7 de marzo de 2021

¿Y ahora qué hacemos con el turismo?

Desde hace decenas de años se vio en el turismo una actividad altamente productiva que aprovechaba las intrínsecas ganas humanas de aventurar, disfrutar, investigar y hasta perderse de su vida cotidiana. El mundo de los viajes fue transformando a las sociedades.

En un principio los humanos aprendimos a viajar para conseguir alimentos, luego como parte de las conquistas para agrandar nuestros territorios, también como parte de intentar descubrir lo que existía más allá de nuestros ojos. Miles de años han pasado y hoy cualquier excusa es buena para salir de nuestros entornos diarios: placer, negocios, visitas familiares, estudios o estar en contacto físico con las maravillas naturales o artificiales que están esparcidas por todo el planeta Tierra.

Pero estos escenarios de los nuevos desplazamientos de las personas por motivaciones de placer y buen uso del tiempo libre, no estuvo alejada de gobiernos e inversionistas; miles de millones de viajeros empezaron a necesitar transporte, comida, alojamiento y diversión.

Cuando escribo este artículo ya he sido testigo lejano de la llegada de Perseverance a Marte como parte de un proyecto de investigación, de la mega operación que significa el sostener la Estación Espacial Internacional y que SpaceX planea lanzar su primera misión de turismo espacial en el cuarto trimestre de 2021.

En economipedia.com se asegura que a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial “La estabilidad, la cooperación internacional, así como la paz establecida entre todos los territorios, también los acuerdos en Bretton Woods, provocaron un fuerte impulso de un sector turístico que, posteriormente — ya en el siglo XXI—, se convertiría, por detrás de la industria y con un peso en el producto interior bruto (PIB) mundial superior al 10%, en el segundo mayor sector de la economía global.”

Punto de inflexión y reflexión. El turismo es como el aluminio: se dobla, no se rompe.

Me sitúo ahora en el 2020, año 0 de la era pándemica, el golpe que el propició tanto el Covid-19 como la cuarentena, causó graves estragos en todo el sistema de viajes; los datos están allí. Al otro lado están los estudios de mercado post cuarentena y de los que se deduce que las personas lo que más extrañaron fue viajar y el cine.

Pues bien, vamos al caso de Ecuador. Hace 14 años se perdió el rumbo, se destruyeron los planes y políticas, la actividad turística pasó a ser un instrumento de promoción personal de los funcionarios, un falso argumento para captar votos, un derroche de dinero y recursos sin resultados.

Y se sobrevino la cuarentena. En mayo de 2020 Rosi Prado, ministra de Turismo, aseguró y sin dar sustentos, que estimaba una pérdida mensual de hasta unos 400 millones de dólares el cierre obligado de las fronteras en el país. Y en las últimas semanas esta Cartera de Estado prácticamente es inexistente.

En enero del 2021, Holbach Muñeton, presidente de la Fenacaptur y vicepresidente del Comité Empresarial Ecuatoriano, cuestionó de manera permanente el accionar de la Ministra de Turismo y su inacción frente al complejo panorama para el sector privado. Empresarios calculan que se perdieron 1.200 millones de dólares e incalculables fuentes de empleo.

Un antecedente: Viernes 11 de mayo de 2018, el Gobierno de Ecuador se anota otro hit mediático al presentar tres propuestas turísticas enmarcadas en los nombres: Circuito Turístico, Pueblos Mágicos y Riviera del Pacífico, con el eslogan “Ecuador, de oportunidad a realidad”. Cada uno de esos llamados proyectos, carecía de sustentos metodológicos, de presupuestos y de planes o, al menos, nunca fueron públicos.

Otro dato de la historia reciente. Para julio de 2017, cuando todavía se respiraba el ambiente de la “mesa puesta” el entonces ministro de Turismo Enrique Ponce de León, aseguró que Ecuador quiere convertirse en una “verdadera potencia turística”, para lo que aspira a recibir tantos turistas como habitantes, pero “de forma inteligente y responsable”; nació entonces el 1×1: 16 millones de turistas como tiene 16 millones de ciudadanos que viven en el país. Tampoco fue posible conocer el proyecto.

