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14 de mayo de 2012

No se combate a la delincuencia con tramitología y burocracia


Parece que en Ecuador se convierte en una realidad: la violencia social, la delincuencia común y la organizada han superado a la sociedad de bien. Una de las últimas disposiciones presidenciales indicó que miembros de las Fuerza Armadas volvieran a las calles a tratar de controlar la inseguridad es una muestra de ello. Esto hacia finales de abril de 2012.

Es bueno recordar en este punto que el 13 de marzo de 2012, el Ministerio de Coordinación de Seguridad junto a los Ministerios y Secretarías que integran el Sector Seguridad, presentaron el informe de rendición de cuentas 2011. En realidad a más de los discursos positivos propios de estos acontecimientos, no fue más que un informe contable - financiero

Por más de dos semanas me pasé analizando y escuchando criterios a favor y en contra sobre esta reiterativa acción gubernamental para tratar de parar el embate de la violencia social y del crimen, al final me quedaron preguntas: ¿Con entrenamiento militar se frena la violencia social? ¿Cuál es la capacidad real de los militares para estar en las calles combatiendo al crimen organizado? ¿Se ve amenazada la delincuencia común estando los militares en las calles? ¿Acaso el Gobierno quiere enviar algún mensaje oculto a la población al poner militares en las calles?

Por aquellas casualidades de la red me enteré que “el crimen organizado es el peor enemigo de la democracia actual en América Latina” afirmación realizad por el escritor mexicano Enrique Krauze, al presentar su libro “Redentores” en el que analiza el poder en la región durante los siglos 19 y 20, quien participa en la II Feria del Libro en Español de Los Ángeles.

Según el informe de prensa también habría mencionado: “La democracia moderna tiene enemigos pero el más grande es el crimen organizado, que no sólo está conspirando para acabar con las votaciones sino con la libertad de expresión”. 

Otro de los escenarios en que actuarían las Fuerzas Armadas es: el crimen organizado movería casi tres billones de dólares cada año en todo el mundo, equivalentes al 2-5% del Producto Interno Bruto internacional, según un informe del Grupo de Acción Financiera Internacional. El incremento exponencial de la violencia, la corrupción pública y la explotación de seres humanos son algunas de las consecuencias más graves de la actividad mafiosa. No se si militares y policías ecuatorianos estén mínimamente blindados contra esta amenaza.

Sobre la delincuencia común, con información que recoge la cadena Ecuavisa obtenida de la Fiscalía, se señala que en el 2011 se reportaron 9.920 casos de robo agravado, es decir con violencia. Eso equivale a más del 20% de las denuncias presentadas y lo ubica como el delito más común. A continuación está el robo simple, con 7.724 casos reportados, más del 17% de las denuncias.

Este tipo de delitos, al parecer, lo ejecutan delincuentillos que seguramente no están inmersos en los estratos superiores del crimen organizado; estos atracos, robos y hurtos son tan comunes que se producen a diario y hora tras hora, en cada ciudad y población del Ecuador. Muchas víctimas se quedan en el silencio, por lo que  no son parte de las frías estadísticas que sirven para la planificación gubernamental.

Está la violencia social. Tal vez los militares no deban afrontar la violencia intrafamiliar o violencia doméstica que se refiere a los actos violentos que se producen en los hogares; tal vez no deban afrontar los crímenes por celos o pasionales; tal vez lo militares no deban controlar las manifestaciones ciudadanas o peleas callejeras.

Antes de contar unas perlas bibliográfica que encontré, pongo a su consideración la conclusión a la que llega Branislav Marelic, en su artículo: “Por qué no debe haber militares en las calles” y dice “… es que si un ciudadano está dispuesto aceptar la intervención militar en el orden público pese a todo lo anterior estamos en un camino irremediable, desproporcionado y complaciente hacía menos libertad y hacia más represión, todo para saciar una petición de seguridad creada por una sensación de inseguridad que no siempre es real.”

Como ya es conocido en el mundo de la política ecuatoriana el rol de Senplades en la planificación integral del Estado tiene características estratégicas en el actual marco ideológico del gobierno nacional; consecuentemente hablar de seguridad sin contar con este argumento sería un absurdo analítico.

Así mismo logré disponer de un resumen del diagnóstico realizado en agosto del 2007 y lo que se pretendía hacer en aquella época por el tema seguridad. Tal vez en otro momento sea bueno evaluar ese plan o bosquejo. Por ahora apenas dejo constancia que sí se consideró el problema.

