28 de enero de 2021

Intrincada desconexión legislativa en Ecuador

Comentario publicado originalmente en La Verdad, 
edición correspondiente a noviembre de 2020.
Autor: Raúl Zavala Mosquera

Cientos de personas quieren ser asambleístas, como si ese trabajo fuese únicamente llegar y sentarse en una curul, sin darse cuenta que existe un eslabón roto en la representación ciudadana. Mi expresión se sustenta en la baja credibilidad que tiene la ciudadanía en la Función Legislativa.

Evaluar las causas de este descrédito sería una tarea extensa, pero viene al caso enlistar algunas: corrupción, ausencia de transparencia, baja calidad del trabajo y síntomas de ineficiencia; al igual que en todo grupo humano existen excepciones, pocas pero existen, y se ven opacadas por una mayoría.

El gran malestar es que muchos ciudadanos no nos sentimos representados en la Asamblea. Tal vez no sea necesario o no hace falta o no queremos. Quizás ya no nos importa.

Pero es conveniente recordar que los distritos electorales en Ecuador fueron creados para “acercar” a los funcionarios electos con la ciudadanía, pero en estos años no es posible evidenciar que tenga resultados positivos.

Entonces ¿Cuáles pueden ser las consecuencias para la democracia de este “divorcio” entre asambleístas y ciudadanos?

Nuestro sistema republicano está en riesgo. Y con este escenario nos vamos a las elecciones legislativas con muchos candidatos que no reúnen requisitos para ejercer las funciones de legislar y fiscalizar, que son parte de la crítica situación del multipartidismo y apartidismo que, de alguna manera, repercute sobre la conducta del electorado.

El adecuado y eficiente funcionamiento del Estado no es posible sin la existencia de una legislatura que sea capaz de entender y poner en agenda las demandas ciudadanas para evaluarlas y generar un marco jurídico alejado de los privilegios y los claros intereses del crimen organizado así como del narco.

Sin miedo a equivocarme aseguro que la desconexión entre las llamadas organizaciones políticas y el electorado es un círculo vicioso, en el cual los desencantados electores otorgamos nuestro voto al mejor postor y que buena parte de la población parece no entrar en conflicto alguno frente a lo que será el nuevo periodo legislativo.

Lo explicado me lleva a preguntarme: ¿Cómo caracterizar la relación entre asambleístas y los ciudadanos? Ya habrá especio para desarrollar la respuesta cuando tengamos los resultados de la conformación de la Asamblea en mayo del 2021.

Anotemos otro motivo para la desconexión legislativa: nadie evalúa los resultados de los trabajos, poco conocemos sobre sus aportes en las distintas comisiones, no se cuenta la foto con un incipiente texto en redes sociales. Las explicaciones de los asambleístas en medios de comunicación son una oda a su perfección y la crítica a los otros; esta última es un llamado de atención a quienes hacemos periodismo para que cambiemos las preguntas.

Puedo en este punto establecer otra de las anomalías electorales que provocan daños legislativos: inexistencia de una evaluación de aptitudes, actitudes y psiquiátricas para desempeñar el cargo de asambleísta. Lo que dicta la norma es que deben cumplirse ciertos requisitos de índole tramitológico y partidista; en otras palabras, los mismos asambleístas se hicieron una ley para que esté ausente la prevalencia de la calidad de conocimientos.

Por otro lado está nuestra incapacidad ciudadana para hacer control social a los asambleístas porque tampoco sus mecanismos de transparencia son herramientas útiles para verificar la calidad en el cumplimiento de sus funciones. Ejemplos: pedir información no es fiscalización, no justifican sus errores de fondo y forma en los proyectos de ley que presentan individualmente.

La gran ola de anomalías en la administración pública tanto en el Gobierno central como en las prefecturas, municipalidades y juntas parroquiales, está a la vista con la aprobación de 34 informes que contienen indicios de Responsabilidad Penal por infracciones legales encontradas, en al menos 287 acciones de control ejecutadas en el marco de la emergencia sanitaria; otros procesos se cumplen en el sector de la seguridad y de las compras públicas.

