprendió a reconocer los finos, sus fallas, sobretodo aprendió a plancharlos antes de darles el terminado y venderlos.
Montecristi se ha consagrado como un fundamental centro de comercialización del sombrero de paja toquilla o conocido más como el “panama hat” y es allí donde conviven muchos de los artesanos que le dan el acabado final luego que reciben el sombrero en crudo.

Y allá en Montecristi, la antigua capital provincial de Manabí, entre tantos artesanos tiene su taller Pablo Franco y su esposa María Mero, ellos compran los sombreros crudos y le dan los acabados necesarios para exhibirlos para la venta o exportarlos. María cuenta su trabajo para darle el acabado a los sombreros  antes de llegar a parte del planchado. Pablo explica más al detalle sobre el planchado y muestra sus utensilios; entre ellos una plancha que más parece sacada de un museo, no es eléctrica ni de carbón, es de aquellas que se calientan en una hornilla.

El sombrero crudo es el nombre que le dan al que reciben de los tejedores, el que no ha recibido terminados y ni tiene la forma que lo ha hecho famoso. Las hebras aun se miran colgando al igual que ciertas imperfecciones, propio de un trabajo manual de una mano de obra que no se produce con especialidad tecnológica sino con las enseñanzas aprendidas de sus padres.

La plancha pesa como unas dos libras, es de fierro puro, de color café casi rojizo oscuro, casi como si estuviera oxidada; no tiene ningún mango “técnicamente” diseñado, es un todo que tiene la forma necesaria y nada más. Es una simple y sencilla plancha. 

Luego que los sombreros han sido lavados, azocados y ribeteados, antes de darle la forma final, se los plancha para evitar que al pasar a la siguiente fase queden dobleces y dañen; este proceso que apenas dura media hora. 

Toma un sombrero y en la copa introduce un molde de madera, es de forma circular y en la parte superior es convexa; casi es de la medida adecuada, mira con detenimiento los espacios que quedan entre el sombrero y el molde. Lo voltea y lo coloca sobre una mesa de madera, al  virarse pareciera que no hay nada dentro. 

Sobre la mesa también está un grupo de trapos, que en su conjunto se ven grueso y simulan un mango o un cogedero. Pablo los toma, los acomoda a su mano y con ellos toma la plancha que previamente estuvo durante aproximadamente cinco minutos sobre una hornilla prendida, sobre el ala del sombrero ya está un lienzo y comienza a planchar, con fuerza aplasta la plancha contra la mesa y en medio el sombrero. Pasa y lo repasa con fuerza, una y otra vez, da vuelta al sombrero y sigue con este proceso hasta cierto punto monótono. Para y vuelve a dejar la plancha sobre la hornilla. Mira el sombrero, trata de detectar algo y al parecer no encuentra nada. 

Vuelve a tomar la plancha entre sus manos fornidas, el mismo movimiento para seguir planchando. El tamaño de los trapos es mucho más grande que sus manos por los que sus dedos se aferran a ese mango improvisado para no perder el control. Mientras esto ocurre es posible mirar en sus brazos y antebrazos los músculos tensos, casi bien definidos bajo la piel cobriza. Hay una fuerza extra que se hace para que el proceso tenga éxito. 

Se detiene luego de media hora de planchar, un leve sudor corre por su frente, que lo seca con rápido movimiento del hombro cubierto por una camiseta. Alza la mirada y con ojos de satisfacción muestra el resultado de sus esfuerzos. Es posible detectar que en el sombrero no hay arrugas o pliegues, totalmente liso. 

Mientras Pablo plancha el sombrero, frente a él, sentado en una silla plástica está su hijo de 15 años, Pablo también. No pierde detalles sobre el trabajo que hace su padre, no habla,  solo mira, ocasionalmente se distrae para revisar su teléfono celular, escribe algo en él y vuele a prestar atención al planchado.

Están en la trastienda de su nuevo almacén localizado en la calle 9 de Julio, de Montecristi, la principal, donde se encuentra un sinnúmero de almacenes que ofertan artesanías de paja toquilla, muebles de mimbre, lámparas y otros adornos. Pablo junto a su esposa han emprendido una nueva aventura empresarial: decidieron comprar su propio local para lo cual han accedieron a un crédito, están en un proceso de incrementar ventas y ya cuentan con la ayuda de sus tres hijos, aunque adolescentes ya conocen el manejo comercial en la venta de sombreros.

El matrimonio Franco – Mero ahora ven el fruto de su trabajo. Están preocupados porque tienen que pagar las cuotas del préstamo y se han impuesto la regla de guardar 20 dólares diarios.