Otro documento al que accedí fue presentado oficialmente por Gustavo Larrea Cabrera, cuando en el 2008 ejercía las funciones de Ministro Coordinador de Seguridad Interna y Externa. En septiembre se divulgó la Agenda Nacional de Seguridad Interna y Externa.

En este documento establece que como apoyo al desarrollo nacional y la seguridad interna, una de las acciones de las Fuerzas Armadas es la de apoyar las acciones de la Policía Nacional en actividades de seguridad interna.

También en el 2008 el Ministerio de Defensa divulgó la Agenda Política de la Defensa Nacional, con los respectivos lineamientos para que Fuerzas Armadas respaldaran a la Policía Nacional. Ejercía el cargo de Ministro Javier Ponce.

En este marco, en el 2009, la Fiscalía General del Estado, durante la gestión de Washington Pesántez, se publicó un texto titulado “Bases para la estructuración de la política criminal del Ecuador” que contiene un capítulo de propuestas para reducir el índice de criminalidad.

Sin embargo de ello, mediante Decreto Ejecutivo 082 fechado el 30 de septiembre 2009, se declaró el Estado de Excepción en Quito, Guayaquil y Manta “por los actos delictivos y la violencia registrada en las últimas semanas y autoriza la intervención de Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen organizado.” También queda pendiente encontrar información evaluativo de los resultados e impacto de la ejecución del Decreto.

Otro documento clave que muestra los avances en la neorganización de las actividades antidelincuenciales está la reformulación del Plan Estratégico de Modernización y Transformación Integral de Policía Nacional del Ecuador para el siglo XXI, con vigencia del 2010 al 2014.

Así mismo, la Senplades difundió un documento titulado “Los 5 años de revolución Ciudadana” en que únicamente cuantifica brevemente la lucha contra la impunidad, inversión en justicia, sistema de rehabilitación y coloca un cuadro para indicar los organismos responsables de la seguridad y su rol.

Según este organismo gubernamental, en un informe presentado sobre los avances del Plan del Buen vivir hasta el 2011, asegura mediante un boletín de prensa que “Ecuador fue uno de los países con mayor crecimiento económico en la región, aún en un escenario de severa crisis internacional...”

Para el 2011 también se divulgó otro documento que al revisarlo me da la impresión de ser repetitivo en cuanto a su contenido sobre la seguridad. Es la Agenda Política de la Defensa.

 Adelanto, el tema de la explosión delincuencial y la violencia social, no es de este año, sino que viene arrastrándose y de alguna manera se hizo visible a los entes gubernamentales, por ello es que en enero del 2011, presidente de la República anunció que se dividiría al Ecuador en distritos y circuitos, con la idea de poner en cada distrito Unidades de Vigilancia Comunitarias (UVC) que integre todos los servicios públicos que requiera cada sector; as u vez para agosto del 2011, el entonces Ministro de la Seguridad Interna y Externa del Estado Homero Arellano, aseguró que esas unidades responderán a un sistema que fue articulado técnicamente por la Senplades.

No pude localizar el documento, pero según diversas notas de prensa y boletines, este plan consiste en dividir a las provincias y ciudades en distritos, circuitos y subzonas; de cada una de estas divisiones, está a cargo un miembro de la Policía Nacional, quien se convierte en responsable de la seguridad ciudadana en cada sector. Por tanto Senplades habría dividido al Ecuador en 139 distritos y 1.134 circuitos.

Y resulta que cuando avanzo en este trabajo leo una nota de prensa en la que se asegura que el Presidente dijo en su cadena sabatina del sábado 12 de mayo de 2012: “La principal preocupación de nuestra gente es la inseguridad ciudadana y para combatirla requerimos de nuestras Fuerzas Armadas. No solo que pueden sino que deben hacerlo”; asegura la información que es la reconfirmación de la orden emitida el 25 de abril durante una ceremonia militar.

Puedo concluir que en materia de seguridad ciudadana el Gobierno se ha respaldado en las respectivas y necesarias planificaciones técnicas, basadas en estadísticas, con alto contenido académico; los documentos de referencia en este breve análisis no son nada más que una muestra mínima, que tal vez no sea representativa, pero que sí ofrece pistas.