El caso emblemático en el 2020 es el de la “repartición de hospitales” que aún está en el limbo jurídico, pero que tuvo su clímax con la sentencia a Daniel Mendoza por liderar una banda de delincuentes que se apropiaron de los recursos para la construcción del hospital para Pedernales.

Para salir al paso de esta incredulidad ciudadana, en la Asamblea se crea un Comité de Ética encargado de investigar las denuncias contra los legisladores. Otro tema que implicaría profundos análisis pero por ahora ¿Qué hubiese pasado si los asambleístas cumplían eficientemente su labor de fiscalizar? Con estos antecedentes 38 de ellos buscan la reelección.

La fiscalización será el desafío más difícil que tendrán quienes conformen la próxima Asamblea si es que no caen las redes de la corrupción administrativa y política. También tendrán en sus manos la urgente necesidad de reformar leyes que se volvieron un problema social, tal vez no mucho el “hacer” nuevas; incluye evaluar el cumplimiento de otros cuerpos legales.

Los recientes escenarios sociales obligarán a que dichos funcionarios encuentren el justo equilibrio en la fragmentación de las identidades, pero también enfrentar las alteraciones y crisis en la comunicación política, además de vigilar el espacio público virtual desde donde se promociona a ministros con el disfraz de información institucional y a emitir información pública sin sustento.

Los candidatos o buenos o malos ya están inscritos y 137 serán electos como asambleístas principales y con sus alternos. Entonces desde ese momento debería empezar la gestión ciudadana para controlarlos, para no dejar que su ego se eleve al punto de sentirse semidioses intocables.

Debemos ser nosotros, los votantes, quienes estamos en la obligación de contrarrestar la desconexión legislativa pero no para sentirnos representados, sino para evitar que los funcionarios corrompan más a la institucionalidad e impedir que la República del Ecuador siga en manos del crimen organizado y el narco.



 

 

 

 

29 de diciembre de 2020

Las mujeres sabias de todos los tiempos

En un nuevo ejercicio literario, escribí una perspectiva entre histórica y actual de la mujer; el texto fue amablemente aceptado y publicado en la edición No. de la revista La Verdad, bajo el titular ¿Quiénes son las mujeres sabias de todos los tiempos? - A consideración:

Las brujas no son esas imágenes de mujeres viejas, de rostros malvados y facciones desencajadas, tampoco son aquellas de ropajes negros o sombreros de conos volando en escobas. Las brujas son un tipo de humano muy excepcional.

Existieron y existen las brujas: las modernas, las que se han adaptado a los nuevos tiempos como una estrategia de supervivencia para evitar lo ocurrido en los siglos pasados; no son lo que el conocimiento vulgar y la cultura popular dicen de ellas.

Estudios históricos señalan que algunas mujeres en las distintas civilizaciones, cuando la ciencia aún no era lo que es, fueron en realidad alquimistas, investigadoras y médicas, que usaban las plantas medicinales para curar enfermos o ser quienes ayudaron a las parturientas.

Dice la periodista Beatriz Mora que fueron mujeres que adoraron la noche y a la “madre tierra”, que tenían una relación estrecha con la naturaleza pues se dedicaban, entre otras cosas, a la agricultura y la recolección para la alimentación y la medicina tradicional. Miles de ellas en la Edad Media fueron perseguidas, torturadas, violadas, quemadas en hogueras y ahorcadas.

Pero hoy, la bruja moderna ha recuperado su espacio histórico de “mujer sabia” como fue en su origen, pero ha desarrollado mucho más su percepción y ampliado sus particulares intereses académicos para sumar al conocimiento entregado por sus antiguas; se valora y no se oculta, se escucha y sabe oír con todos sus sentidos, interroga para perfeccionarse, investiga para conocer su mundo, aprende para no equivocarse y no habla: dice conjuros.