¿Y qué está pasando en los otros niveles de gobierno? En realidad no mucho. Las municipalidades hicieron fracasar la descentralización turística y se convirtieron en agencias de eventos artísticos. Los consejos tienen planes de promoción de lugares en los que no hay productos y las juntas parroquiales con las justas logran medio cumplir sus obligaciones legales.

En definitiva, en Ecuador hasta enero del 2020 fue imposible armar planes para el desarrollo turístico nacional o local, porque no disponía de las herramientas básicas como el inventario, el catastro, tampoco indicadores y menos estadísticas fiables.

Lo peor es que no hay cuentas trasparentes sobre el uso de los recursos financieros que ingresan al presupuesto de las instituciones vía presupuesto, contribuciones especiales, Licencia Única Anual de Funcionamiento y otros.

¿Y ahora qué vamos hacer?

En realidad no hay mucho de donde escoger y lo que toca es esperar hasta el próximo 24 de mayo para saber cuál podría ser el rumbo que en esta materia tome el nuevo Gobierno. Los alcaldes y prefectos aún tienen dos años más para estar en el cargo.

Los empresarios turísticos sobrevivientes buscan desesperadamente no cerrar sus operaciones, pero las cuentas no esperan, la nómina debe pagarse obligadamente, las exigencias tributarias y otras como el seguro social no perdonan. Además deben enfrentar la ilegalidad de otros negocios que se dicen ser “para turistas”, además del consabido “efecto polizón”.

¿Qué debería hacerse? Por ahora permítanme dejar sobre la mesa de la discusión este breve listado:

1.- Elaborar estudios sobre las nuevas expectativas de viajes que tienen las personas. Las universidades podrían ser un gran aliado porque de los gobiernos nada se puede esperar por ahora.

2.- Redefinir los destinos y las ofertas a las nuevas exigencias del mercado. Y eso debería ser ya un trabajo que lo asuma cada empresario. Creo que el segmento de eventos y convenciones a baja escala acompañado del de negocios, así como el turismo rural y de naturaleza podrían tener mejores opciones.

3.- Buscar en mercados emisores nacionales e internacionales posibles viajeros por expectativas y posibilidades financieras, con lo cual se pueden preparar planes para turismo de nicho.

4.- Conocer al detalle y opciones en el sistema de transportación de pasajeros terrestre, aérea y marítima. Los turistas deben saber cómo llegarán al destino y regresarán a su lugar de residencia.

5.- Cada empresa o grupos de empresas asociarse para diseñar, financiar e implementar un agresivo plan de comunicación que supere las limitaciones de la promoción; además, que tenga un sistema de alertas de cómo está cambiando esta actividad. Y;

6.- Tener métodos de control a través de los cuales sea posible medir la efectividad de las acciones implementas, además para tomar correctivos sobre la marcha o fortalecer lo que tenga resultados positivos.

La gran ventaja que tiene el sector turístico empresarial es su capacidad para emerger de las crisis con nuevas fortalezas y estoy convencido que no será diferente en esta era pandémica. (RZM)

Publicado originalmente en La Verdad, edición No. 390 correspondiente a enero del 2021.







14 de febrero de 2021

Pactos políticos y proyectos placebo

En este inédito escenario en que se mezclan los problemas sanitarios y las decisiones electorales, viene bien plantearse algunos escenarios sobre la gobernabilidad en Ecuador, que van desde las juntas parroquiales hasta el Ejecutivo. Indudable que la administración pública cambió.

Este comentario parte de alguna razón sociológica aún no determinada con precisión, por la que los ciudadanos en Ecuador depositamos nuestras expectativas de solución de problemas a una persona, sea presidente o alcalde. No consideramos la vital trascendencia de la institucionalidad.

La velocidad de los acontecimientos nos ha llevado, en esta ocasión, a buscar en los aspirantes a la Presidencia de la República al ser humano que tenga cualidades casi divinas para que anuncie la manera en que “nos salvara” de cada uno de los conflictos que a diario debemos enfrentar. Cada grupo humano pelea para que sus intereses particulares estén representados por separado en ese posible nuevo funcionario.