Se implementó el famoso programa de “Los Más Buscados”, también se han inaugurado instalaciones policiales destinadas a brindar seguridad, así como entrega de equipos y vehículos para combatir el crimen, que ha rendido buenas contribuciones de tipo espectacularidad y un gran efecto mediático.

Las cuentas oficiales, difundidas por todo tipo de medios, aseguran que la inversión pública es mayor en comparación con años anteriores, aun a las de gobiernos precedentes. Aun no he logrado acceder a información evaluativa sobre esas inversiones, tal vez son secretas, tal vez no son públicas, tal vez no se han realizado.

A pesar de todo esto, se acrecienta la inseguridad en que vivimos. ¿Percepción? ¿Falsa idea social? ¿Mito urbano? ¿Estrategia de la oposición? ¿Desprestigio de inducido por algunos de los medios de comunicación privados? ¿Incendios ficticios en las redes sociales? ¡¡No!! Ninguna de las anteriores.

Creo y considero que las políticas implementadas por el Gobierno para la lucha contra la delincuencia en general se atomizaron hacia otras “prioridades” más bien de tipo político-partidista, orientadas a la estructuración de un programa de criminalización de actividades ciudadanas relacionadas con un Estado democrático, a burocratizar la acción policial y a desprenderse de los apoyos externos.

Tal vez otra de las equivocaciones gubernamentales es que se consideró a los delincuentes como entes pasivos sujetos a ser influenciados por la gran maquinaria propagandística que existe en el Ecuador, sin tomar en cuenta que los “capos del crimen” no se “tragan las ruedas de molino” tan fácilmente, que la delincuencia es más proactiva que reactiva, que sus inversiones son cuidadosamente planificadas y no desgastan a sus ejecutores en tramitología altamente burocratizada.

Miro también que al querer asumir el Gobierno central el manejo integral de la lucha contra la inseguridad, dejó de ser una prioridad tangible para los llamados Gobiernos Autónomos Descentralizados; o sea, consejos provinciales, municipios y juntas parroquiales.

Creo también que no existe una sociedad que esté libre totalmente de la delincuencia, seguramente muchos antropólogos, cientistas sociales, sociólogos, sicólogos sociales y hasta teólogos, podrían asegurar que la delincuencia es innata en los seres humanos, pero que unos logran superar y otros hacen de ella su forma de vida.

Creo que al final de las cuentas, al crimen no se lo combate  tantos documentos “bien bonitos”, con publicaciones bien diseñadas y expuestos en ceremonias, tampoco con planes académicamente elaborados por personas que no conocen la mentalidad y el accionar del delincuente.

Quizás por ello es que como una medida desesperada el Gobierno lanza un alarido de auxilio a las Fuerzas Armadas, grito disfrazado de orden presidencial.

28 de octubre de 2010

Divorcio del mundo real y el mundo jurídico



El título de este post es la conclusión a la que llegué luego de asistir a un ciclo de conferencias dictadas por fiscales de Manabí, durante un evento de capacitación programado por el Colegio de Periodistas de Manabí durante el 26 y 27 de octubre de 2010.


En este evento participaron con sendas conferencias la Fiscal de Delitos Sexuales Romina Zambrano, el Fiscal de Tránsito y el Ministro Fiscal de Manabí Agustín Zamora; intervenciones bastantes claras, explícitas y altamente necesarias para entender una parte de la gran estructura legal que rige actualmente en Ecuador.

Como asistentes estuvimos periodistas que ejercemos nuestra profesión en medios de comunicación, instituciones públicas y privadas, o que estamos en el libre ejercicio.

Según se nos dijo una de las herramientas que necesitamos conocer y, obligatorio, manejar los periodistas es el Código Penal Ecuatoriano, de igual manera leer muy profundamente la Constitución vigente.

Interesante también conocer las etapas del proceso penal: instrucción fiscal, intermedia, de juicio y de impugnación; además de que existe una gestión llamada “indagación fiscal” que se la considera como reservada y llamada “ficción jurídica”, esta última expresión fue explicada muy someramente por lo que exige estudiarla más a fondo para comprenderla adecuadamente. (Documento explicativo en PDF

Así mismo, se nos dio sustentos y se hizo relevancia a los aspectos de la prisión preventiva según lo dispone la Constitución del Ecuador, entendiéndose como una medida cautelar extrema y no habitual.