Pues bien, en mi trajín por identificarlas y conocerlas en persona, estuve durante días revisando textos de sus historias y sus orígenes, sus razones para vivir por mucho tiempo en el anonimato; descubrí que son muy diferentes a las hechiceras mediáticas que aparecen en los comerciales y son adivinadoras con decenas de artificios.

Me refiero a esas personas que tienen cuentas en redes sociales con miles de seguidores que provocan alta interactividad y pueden catalogarse como influencers, son fabricantes de marcas de ropa, cosméticos, de otros productos que se venden en tiendas especializadas y online.

Por eso, en este comentario, reseño el fuego ardiente de la bruja moderna, desplegado en sensibilidad, belleza, meditación, cuidado, ternura y profundidad, que está presente desde que se autodescubren y hasta segundos antes de su muerte.

Las brujas modernas guardan sus secretos como un saber, su conocimiento nace en la percepción, pasa por la investigación y sistematización, hasta llegar a los aportes que puedan dar al diario vivir o a la ciencia, pero siempre y cuando no se interponga alguna religión.

Helena Cosano, en su libro “El gato de la bruja” describe a estos seres humanos como mujeres independientes y fuertes, más instruidas que las demás (…) que se conectan con su capacidad de crear, de encandilar, de iluminar, de enseñar, de proteger, de iniciar, de seducir, de sanar…, que se sienten parte de la naturaleza, intuyendo el amor incondicional y la compasión hacia todos los seres vivos.

La razón para este comentario es porque tal vez pudiese conversar con alguna de ellas, así que dediqué muchas horas para encontrar ese camino. Me fue necesario revisar sobre geometría, leyes de la naturaleza (física y química), psicología, literatura y psicología; pero principalmente historia.

En este camino tuve claro que mi búsqueda por ninguna razón debía provocar daños a terceras personas ni a los entornos familiares, sociales o laborales, menos a la salud mental y física de las brujas modernas, porque aún en esta actual civilización existen síntomas de persecución, de exclusión y hasta hechos que podrían ser parecidos a los ocurridos en los siglos XV y posteriores, en que eran asesinadas en las hogueras.

Supe que para conversar con ellas debía conocer las consecuencias que generan los cinco elementos: aire, agua, tierra, fuego y el tiempo, para así entender el mundo de las mujeres sabias, las razones por las que intuyen a quienes las quieren sacrificar con falsos testimonios, entonces callan, se alejan, desaparecen.

Quizás logre mi cometido y en estas páginas, en otro momento, pueda relatar la historia de una bruja moderna, tal vez de algunas más, de quienes decidan salir a la luz para contar sus miedos y el doloroso sentimiento de estar amenazadas, sus emociones cuando salvan vidas.

Y mientras llega ese momento, tengo la seguridad que las brujas modernas son las mujeres sabias de todos los tiempos que merecen vivir hasta el fin de todos los tiempos.

15 de noviembre de 2020

Graves problemas de salud mental que no queremos afrontar

Publicado originalmente en "La Verdad" 
edición de septiembre 2020, bajo el título 
Los invisibles problemas de la salud mental

La pandemia hizo público lo que los ciudadanos siempre lo supimos y el Gobierno levantaba cortinas de humo: las graves ineficiencias del sistema de salud pública. 

Largas discusiones, defensa y ataque de posiciones, se desataron cuando el Presidente de la República prácticamente desechó el proyecto legislativo llamado Código Orgánico de la Salud, pero fueron en casos puntuales y no en cada uno de los componentes de este inmenso cuerpo legal. 

Pero esta vez, desde mi lado más como un ciudadano e involucrado como periodista en estos aspectos médicos, plantearé algunas de mis inquietudes sobre una de las aristas en el ser humano: la salud mental. ¿Existe descuido en este tema?