Como si fuera una conversación sólo entre esposos, María y Pablo, además del riesgo de comprar su nuevo local, también han invertido en una página WEB, se les nota que están satisfechos con este logro y casi en coro dan la dirección: www punto, montecuadorhat, punto com. Y dan una explicación extra: solo con una “e”. 

En ese momento entran unos clientes que tienen todas las características de turistas. No tienen intenciones de comprar, pues no miran ninguno de los más de 500 sombreros que están en las perchas. Uno de ellos, hombre de edad adulta con una funda en la mano, se acerca a Pablo y dice: hace unos meses compré aquí este sombrero pero se me manchó y se me dañó. Saca de la funda un sombrero ajado y lo pone en las manos del Pablo. 

Pablo toma el sombrero, lo mira, lo examina y alza a ver y le dice: sí me acuerdo. El turista le responde con una sonrisa y le pregunta si es posible reparar el sombrero. Pablo le dice que si es propio de Montecristi se puede hacer, pero que le tomará una semana como mínimo. El turista, le dice que no hay problema pero que no sabe cómo lo retiraría luego. Pablo le dice que si le deja la dirección, él lo hace llegar por correo. El turista pregunta por el costo del arreglo; Pablo le responde que 25 dólares y que ya está incluido el envío. 

¿Y el pago? Es la próxima pregunta. Si gusta me paga ahora, responde Pablo. No tengo sueltos, tengo tarjeta de débito o de crédito. ¿Las reciben? Pablo dice que sí. El turista saca la tarjeta y la extiende, Pablo la toma y llama a su esposa que está sentada frente a una máquina de coser. Al extender la tarjeta, le dice: “cobra 25 dólares”, María toma la tarjeta y se dirige tras el mostrador, en él están las máquinas electrónicas que sirven para estos casos. El negocio se cierra, le devuelven la tarjeta al turista y le hacen firmar un pequeño papel blanco. 

Pablo argumenta en voz alta. “Aquí no es que solo vendemos sombreros. También los arreglamos porque descubrimos  que muchos clientes aman sus sombreros, pero que siempre pasa algo, se les mancha, pierden la forma… además que cuando se les arregla un sombrero mínimo nos traen otro cliente que compra sombreros o nos compra para hacer regalos, con la ventaja que tenemos facturas, entregamos a domicilio y damos todas las facilidades que sean posibles.”

Pablo comenta, mientras abraza a su esposa, bajo la mirada de su hijo: planchar sombreros es un proceso corto y simple, pero fundamental; hay que planchar con fuerza para que no se dañen y lo mismo aplicamos en nuestro negocio, trabajamos con fuerza para no dañar nuestras vidas y la de nuestros hijos.

Es la noche ya en Montecristi, las luces de la ciudad están prendidas. Los almacenes no cierran aun. Pablo y María siguen trabajando mientras un viento fresco se siente a pesar de estar en la Costa ecuatoriana.

12 de junio de 2011

Habitantes que les vale "MIERDA" el Río Portoviejo

Reinicio mis escritos con este post, con un título, tal vez, de mal gusto para algunos, lo cierto es que frente a una fotografía que publiqué en mi perfil de Facebook, uno de los comentarios fue ese y yo lo asumí como propio para protestar por la indolencia existente hacia el Río Portoviejo.

En algunas de mis opiniones anteriores de mi otro blog ya mencioné sobre la situación por la que está atravesando el río, que pasa por el centro de la capital manabita y del que se toman sus aguas para consumo humano y agricultura. Miles de personas en cinco cantones viven del río Portoviejo y lo están matando.

El deterioro del río es evidente y la ausencia de trabajos para recuperarlo también es evidente, a lo sumo pálidas acciones como para poner en algún informe y, como corresponde, para la foto que circulará como si realmente “ya todo está hecho”.

Y claro, se me puede decir o reclamar o achacar, sobre lo que lo hecho para detener esa muerte; y respondo: protestar. El siguiente requerimiento es el más común en estos casos: ¿y que propones? Y es entonces cuando un cierto nivel de coraje y respondo con furia contenida: ¡¡PROTESTAR!!

Y es que el tema de salvar al Río Portoviejo no es de propuestas es de cumplimiento de las ordenanzas municipales…nada más. (OjO y que no digo nada de la Constitución)

Entonces el caso es que salvar el río es un tema de aplicación de una norma jurídica… ¿Qué absurdo verdad? Pero no hay otro camino, pues de nada ha servido y a los resultados me remito, los tantos y miles de seminarios, charlas y “campañas” para concienciar a la “gente” sobre tener una buena actitud hacia esta “vena hídrica” de Manabí.