La conferencia del Ministro Fiscal de Manabí empezó con la lectura del artículo “La Policía acusa, la prensa sentencia” publicado en el diario El Universo; el funcionario lamentó que no haya anotado en el recorte la fecha de la publicación; luego de una búsqueda en Internet fue posible ubicarlo. Leer artículo.

El Ministro Fiscal lamentó que este tipo de situaciones, como las explicadas en el artículo, fueran tan comunes y argumentó sobre la falta de coherencia legal entre lo que la policía informa y las publicaciones que realizan los periodistas, de la situación de la persona que es aprendida por un delito o supuesto delito, basándose en lo que dispone el Código Penal y la Constitución.

A partir de allí conversó de la ponderación de los derechos de los imputados o sospechosos, de los procedimientos policiales, los procedimientos de los fiscales, las relaciones entre Fiscalía y Policía, sobre el sistema de protección de testigos, la potestad judicial, el debido proceso, las razones por las que los ecuatorianos no confiamos en la justicia, los jueces, de la justicia indígena. El Fiscal aseveró, además, que el sistema judicial cambió a partir del año 2000.

Explicó sobre ciertos casos de situaciones jurídicas de ciertos ex -alcaldes respecto a los indicios existentes sobre supuestas obras mal ejecutadas.

También dio a conocer de aspectos administrativos de la institución en la que presta sus servicios: www.fiscalia.gov.ec/ así como lo mencionado por la Constitución en sus artículos 194, 195, 196 y 197. Así mismo, el Fiscal amplió sobre la función de la Policía Nacional tomando como base Artículo 163 de la Carta Magna.

Apuntes al margen

Lo interesante y oportuno de este evento fue que se produjo en momentos en que en Ecuador y en la provincia se viven circunstancias políticas y penales en se hace extremadamente  necesario conocer el mundo legal para evitar acusaciones o retaliaciones directas ya sea por parte del poder político o del poder delincuencial, por lo que se publica.

Terminado el evento consulté con uno de mis colegas que hace cobertura para un medio de comunicación, quien era el comunicador de la Fiscalía en Manabí; me respondió que no tenía ninguno.
Como las conferencias fueron interactivas y ante a muchas preguntas de los colegas periodistas a las que yo las podría catalogar de “comprometedoras”, me dejaron una interesante lección de cómo evadir una respuesta directa. La idea es usar la expresión “sin embargo” y a continuación hacer una explicación poco relacionada al tema consultado.

Una de las dudas que me apareció y que no logré se me aclaré es cómo funciona la presión social sobre los hechos penales y cómo asumimos los periodistas este hecho. Aclaro: la opinión pública reclama a la prensa sobre hechos que son de conocimiento público y dicen que la prensa calla, por otro lado se pide a los periodistas que publiquen sus notas apegados a derecho y usando la terminología legal; el periodismo de una u otra manera es un mediador entre los hechos públicos y el público.

El dilema, creo yo, parte de cómo adaptar el lenguaje periodístico al lenguaje legal o cómo redactar una nota periodística usando solamente un escrito legal o las simples declaraciones de un funcionario o las víctimas o los testigos. 

Otras de las lecciones que me dejó este ciclo de conferencias es que los periodistas debemos ejercitarnos muy bien para hacer las preguntas correctas y así detectar “la noticia”, para lo cual podría usarse la vieja y muy útil herramienta: lecturas y elaborar un listado de preguntas; además incluir un sistema de análisis comparativo de respuestas verbales con documentos oficiales y los gestos – actitudes del entrevistado. Algo complicado pero bastante útil para escribir una nota periodística y no un informe pericial.

Y en definitiva, el periodismo relata los hechos del mundo real, las angustias y alegrías de la ciudadanía; las leyes y la justicia no tienen sentimientos, por eso es otro mundo. Consecuentemente sostengo que existe un divorcio entre el mundo real y el mundo jurídico.

18 de agosto de 2010

Así es el delincuente

En días pasados un amigo me pasó un correo con algunos consejos para evitar ser asaltado o víctima de algún secuestro. Cada día leo y me entero de un sinnúmero de robos a miles de personas. De forma constante escucho a las autoridades decir que se está trabajando para bajar la delincuencia. Cada día hay más inseguridad.  