Permítanme un paréntesis. José Antonio Gabelas en su artículo “La distopía política” nos revela un panorama bastante preocupante en cuanto a la gestión pública. Los dos siguientes párrafos son textuales publicados en disidentia.com:

“La distopía no es el coronavirus, son nuestros políticos que viven una realidad paralela, que circulan por el holograma de la virtualidad en su confortable mundo imaginario, mientras los ciudadanos cargan sobre sus espaldas sus delirios, como Sísifo cargó con su roca de por vida. Pero esto no se mantiene por casualidad, para que la información, el pensamiento y la libertad estén restringidos, es necesario un guion.”

“Un aparato mediático que marque las horas, los contenidos y los ritmos. Un diapasón permanente pero invisible. Contador de infectados, fallecidos, recuperados… Sin muertos, sin muertes, sin dolor, sin soledad, sin silencio. La muerte convertida en una mera abstracción. Se evitan las terribles imágenes para que los grandes números sean meras estadísticas.”

¿Cómo estamos preparándonos los ciudadanos para contrarrestar esa posible arremetida política de los nuevos funcionarios?

Entonces pasemos a otro nivel de gestión pública: “Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal”. Esta institución cantonal de un indiscutible valor estratégico en lo político, tiene como imagen humana visible al alcalde, que ha logrado implementar un sistema alejado del control social que le ha permitido pasar de manera invisible de la democracia a la autocracia. Hasta ahora no ha sido posible encontrar un método efectivo de evaluación a los concejales en sus funciones de fiscalizadoras, pero sí es posible observar su gestión de co-administración municipal.

Traigo este tema luego de hacer una breve evaluación de lo realizado por los funcionarios municipales durante la cuarentena y la era post cuarentena, sobre el funcionamiento de muchos COE cantonales, sobre las decisiones propias de su competencia y la ausencia de políticas de transparencia así como de control social. Tal vez con el tiempo pueda evaluarse este accionar entre marzo del 2020 y marzo del 2021.

Como bisagra para ir a la segunda parte de este artículo: En nuestra sociedad, la variable clave para superar una crisis epidemiológica no emana de la biología, sino de la política. (Pablo Andrade Andrade, en su artículo “No es la epidemia, es la política”)

Las soluciones a los graves problemas nacionales y sus consecuencias podrían tener un giro con un nuevo Presidente, quien tendrá, irremediablemente, la tarea de enfrentar a los alcaldes. La crisis sanitaria no es lo único por resolverse, está la incredulidad ciudadana en las cinco funciones del Estado, obras y proyectos del 2019 a medio ejecutar o abandonadas, anomalías constantes en los procesos de contratación, resultados de auditorías y de fiscalización; pero también en aspectos sociales como delincuencia y criminalidad, gestión de riesgos, falta de empleos adecuados, ampliación y mejora de servicios básicos, deforestación y contaminación… una larga lista de inconvenientes.

Ninguno de los ítems mencionados en el párrafo anterior puede intervenir únicamente el Gobierno, por tanto necesita tener una contraparte: los alcaldes. Llega entonces la época de los nuevos pactos y los acuerdos para lograr el fortalecimiento político y de la imagen pública de los funcionarios, que se vende luego a la sociedad como “obras para el pueblo” o el “desarrollo que anhelamos”.

"...el miedo es fundamental en el arte de gobernar, es constitutivo de la autoridad"

Antecedente. Luego del terremoto vino una mega operación política llamada “reconstrucción y reactivación productiva” en la que tanto el Gobierno central como los gobiernos locales emprendieron proyectos de cualquier tipo bajo ese paraguas. Ha pasado el tiempo y los resultados son evidentes.

Es posible prever que en los próximos meses tengamos un nuevo eslogan que resuma las intenciones gubernamentales para salir de los problemas, sustentado por nuevos logos, canciones, vídeos y toda una artillería propia del Estado de Propaganda. Las referencias históricas me dan la pauta para sostener este criterio.

Estas circunstancias pueden llevarnos a otro mundo de la política, pues los funcionarios aprendieron otra forma de tomar decisiones. Dice el escritor argentino Ernesto Salas: “… el miedo, lejos de ser espontáneo o irracional se ubica en el centro de una  relación política (…) atravesando todas las ideologías, el miedo es fundamental en el arte de gobernar, es constitutivo de la autoridad.”

¿Se puede ejercer el control social cuando los ciudadanos profesamos un miedo oculto ante las retaliaciones invisibles que pueden ejecutar los funcionarios nacionales y locales?