El cuestionamiento me sobrevino cuando se analizó el envenenamiento de un padre a sus dos hijos y me pregunté ¿Por qué no se puedo evitar? y luego como una de las secuelas que me dejó el terremoto del 2016 en lo emocional y psicológico. 

Reconocí que tenía un problema y traté de controlarlo, pero también me dediqué a preguntar si es que el personal policial y de bomberos recibieron atención psicológica luego de lo que vivieron en esas negras horas post terremoto con el rescate de las víctimas. Obtuve muchas respuestas negativas.

Entonces sobrevino la crisis por la pandemia, en el frente de batalla estuvo todo el personal sanitario, que también debió enfrentar complejos momentos para tratar de salvar vidas en un ambiente totalmente adverso, tanto por la falta de equipamiento como de insumos de protección y otras situaciones colaterales, fue cuando expuse públicamente ¿héroes o mártires?

Por ejemplo, pienso en el esfuerzo emocional y agotamiento físico de médicos y enfermeras por el cuidado emergente a los pacientes contagiados con grave estado de salud, o en la preocupación por infectar a sus familiares con el virus. ¿Les habrán prestado atención psicológica a estos profesionales?

Y en el seguimiento noticioso también fue evidente el trabajo y esfuerzo desplegado por un sinnúmero de trabajadores del sector privado que estuvieron en primera línea, sobre todo en la parte logística y de producción. ¿Estarán los problemas mentales, en estos casos, considerados como parte de la salud ocupacional?

Es comprobable que los funcionarios de nivel operacional durante la cuarentena debieron trasladar las oficinas a sus casas y emprender con grandes esfuerzos el llamado teletrabajo; conocí de cientos de casos de este personal que debió enfrentar múltiples escenarios que fueron desde sus actividades personales y familiares, hasta extensas jornadas laborales de alta presión, pero en el encierro. ¿Qué diagnóstico médico existe sobre los impactos en este grupo de personas por estas anomalías?

También están presentes otros problemas que empiezan a develarse, pero siguen sin tener un impacto en las políticas púbicas: suicidios, violencia intrafamiliar y social. Obligada pregunta: ¿Hay suficientes institutos de neurociencias púbicos y privados en Ecuador para atender estos casos? 

Y con esa duda me saltan otras: ¿En qué momento un acto de violencia intrafamiliar pasa de ser un caso de salud mental a uno de tipo penal y quién lo decide?

Cuando consideré que estaba cubriendo los 360 grados de este panorama, descubro otro más: las adicciones y drogadicción son también un problema de salud pública y mental. ¿Las acciones gubernamentales son suficientes para enfrentar con eficacia este daño social?

Con todo lo descrito en estos párrafos, voy a la parte pertinente de lo que es el vetado Código Orgánico de la Salud y son tres artículos (207, 208 y 209) los que se ocupan de esta parte del sistema nacional y son extremadamente genéricos. ¿Fueron irresponsables los asambleístas al legislar sobre este problema?

Llego al final de este artículo con más dudas que certezas y con un epílogo preocupante: ¿Cuál es destino de la sociedad sin diagnósticos sobre los impactos de las enfermedades mentales?

Hasta aquí lo publicado en la revista, pero este no es un artículo aislado. En el programa " "La radio en tiempo de crisis" el problema de salud mental fue analizado con la psicóloga Tania Pico que se lo puede escuchar a continuación:



4 de octubre de 2020

Abandonar mi pasado es olvidar mi experiencia

Las crisis nos ponen a prueba. Algunas veces las he pasado mal en lo físico y anímico y que ahora las comparo con lo ocurrido en lo personal con la cuarentena de este 2020, que de alguna manera me llevó a mi pasado.

También están están los aprendizajes sobre dos situaciones adversas que no están en el campo de lo personal como fueron la cuarentena y el terremoto, de este último es poco lo que a título personal he podido relatar; otro de los pendientes que tengo.

Y ahora sí, al tema central. En enero del 2015, en otro de mis blogs publiqué una entrada sobre dos situaciones adversas que dejaron marcas de experiencia, fueron lecciones que las aprendí sobre la marcha y solamente pude racionalizarlas a partir de escribirlas. En las siguientes líneas se encuentran "Las lecciones que me dejaron la basura y las muletas para afrontar crisis".

Hace más de 50 días este post nació con el título de “Lo que aprendí de la basura y el bastón” pero el tiempo y una radiografía lo cambió por completo al que ahora tiene.

Empezaba así: “Las crisis personales dejan huellas, unas veces son cicatrices y otras son lecciones de vida. No tengo marcas en la piel tuve que recoger basura y caminar públicamente con bastón.”

Ahora tengo una gran cicatriz y luego de pasar por una etapa de recuperación empecé a usar muletas con una sola consigna: no asentar el pie izquierdo hasta que el doctor lo diga; ello implica que al menos unos dos meses estaré movilizándome con apoyo extra.

Ese apoyo extra desapareció y ahora mi caminar es lento, intentando no mostrar una cojera que no sé cuánto tiempo durará pero que estoy decidido a que desaparezca. Ya veré que es lo que pasa y lo escribiré.

Pero este post no fue creado para contar una historia médica, sino para relatar lo que las experiencias de dos acontecimientos trascendentales que me dejaron lecciones que bien vale la pena compartirlas; tal vez sirva para que alguien más tome decisiones en su trajinar.

La basura, aquella gran cantidad de “cosas” que se desechan por ser inservibles o no tienen alguna utilidad, me llevó a entender un mundo del que se vive y se puede vivir. Una cuasi crisis económica me llevó a buscar algunas alternativas para recibir ingresos extras, pero solo una funcionó: recoger de las calles materiales reciclables y cambiarlos por dinero.

Cuando supe la cantidad de dinero que podía obtener por saber qué basura es la que más se paga, entendí que era necesario trabajar duro para lograr, conseguirla, separarla y venderla al precio oficial para equilibrar mi presupuesto personal.

Pero además debí romper el tabú mental y social: vivir de la basura es solo para mendigos.

Tiempo después tuve que afrontar las consecuencias de un accidente deportivo que me llevo a usar muletas por algún tiempo; se fracturó uno de los huesos de la canilla y nunca lo supe hasta un mes después.

Durante cuatro meses enfrenté las limitaciones de quien no puede caminar normalmente, de quien sabe que volver a poner un pie delante del otro será un largo trabajo que solo tiene un 50 y 50 de probabilidades que todo regrese a la normalidad. En ese camino volví a descubrir la importancia de la disciplina y el entrenamiento.

Durante casi 60 días estuve dependiendo totalmente de ayudas externas para comer e ir al baño, un tiempo que solo podía ocuparlo en estar allí en la cama esperando que el tiempo pase para que las heridas cicatricen y resultados de la operación sean visibles; nunca había tenido tanto tiempo para meditar en el presente, pasado y futuro de un todo y sus detalles.

Cuando al fin quedó libre mi pie y pude abandonar las muletas, todo mi pensamiento, todo mi pensamiento, se concentró en el presente; para caminar debía abandonar los pesos del pasado y del futuro, pero además superar la crisis emocional de saberse limitado en lo físico luego que toda una vida fui un vagabundo.

Enfrentar el diario vivir teniendo a un bastón o las muletas como apoyos fundamentales requiere de gran fortaleza mental que se logra con meditación y sin lamentos lastimeros autocompasivos.

En definitiva, las limitaciones económicas y físicas provocaron en mí una mutación hacia un pensamiento más práctico y más reflexivo; aprendí que es necesario detectar a tiempo los paradigmas dignos de romperse a través del entrenamiento y el conocimiento. No dejarme llevar por los impulsos ni por las ideas sin sustento frente a una crisis ni en tiempos de relativa calma.

El siguiente reto es seguir usando estas lecciones de vida por el resto de mi existencia. (RZM-15-01.2020)





28 de septiembre de 2020

Los votantes somos más emotivos que racionales

Originalmente publicado en La Verdad, edición No. 384 de agosto de 2020 con el título ¿Qué es el voto consciente? 

Al igual que cada una de las anteriores ocasiones, las frases clichés y lugares comunes empiezan a invadir nuestras vidas, nos ofrecen un nuevo mundo y todo a cambio de un voto. Pero no es un voto cualquiera.

Para el 7 de febrero del 2021, nuevamente los votantes ecuatorianos deberemos ir a las urnas porque así lo exigen las reglas de un Estado que intenta mantener en orden un territorio, porque nos han dicho que eso es democracia y porque es la oportunidad, como siempre, de tener un mejor futuro.

Con el pasar de los días nos estamos convenciendo que una nueva nación depende de una persona, de esa persona a la que le apostamos toda nuestra buena voluntad, a esa persona que en sus discursos dice exactamente lo que queremos escuchar y nuestras emociones así lo confirman.

Y eso somos nosotros los votantes, más emotivos que racionales, es lo que prima al momento que entramos a la campaña electoral.

Permítanme un paréntesis: mucho se ha cuestionado la cantidad de binomios que han mostrado legalmente su interés de inscribir sus candidaturas, pero nadie hasta ahora ha podido responder ¿Cuál es el número perfecto de candidatos presidenciables que deben estar en la papeleta presidencial? Motivo de otro análisis.

Regreso entonces a los sentimientos que priman en el electorado al momento de decidir por quién votará.

Muchos hemos cuestionado la presencia del populismo tanto en el sistema de gobierno como en la manera que en se promocionan los candidatos, y con la irrupción de las redes sociales el estilo populista ha tomado mayor fuerza. Una realidad que no podrá cambiarse, al menos para las próximas elecciones.

 ¿Cómo podemos los electores dejar el populismo? No existe una receta a corto plazo. Pero tampoco existe un manual para lograr que cada persona sea un votante consciente. Claro, tampoco sabemos las cualidades de los candidatos ni de sus propuestas.

Lo más complicado que existe en el sistema electoral es conocer al verdadero “yo” del candidato; la experiencia da para inferir que una persona es el candidato en campaña, otra cuando es electa y asume el cargo. Hasta ahora no es de fácil acceso a las evaluaciones de la salud mental de quienes están en las papeletas para el voto.

Sería un buen ejercicio electoral si tuviésemos la oportunidad de entrevistar públicamente a los jefes de campaña de los candidatos y preguntarles por el voto consciente, sobre la manera que están promocionando la evaluación psico-social del candidato al que representan. Tal vez hacer lo mismo con quienes conducen la campaña de Marketing.

Para el voto consciente sería de utilidad también tener un perfil psicológico de cada uno de los candidatos que determine qué es lo que impulsaría a cometer un delito o, en el peor de los casos, descubrir que es un delincuente. ¿Cuál es el lado oscuro de los candidatos?

Otra arista. Leer y entender el plan que deben elaborar los candidatos como parte de los requisitos legales para su inscripción, es una de las tareas más complejas, desgastantes y que toma muchas horas. Es más fácil elaborar un plan presidencial que una tesis de grado.

Pero en todo este andamiaje de pensamientos sobre el voto servirá hasta que se concrete el contenido de la papeleta y entonces veremos toda la maquinaria electoral puesta en marcha, será más complicado pensar por el ruido de la propaganda.

Así llegará el día en que estrenemos un nuevo y desconocido Presidente, pero también conoceremos los resultados de nuestras pasiones electorales.


Lectura relacionada: En Manabí estamos a la deriva.

Los reclamos ciudadanos no trascienden y cuando lo hacen los funcionarios contraatacan con campañas mediáticas, se enojan.