A pesar que es indiscutible que existen miles de recomendaciones y millones de dólares invertidos para seguridad ciudadana, es indudable que nos está ganando el delincuente ¿Por qué esta desigualdad? Para explicar la respuesta es que escribo este post. Y la respuesta es simple, porque no conocemos al delincuente y no nos entrenamos para enfrentarlos.  

Debo iniciar mi argumentación explicando que cuando hablo del delincuente me refiero a hombres y mujeres por igual, a niños y adultos, a ancianos y discapacitados, a seres humanos de raza blanca, mestiza, negra y todas las que haya, que usando sus habilidades y destrezas se apropia ilícitamente de la propiedad ajena, causando daño físico y sicológico a los propietarios legales de esas pertenencias.  

No existe clasificación estadística, social, cultural o de otra índole sobre el delincuente; es una masa humana amorfa. Y este es el primer argumento. No podemos enfrentar a un enemigo que no conocemos y sabiendo que será complicado identificarlo, lo mejor es partir de la duda frente a cualquier desconocido que quiera contactarnos; ello nos da una ventaja para evitar ser asaltados. La duda debe ser integral.

Un delincuente puede que esté bien vestido o no, ser agradable a la vista, seductor o seductora, repulsivo o pasar inadvertido. Aparece como mendigo o vendedor, como empleado o funcionario, tal vez como estudiante. Puede tener cualquier nacionalidad o preparación académica, oriundo de cualquier región o provincia. Tiene, además, artes camaleónicas e histriónicas. Los hombres, en gran mayoría, debemos reconocer nuestra vulnerabilidad ante la belleza femenina, el delincuente saben eso y se aprovecha; es conocido que una gran mayoría de mujeres son más sensibles ante la desgracia humana, el delincuente lo saben y se aprovecharan. 

El delincuente conoce nuestras debilidades. Debemos asumir que el delincuente es más inteligente que nosotros, está más preparado y tiene planes bien elaborados, ello lo hace más fuerte frente a nosotros y él lo sabe. Lo importante aquí es que empecemos a pensar como él, a entrenarnos para despistarle y a que sienta dudas sobre si asaltarnos o no. Si logramos hacerle pensar dos veces antes de que actúe habremos ganado una primera batalla. Otra ventaja que tiene el delincuente es que sabe que tenemos miedo a ser asaltados y que ese miedo nos paraliza, nos deja desarticulados, que nos incapacita para ser proactivos o reactivos ante sus intenciones. 

Con este conocimiento debemos armar un plan para perder el miedo y el miedo se quita con entrenamiento físico. Permítanme explicar mi recomendación y puede que le lleva algún tiempo, pero es eso o seguir viviendo con el miedo atravesado:  
1.- Consiga un palo de escoba, verifique que esté liso para que las astillas no lastimen su mano.
2.- Párese frente a un poste y empiece a golpearlo con el palo de escoba. Empiece suave, detecte sus sensaciones y verifique sus energías, capte las señales de su cuerpo; poco a poco vaya incrementando la fuerza hasta que usted se canse o se rompa el palo de escoba. Repita este proceso durante 3 días seguidos. Tiempo aproximado que puede llevar este ejercicio de 7 a 10 minutos.  
3.- Al cuarto día, párese de frente a una pared y empiece a golpearla con la palma de la mano, con suavidad al principio y aumentando la fuerza conforme sienta que pueda hacerlo sin que usted se haga daño. Repetir este ejercicio durante los próximos 3 días. Tiempo de práctica de 7 a 10 minutos.  
4.- Al séptimo día dedique una hora a la realizar gimnasia, con dedicación y fuerza.  
5.- Repita los 4 pasos anteriores durante 5 semanas. 

El objetivo es que pierda el miedo a golpear sin que ello le genere daños físicos, el resto llegará por añadidura. Sigamos entonces con este aporte para vencer al delincuente, describiendo su perfil, lo que nos dará conocimientos útiles y funcionales para enfrentarlos.  

El delincuente tiene sentimientos pero no los usa para robar; es igual que cualquier persona que esta al otro lado de una ventanilla y a la cual nos acercamos desesperadamente a pedir ayuda, nos mira como si no le importáramos; el delincuente tiene los mismos niveles de sentimientos que un cobrador de impuestos, que un empleado público o privado que tiene que cumplir una disposición superior. El delincuente sabe que no tiene nada que perder y por tanto no tiene miedo, pero sabe que la víctima si tiene mucho que perder y por tanto tendrá miedo. 