Pero en contrapartida tenemos la presencia de un “algo” que sirve como capote para evadir las responsabilidades ante el incumplimiento de funciones en la gestión pública. Laura Fàbregas, periodista especializada en información política asegura: “El victimismo, motor de muchas de las nuevas ideologías, sitúa al que lo propugna en una condición de superioridad basada en el chantaje emocional. Y, hasta la fecha, era el terreno de juego del nacionalismo. El victimismo impide el debate racional entre adultos y, a menudo, no es más que una excusa para esconder lo que, en realidad, es cobardía. Es el infantilismo de querer las ventajas de ese derecho sin afrontar obligaciones ni responsabilidades.”

¿Podremos fiscalizar la gestión de alcaldes, prefectos, presidentes de juntas parroquiales y ministros, si es que se ponen en el papel de víctimas cuando se les pide cuentas, explicaciones y transparencia?

En todo este momento de incertidumbres sobre lo que nos espera en Ecuador, también están alimentadas por las nuevas formas de administración pública en que no sabemos las cualidades y calidades de los proyectos que se ejecuten en este año que bien puede llamarse pandémico.

¿Cómo estamos preparándonos los ciudadanos para contrarrestar esa posible arremetida política de los nuevos funcionarios y de los que ya tienen experiencia en la manipulación social?

Casi seguro que una semana antes del 24 de mayo del 2021, ya el nuevo rumbo del país esté decidido por quienes tienen el poder político y la fuerza para decidir por nosotros los ciudadanos, sea alcalde o presidente, prefecto o presidente de Junta Parroquial.

Una mayoría de ciudadanos de seguro seguiremos ausentes de los procesos de desarrollo eficientes, pero satisfechos por las gratuitas actividades placebo que nos entregan los sonrientes funcionarios.



Artículo publicado originalmente en "La Verdad" edición No. 389 correspondiente a diciembre del 2021.

 

28 de enero de 2021

Intrincada desconexión legislativa en Ecuador

Comentario publicado originalmente en La Verdad, 
edición correspondiente a noviembre de 2020.
Autor: Raúl Zavala Mosquera

Cientos de personas quieren ser asambleístas, como si ese trabajo fuese únicamente llegar y sentarse en una curul, sin darse cuenta que existe un eslabón roto en la representación ciudadana. Mi expresión se sustenta en la baja credibilidad que tiene la ciudadanía en la Función Legislativa.

Evaluar las causas de este descrédito sería una tarea extensa, pero viene al caso enlistar algunas: corrupción, ausencia de transparencia, baja calidad del trabajo y síntomas de ineficiencia; al igual que en todo grupo humano existen excepciones, pocas pero existen, y se ven opacadas por una mayoría.

El gran malestar es que muchos ciudadanos no nos sentimos representados en la Asamblea. Tal vez no sea necesario o no hace falta o no queremos. Quizás ya no nos importa.

Pero es conveniente recordar que los distritos electorales en Ecuador fueron creados para “acercar” a los funcionarios electos con la ciudadanía, pero en estos años no es posible evidenciar que tenga resultados positivos.

Entonces ¿Cuáles pueden ser las consecuencias para la democracia de este “divorcio” entre asambleístas y ciudadanos?

Nuestro sistema republicano está en riesgo. Y con este escenario nos vamos a las elecciones legislativas con muchos candidatos que no reúnen requisitos para ejercer las funciones de legislar y fiscalizar, que son parte de la crítica situación del multipartidismo y apartidismo que, de alguna manera, repercute sobre la conducta del electorado.

El adecuado y eficiente funcionamiento del Estado no es posible sin la existencia de una legislatura que sea capaz de entender y poner en agenda las demandas ciudadanas para evaluarlas y generar un marco jurídico alejado de los privilegios y los claros intereses del crimen organizado así como del narco.

Sin miedo a equivocarme aseguro que la desconexión entre las llamadas organizaciones políticas y el electorado es un círculo vicioso, en el cual los desencantados electores otorgamos nuestro voto al mejor postor y que buena parte de la población parece no entrar en conflicto alguno frente a lo que será el nuevo periodo legislativo.