Desde hace 18 años que soy testigo de esa agonía y he protestado y he protestado para que quienes tienen la obligación de mantenerlo con vida la cumplan, pero hasta ahora ha sido una tarea imposible. Si alguien tuviera una colección de los informes de labores ejecutados por alcaldes y concejales de los últimos 20 años, podrían darse cuenta que apenas se tomaron las fotos, copiaron ordenanzas para aprobarlas, lo incluyeron en sus discursos político-electorales y prometieron y comprometieron a salvar el Río Portoviejo. El resultado salta a la vista.

Y por tanto me ratifico en lo dicho: yo protesto, porque ellos –alcaldes y concejales, fueron los que propusieron salvar el Río.

Además, para completar este escenario. Nosotros los que vivimos a orillas del río estamos inertes, hemos dejado abandonado a su mala suerte a lo que nos dio y da de comer, para respirar y muchas alegrías. Los que vivimos a orillas del Río Portoviejo no logramos mejorar y nos quedamos en unos simples habitantes que nos vale MIERDA el Río Portoviejo.

Y esa expresión es válida para quienes (léase autoridades o funcionarios públicos de elección popular) no leyeron el sinnúmero de estudios que existe sobre la importancia de, como lo he bautizado en este comentario, la vena hídrica de Manabí.

Un día tal vez pueda protestar con mayor fuerza.

24 de abril de 2011

Planchar sombreros de paja toquilla

Conocí a Pablo Franco y me dió explicaciones sobre el planchado de sombreros de paja toquilla, de los que se tenjen y se les da el acabado final con las manos. Yo tengo uno que me ha durado 8 años y que sigue casi como nuevo a pesar que ha recorrido conmigo desde el mar hasta la amazonia... en este vídeo cuento una parte del arte de construir un buen Montecristi Hat. Aquí la historia:

13 de febrero de 2011

Mis comentarios en televisión

Carlos Miranda, Jorge Alfonso Macías, Conselo Loor y Raúl Zavala
Comentar en televisión me resultó una de las experiencias comunicacionales más provechosas de los últimos tiempos, a pesar que desde hace años mantengo una columna en La Hora Manabita y un blog; comentar en vivo sobre temas variados es otra cosa.
 
Desde hace unos meses, durante 4 días a la semana tengo la oportunidad de hacer públicos mis opiniones e hipótesis sobre temas variados en el programa ‘De Cerca’ que lo trasmite Manavisión – Canal 9, de lunes a viernes, en el horario de 08h00 a 09h00.

 
Durate todo este tiempo han sido muchos los temas que se han tratado, desde política nacional hasta algunos de aspectos internacionales que inciden en Ecuador, también sobre desarrollo y aspectos que tiene que ver con la problemática social y de la gestión pública; son comentarios cortos.

 
El panel lo he compartido con Anicia Villamar y Consuelo Loor, Carlos Miranda, Fabricio Cevallos así como con Ignacio Navia; el programa es moderado por Jorge Alfonso Macías, estimado colega y amigo.

 
Presentarse en televisión en vivo no es fácil, como no es simple decir lo que se opina sobre un tema; no es cuestión de hacer una crítica con lo que se viene a mente, sino que por el contrario hay que estar bastante enterado del tema, pues la idea no es realizar un análisis completo sino brindar a los televidentes ciertos elementos de juicio adicional, de tal manera que les permita tener sus propios criterios respecto al tema tratado.

 
Esta situación me ha obligado a estudiar más, a entender más sobre la situación en que vivimos tanto en Portoviejo como en la provincia, de cómo funcionan las actuales políticas gubernamentales; y no es que sea o seamos 'todólogos'.

 
Quizás esa una de las críticas de nuestros amables televidentes. Que tratamos los temas y los dejamos inconclusos y quizás tiene razón, también hay el criterio que no se podría llegar a tratar todos las aristas de una problemática. 

 
En lo personal considero que ofrecer un comentario público, sostenerlo y sustentarlo requiere de mucho sentido común, conocimiento de leyes y de cómo funciona la sociedad, más como seres humanos que como aproximaciones académicas.

 
Así que mientras tenga la oportunidad de compartir este panel con los televidentes y con los compañeros pondré mi mejor esfuerzo.
Lo que si me hace falta es dejar huella sobre esos comentarios en la red, escribir los comentarios dichos y publicarlos; es el siguiente paso.