El delincuente sabe que la víctima piensa que es preferible que se lleve lo material pero que no le haga daño físico y por eso se presenta ante la víctima como un ser desalmado; la víctima sede con facilidad ante sus pretensiones. La seguridad del delincuente es básica para que pueda cumplir con sus actividades. 

El delincuente sabe que legalmente es inocente y que si va preso será por poco tiempo; el delincuente sabe que la víctima debe emprender un largo y costoso proceso judicial para demostrar que él es culpable, así que espera con tranquilidad que el tiempo pase. 

El delincuente es también un ciudadano al que le obligan a sujetarse a los Derechos Humanos y las normas constitucionales. Existen cientos de regulaciones, manuales, leyes y procedimientos que los que no somos delincuentes debemos cumplir y nos obligan a cumplir; el delincuente está exento de esa normativa y no hay quien le haga cumplir. 

El delincuente solo tiene un código no escrito: no dejarse capturar bajo ninguna circunstancia; sino puede cumplirlo, sabe que está cubierto y que solucionar esa falla es cuestión de tiempo. La protección al delincuente es toda una estructura. La protección a las víctimas es mínima. El delincuente sabe que no necesita hacer trámites, la víctima estará atormentada con los trámites. El delincuente pertenece a cofradías, bandas, comunidades y otro tipo de organizaciones que le brindan amparo ante los “riesgos laborales”. 

Las víctimas estamos desamparados, solos y aislados. El delincuente ha agudizado sus sentidos. Sus ojos se mueven de lado a lado detectando todo detalle y sabe escuchar conversaciones, las destrezas de sus manos son las de un cirujano con la fortaleza de un mecánico, sabe cuándo y cómo hablar y callar; a su olfato le agregó un sexto sentido: huele a la víctima más vulnerable y su miedo. Nosotros, los que nos somos delincuentes somos despistados y débiles. Sus sentidos le permiten asecharnos para emboscarnos con toda facilidad. La información es fundamental para el delincuente. 

El sistema de información delincuencial es uno de los más efectivos y eficientes que puedan existir o hayan sido desarrollados por especialista alguno, a pesar que es rudimentario; se basa en códigos y señales convencionales que muy difícilmente pueden ser interferidas o interceptadas, son claras y diversas. Sabe de análisis de escenarios, de mapeo de actores, saben infiltrarse en organizaciones y conocen de estrategias para tener y mantener informantes. Maneja indicadores de miedo y de calidad de datos.  

En otra arista de estos argumentos, el delincuente no requiere de permisos especiales para portar armas blancas o de fuego, por tanto las lleva con toda tranquilidad; sabe que las víctimas están desarmadas, que seguirán desarmadas o que en algún momento le serán quitadas sus armas o probables armas. Entonces las víctimas deberemos desarrollar otro tipo de armas y entrenarnos para usarlas con eficiencia y eficacia para evitar ser asaltados, secuestrados, atracados o sorprendidos. Deberemos aprender a demostrar al delincuente que estamos en capacidad de usar esa armas de defensa ciudadana. 

Un paraguas, un bastón, un llavero con un peso adicional, un tubo o un bate, pueden ser esas armas de defensa ciudadana sin que sean susceptibles de ser decomisadas. Recomendación: miré con fines didácticos las películas orientales de kung fu o de artes marciales y aprecié como es el entrenamiento para pelear con las manos y otros artefactos. También puede inscribirse en una academia de artes marciales. Con lo hasta ahora mencionado, la tercera estrategia es dejar de ser mencionados como víctimas y pasemos a convertirnos en enemigos del delincuente. 

El delincuente debe vernos como una amenaza a su propia supervivencia. Ellos se fortalecerán y reaccionarán, nosotros deberemos actuar de la misma manera. Antes de finalizar este perfil del delincuente, un resumen. Si los ciudadanos queremos ganar la guerra al delincuente deberemos convertirnos en enemigos de él, conociéndolo a profundidad a pesar que esté camuflado y tenga seguridad jurídica, así como asistencia especializada de las organizaciones a las que se pertenece; así mismo, entrenándonos para perderle el miedo y para usar armas ciudadanas de autoprotección, que incluye organizarnos entre quienes no somos delincuentes.  

Hay que tener claro un asunto: el delincuente es nuestro enemigo mortal y como tal hay que tratarlo.