Lo explicado me lleva a preguntarme: ¿Cómo caracterizar la relación entre asambleístas y los ciudadanos? Ya habrá especio para desarrollar la respuesta cuando tengamos los resultados de la conformación de la Asamblea en mayo del 2021.

Anotemos otro motivo para la desconexión legislativa: nadie evalúa los resultados de los trabajos, poco conocemos sobre sus aportes en las distintas comisiones, no se cuenta la foto con un incipiente texto en redes sociales. Las explicaciones de los asambleístas en medios de comunicación son una oda a su perfección y la crítica a los otros; esta última es un llamado de atención a quienes hacemos periodismo para que cambiemos las preguntas.

Puedo en este punto establecer otra de las anomalías electorales que provocan daños legislativos: inexistencia de una evaluación de aptitudes, actitudes y psiquiátricas para desempeñar el cargo de asambleísta. Lo que dicta la norma es que deben cumplirse ciertos requisitos de índole tramitológico y partidista; en otras palabras, los mismos asambleístas se hicieron una ley para que esté ausente la prevalencia de la calidad de conocimientos.

Por otro lado está nuestra incapacidad ciudadana para hacer control social a los asambleístas porque tampoco sus mecanismos de transparencia son herramientas útiles para verificar la calidad en el cumplimiento de sus funciones. Ejemplos: pedir información no es fiscalización, no justifican sus errores de fondo y forma en los proyectos de ley que presentan individualmente.

La gran ola de anomalías en la administración pública tanto en el Gobierno central como en las prefecturas, municipalidades y juntas parroquiales, está a la vista con la aprobación de 34 informes que contienen indicios de Responsabilidad Penal por infracciones legales encontradas, en al menos 287 acciones de control ejecutadas en el marco de la emergencia sanitaria; otros procesos se cumplen en el sector de la seguridad y de las compras públicas.

El caso emblemático en el 2020 es el de la “repartición de hospitales” que aún está en el limbo jurídico, pero que tuvo su clímax con la sentencia a Daniel Mendoza por liderar una banda de delincuentes que se apropiaron de los recursos para la construcción del hospital para Pedernales.

Para salir al paso de esta incredulidad ciudadana, en la Asamblea se crea un Comité de Ética encargado de investigar las denuncias contra los legisladores. Otro tema que implicaría profundos análisis pero por ahora ¿Qué hubiese pasado si los asambleístas cumplían eficientemente su labor de fiscalizar? Con estos antecedentes 38 de ellos buscan la reelección.

La fiscalización será el desafío más difícil que tendrán quienes conformen la próxima Asamblea si es que no caen las redes de la corrupción administrativa y política. También tendrán en sus manos la urgente necesidad de reformar leyes que se volvieron un problema social, tal vez no mucho el “hacer” nuevas; incluye evaluar el cumplimiento de otros cuerpos legales.

Los recientes escenarios sociales obligarán a que dichos funcionarios encuentren el justo equilibrio en la fragmentación de las identidades, pero también enfrentar las alteraciones y crisis en la comunicación política, además de vigilar el espacio público virtual desde donde se promociona a ministros con el disfraz de información institucional y a emitir información pública sin sustento.

Los candidatos o buenos o malos ya están inscritos y 137 serán electos como asambleístas principales y con sus alternos. Entonces desde ese momento debería empezar la gestión ciudadana para controlarlos, para no dejar que su ego se eleve al punto de sentirse semidioses intocables.

Debemos ser nosotros, los votantes, quienes estamos en la obligación de contrarrestar la desconexión legislativa pero no para sentirnos representados, sino para evitar que los funcionarios corrompan más a la institucionalidad e impedir que la República del Ecuador siga en manos del crimen organizado y el narco.



 

 

 

 

29 de diciembre de 2020

Las mujeres sabias de todos los tiempos

En un nuevo ejercicio literario, escribí una perspectiva entre histórica y actual de la mujer; el texto fue amablemente aceptado y publicado en la edición No. de la revista La Verdad, bajo el titular ¿Quiénes son las mujeres sabias de todos los tiempos? - A consideración:

Las brujas no son esas imágenes de mujeres viejas, de rostros malvados y facciones desencajadas, tampoco son aquellas de ropajes negros o sombreros de conos volando en escobas. Las brujas son un tipo de humano muy excepcional.

