Constancia y desconfianza de la versión oficial es la nueva lección de periodismo que se escribe en el Ecuador, con uno de los acontecimientos más trágicos que ha vivido esta profesión: el asesinato de Paúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra; ha pasado más de un año del crimen y los tres miembros de este equipo siguen vigentes.
César Navas, ministro del Interior, abril del 2018, estuvo al frente a la crisis de la frontera.
Luego de la gran exposición mediática y las contradicciones gubernamentales, los comunicados con desmentidos y sucesos sin explicación sobre lo que ocurría en la frontera de Esmeraldas con Colombia, un grupo de colegas de distintos medios articulan sus esfuerzos para desenterrar realidades de errores políticos y de seguridad.
Fue así que nació el gran reportaje: "Frontera cautiva" y cuando parecía que estaba a punto de pasar a la etapa del olvido social, desde Colombia llega una noticia: de los 12 trabajos finalistas para el Premio Gabo de este año, en la categoría Cobertura está el trabajo realizado por el grupo de periodistas ecuatorianos, colombianos y franceses.
En una de las tantas notas que al respecto fueron publicadas y replicadas por decenas de medios de comunicación, María Sol Borja -quien es parte de este de grupo- pone sobre la mesa de la memoria social, un problema: se abandonó la investigación de frontera por el miedo a que maten o secuestren periodistas.
María Sol Borja, co-autora de Frontera cautiva y de Viaje sin regreso.
Y otro paso más: la publicación del libro "Viaje sin regreso" que es, de alguna manera, la extensión del reportaje y que el 25 de septiembre fue presentado oficialmente y justamente una de las afirmaciones realizadas en dicho acto resume el escenario en el que aún viven Paúl, Javier y Efraín; pero también Óscar Villacís y Katty Velasco, a quienes también asesinaron y que tiene un velo misterioso.
“Tenemos un periodismo cumpliendo su trabajo y tenemos instancias judiciales sin cumplir el suyo”, @yadira_lach, pareja de Paúl Rivas. pic.twitter.com/Hsc3295eUj
¿En qué radica la fuerza del trabajo realizado y publicado por periodistas y que le permitió llegar a espacios estelares?
"No era fácil para estos periodistas meterse en un territorio tan riesgoso, como es la frontera entre Colombia y Ecuador, con presencia de diversos actores armados y donde investigar las muertes de los tres periodistas bien podría haberles costado la vida a los investigadores."(Leer la publicación completa)
Estos resultados se convierten en los nuevos ejemplos de una brecha que existe entre lo que es la reportería mediática o noticia en caliente y la necesidad urgente de repensar en que las notas periodísticas son un producto en constante actualización y evolución, que tiene como principal ingrediente la desconfianza de las simples palabras de un funcionario.
La siguiente nota sobre el significado de los premios Gabo y la presentación del libro fue puesta al aire por Oromar Televisión gracias al aporte del canal de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil (UCSG):
La velocidad con la que se mueve la información y lo extensa que se hace, nos está a obligando a que una nota periodística tenga más de una publicación; pero ¿Qué pasa cuando aun así el espacio queda corto? La opción o es publicar en un sitio Web o bien publicar un libro.
Arturo Torres y Belén Arroyo
El párrafo anterior es una de las deducciones a las que llegué luego de leer el libro: "Rehenes. ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?" cuyos autores son María Belén Arroyo y Arturo Torres, los dos periodistas de reconocimiento internacional en trabajos de investigación, confundadores del portal Código Vidrio. Los antecedentes son un aval para creer lo que han publicado y de las evidencias sobre una de las historias negras de la política ecuatoriana de los últimos tiempos.
El asesinato de los periodistas Javier Ortega y Paúl Rivas, junto al chofer Efraín Segarra, aún es un misterio a pesar de la cantidad de información que ha sido recopilada y difundida, pero en este caso la publicación de Torres y Arroyo incluye datos que sirven como una pieza más en este rompecabezas en el que al parecer ni la Fiscalía ni el Gobierno le ponen muchos esfuerzos para completarlo y conocer al detalle las reales razones del crimen.
El uso de la primera persona en los relatos ayuda a sumergirse en la crónica periodística, sutilmente conducida en un viaje por algunos de los episodios oscuros del entramado gubernamental y sus relaciones con el narco, el espionaje y la incomunicación política en situaciones críticas.
Portada del libro "Rehenes"
La historia empieza con los sentimientos y experiencias en la redacción de El Comercio desde los acontecimientos violentos en San Lorenzo, una explosión que bien podría decirse fue la detonante de los graves problemas existentes en este sitio ya denunciado como un territorio rural al que el Estado Ecuatoriano no logró llegar con "calidad y calidez".
Y es en este lugar alejado de la llamada civilización es que toma fuerza el personaje principal de la trama, a quien lo conocimos como Guacho, que por ahora parece que se convirtió en un mito al no saberse si lo buscaban vivo o se lo quiso muerto; así, lo narrado en el libro abre puertas para saber que en esa duda hay mucho por desenterrar.
Un actor secundario es la Policía, el rol que desempeñó antes, durante y después de la crisis por los ataques de los narcos-guerrilleros y el secuestro del equipo de cobertura; un oficial que fue el nexo con Guacho pero que a la final no fue más que un simple mensajero y que durante el relato es el que pone en evidencia las fallas de comunicación así como la incapacidad de negociación de los tomadores de decisiones políticas.
El libro toma fuerza justamente porque deja cabos sueltos que debieron ser atados a su momento, pero que en algún lado alguien prefirió levantar humaredas para ocultar las falencias.
Breve reseña fotográfica que es parte del contenido del libro
La narración de los autores no es un mero recuento cronológico de lo ocurrido, es un sinfin de lecciones periodísticas para ser consideradas durante el manejo gubernamental de una crisis, en que las verdades de los comunicados oficiales y las ruedas de prensa, no son más que tenues luces sobre la gravedad de la situación. Recapacito sobre algunas de esas lecciones y casi podría decirse que tal vez aún los periodistas somos "evangelizadores" comunicaciones de los gobiernos.
¿Cuántas mentiras nos dijeron durante aquellos días de incertidumbre? ¿Fue táctica policial o necesidad política?
Por eso considero que uno de los capítulos más importantes es el que lleva como título: "La espera por la liberación fue en vano", con un recuento de la hora tras hora hasta esperar alguna información, las relaciones con la prensa colombiana. Aquí se publica una entrevista con quien fue el eje entre lo político, lo policial y lo militar: César Navas. Las revelaciones que hace son para leerlas entre líneas, para ir juntado lo mencionado con otros acontecimientos que se conocieron públicamente o por mensajes internos, que en su momento eran especulaciones sin "la confirmación oficial y menos el desmentido".
Aun así, las dudas se acrecientan.
Síntesis del conflicto político - policial - militar.
Cuando decido escribir este comentario ya tenía en mente el titulo para la entrada, pues en el se refleja lo que ocurrió y se cumplió, lo que ahora sigue ocurriendo pero sin violencia física: "Les va a llover bomba y bala", una frase de Guacho que resume la trama inicial de este conflicto que terminó con la ejecución de Javier, Paúl y Efraín.
Pero la muerte de ellos no fue el final, aún no se lo conoce, y por ello este libro, tal como están plasmado en una de sus páginas, es un viaje con muchas escalas y lo narrado no es más que una de ellas, en la que quizás la lluvia de bomba y bala llegue desde otro lado.
En la mayoría de casos el asesinato a periodistas está en marco del juego que tiene el poder político, bien por su incapacidad de enfrentar las nuevas amenazas sociales o porque tiene la necesidad de no comprometer su imagen pública. Esta fue una de las interrogante que me llevó a escribir un artículo para La Verdad, revista de circulación mensual, y que tuvo a bien publicarlo.
En la edición 365 de diciembre de 2018, a dos páginas, se encuentra mi planteamiento, que tomó como base la investigación periodística "Frontera Cautiva" y una entrevista a la cronista María Sol Borja; el tema: ¿Por qué asesinaron a Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra?
El texto fue redactado antes de conocerse que se dio de baja al principal protagonista: alias Guacho, de la filtración de un audio presidencial; lo que fortaleció las hipótesis que se manejan entorno a este caso que tiene tintes más políticos que delincuenciales. O tal vez lo contrario.
A continuación la transcripción literal de lo publicado bajo el título "Misterios en Frontera Cautiva" y luego una nota con Ricardo Rivas (hermano de Paúl) puesta al aire en Oromar Televisión luego de la muerte "oficial" de Guacho.
Entre silencios y publicaciones, el capítulo negro en contra del periodismo de Ecuador aún no está cerrado. No hay una prevalencia de ataques directos pero es evidente la guerra de desgaste que se infringe sobre él.
La maquinaria que tritura periodistas no se ha desarmado y la consigna de “no maten al mensajero” está vigente. Así es como puedo resumir este 2018 en esa indispensable confrontación entre el poder político y lo que es su real contrapeso.
En esta zona de guerra están inmersos los medios de comunicación y el periodismo, la institucionalidad y las cuentas en las redes sociales virtuales; a veces todos contra uno y en otras todos contra todos. La república se hunde, es victoria de la impunidad.
Terminaba marzo de este año y muchos nos sorprendimos con la noticia que un equipo de periodistas había sido secuestrado, fue el detonante de una crisis y la grave evidencia que al norte de Esmeraldas había otro gobierno. ¿Qué sucedió la noche del 28 de marzo?
El 22 de junio de 2018 los cadáveres del equipo periodístico fueron encontrados. 89 días que el Gobierno de Ecuador soltó informaciones, que los medios de comunicación colombianos estuvieron pendientes de las demandas que hizo Walter Patricio Arizala, alias "Guacho".
Ni Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega descansan, porque su asesinato es la trama que fue posible conocerla cuando una veintena de periodistas publicaron las conclusiones de una gran investigación titulada “Frontera cautiva”, parte de Forbidden Stories.
El segundo párrafo es una síntesis -no de la historia- del accionar del poder político: “Los hallazgos del trabajo colaborativo muestran cómo se comunicaban los servicios de inteligencia con los criminales, el secretismo e indolencia de los gobiernos de ambos países y lo que grandes medios ecuatorianos y colombianos sabían y no divulgaron.”
Los datos prohibidos fueron replicados por más de medio centenar de medios, pero lo incomprensible es que “los familiares no han podido reconstruir la historia porque el acceso a la información continúa vedado.”
Sigo con la duda sobre el 28 de marzo.
Entro en escena, por tercera vez he leído la investigación completa, me saltan dudas y converso con María Sol Borja, cronista de GK.city, ella participó en la investigación.
- ¿Cuál es la descripción del escenario político nacional luego de la publicación de “Frontera cautiva”?
- Al parecer la estrategia del Gobierno de no dar respuesta al tema se ha mantenido. Igualmente la Fiscalía. Los propios familiares han exigido en distintos espacios que las autoridades les den respuestas, pero desde mi perspectiva personal, justamente la estrategia es no mediatizar el tema porque esas respuestas no existen.
- Y en la misma escena: ¿Se está (estamos) haciendo más periodismo en Ecuador?
- Creo que falta profundizar en temas, en investigar casos como el narcotráfico y su presencia en el país. Hay un periodismo de inmediatez que no trasciende más allá de lo que ocurre en el día a día. Hay, sin embargo, medios que están apostando por hacer temas de largo aliento, de investigación, de darle profundidad y análisis incluso a los temas coyunturales. Este es un ejemplo de que uniendo las fortalezas de distintos periodistas y distintos medios, el trabajo periodístico puede tener mayor profundidad y alcance. Creo que aún falta en el país quitarse la idea de que estamos buscando exclusivas o compitiendo por el público. La tendencia a nivel mundial es justamente la opuesta.
- ¿Cuáles han sido las reacciones sociales frente a las conclusiones de la investigación?
La primera respuesta fue de los familiares que han dicho en varios medios que están agradecidos y que desde su perspectiva es el único intento de lucha contra la impunidad que han podido ver porque desde las autoridades no hay respuestas. El reportaje fue publicado por más de 50 medios internacionales y replicado en Ecuador por los principales medios de comunicación. Volvimos a ver gente indignada exigiendo respuestas pero como decía al principio, las autoridades nuevamente optaron por el silencio.
- ¿Cómo argumentar que lo publicado no es parte de la estructura mediática vigente en Ecuador?
- Quienes formamos parte del equipo de investigación somos periodistas independientes, la gran mayoría no trabajamos para ninguna empresa mediática del país, sino para medios pequeños e independientes que han publicado temas que no entran en la agenda mediática de los medios más grandes: narcotráfico, abusos sexuales por parte de sacerdotes, derechos reproductivos, entre otros. No hemos cobrado por hacer esta investigación, lo hemos hecho porque queríamos buscar respuestas a través del periodismo.
Me quedan algunas preguntas... tal vez algún intercambio de opiniones sobre el manto que cubre la noche del 28 de marzo de 2018. El 2019 es, tal vez, una nueva oportunidad.
Las últimas semanas es el tema del día en cualquier conversación, a cualquier nivel, pues ni los medios de comunicación públicos, gubernamentales y privados, incluyendo las redes sociales, ha dejado de informar y comentar sobre la confirmación de la sentencia a El Universo en el juicio seguido por Rafael Correa.
Es inevitable escribir un artículo en que refleje mi posición sobre este tema, que se sume a los ya miles y miles que existen y se han publicado, tanto a favor como en contra, también hay los de incredulidad; este post lo escribo cuando se conoce que es probable que el Presidente Correa decida ‘perdonar’ a El Universo.
En realidad para saber si es que los jueces que fallaron y que son acusados de pertenecer a una corte_correista, habría que leer todo el proceso, igual para darles la razón si es que efectivamente fueran independientes. Pero no voy a juzgar a los jueces.
Tampoco creo que sea importante lo que Emilio Palacio escribió en la columna y que ‘obligó’ a Rafael Correa iniciar, en su calidad de ciudadano ecuatoriano, una demanda contra él y el medio que lo publicó. Además, que importa que los jueces hayan puesto en vigencia una expresión meramente jurídica de la que muchos nos hemos burlado y tal vez otros ni la entiendan como es la de ‘autor coadyuvante’, ni la velocidad o lentitud del juez Paredes en redactar la sentencia.
Y en este juicio, uno a uno han saltado los argumentos para que la sociedad en general tenga nuevos temas de comentario y poco a poco se olvide del origen del problema; por ejemplo: a quien, como un simple ciudadano, no le habría gustado ganar un juicio a cuatro personas y en ‘combo’ por 40 millones de dólares, en un proceso que duródesde el 22 de marzo del 2011 al 16 de febrero de 2012, en que se ratifica la sentencia, pero no se la ejecuta.
Comentan y hasta sostienen que 40 millones de dólares es bastante dinero y que no tiene parangón en la vida jurídica en estos casos. Eso no lo puedo justipreciar yo. No soy abogado y nunca he tenido esa cantidad de dinero y creo que como simple ciudadano que no puedo pagar un buen abogado, no lo tendría nunca.
Algo conozco de las interioridades de algunos medios de comunicación. Tal vez muy poco de El Universo, a lo sumo su capacidad de distribución, la calidad de su información (por ahora no la valoro en buena o mala); sobre Emilio Palacio, solo lo que escribía mucho antes que Rafael Correa sea Presidente; por lo que desde mi punto de vista, El Universo es un medio de comunicación social que logró su espacio entre miles de lectores y que perdió a otros también. Mi relación con El Universo ha sido de lector.
Mi interés por el juicio es que luego de haberlo seguido, mirando y leyendo los medios privados, públicos y gubernamentales, con tranquilidad pude plantearme una hipótesis: la sentencia a Emilio Palacio, El Universo y sus directivos, interpuesto por Rafael Correa, es una venganza personal en que para consumarla se pudo haber usado el poder político que la anterior y actual Constitución entrega a quien ejerce las funciones de Presidente de la República del Ecuador.
En qué trato de sustentar esta hipótesis. Si es que no me falla la memoria, fue Emilio Palacio una de las primeras personas que desafío o cuestionó en público a Rafael Correa. Este hecho está registrado en algunas web’s y he logrado conseguir una transcripción: Rafael Correa expulsa a periodista de conferencia.
Tengo la impresión que fue en ese momento que la espina quedó clavada. Puedo reconocer la virtud de quienes están en el poder central y la capacidad de planificar por escenarios, para ello, tal vez dispongan de una muy buena información, así como la fuerza comunicacional para obtener datos estadísticos públicos y privados. Tal vez un primer intento de venganza o tal vez un globo de ensayo ocurrió cuando Emilio Palacio también fue ‘perdonado’ por el caso del artículo “Camilo El matón”.
Y se tuvo la paciencia para estudiar bien el caso y esperar el momento oportuno, o tal vez para ir acomodando el escenario para que la venganza se ejecute con certeza y efectividad. Lo que al parecer sí ocurrió, tal vez logre un día sustento o indicios para este tema.
No, creo que le falta más peso a mis argumentos, con lo cual la comprobación de mi hipótesis queda pendiente, pues no soportaría, por ahora, someterla a la falsación.
Ahora viene la parte del ciudadano que interpuso una demanda y que actuó en función de su actividad laboral en su calidad de funcionario público, con el cargo de Presidente de la República. Al parecer usó bienes y recursos del Estado para difundir su verdad del juicio, claro que este caso definitivamente fue archivadopor el actual Fiscal General, también exfuncionario del régimen.
Por demás evidente fue el día en que los nuevos jueces rechazaron el recurso de casación interpuesto por la defensa, que estuvo en la audiencia tal vez medio gabinete presidencial acompañando al Mandatario ecuatoriano. Desde lo que pude mirar en la televisión de la transmisión de canales privados, gubernamentales y públicos, el poder político del Ecuador estuvo frente (literal) a los jueces que debían decidir sobre una causa particular.
Entonces si es que no fue la venganza la que motivo a Rafael Correa a demandar a Emilio Palacio y El Universo, pudo –otra hipótesis– haber sido para demostrar que los medios de comunicación que no son afines a las líneas editoriales del gobierno nacional podría sufrir este tipo de demandas, pues no es desconocido que el diario tiene una larga trayectoria y que de alguna manera ha logrado posicionarse en el mercado de la influencia pública, que tal vez sea un espacio que el Gobierno lo quiera.
Creo que no tengo sustento para esta otra hipótesis: Rafael Correa intenta amedrentar a los medios de comunicación no alineados a sus intereses de orden ideológico, de tal manera que abandonen el periodismo para entrar en una fase de relaciones públicas y parte de la propaganda electoral, para que le permita llegar a una nueva reelección.
Por ejemplo, ¿cómo logro demostrar que los periodistas estamos atemorizados cuando se trata de investigar un desliz gubernamental que afecte la imagen del Presidente y su sistema de gobierno? ¿Cómo logro demostrar que muchos medios de comunicación temen difundir información para no perder las canonjías de la publicidad gubernamental?
Por cierto y las otras funciones del Estado Ecuatoriano: la Asamblea Nacional por coincidencia recién terminó su vacancia legislativa y se supone que deberá aprobar la que sería la Ley de Comunicación, no ha se ha pronunciado, me refiero al cuerpo colegiado y no a quien hace de represente; la Función de Transparencia y Control Social creo que no se ha pronunciado y está concentrada en sus concursos; la Función Electoral ya presento un nuevo escenario con base en las, también polémicas, reformas al Código de la Democracia, con lo cual ya tenemos las nuevas fechas para regresar a las urnas, votar y tal vez esperar que ocurra lo mismo a lo que se le ha llamado la fiesta democrática; la Función Judicial creo que ya no existe, pues ahora actúa el Consejo Transitorio de la Judicatura.
Tal vez encuentre nuevos argumentos para sustentar mis hipótesis leyendo, viendo y escuchando exclusivamente las argumentaciones que presenten los productos de relaciones públicas gubernamentales.