Existieron y existen las brujas: las modernas, las que se han adaptado a los nuevos tiempos como una estrategia de supervivencia para evitar lo ocurrido en los siglos pasados; no son lo que el conocimiento vulgar y la cultura popular dicen de ellas.

Estudios históricos señalan que algunas mujeres en las distintas civilizaciones, cuando la ciencia aún no era lo que es, fueron en realidad alquimistas, investigadoras y médicas, que usaban las plantas medicinales para curar enfermos o ser quienes ayudaron a las parturientas.

Dice la periodista Beatriz Mora que fueron mujeres que adoraron la noche y a la “madre tierra”, que tenían una relación estrecha con la naturaleza pues se dedicaban, entre otras cosas, a la agricultura y la recolección para la alimentación y la medicina tradicional. Miles de ellas en la Edad Media fueron perseguidas, torturadas, violadas, quemadas en hogueras y ahorcadas.

Pero hoy, la bruja moderna ha recuperado su espacio histórico de “mujer sabia” como fue en su origen, pero ha desarrollado mucho más su percepción y ampliado sus particulares intereses académicos para sumar al conocimiento entregado por sus antiguas; se valora y no se oculta, se escucha y sabe oír con todos sus sentidos, interroga para perfeccionarse, investiga para conocer su mundo, aprende para no equivocarse y no habla: dice conjuros.

Pues bien, en mi trajín por identificarlas y conocerlas en persona, estuve durante días revisando textos de sus historias y sus orígenes, sus razones para vivir por mucho tiempo en el anonimato; descubrí que son muy diferentes a las hechiceras mediáticas que aparecen en los comerciales y son adivinadoras con decenas de artificios.

Me refiero a esas personas que tienen cuentas en redes sociales con miles de seguidores que provocan alta interactividad y pueden catalogarse como influencers, son fabricantes de marcas de ropa, cosméticos, de otros productos que se venden en tiendas especializadas y online.

Por eso, en este comentario, reseño el fuego ardiente de la bruja moderna, desplegado en sensibilidad, belleza, meditación, cuidado, ternura y profundidad, que está presente desde que se autodescubren y hasta segundos antes de su muerte.

Las brujas modernas guardan sus secretos como un saber, su conocimiento nace en la percepción, pasa por la investigación y sistematización, hasta llegar a los aportes que puedan dar al diario vivir o a la ciencia, pero siempre y cuando no se interponga alguna religión.

Helena Cosano, en su libro “El gato de la bruja” describe a estos seres humanos como mujeres independientes y fuertes, más instruidas que las demás (…) que se conectan con su capacidad de crear, de encandilar, de iluminar, de enseñar, de proteger, de iniciar, de seducir, de sanar…, que se sienten parte de la naturaleza, intuyendo el amor incondicional y la compasión hacia todos los seres vivos.

La razón para este comentario es porque tal vez pudiese conversar con alguna de ellas, así que dediqué muchas horas para encontrar ese camino. Me fue necesario revisar sobre geometría, leyes de la naturaleza (física y química), psicología, literatura y psicología; pero principalmente historia.

En este camino tuve claro que mi búsqueda por ninguna razón debía provocar daños a terceras personas ni a los entornos familiares, sociales o laborales, menos a la salud mental y física de las brujas modernas, porque aún en esta actual civilización existen síntomas de persecución, de exclusión y hasta hechos que podrían ser parecidos a los ocurridos en los siglos XV y posteriores, en que eran asesinadas en las hogueras.

Supe que para conversar con ellas debía conocer las consecuencias que generan los cinco elementos: aire, agua, tierra, fuego y el tiempo, para así entender el mundo de las mujeres sabias, las razones por las que intuyen a quienes las quieren sacrificar con falsos testimonios, entonces callan, se alejan, desaparecen.

Quizás logre mi cometido y en estas páginas, en otro momento, pueda relatar la historia de una bruja moderna, tal vez de algunas más, de quienes decidan salir a la luz para contar sus miedos y el doloroso sentimiento de estar amenazadas, sus emociones cuando salvan vidas.

Y mientras llega ese momento, tengo la seguridad que las brujas modernas son las mujeres sabias de todos los tiempos que merecen vivir hasta el fin de todos los tiempos.

15 de noviembre de 2020

Graves problemas de salud mental que no queremos afrontar

Publicado originalmente en "La Verdad" 
edición de septiembre 2020, bajo el título 
Los invisibles problemas de la salud mental

La pandemia hizo público lo que los ciudadanos siempre lo supimos y el Gobierno levantaba cortinas de humo: las graves ineficiencias del sistema de salud pública. 

Largas discusiones, defensa y ataque de posiciones, se desataron cuando el Presidente de la República prácticamente desechó el proyecto legislativo llamado Código Orgánico de la Salud, pero fueron en casos puntuales y no en cada uno de los componentes de este inmenso cuerpo legal. 

Pero esta vez, desde mi lado más como un ciudadano e involucrado como periodista en estos aspectos médicos, plantearé algunas de mis inquietudes sobre una de las aristas en el ser humano: la salud mental. ¿Existe descuido en este tema?

El cuestionamiento me sobrevino cuando se analizó el envenenamiento de un padre a sus dos hijos y me pregunté ¿Por qué no se puedo evitar? y luego como una de las secuelas que me dejó el terremoto del 2016 en lo emocional y psicológico. 

Reconocí que tenía un problema y traté de controlarlo, pero también me dediqué a preguntar si es que el personal policial y de bomberos recibieron atención psicológica luego de lo que vivieron en esas negras horas post terremoto con el rescate de las víctimas. Obtuve muchas respuestas negativas.

Entonces sobrevino la crisis por la pandemia, en el frente de batalla estuvo todo el personal sanitario, que también debió enfrentar complejos momentos para tratar de salvar vidas en un ambiente totalmente adverso, tanto por la falta de equipamiento como de insumos de protección y otras situaciones colaterales, fue cuando expuse públicamente ¿héroes o mártires?

Por ejemplo, pienso en el esfuerzo emocional y agotamiento físico de médicos y enfermeras por el cuidado emergente a los pacientes contagiados con grave estado de salud, o en la preocupación por infectar a sus familiares con el virus. ¿Les habrán prestado atención psicológica a estos profesionales?

Y en el seguimiento noticioso también fue evidente el trabajo y esfuerzo desplegado por un sinnúmero de trabajadores del sector privado que estuvieron en primera línea, sobre todo en la parte logística y de producción. ¿Estarán los problemas mentales, en estos casos, considerados como parte de la salud ocupacional?

Es comprobable que los funcionarios de nivel operacional durante la cuarentena debieron trasladar las oficinas a sus casas y emprender con grandes esfuerzos el llamado teletrabajo; conocí de cientos de casos de este personal que debió enfrentar múltiples escenarios que fueron desde sus actividades personales y familiares, hasta extensas jornadas laborales de alta presión, pero en el encierro. ¿Qué diagnóstico médico existe sobre los impactos en este grupo de personas por estas anomalías?

También están presentes otros problemas que empiezan a develarse, pero siguen sin tener un impacto en las políticas púbicas: suicidios, violencia intrafamiliar y social. Obligada pregunta: ¿Hay suficientes institutos de neurociencias púbicos y privados en Ecuador para atender estos casos? 

Y con esa duda me saltan otras: ¿En qué momento un acto de violencia intrafamiliar pasa de ser un caso de salud mental a uno de tipo penal y quién lo decide?

Cuando consideré que estaba cubriendo los 360 grados de este panorama, descubro otro más: las adicciones y drogadicción son también un problema de salud pública y mental. ¿Las acciones gubernamentales son suficientes para enfrentar con eficacia este daño social?

Con todo lo descrito en estos párrafos, voy a la parte pertinente de lo que es el vetado Código Orgánico de la Salud y son tres artículos (207, 208 y 209) los que se ocupan de esta parte del sistema nacional y son extremadamente genéricos. ¿Fueron irresponsables los asambleístas al legislar sobre este problema?

Llego al final de este artículo con más dudas que certezas y con un epílogo preocupante: ¿Cuál es destino de la sociedad sin diagnósticos sobre los impactos de las enfermedades mentales?

Hasta aquí lo publicado en la revista, pero este no es un artículo aislado. En el programa " "La radio en tiempo de crisis" el problema de salud mental fue analizado con la psicóloga Tania Pico que se lo puede escuchar a continuación: